Fueron invisibilizadas durante siglos, sus contribuciones absorbidas en narrativas que solo recordaban a los hombres
Durante dos siglos, México celebró su independencia sin pronunciar los nombres de quienes también la hicieron posible. El 15 de septiembre de 2025, Claudia Sheinbaum —primera mujer en encabezar el Grito— rompió ese silencio desde el balcón del Palacio Nacional, devolviendo a Josefa Ortiz, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra y Manuela Medina al lugar que la historia oficial les negó. Fue un acto de memoria colectiva: no una corrección al margen, sino un reconocimiento de que la libertad de un pueblo tiene más autores de los que sus monumentos suelen admitir.
- Por primera vez en 215 años, una mujer encabezó el Grito de Independencia ante casi 280.000 personas reunidas en el Zócalo.
- Sheinbaum nombró explícitamente a cuatro heroínas insurgentes que financiaron, organizaron redes clandestinas, combatieron en batalla y murieron por la causa, pero fueron borradas de la narrativa oficial.
- Gertrudis Bocanegra fue fusilada a los 52 años y Manuela Medina quedó postrada más de un año tras ser herida por una lanza realista, evidenciando el costo humano que la historia prefirió silenciar.
- El retrato de Leona Vicario fue colgado por primera vez en la galería principal del Palacio Nacional, y la banda presidencial fue elaborada por mujeres militares, convirtiendo el simbolismo en acto institucional.
- La ceremonia señala un quiebre en cómo el Estado mexicano construye y transmite su memoria histórica, abriendo la pregunta sobre qué otras voces permanecen aún invisibilizadas.
Por primera vez en dos siglos de vida independiente, una mujer se paró en el balcón del Palacio Nacional para gritar la libertad de México. Claudia Sheinbaum dirigió la ceremonia del 15 de septiembre ante casi 280.000 personas e hizo algo que ninguno de sus 63 predecesores había hecho: nombrar a las mujeres que la historia oficial había borrado.
Josefa Ortiz fue la primera en ser reivindicada. Sheinbaum la llamó por su apellido de soltera, un gesto deliberado. Fue Josefa quien, al descubrirse la conspiración en Querétaro, corrió a avisar a Hidalgo y Allende, permitiendo que el levantamiento comenzara en 1810. Leona Vicario, por su parte, financió la revolución, organizó redes clandestinas de mensajería y ejerció el periodismo insurgente; su retrato nunca había colgado en la galería principal del Palacio Nacional hasta ese día.
Gertrudis Bocanegra llegó desde Michoacán como mensajera y organizadora. Capturada en 1817, fue fusilada a los 52 años y se convirtió en símbolo de resistencia. Manuela Medina, a quien llamaban La Capitana, dirigió tropas en batalla junto a Morelos, tomó Acapulco y formó su propio batallón en 1816, hasta que una lanza realista la dejó postrada más de un año.
Sheinbaum también rindió homenaje a las heroínas anónimas, a las mujeres indígenas cuyo nombre nunca fue registrado. La banda presidencial fue elaborada por mujeres militares; la escolta que entregó la bandera estuvo conformada únicamente por cadetes del Heroico Colegio Militar. En un país que durante más de dos siglos contó su independencia sin mencionar a quienes también la hicieron posible, este Grito fue un quiebre: no un acto académico, sino uno de justicia histórica.
Por primera vez en dos siglos y medio de vida independiente, una mujer se paró en el balcón del Palacio Nacional para gritar la libertad de México. Claudia Sheinbaum, presidenta de la república, dirigió la ceremonia del 15 de septiembre ante casi 280.000 personas, y en su discurso hizo algo que ninguno de sus 63 predecesores había hecho: nombró por su nombre a las mujeres que habían sido borradas de la historia oficial.
Josefa Ortiz Téllez-Girón fue la primera. Sheinbaum la llamó por su apellido de soltera, un gesto deliberado de reivindicación. Fue Josefa quien, en Querétaro, se enteró de que la conspiración independentista había sido descubierta y corrió a avisar a Miguel Hidalgo e Ignacio Allende. Su aviso permitió que el levantamiento armado comenzara cuando comenzó, en 1810. Sin ese acto de valor, la historia de México habría sido otra. Josefa murió en Ciudad de México el 2 de marzo de 1829, olvidada por la mayoría.
Leona Vicario fue la segunda. Mientras otros hablaban de revolución, Leona la financiaba. Organizó redes clandestinas de mensajería que mantenían conectados a los rebeldes dispersos por el territorio. Pero no solo movía dinero y papeles: también escribía. Fue periodista de la insurgencia, publicaba información que desafiaba la represión colonial, que mantenía viva la causa cuando todo parecía perdido. Cuando murió en 1842, a los 53 años, el gobierno la declaró Benemérita Madre de la Patria. Pero su retrato nunca había colgado en la galería principal del Palacio Nacional hasta este 15 de septiembre.
Gertrudis Bocanegra llegó desde Michoacán. No era estratega de escritorio: fue mensajera, organizadora, la que aseguraba que la información fluyera entre los insurgentes, que los suministros llegaran donde se necesitaban. En 1817 fue capturada. La condenaron a muerte. Fue fusilada a los 52 años, pero su ejecución no la borró: se convirtió en símbolo de resistencia, en el tipo de muerte que inspira a otros a seguir luchando.
Manuela Medina era distinta. La llamaban La Capitana porque dirigía tropas en batalla, algo que pocas mujeres hacían. Combatió al lado de José María Morelos cuando tomaron Acapulco el 13 de abril de 1813, cuando rindieron el castillo de San Diego cuatro meses después. En 1816 formó su propio batallón. Pero la guerra la alcanzó: una lanza realista la hirió tan gravemente que pasó más de un año postrada en cama. Se retiró a su pueblo natal y murió en Texcoco el 2 de marzo de 1822, herida y alejada de la lucha que había liderado.
Sheinbaum no solo nombró a estas cuatro. También rindió homenaje a las heroínas anónimas, a las mujeres indígenas cuyo nombre nunca fue registrado pero cuya participación fue crucial. Fueron invisibilizadas durante siglos, sus contribuciones absorbidas en narrativas que solo recordaban a los hombres. El acto fue simbólico pero deliberado: la banda presidencial que Sheinbaum portó fue elaborada por mujeres militares. La bandera fue entregada por una escolta conformada únicamente por mujeres del Heroico Colegio Militar. Jennifer Samantha Torres Jiménez fue la abanderada. Las cadetes Samira Michel Delgadillo Chávez, Itzel Sarahi Martínez Tozcano, Karla Paola Guevara Pérez, Andrea Carvajal Audelo y Yetzelany Gallegos Ortiz completaron la ceremonia.
En un país que durante 215 años contó su historia de independencia sin mencionar a las mujeres que la hicieron posible, este Grito fue un quiebre. No fue un acto de corrección académica. Fue un acto de memoria, de justicia histórica, de decir en voz alta que las mujeres que financiaron, organizaron, combatieron y murieron por la libertad de México merecen ser recordadas no como notas al pie sino como protagonistas.
Notable Quotes
Josefa Ortiz alertó a Miguel Hidalgo e Ignacio Allende del descubrimiento de la insurgencia, permitiendo que el levantamiento armado iniciara la guerra de Independencia— Contexto histórico del Grito 2025
Leona Vicario apoyó al movimiento insurgente financiando y liderando redes de mensajería para los rebeldes, además de fungir como periodista publicando información para desafiar la represión colonial— Contexto histórico del Grito 2025
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Sheinbaum eligió específicamente estos nombres? ¿Hay otras mujeres que pudo haber mencionado?
Hay cientos de otras. Pero estas cuatro representan diferentes tipos de participación: la conspiradora, la financiera, la organizadora de redes, la combatiente. Son arquetipos. El acto no fue exhaustivo, fue simbólico.
¿Qué significa que haya nombrado a Josefa Ortiz por su apellido de soltera?
Significa que la historia la conocía como Josefa Ortiz de Domínguez, el apellido del marido. Sheinbaum la devolvió a sí misma. Es un gesto pequeño pero radical: decir que la mujer no desaparece cuando se casa.
Leona Vicario financiaba la revolución. ¿De dónde sacaba el dinero?
De su propia fortuna. Era una mujer de recursos. Pero lo importante es que lo hizo sabiendo que podía perderlo todo, que podía ser ejecutada. Lo hizo de todas formas.
Gertrudis Bocanegra fue fusilada. ¿Fue un acto ejemplar, para asustar a otros?
Probablemente. Pero funcionó al revés. Su muerte la convirtió en mártir. A veces la represión no mata la causa, la amplifica.
Manuela Medina dirigía tropas. ¿Cuántas mujeres más lo hacían?
Muy pocas. Ella era excepcional. Pero eso también significa que su ausencia después de su herida fue sentida. Los insurgentes perdieron a alguien que sabía cómo ganar batallas.
¿Por qué tardó 215 años en suceder esto?
Porque la historia la escriben los vencedores, y los vencedores eran hombres. Las mujeres fueron borradas no por accidente sino por diseño. Sheinbaum simplemente está corrigiendo el registro.