En La Rioja, donde el vino no es industria sino memoria viva, el sumiller Carlos Echapresto traza una ruta por seis bodegas que encarnan siglos de cultura vinícola. Desde los calados oscuros de Haro hasta las instalaciones geotérmicas de Beronia, este recorrido invita a comprender cómo una región aprende a honrar su pasado sin renunciar al futuro. El enoturismo, en manos de quienes crecieron entre viñedos, se convierte en un acto de transmisión cultural tanto como en una experiencia sensorial.
Ruta de seis bodegas riojanas: de los calados centenarios a la tecnología vanguardista
De los calados centenarios de Haro y Ollauri a las instalaciones más vanguardis…
What happened here?
Ruta por seis bodegas imprescindibles de La Rioja de la mano de los hermanos Echapresto.
Give me the shape of it.
De los calados centenarios de Haro y Ollauri a las instalaciones más vanguardistas de la región en compañía del sumiller Carlos Echapresto
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El Pulso
- La Rioja guarda bodegas con más de dos siglos de historia, algunas que recibieron a Hemingway y otras que aún conservan calados donde el tiempo parece detenido.
- La tensión entre tradición y modernidad se resuelve aquí no como contradicción, sino como diálogo: nuevas instalaciones integran tecnología geotérmica sin abandonar la escala humana.
- Carlos Echapresto, sumiller y hermano del chef Ignacio, actúa como guía e intérprete, convirtiendo cada visita en una lectura del territorio más que en una simple cata.
- El enoturismo riojano avanza hacia experiencias participativas —podas, vendimias, catas en terrazas históricas— que buscan al visitante como cómplice, no como espectador.
En La Rioja, donde el vino no es industria sino memoria viva, el sumiller Carlos Echapresto traza una ruta por seis bodegas que encarnan siglos de cultura vinícola. Desde los calados oscuros de Haro hasta las instalaciones geotérmicas de Beronia, este recorrido invita a comprender cómo una región aprende a honrar su pasado sin renunciar al futuro. El enoturismo, en manos de quienes crecieron entre viñedos, se convierte en un acto de transmisión cultural tanto como en una experiencia sensorial.
Mucho antes de que el vino de Rioja conquistara mesas internacionales, ya era el hilo invisible que cosía generaciones: niños que crecían entre cepas, celebraciones marcadas por botellas sin etiqueta, bodegas familiares donde el conocimiento pasaba de mano en mano. Es desde esa memoria íntima desde donde Carlos Echapresto, sumiller formado en la tradición riojana y hermano del reconocido chef Ignacio, propone una ruta por seis bodegas que no son simples paradas turísticas, sino capítulos de una historia más larga.
El recorrido arranca en los calados históricos de Haro y Ollauri, donde bodegas como Manzanos —fundada en 1890— o Federico Paternina conservan galerías subterráneas que alguna vez acogieron a figuras como Ernest Hemingway. Aquí, la penumbra y el olor a madera húmeda son parte del relato tanto como el vino mismo. Estas bodegas no se visitan: se habitan por unas horas.
Pero la ruta no se queda anclada en el pasado. Beronia, con sus instalaciones inauguradas en 2020, representa la otra cara de La Rioja: arquitectura pensada para la eficiencia geotérmica, sistemas inteligentes de control de temperatura y una apuesta por el enoturismo sostenible que incluye experiencias familiares y accesibles. La modernidad, aquí, no borra la identidad; la reencuadra.
Lo que une ambos extremos del recorrido es la figura de Carlos Echapresto como narrador. Su mirada no es la del experto que cataloga, sino la del hijo de esta tierra que sabe leer en cada barrica y cada viñedo algo que los datos solos no pueden contar. El enoturismo riojano, en su versión más honesta, es eso: una conversación entre quien visita y quien recuerda.
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Mucho antes de que el mundo descubriera el vino de Rioja, ya era parte de la vida de muchas familias: los niños crecían entre viñedos, los vinos acompañaban las celebraciones y el día a día. Durante buena parte del siglo XX, los grandes vi…
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