En un tiempo en que la cultura promete conexión permanente y remedios para toda incomodidad, el psicoanalista Gabriel Rolón se detiene ante las cámaras para nombrar lo que pocas voces se atreven a sostener: que la soledad no es un defecto a corregir, sino la condición más honesta de existir. Desde Buenos Aires, y con la serenidad de quien ha escuchado muchas confesiones, Rolón propone que el miedo —no el amor— es lo que mantiene a muchas personas dentro de sus relaciones, y que el deseo humano, lejos de ser una promesa de plenitud, es siempre el mapa de una ausencia. Convivir con esa falta, co
Rolón: ser humano es convivir con la mortalidad y la soledad inevitable
Convivir con la falta es una condición propia del ser humano
¿Entonces Rolón está diciendo que la mayoría de las personas están en relaciones equivocadas?
No exactamente. Está diciendo que muchas personas no han hecho la pregunta honesta sobre si realmente quieren estar donde están. El miedo a la soledad las mantiene en un lugar que no eligieron conscientemente.
Pero ¿cómo sabemos que es miedo a la soledad y no simplemente inercia, o hábito, o incluso amor que se ha transformado? Rolón está generalizando bastante.
Es verdad. Pero lo que propone es que la soledad es inevitable de todas formas. Incluso con alguien al lado, seguimos siendo solos. Así que si vamos a estar solos de todos modos, ¿por qué no elegir estar solos de verdad?
¿Y la metáfora de la VTV? ¿Qué significa revisar periódicamente?
Significa detenerse y preguntarse honestamente si esta relación es lo que querés, si funciona, si vale la pena seguir. No es una revisión técnica sino emocional.
Pero eso presupone que las personas tienen la capacidad de hacer esa revisión sin el ruido del miedo. Rolón no explica cómo se hace eso en la práctica.
Probablemente porque no hay un cómo. Solo hay la decisión de mirar, y eso ya es incómodo.
¿Y el deseo? ¿Por qué es incómodo?
Porque el deseo siempre señala lo que no tenemos. Es un foco de luz que ilumina exactamente donde hay un vacío. No podemos desear algo que ya poseemos.
Eso es cierto, pero Rolón parece sugerir que ese vacío es imposible de llenar. ¿Está seguro? ¿No hay momentos en los que el deseo se satisface?
Se satisface momentáneamente. Pero luego surge otro deseo, otro vacío. El punto es que vivimos en un estado permanente de falta, y eso es lo que tenemos que aceptar.
Le Pouls
- Rolón lanza una pregunta que pocos se hacen en voz alta: ¿cuántas personas permanecen en sus relaciones por amor genuino y cuántas lo hacen por terror a quedarse solas?
- La tensión central no es una crisis de pareja sino algo más profundo: incluso en el abrazo más íntimo, una soledad fundamental sigue latiendo por dentro, sin resolverse.
- Para sacudir la comodidad de la negación, Rolón propone la metáfora de la 'VTV del amor': una revisión periódica y honesta del estado real de cada vínculo, que la mayoría evita hacer.
- El deseo, lejos de ser liberador, se presenta como una incomodidad estructural: siempre apunta hacia lo que falta, y perseguirlo —en una pareja, un logro, un hijo— nunca cierra el vacío que lo origina.
- El punto de llegada no es una solución sino una reconciliación: saber que uno va a morir, que todo lo amado desaparecerá, y aun así seguir viviendo —eso es, según Rolón, el sentimiento trágico de la vida.
En un tiempo en que la cultura promete conexión permanente y remedios para toda incomodidad, el psicoanalista Gabriel Rolón se detiene ante las cámaras para nombrar lo que pocas voces se atreven a sostener: que la soledad no es un defecto a corregir, sino la condición más honesta de existir. Desde Buenos Aires, y con la serenidad de quien ha escuchado muchas confesiones, Rolón propone que el miedo —no el amor— es lo que mantiene a muchas personas dentro de sus relaciones, y que el deseo humano, lejos de ser una promesa de plenitud, es siempre el mapa de una ausencia. Convivir con esa falta, concluye, no es fracasar: es, simplemente, ser humano.
Gabriel Rolón se presenta ante las cámaras de LN+ sin ofrecer consuelo fácil. Su punto de partida es una incomodidad deliberada: la mayoría de las personas, sostiene, viven en relaciones que en el fondo no elegirían. Y la razón no es falta de amor, sino presencia de miedo. No el miedo a perder a alguien en particular, sino el miedo más antiguo y más hondo: el de la soledad misma.
Esa soledad, aclara Rolón, no desaparece con compañía. Incluso en los momentos de mayor cercanía —abrazados, protegidos— algo sigue recorriendo el interior sin resolverse. El abrazo alivia, pero no cura lo que está roto en la raíz. Para describir cómo vivimos con esa contradicción, el psicoanalista recurre a una imagen mecánica: la VTV del amor. Las relaciones, como los vehículos, necesitan revisiones honestas y periódicas. Pero muchos siguen manejando con el auto averiado, sin rueda de auxilio, porque les da más miedo detenerse que continuar.
Después, Rolón va más lejos y habla del deseo. No como algo hermoso, sino como algo fundamentalmente incómodo: el deseo siempre señala una falta, siempre ilumina el lugar donde algo nos falta. Perseguimos parejas, logros, hijos, libros —todos intentos nobles de llenar un vacío que, por su propia naturaleza, no puede llenarse del todo.
Y ahí está el núcleo de su pensamiento: convivir con esa falta no es un fracaso ni una enfermedad. Es la condición misma de ser humano. Ser humano es saber que uno va a morir, que todo lo que ama desaparecerá, y aun así tener que seguir viviendo. No hay técnica ni pareja que disuelva esa verdad. La soledad y la mortalidad no son problemas a resolver, sino realidades con las que aprender a habitar.
Gabriel Rolón se sienta frente a las cámaras de LN+ con la intención de nombrar lo que muchos prefieren no decir en voz alta: que la mayoría de las personas viven en relaciones que no desearían tener. El psicoanalista y escritor no ofrece consuelo fácil ni recetas para la felicidad doméstica. En cambio, propone una mirada que comienza con una pregunta incómoda sobre por qué seguimos eligiendo quedarnos.
La respuesta, según Rolón, está en el miedo. No el miedo a perder a alguien específico, sino el miedo más profundo a la soledad misma. Describe esto como una condición intrínseca de existir como seres que hablan, que piensan, que desean. Incluso en los momentos en que nos permitimos estar cerca de quien amamos—abrazados, protegidos—esa soledad fundamental sigue ahí, recorriéndonos por dentro. Es como si el abrazo fuera un alivio temporal que nunca termina de resolver lo que está roto en la raíz.
Para ilustrar cómo vivimos con esta contradicción, Rolón recurre a una metáfora mecánica: la VTV del amor. Así como un vehículo necesita revisiones periódicas para funcionar con seguridad, las relaciones de pareja requieren un examen honesto de su estado. Pero la mayoría de las personas, dice, no hacen esa revisión. Algunos no han terminado de aceptar lo que no les gusta de su pareja y sufren en silencio. Otros simplemente se han resignado, como quien sigue manejando un auto averiado porque le da miedo quedarse sin transporte. Continúan en el viaje sin rueda de auxilio, sin matafuegos, con el vehículo del amor un poco roto.
Luego Rolón gira hacia algo más radical: el deseo mismo. No lo presenta como algo hermoso o liberador, sino como algo fundamentalmente incómodo. El deseo, explica, siempre señala una falta. Se desea lo que no se tiene. Cuando surge el deseo—ya sea por un vaso de agua o por la persona que alguna vez nos amará—comienza una incomodidad que no se puede evitar. Es como un foco de luz que ilumina precisamente el lugar donde algo nos falta.
Una vez que ese foco se enciende, comenzamos a caminar alrededor de lo que nos falta, buscándole formas, semblantes, disfraces. Perseguimos un amor, un libro, un éxito profesional, un programa de televisión, un trabajo, un hijo. Todos estos son, dice Rolón, intentos nobles de llenar un vacío que es imposible de llenar. Y aquí está el punto central de su pensamiento: convivir con esa falta no es un fracaso personal ni una enfermedad que deba curarse. Es la condición misma de ser humano.
Rolón lo resume con una claridad que no deja lugar para la negación: ser humano es vivir con el sentimiento trágico de la vida. Significa saber que uno va a morir, que todas las personas que amamos van a morir, que todo lo que amamos en algún momento dejará de estar. Y a pesar de saber esto—o quizás precisamente porque lo sabemos—tenemos que seguir viviendo. No hay escape de esta verdad, no hay técnica de relajación que la disuelva, no hay pareja que la resuelva. La soledad y la mortalidad no son problemas a resolver sino realidades con las que aprender a convivir.
Citations marquantes
La mayoría de las personas tienen desgraciadamente parejas que no querrían tener, o porque no han terminado de aceptar eso que de su pareja no les gusta y sufren, o porque ya está, se han resignado— Gabriel Rolón
Eso es ser un ser humano; es vivir con el sentimiento trágico de la vida, que sé que me voy a morir, sé que todos los que amo se van a morir, sé que todo lo que amo en algún momento no estará— Gabriel Rolón