Descubren el 'séptimo sentido' humano: la capacidad de detectar objetos sin tocarlos

La piel humana registra desplazamientos tan sutiles que desafían los límites teóricos de la detección sensorial
Los participantes detectaron objetos enterrados bajo arena con una precisión del 70,7%, superando significativamente a sistemas robóticos equipados con sensores avanzados.
Mark

¿Cómo es posible que alguien detecte un objeto bajo la arena sin tocarlo realmente? Parece contradictorio.

Mimi

Los dedos se mueven sobre la superficie de la arena, y la piel registra cambios muy sutiles en la presión y la textura. El cubo crea una pequeña alteración en cómo se comporta el material, y el cerebro interpreta esas señales.

Luke

Pero espera—¿qué tan pequeño es ese cubo? ¿A qué profundidad estaba? Porque la precisión del 70,7% suena bien, pero necesitamos saber si estamos hablando de detectar algo del tamaño de una pelota de tenis a un centímetro de profundidad, o algo más desafiante.

Mark

Buena pregunta. ¿Y cómo sabemos que los participantes no estaban tocando realmente el cubo sin darse cuenta?

Mimi

El experimento fue diseñado específicamente para evitar contacto directo. Los investigadores controlaron las condiciones para asegurar que lo que se detectaba eran cambios en la presión y la estructura del material, no el objeto en sí.

Luke

Aún así, el documento no especifica exactamente cómo se midió o verificó que no hubo contacto. Es un detalle importante para la replicabilidad.

Mark

¿Y por qué un robot solo logró el 40% de precisión si tiene sensores más sofisticados?

Mimi

Porque el robot fue entrenado con datos, pero el cerebro humano tiene millones de años de evolución procesando información táctil. Interpretamos patrones de manera que una máquina aún no puede replicar completamente.

Luke

Aunque el artículo dice que el robot detectó objetos desde una distancia ligeramente mayor. Así que en términos de rango, la máquina fue mejor. La precisión es diferente del alcance.

Mark

¿Esto significa que tenemos siete sentidos ahora, no cinco?

Mimi

Depende de cómo definas un sentido. Algunos científicos ya contaban la intuición como un sexto. Este estudio sugiere que el tacto remoto podría ser otro, pero es más preciso verlo como una extensión sofisticada del sentido del tacto existente.

Luke

Y eso es importante: no sabemos aún si esto es realmente un sentido separado o una capacidad más refinada del tacto que simplemente no habíamos medido antes.

  • La certeza de que los humanos poseemos exactamente cinco sentidos —o incluso seis— acaba de ser puesta en entredicho por evidencia experimental rigurosa.
  • Voluntarios detectaron un cubo enterrado bajo arena con un 70,7% de precisión sin tocarlo, superando ampliamente a un brazo robótico de última generación que apenas alcanzó el 40%.
  • El descubrimiento genera tensión en la neurociencia y la robótica: si las máquinas no pueden replicar esta sutileza perceptiva, ¿qué nos dice eso sobre la naturaleza del procesamiento neural humano?
  • Los investigadores buscan ahora comprender cómo el cerebro interpreta estas señales mecánicas mínimas y qué otras facultades sensoriales podrían estar esperando ser descubiertas.
  • La relación entre ciencia humana y robótica se revela bidireccional: el robot aprendió de los humanos, y el desempeño de la máquina, a su vez, iluminó aspectos del tacto humano que aún no se comprendían del todo.

Durante siglos, la humanidad creyó conocer los límites de su propio cuerpo, pero un equipo de investigadores en Londres acaba de desplazar esa frontera. Científicos de la Queen Mary University han demostrado que la piel humana puede percibir objetos enterrados bajo la arena sin tocarlos directamente, una facultad que denominan 'tacto remoto' y que sitúa nuestra sensorialidad al nivel de aves costeras con adaptaciones evolutivas similares. El hallazgo no solo redefine lo que entendemos por tacto, sino que invita a preguntarse cuántas otras capacidades perceptivas permanecen aún sin nombre.

Un equipo de la Queen Mary University of London ha identificado lo que podría ser un séptimo sentido humano: la capacidad de detectar objetos ocultos bajo la arena sin establecer contacto directo con ellos. El hallazgo fue presentado en la IEEE International Conference on Development and Learning y desafía décadas de comprensión convencional sobre los límites del tacto.

En el experimento, los voluntarios deslizaron suavemente los dedos sobre la superficie arenosa en busca de un pequeño cubo enterrado. Sin tocarlo, lograron identificar su presencia con una precisión del 70,7%, interpretando alteraciones imperceptibles en la presión del material. Los investigadores denominan este fenómeno 'tacto remoto' y señalan que la sensibilidad alcanzada roza el límite teórico del sistema sensorial humano.

El paralelismo con ciertas aves costeras —como los chorlitos y las agachadizas, que localizan presas bajo tierra mediante vibraciones mínimas— sugiere que esta facultad no es una rareza, sino una capacidad evolutiva genuina compartida entre especies que habitan entornos donde el tacto a distancia resulta ventajoso.

Para contrastar los resultados, el equipo utilizó un brazo robótico con sensores táctiles y entrenado con un modelo de memoria a largo y corto plazo. Aunque la máquina detectó objetos desde distancias ligeramente mayores, su precisión fue notablemente inferior: apenas un 40% frente al 70,7% humano. Este contraste revela que, en tareas de discriminación sensorial compleja, el procesamiento neural humano mantiene una ventaja clara sobre los sistemas artificiales actuales.

Elisabetta Versace, directora del Prepared Minds Lab y autora principal del estudio, subrayó que es la primera vez que el tacto remoto se estudia sistemáticamente en humanos. Lorenzo Jamone, de la University College London, destacó además la naturaleza bidireccional de la investigación: los humanos guiaron el aprendizaje del robot, y el robot, a su vez, aportó nuevas claves para interpretar los datos sensoriales humanos. El hallazgo abre perspectivas amplias para la robótica, la medicina y la tecnología de asistencia, y plantea una pregunta que quizás tardemos en responder: ¿cuántos otros sentidos llevamos con nosotros sin saberlo?

Investigadores de la Queen Mary University of London han identificado una capacidad sensorial que desafía la comprensión convencional del tacto humano: la capacidad de detectar objetos ocultos bajo la arena sin establecer contacto directo con ellos. El hallazgo, presentado en la IEEE International Conference on Development and Learning, sugiere que los seres humanos poseen un séptimo sentido que amplía significativamente los límites de nuestra percepción física.

Durante el experimento, voluntarios movieron los dedos suavemente sobre la arena en busca de un pequeño cubo enterrado. Sin tocarlo directamente, lograron identificar su presencia con una precisión del 70,7%, interpretando las alteraciones sutiles en la presión del material bajo sus dedos. Este fenómeno, denominado tacto remoto, demuestra que la piel humana es capaz de registrar desplazamientos mecánicos extraordinariamente finos en su entorno inmediato. La sensibilidad alcanzada sitúa esta habilidad en el límite teórico de lo que el sistema sensorial humano puede detectar.

La capacidad observada en los participantes guarda similitud con la que poseen ciertas aves costeras, como los chorlitos y las agachadizas, que localizan presas bajo la superficie del terreno mediante la percepción de vibraciones mínimas. Este paralelismo evolutivo sugiere que el tacto remoto no es una anomalía, sino una facultad sensorial genuina que los humanos comparten con otras especies adaptadas a entornos donde la detección táctil a distancia resulta ventajosa.

Para validar estos resultados, el equipo de investigación empleó un brazo robótico equipado con sensores táctiles y entrenado mediante un modelo de long short-term memory. Aunque la máquina logró detectar objetos desde una distancia ligeramente mayor que los participantes humanos, su precisión fue considerablemente inferior: alcanzó apenas un 40% de acierto frente al 70,7% conseguido por los voluntarios. Este contraste revela que, en tareas de discriminación sensorial compleja, el procesamiento neural humano mantiene una ventaja significativa sobre los sistemas artificiales actuales.

Elisabetta Versace, directora del Prepared Minds Lab y autora principal del estudio, enfatizó la novedad del hallazgo: "Es la primera vez que el tacto remoto se estudia sistemáticamente en humanos y transforma nuestra concepción del mundo perceptivo". El descubrimiento abre interrogantes sobre cómo el cerebro interpreta y procesa estas señales físicas mínimas, y qué otras capacidades sensoriales podrían permanecer sin explorar.

La investigación también ilustra una relación bidireccional entre la ciencia humana y la robótica. Según Lorenzo Jamone, profesor de Robótica e Inteligencia Artificial en la University College London, los experimentos con participantes humanos guiaron el aprendizaje del robot, mientras que el desempeño de la máquina, a su vez, aportó nuevas perspectivas sobre cómo interpretar los datos sensoriales humanos. Este intercambio sugiere que comprender mejor nuestras propias capacidades perceptivas podría acelerar el desarrollo de sistemas robóticos más sofisticados y adaptativos.

El hallazgo tiene implicaciones que se extienden más allá de la neurociencia fundamental. Las aplicaciones potenciales en robótica, medicina y tecnología de asistencia podrían beneficiarse de una comprensión más profunda de cómo los humanos detectan y procesan información táctil remota. A medida que la investigación continúa, es probable que emerjan nuevas preguntas sobre la verdadera extensión de nuestras capacidades sensoriales y cómo el cerebro humano integra información de múltiples canales perceptivos para construir una representación coherente del mundo.

Es la primera vez que el tacto remoto se estudia en humanos y cambia nuestra concepción del mundo perceptivo
— Elisabetta Versace, directora del Prepared Minds Lab
Los experimentos humanos guiaron el aprendizaje del robot, y este, a su vez, aportó nuevas perspectivas sobre la interpretación de los datos humanos
— Lorenzo Jamone, profesor de Robótica e Inteligencia Artificial en University College London
Contattaci Domande frequenti