KAWS tiende puentes entre el arte elevado y popular en el Albertina Modern de Viena

Busca tender puentes. Y es justo lo que intenta esta exposición: no excluir, sino incluir.
Angela Stief, directora del Albertina Modern, sobre cómo KAWS ha revolucionado la relación entre arte elevado y cultura popular.
Mark

¿Por qué un museo como el Albertina Modern decide dedicar una exposición completa a un artista que comenzó como grafitero?

Mimi

Porque KAWS representa algo que ha estado sucediendo durante décadas pero que los museos tardaron en reconocer: que el cómic, el arte urbano y la cultura pop no son inferiores al arte de galería. Son lenguajes diferentes que cuentan historias de formas distintas.

Mark

Pero ¿qué lo diferencia de otros artistas urbanos? ¿Por qué KAWS y no otro?

Mimi

Su evolución. Pasó de pintar letras en muros a crear personajes visuales que funcionan en cualquier contexto: una pared, un producto, una pantalla. Y esos personajes cargan emoción real. No son decorativos.

Mark

La directora menciona que sus emociones —la tristeza, la vergüenza— son centrales. ¿Eso no es lo opuesto a lo que hace Andy Warhol con la repetición masiva?

Mimi

No exactamente. Warhol repetía para despojar de significado, para cuestionar la autenticidad. KAWS repite para amplificar. Cada Companion que ve es el mismo personaje, pero en contextos diferentes, lo que lo hace más accesible, no menos.

Mark

¿Y Keith Haring? ¿Por qué la exposición lo coloca como precursor directo?

Mimi

Porque Haring hizo exactamente lo que KAWS hace ahora: demostró que el arte podía vivir en galerías y en la calle simultáneamente, en productos y en espacios públicos, sin perder su integridad. KAWS visitaba Pop Shop Tokyo de adolescente. Eso no es coincidencia.

Mark

¿Entonces la exposición es sobre KAWS o sobre algo más grande?

Mimi

Es sobre KAWS, pero también sobre lo que significa que un museo de primer nivel reconozca que las fronteras entre arte culto y popular nunca fueron reales. Solo fueron convenciones que algunos decidieron respetar.

  • KAWS (Brian Donnelly), artista urbano nacido en Nueva Jersey en 1974, cuenta con más de cuatro millones de seguidores en Instagram
  • La exposición KAWS. Art & Comix en el Albertina Modern de Viena dialoga con casi treinta artistas clásicos como Lichtenstein y Basquiat
  • Una escultura de Companion de casi ocho metros de altura, hecha de madera, ocupa la fachada principal del museo hasta el 27 de septiembre
  • KAWS visitó Pop Shop Tokyo de Keith Haring durante su adolescencia y conserva mementos de ese lugar

KAWS, artista urbano neoyorquino, evoluciona del grafiti a iconos visuales que cuestionan qué es arte, con cuatro millones de seguidores en Instagram. La muestra dialoga obras de KAWS con treinta artistas clásicos como Lichtenstein y Basquiat, demostrando cómo combina cultura pop, producción masiva y tradición artística.

El Albertina Modern de Viena presenta una exposición que posiciona a KAWS como heredero espiritual de Haring y Warhol, reivindicando el cómic como lenguaje universal que disuelve fronteras entre arte culto y popular.

Una escultura de madera de casi ocho metros de altura domina la fachada principal del Albertina Modern de Viena. Es un Companion, uno de los personajes más reconocibles del artista urbano KAWS —el seudónimo creativo de Brian Donnelly—, una figura que flota entre el Mickey Mouse de Disney y una calavera moderna, cuestionando silenciosamente dónde termina el arte callejero y dónde comienza el arte de museo. Esta obra en particular evoca el Angelus Novus de Paul Klee, cargada de la misma melancolía y sensación de catástrofe que emana del cuadro del pintor suizo. "La tristeza, el enfado, el sentirse avergonzado o inseguro... todas esas emociones explican a KAWS", dice Angela Stief, directora del museo austriaco, de pie frente a la escultura.

Stief es comisaria, junto a Florian Waldvogel, de la exposición KAWS. Art & Comix, que permanecerá abierta hasta el 27 de septiembre y que tiende un puente deliberado entre las bellas artes y el trabajo de este artista nacido en Nueva Jersey en 1974 y criado en Brooklyn, quien comenzó su carrera en los años noventa como grafitero. La muestra reivindica el cómic como un lenguaje universal capaz de trascender fronteras y divisiones sociales, convirtiéndose en una forma accesible de narración. Lo que KAWS hace es subvertir el tono habitualmente alegre y desenfadado del género, utilizando sus mismos iconos para expresar algo más oscuro.

La exposición comienza con una obra de Ad Reinhardt de finales de los años cuarenta titulada How to Look at Art, sorprendentemente contemporánea en su relevancia, y luego pone en diálogo la obra de KAWS con casi treinta artistas, entre ellos Roy Lichtenstein y Jean-Michel Basquiat. Esta estructura evita la fórmula tradicional de la retrospectiva. "La importancia de KAWS como creador reside en cómo combina el mundo virtual con el mundo real", explica Stief. "La exposición lo equipara al arte contemporáneo, pero también a la vida contemporánea, en la que nuestras pantallas son nuestro innegable día a día." KAWS cuenta con más de cuatro millones de seguidores en Instagram, una audiencia que trasciende los límites convencionales del mundo del arte.

Las obras seleccionadas revelan la evolución del artista neoyorquino: pasó de pintar letras de grafiti en muros y paredes a trabajar con iconos visuales plasmados en mobiliario urbano. Su enfoque entrelaza la cultura pop —la repetición y producción masiva de sus obras lo conectan directamente con Andy Warhol— con la tradición artística. En una misma vitrina conviven el Moonman, la estatuilla plateada con forma de astronauta diseñada para los MTV Video Music Awards, con GONE, donde dos de sus personajes más populares adoptan una pose solemne reminiscente de la Pietá de Miguel Ángel.

KAWS participa en la muestra como coleccionista, aportando obras de otros artistas que posee, como H. C Westerman, quien cuestionó décadas antes que él la distinción entre arte culto y arte popular. Los personajes de cómic funcionan como leitmotivs en obras de artistas contemporáneos: las pinturas de la Pantera Rosa de Katherine Bernhardt, las figuras de cerámica de la venezolana Magdalena Suárez Frimkess, las pinturas inspiradas en manga de Isolde María Joham y las obras de Joyce Pensato, quien da un giro explosivo y siniestro a la fisionomía de personajes nacidos en viñetas.

La muestra compagina las dos dimensiones del cómic impreso con varias instalaciones inmersivas que permiten caminar dentro de la propia pieza artística. Una de ellas es la exagerada reconstrucción del Metro de Nueva York hecha con PVC, más propia de la sátira de una viñeta que de un retrato realista, creada por Red Grooms, Mimi Gross y The Ruckus Construction Company a mediados de los años setenta. Otra es Pop Shop Tokyo, la instalación con la que Keith Haring ejemplificó en los ochenta cómo una obra artística podía existir simultáneamente en galerías, espacios públicos y productos comerciales sin perder su mensaje. Su revolucionaria intención de democratizar el arte conecta directamente con KAWS. Durante su adolescencia, visitaba frecuentemente el lugar creado por Haring y aún conserva algunos de los mementos que adquirió allí: pósters, chapas y parches.

"Con sus ideas, KAWS ha gestado una enorme revolución dentro del mundo del arte", defiende Stief. "Y creo que el vínculo más estrecho con su audiencia es, precisamente, esa causa: no establecer distinciones entre el arte culto y el popular. Busca tender puentes. Y es justo lo que intenta esta exposición: no excluir, sino incluir." La muestra, que se extiende hasta el 27 de septiembre, representa un momento en el que las fronteras entre lo que se considera arte legítimo y lo que se considera cultura popular se disuelven deliberadamente, permitiendo que ambas formas de expresión convivan y se iluminen mutuamente.

La tristeza, el enfado, el sentirse avergonzado o inseguro... todas esas emociones explican a KAWS
— Angela Stief, directora del Albertina Modern
Con sus ideas, KAWS ha gestado una enorme revolución dentro del mundo del arte. Busca tender puentes. Y es justo lo que intenta esta exposición: no excluir, sino incluir
— Angela Stief
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