Shein, el gigante chino de la moda ultrarrápida, hizo su entrada en la Bolsa de Hong Kong con una caída de hasta el 10% en su primer día de cotización, un recibimiento que el mercado convirtió en espejo de algo más profundo. Lo que debía ser una consagración pública reveló, en cambio, las tensiones acumuladas de un modelo de negocio que ya no opera en el vacío: aranceles crecientes, regulación más exigente y una competencia que aprendió sus propias lecciones. El debut no es el fin de Shein, pero sí el inicio de una etapa en la que el crecimiento deberá ganarse con mayor esfuerzo.