En las profundidades donde la luz nunca alcanza, un robot submarino se topó con uno de los seres más esquivos del planeta: un calamar de aleta grande que apenas setenta veces ha sido visto por ojos humanos. El encuentro, ocurrido a más de tres kilómetros bajo el Pacífico frente a California, no fue buscado sino hallado por azar mientras los científicos investigaban otra cosa, recordándonos que el océano profundo guarda secretos que la tecnología apenas comienza a rozar. Este avistamiento número setenta no cierra ningún misterio, sino que abre la pregunta más antigua de la exploración: ¿cuánto
Robot submarino descubre raro calamar de aleta grande a 3.277 metros en el Pacífico
Un mundo donde la luz nunca llega y el frío roza el congelamiento
¿Por qué es tan importante que hayan visto este calamar específicamente en ese lugar?
Porque nunca antes se había confirmado su presencia en esa zona del Pacífico nororiental. Cada avistamiento nuevo amplía nuestro mapa de dónde viven estas criaturas.
Pero espera, ¿confirmado por quién? ¿Hay registros previos de esta especie en el Pacífico o es completamente nuevo para la región?
Se ha visto en otras partes del Pacífico, pero este lugar específico, cerca de Davidson Seamount, es nuevo. El análisis reciente sugiere que podrían estar en el 62 por ciento de los océanos, así que probablemente hay muchos que nunca hemos visto.
¿Y cómo saben que mide 1,25 metros si solo lo vieron en video?
El robot submarino Doc Ricketts tiene láseres que pueden medir distancias con precisión. Eso les permitió calcular el tamaño del animal.
Eso es técnicamente correcto, pero ¿cuán precisa es esa medición a esa profundidad? ¿Hay margen de error?
Probablemente sí, pero es la mejor estimación que tienen. Con solo 70 ejemplares observados en la historia, cada dato es valioso.
¿Qué nos dice esa postura de codo sobre cómo vive este animal?
Podría estar usando sus filamentos para atrapar pasivamente pequeños organismos, pero honestamente, es una teoría. Nadie lo sabe con seguridad.
Entonces es especulación educada, ¿no? Porque nunca han visto realmente cómo se alimenta.
Exactamente. Es lo que los científicos piensan que podría estar haciendo, pero no hay confirmación.
Si solo se han visto 70 ejemplares, ¿cómo pueden estar tan seguros de que viven en el 62 por ciento de los océanos?
Esa es la pregunta correcta. Ese 62 por ciento es basado en modelado de hábitats potencialmente adecuados, no en avistamientos reales. Son dos cosas muy diferentes.
Der Puls
- Un robot submarino captó imágenes de un calamar Magnapinnidae a 3.277 metros de profundidad, solo el septuagésimo avistamiento registrado en toda la historia de la ciencia.
- La criatura, de 1,25 metros, adopta una postura de 'codo' con los brazos extendidos en ángulo recto que desconcierta a los investigadores, quienes aún no saben con certeza cómo se alimenta ni cómo se reproduce.
- El hallazgo ocurrió por accidente: el equipo buscaba marcas en el fondo marino dejadas por ballenas picudas cuando el animal apareció ante las cámaras del robot Doc Ricketts.
- Análisis recientes indican que el hábitat potencial de esta especie podría abarcar el 62% de la superficie oceánica, sugiriendo que no es tan rara como sus escasos avistamientos hacen creer, sino simplemente inaccesible.
En las profundidades donde la luz nunca alcanza, un robot submarino se topó con uno de los seres más esquivos del planeta: un calamar de aleta grande que apenas setenta veces ha sido visto por ojos humanos. El encuentro, ocurrido a más de tres kilómetros bajo el Pacífico frente a California, no fue buscado sino hallado por azar mientras los científicos investigaban otra cosa, recordándonos que el océano profundo guarda secretos que la tecnología apenas comienza a rozar. Este avistamiento número setenta no cierra ningún misterio, sino que abre la pregunta más antigua de la exploración: ¿cuánto de lo que existe nunca hemos visto?
El 7 de agosto, a 3.277 metros bajo el Pacífico, el robot submarino Doc Ricketts del Monterey Bay Aquarium Research Institute se encontró frente a uno de los animales más misteriosos del océano: un calamar de aleta grande de la familia Magnapinnidae. El avistamiento ocurrió cerca del Davidson Seamount, frente a California, en una zona donde nunca antes se había confirmado la presencia de esta especie.
La investigadora Olivia Soares Pereira fue la primera en verlo en las pantallas. Al principio lo confundió con una medusa, pero las articulaciones de sus apéndices lo delataron. El ejemplar medía 1,25 metros y exhibía la llamada postura de codo: brazos y tentáculos extendidos casi perpendicularmente al cuerpo y luego doblados en ángulos de 90 grados, con largos filamentos suspendidos sobre el fondo marino. Los científicos creen que podría usar esa postura para capturar pasivamente pequeños organismos, aunque nadie lo sabe con certeza.
Desde que se conoce la existencia del Magnapinnidae, solo se han observado o capturado unos 70 ejemplares en toda la historia. Se ignora qué comen, cómo se reproducen y cuántos individuos pueblan los océanos. Lo que sí se sabe es que toleran presiones extremas: un ejemplar fue registrado a 6.212 metros de profundidad. A pesar de su rareza aparente, avistamientos en el Atlántico, el Pacífico y el Índico, sumados a modelos recientes, sugieren que sus hábitats potenciales podrían cubrir el 62% de la superficie oceánica, lo que indica que la especie podría ser mucho más común de lo que los registros reflejan.
Lo más revelador del hallazgo es su carácter fortuito: los científicos buscaban marcas en el sedimento dejadas por ballenas picudas cuando el calamar apareció ante las cámaras. El Davidson Seamount, conocido por concentrar vida marina gracias a las corrientes que genera, ofreció una vez más algo que nadie esperaba encontrar, recordando que el océano profundo sigue siendo, en gran medida, territorio inexplorado.
A tres mil metros bajo la superficie del Pacífico, donde la luz nunca llega y el frío ronda el punto de congelación, existe un mundo de criaturas que desafían toda lógica. El 7 de agosto, un robot submarino llamado Doc Ricketts, operado desde la superficie por investigadores del Monterey Bay Aquarium Research Institute, se encontró cara a cara con uno de los animales más esquivos del océano: un calamar de aleta grande de la familia Magnapinnidae. El encuentro ocurrió a 3.277 metros de profundidad cerca del Davidson Seamount, frente a la costa de California, en una zona donde nunca antes se había confirmado la presencia de esta especie.
La investigadora Olivia Soares Pereira fue la primera en verlo en las pantallas de monitoreo. Su reacción inicial fue confundirlo con una medusa, pero cuando los apéndices del animal comenzaron a revelar sus características articulaciones, quedó claro que se trataba de algo mucho más extraño. El ejemplar medía aproximadamente 1,25 metros desde la parte superior del cuerpo hasta el extremo de sus brazos, medida que los láseres del robot pudieron registrar con precisión. Lo que hace verdaderamente desconcertante a este calamar no es solo su tamaño, sino su anatomía casi surrealista: un cuerpo relativamente pequeño coronado por una enorme aleta, ocho brazos y dos tentáculos que terminan en filamentos largos y delgados, algunos de los cuales se extienden varios metros.
Pero la característica más misteriosa es la postura que adopta. El animal suspende sus brazos y tentáculos casi perpendicularmente al cuerpo y luego los dobla formando ángulos cercanos a los 90 grados, una posición que los científicos llaman postura de codo. Mientras flota sobre el fondo marino con sus largos filamentos extendidos, el calamar podría estar capturando de manera pasiva pequeños organismos que entren en contacto con ellos. Sin embargo, nadie sabe con certeza si esa es realmente su estrategia de alimentación, porque el conocimiento sobre esta especie es casi nulo.
Desde que se conoce la existencia del Magnapinnidae, solo se han observado o capturado alrededor de 70 ejemplares en toda la historia. Esa cifra revela el grado de desconocimiento que rodea a estos animales. Los investigadores aún ignoran qué comen, cómo capturan a sus presas, cómo se reproducen o cuántos individuos realmente existen en los océanos. Lo único que saben es que pueden vivir a profundidades extraordinarias: un ejemplar fue observado a 6.212 metros bajo la superficie, lo que lo convierte en uno de los calamares que tolera mejor las presiones abisales conocidas.
A pesar de su rareza, la especie parece tener una distribución geográfica sorprendentemente amplia. Se han registrado avistamientos en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, desde el golfo de México hasta Australia, Hawái, Filipinas y otras regiones del Pacífico. Un análisis global reciente sugiere que los hábitats potencialmente adecuados para el Magnapinnidae podrían ocupar hasta el 62 por ciento de la superficie oceánica y cerca del 70 por ciento de su volumen total. Esa cifra indica que la especie podría ser mucho más común de lo que los registros de avistamientos sugieren, simplemente porque vive a profundidades donde casi nunca llega la tecnología humana.
Lo irónico del descubrimiento es que el calamar no era el objetivo de la expedición. Los científicos estaban investigando unas marcas en el fondo marino que podrían haber sido producidas por ballenas picudas mientras se alimentaban. El Davidson Seamount, situado a unos 130 kilómetros al suroeste de Monterey, es conocido por albergar una concentración inusual de vida marina. Sus estructuras elevadas modifican las corrientes oceánicas de tal manera que favorecen la concentración de nutrientes, creando auténticos oasis de alimento en las profundidades. Fue en uno de esos oasis donde el robot submarino capturó las imágenes que ahora tienen a los científicos formulando nuevas preguntas sobre un animal que, después de décadas de estudio, sigue siendo casi completamente desconocido.
Bemerkenswerte Zitate
La investigadora Olivia Soares Pereira confundió inicialmente al animal con una medusa hasta que aparecieron las características articulaciones de sus apéndices— Monterey Bay Aquarium Research Institute