Un ataque contra uno es un ataque contra todos, reescrito porque Trump lo había puesto en duda
En Ankara, la OTAN celebra una cumbre que es, en el fondo, un ajuste de cuentas entre aliados que hablan el mismo idioma de la seguridad colectiva pero discrepan sobre quién debe pagar su precio. Trump llega con la exigencia del 5% del PIB en defensa como vara de medir la lealtad, mientras Europa navega entre el cumplimiento formal y la autonomía estratégica. La alianza más duradera del mundo occidental reafirma su promesa fundacional —un ataque contra uno es un ataque contra todos— precisamente porque esa promesa ya no se da por sentada.
- Trump aterriza en Ankara visiblemente molesto: los aliados europeos no solo incumplen el objetivo del 5% del PIB, sino que negaron sus bases para las operaciones contra Irán.
- España e Italia quedan señaladas, pero Washington descarta represalias públicas; el castigo será más silencioso: contratos y licitaciones militares irán a quienes más cooperen.
- Alemania marca el camino opuesto al anunciar nuevas inversiones y proyectar alcanzar el 3,5% en cuatro años, convirtiéndose en el alumno modelo que Trump necesita exhibir.
- La declaración final ya está acordada y recupera la cláusula de defensa mutua, un alivio que revela cuánto se ha erosionado la confianza en el compromiso estadounidense.
- La cumbre dibuja la OTAN 3.0: Estados Unidos reduce su presencia militar en Europa y exige que los aliados llenen ese vacío, un reequilibrio que ya ha comenzado a materializarse.
Donald Trump llega a Ankara con una agenda clara: revisar quién ha cumplido la promesa del 5% del PIB en defensa acordada en La Haya y quién no. El secretario Pete Hegseth ya adelantó en Bruselas que habrá países que aprueben y países que suspendan. España e Italia cargan con el peso adicional de haber negado sus bases militares para las operaciones contra Irán, una decisión que dejó un regusto amargo en Washington.
España, sin embargo, navega en aguas menos turbulentas de lo que parece. Sánchez no firmó la declaración de La Haya y mantiene el gasto en el 2,1% del PIB, pero el embajador Whitaker reconoció que no habrá represalias públicas. Italia, bajo Meloni, recibirá mayor escrutinio. Alemania, en cambio, ha hecho sus deberes: anuncia inversiones y proyecta alcanzar el 3,5% en cuatro años, convirtiéndose en el referente que Washington quiere mostrar.
Mark Rutte ha trabajado para suavizar el ambiente, presentando a Trump gráficos que muestran un aumento de mil millones de euros en gasto europeo desde 2017 y atribuyéndole buena parte del mérito. La declaración final, ya cerrada tras negociaciones con Italia y Turquía, recupera la cláusula de defensa mutua. Que haya sido necesario reescribirla dice mucho sobre el estado de la alianza.
El documento también compromete 70.000 millones de euros para Ucrania este año, con una cantidad equivalente para 2027. Estados Unidos no aportará dinero directo, pero espera que Europa siga comprando armamento estadounidense para enviarlo a Kyiv. Zelenski participará en la primera jornada; el miércoles llegará el momento más tenso, cuando Trump exponga su visión de la OTAN 3.0: una alianza donde Washington reduce su presencia en Europa para concentrarse en otros escenarios. La cumbre no resolverá las tensiones de fondo, pero trazará el rumbo de una relación que, siendo aún vital, nunca había sido tan frágil.
Donald Trump llega a Ankara esta semana con el ceño fruncido. El presidente estadounidense está molesto, no solo por la escasa ayuda que ha recibido de sus aliados europeos en su campaña militar contra Irán, sino por algo más profundo: la sensación de que Europa no está pagando lo que le corresponde. La cumbre de la OTAN que comienza mañana en la capital turca será, en muchos sentidos, un examen de calificaciones, y algunos países ya saben que no aprobarán.
Hace un año, en La Haya, los líderes de la Alianza Atlántica aceptaron elevar sus gastos de defensa al 5% del producto interior bruto. Fue una promesa hecha bajo presión. Ahora Trump quiere ver los números. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue claro hace poco en Bruselas: algunos países pasarán con nota, otros fracasarán. España e Italia ya saben dónde están paradas. Ambas negaron a Washington el uso de sus bases militares para las operaciones contra Irán, una decisión que ha dejado un regusto amargo en la administración estadounidense. Italia, bajo el liderazgo de Giorgia Meloni, probablemente recibirá la mayor parte de la atención, y no de la forma que desearía.
Spain, por su parte, tiene una posición más cómoda de lo que podría parecer. Pedro Sánchez decidió el año pasado no firmar la declaración de La Haya, argumentando que España podía cumplir sus objetivos de capacidades militares con solo el 2,1% del PIB dedicado a defensa. Ha mantenido esa cifra durante este año. Matthew G. Whitaker, embajador estadounidense ante la OTAN, reconoció públicamente que aunque Trump está "claramente decepcionado" con Madrid, Washington no tiene intención de anunciar represalias contra los países que se niegan a cumplir el objetivo del 5%. La cumbre no será un tribunal de castigos, al menos no públicamente.
Alemania, en cambio, ha hecho sus deberes. Acaba de anunciar nuevas inversiones militares y espera alcanzar el 3,5% en cuatro años. Whitaker dejó claro que Estados Unidos está dispuesto a favorecer a los países más comprometidos con contratos y licitaciones militares. El mensaje es simple: coopera, y serás recompensado.
Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha trabajado duro para suavizar las asperezas. En su última visita a la Casa Blanca, presentó gráficos mostrando que Europa y Canadá han aumentado su gasto en defensa en mil millones de euros desde que Trump asumió la presidencia en 2017. Rutte atribuyó gran parte del mérito al presidente estadounidense, aunque la realidad es que la invasión rusa de Ucrania ha sido el verdadero catalizador de este cambio. Pero la narrativa importa, y Rutte sabe cómo contar historias que Trump quiere escuchar.
La declaración final de la cumbre ya está cerrada. Tras algunas negociaciones iniciales con Italia y Turquía, todos los aliados aceptaron un documento que reafirma que "un ataque contra uno es un ataque contra todos". Esta frase, que debería ser obvia después de más de setenta años de alianza, ha tenido que ser reescrita porque Trump ha puesto en duda en varias ocasiones si realmente acudiría en defensa de países europeos que, en su opinión, no pagan lo suficiente. El hecho de que vuelva a estar por escrito es un alivio.
El documento también compromete 70.000 millones de euros adicionales de apoyo a Ucrania este año, con una cantidad equivalente para 2027. Parte de estos fondos provienen de un préstamo con eurobonos de la Unión Europea, el resto de contribuciones bilaterales. Estados Unidos no aportará dinero directo; en su lugar, quiere que Europa siga comprando armas estadounidenses, especialmente sistemas de defensa aérea, para enviarlas a Kyiv.
Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, participará en la primera jornada, en una cena dedicada a su país. El verdadero enfrentamiento llegará el miércoles, cuando Trump se reúna a puerta cerrada con sus aliados. Entonces hablará de la OTAN 3.0, su visión de una alianza donde Estados Unidos reduce su presencia militar en Europa para concentrarse en otros teatros mundiales. Ya ha comenzado a materializarse: Washington está retirando recursos del Modelo de Fuerzas de la OTAN y pidiendo a Canadá y a los aliados europeos que llenen los vacíos. Hasta ahora, la mayoría ha respondido.
Ankara también acogerá un foro paralelo dedicado a la industria de la defensa, donde se esperan anuncios de contratos por decenas de miles de millones de dólares. Es el lado más tangible de esta alianza: dinero, armas, compromisos. La cumbre de esta semana no resolverá las tensiones fundamentales entre Trump y Europa, pero establecerá el tono para los próximos años de una relación que, aunque sigue siendo vital, nunca ha sido tan frágil.
Notable Quotes
Es una evaluación que algunos países fallarán y otros pasarán con nota— Pete Hegseth, secretario de Defensa estadounidense
Trump está claramente decepcionado con Madrid por la negativa a contribuir en Irán y su rechazo al 5%— Matthew G. Whitaker, embajador estadounidense ante la OTAN
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Trump está tan molesto con Europa si la OTAN sigue siendo la alianza más importante de Estados Unidos?
Porque para Trump, la alianza es un negocio. Ve que Europa gasta menos en defensa que Estados Unidos y lo interpreta como que otros se aprovechan de la seguridad estadounidense. Irán fue el punto de quiebre: cuando España e Italia dijeron que no, sintió que lo dejaban solo.
Pero España dice que cumple sus objetivos con menos gasto. ¿Eso no cuenta?
Cuenta, pero no de la forma que Trump quiere. Él quiere un número mágico, el 5%, porque es fácil de comunicar y de medir. Los argumentos sobre eficiencia militar no le interesan tanto como la cifra.
¿Entonces por qué no castiga a España públicamente?
Porque necesita mantener la alianza unida. Si empieza a represaliar, otros países podrían cuestionarse si vale la pena estar en la OTAN. Es un equilibrio: presionar sin romper.
¿Y Rutte? Parece estar jugando un juego peligroso al atribuirle a Trump el mérito del aumento de gasto.
Rutte entiende que Trump necesita sentirse ganador. Si Trump cree que su presión causó el aumento de gasto, estará más satisfecho y menos inclinado a debilitar la alianza. Es política pura.
¿Qué significa realmente la OTAN 3.0?
Significa que Estados Unidos quiere que Europa se defienda más a sí misma. Trump cree que ha gastado demasiado dinero en Europa cuando hay otras amenazas en el mundo. Quiere que los europeos compren armas estadounidenses y las usen, pero que Estados Unidos no tenga que estar tan presente militarmente.
¿Puede funcionar eso?
Parcialmente. Europa está comprando más armas estadounidenses, eso es cierto. Pero la pregunta real es si Europa puede defenderse sin la garantía de que Estados Unidos acudirá en su ayuda. Por eso esa frase sobre "un ataque contra uno es un ataque contra todos" tuvo que volver a escribirse.