Rolón: la vida pierde sentido cuando buscamos felicidad en el pasado

La vida pierde sentido cuando buscamos felicidad en el pasado
Rolón sostiene que refugiarse en tiempos remotos es una forma de renunciar a la responsabilidad de habitar el presente.
Mark

¿Por qué Rolón insiste tanto en que el pasado nos roba el presente? ¿No es natural recordar?

Mimi

No se trata de recordar. Se trata de vivir en el recuerdo, de esperar que el pasado nos devuelva algo que perdimos. Eso es diferente.

Luke

Pero ¿cómo distingue Rolón entre una nostalgia sana y esa renuncia a la responsabilidad que describe? El texto no lo aclara.

Mark

Me interesa esta idea de "faltacidad". ¿Está diciendo que la felicidad es imposible?

Mimi

No, está diciendo que la felicidad que buscamos, esa completitud total, es imposible. Pero existe otra cosa: una felicidad que integra el dolor, las ausencias. Eso es posible.

Luke

Aunque suena bien, ¿tiene Rolón evidencia de que esta "faltacidad" funciona en la práctica? ¿O es una construcción teórica?

Mark

¿Y en el amor? ¿Está diciendo que la pareja ideal no existe?

Mimi

Exacto. Todos somos incompletos. La idea de la "media naranja" es una fantasía que nos impide ver a la persona que está frente a nosotros.

Luke

Pero muchas personas reportan sentirse completas con su pareja. ¿Rolón descarta eso como ilusión?

Mark

¿Qué rol juega la esperanza en todo esto?

Mimi

Para Rolón, la esperanza puede paralizarnos. Nos hace esperar que algo mágico ocurra en lugar de actuar desde nuestro propio deseo.

Luke

Aunque critica la esperanza, ¿no es la esperanza también lo que nos permite vivir? El texto no profundiza en eso.

Mark

¿Cómo se relaciona todo esto con los mandatos familiares?

Mimi

Nuestros deseos están contaminados por lo que otros esperaban de nosotros. Vivir en el presente significa también cuestionarse qué queremos realmente.

Luke

Eso es importante, pero ¿cómo alguien distingue entre sus propios deseos y los mandatos internalizados? Rolón no ofrece un camino claro.

  • Rolón lanza una advertencia incómoda: mirar hacia el pasado en busca de felicidad no es nostalgia inocente, sino una renuncia activa a la responsabilidad de vivir.
  • La fantasía de la 'media naranja' genera vínculos frágiles y expectativas imposibles, porque nadie puede llenar los vacíos de otro sin convertir el amor en una forma de dependencia.
  • La esperanza mal entendida también paraliza: cuando delegamos nuestro deseo en fuerzas externas o mágicas, dejamos de ser los autores de nuestra propia vida.
  • El psicólogo propone 'faltacidad' como un nuevo lenguaje para una felicidad real: una que no niega el dolor ni las pérdidas, sino que las integra como parte constitutiva de lo humano.
  • El amor saludable, según Rolón, no se mide por intensidad sino por ética: amar es renunciar conscientemente al poder que se tiene sobre el otro y nunca usarlo para dañar.
  • Vivir en el presente exige también un trabajo interior: distinguir qué deseos son genuinamente propios y cuáles son mandatos familiares o culturales que otros depositaron en nosotros.

En una época que oscila entre la nostalgia paralizante y el optimismo superficial, el psicoanalista Gabriel Rolón propone una tercera vía: habitar el presente con honestidad, reconociendo que la felicidad no es plenitud sino convivencia con la falta. Su concepto de 'faltacidad' no es una resignación, sino una invitación a construir sentido desde lo que somos —seres incompletos, finitos, marcados por ausencias— en lugar de esperar ser rescatados por el pasado, por otro ser humano o por la esperanza de algo externo.

Gabriel Rolón, psicoanalista de larga trayectoria, sostiene una tesis que incomoda por su precisión: la vida pierde sentido cuando buscamos la felicidad en el pasado. No se trata de condenar la nostalgia, sino de señalar algo más grave: la evasión deliberada de la responsabilidad de vivir. Mientras miramos hacia atrás esperando recuperar algo perdido, el presente queda suspendido, y con él, la posibilidad de construir.

Para nombrar lo que propone en su lugar, Rolón acuña el término 'faltacidad': una felicidad que no niega el dolor ni las ausencias, sino que las abraza como parte de lo que somos. Cualquier búsqueda de plenitud absoluta está condenada al fracaso, dice, porque somos seres finitos e incompletos por naturaleza. Aceptarlo no es derrota; es el punto de partida real.

Esta visión transforma también la manera de entender el amor. Rolón desmonta la fantasía de la 'media naranja' con ironía y claridad: nadie nos completa, todos llegamos al vínculo con gajos perdidos. El amor no es reparación sino encuentro entre incompletos. Y su forma más sana no se mide por fusión ni intensidad, sino por una elección ética: renunciar al poder que se tiene sobre el otro y nunca usarlo para dañar.

Finalmente, Rolón advierte que habitar el presente exige un trabajo más profundo que simplemente soltar el pasado. Implica preguntarse cuáles de nuestros deseos son realmente nuestros y cuáles son ecos de mandatos familiares o expectativas culturales que otros depositaron en nosotros sin que lo eligiéramos.

Gabriel Rolón, psicólogo y psicoanalista, sostiene una tesis incómoda: la vida pierde su sentido cuando buscamos la felicidad en el pasado. No es nostalgia lo que critica, sino algo más profundo: la renuncia deliberada a la responsabilidad de vivir en el presente. En una conversación con LA NACION, Rolón desarrolla una idea que desafía tanto la cultura del arrepentimiento como la del optimismo ingenuo.

Para Rolón, refugiarse en tiempos remotos funciona como un mecanismo de evasión. Mientras miramos hacia atrás, esperando recuperar algo que se perdió o que nunca fue, nos incapacitamos para construir lo que está frente a nosotros. El presente, con toda su incertidumbre y sus demandas, queda suspendido. Es una forma de no jugar, de no arriesgar. Y en esa inmovilidad, la vida se vacía de propósito.

Pero Rolón no propone simplemente abandonar el pasado. Propone algo más radical: redefinir qué es la felicidad. Introduce el neologismo "faltacidad" para nombrar una felicidad que no niega el dolor, las ausencias, las heridas. "No existe la felicidad, existe la faltacidad", dice. Es una felicidad capaz de abrazar todas las faltas, todos los dolores. Cualquier intento de alcanzar una plenitud total, una completitud absoluta, está condenado al fracaso porque ignora lo que somos: seres finitos, incompletos, marcados por la ausencia.

Esta idea tiene consecuencias directas en cómo entendemos el amor. Rolón rechaza la fantasía de la "media naranja", esa creencia de que existe alguien que nos completará, que llenará nuestros vacíos. "Son naranjas que han perdido gajos por el camino", dice con cierta ironía. Nadie nos completa nunca. Todos llevamos ausencias, y eso no es un defecto que el amor deba reparar, sino parte de lo que somos.

La esperanza, en la lectura de Rolón, también merece escepticismo. No porque sea mala en sí misma, sino porque puede paralizarnos. Cuando esperamos que ocurran cosas más mágicas que personales, cuando delegamos nuestro deseo en la esperanza de que algo externo nos salve, nos incapacitamos. El amor, en cambio, funciona como "un invento maravilloso para engañar por un rato a la muerte". Pero su práctica saludable no radica en la fusión o la completitud, sino en la renuncia consciente al poder sobre el otro.

Rolón es claro en esto: la persona que ama con sanidad es la que renuncia a usar el poder que tiene sobre su pareja. Nunca lo usa para dañar. Es una definición del amor que no habla de intensidad sino de ética, de una elección deliberada de no dominar al otro.

Finalmente, Rolón señala que nuestro destino está atravesado por voces ajenas. Los mandatos familiares, las expectativas culturales, lo que el psicoanálisis llama el "superyó", nublan la visión de lo que realmente deseamos. Vivir en el presente, entonces, no es solo abandonar el pasado. Es también cuestionarse cuáles de nuestros deseos son realmente nuestros, y cuáles son ecos de lo que otros esperaban de nosotros.

No existe la felicidad, existe la faltacidad. Que es una felicidad que es capaz de abrazar todas las faltas, ausencias, dolores y heridas.
— Gabriel Rolón
La persona que te ama con sanidad es la que renuncia a usar ese poder. Nunca usa el poder que tiene sobre vos para dañarte.
— Gabriel Rolón
Vuoi la storia completa? Leggi l'originale su La Nacion ↗
Contattaci Domande frequenti