Rescatan con vida a hombre tras ocho días bajo escombros de terremotos en Venezuela

Más de 2.500 muertos confirmados, miles de desaparecidos no contabilizados, aproximadamente 58.000 edificios dañados o destruidos, y hasta 7 millones de personas afectadas según la ONU, con miles viviendo en refugios precarios sin seguridad ni alimentos suficientes.
Duermo con un ojo abierto y uno cerrado
Madre en refugio temporal, con miedo de que le roben a su hijo mientras duerme.

Ocho días después de que dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sepultaran vivo a Hernán Gil bajo los escombros de un edificio en Venezuela, brigadas de rescate de siete países lograron extraerlo con vida, desafiando el límite humano de supervivencia y el umbral técnico de 72 horas que suele cerrar la esperanza. Su rescate ilumina, por contraste, la oscuridad de una catástrofe que el gobierno cifra en más de 2.500 muertos, pero que Naciones Unidas dimensiona en hasta 50.000 desaparecidos y siete millones de afectados. En medio de la destrucción de un país ya fragilizado, este instante de vida recuperada recuerda que incluso en la mayor devastación, la humanidad persiste en buscar a los suyos.

  • Hernán Gil sobrevivió ocho días bajo toneladas de concreto alimentado por sondas de agua y aire, mientras el noveno día se anunciaba como el último de búsqueda de sobrevivientes.
  • Las cifras oficiales de 2.595 muertos contrastan brutalmente con los 50.000 desaparecidos que estima la ONU, y las redes sociales se inundan de rostros sin respuesta.
  • Decenas de edificios ya llevan marcada la letra D de 'deceased', pero familiares como Maira Sequeira siguen cavando con sus manos hacia parientes que creen vivos, sin maquinaria ni personal suficiente.
  • Miles de damnificados duermen en estacionamientos y canchas deportivas donde el alimento no siempre llega y las madres confiesan dormir con un ojo abierto por miedo al abuso infantil.
  • La ONU solicita 50 millones de dólares de emergencia para asistir a 500.000 personas durante tres meses, mientras las pérdidas totales equivalen al 6% del PIB de un país ya en crisis.

El jueves por la mañana, Hernán Gil fue sacado con vida de los escombros de un edificio de siete pisos en Venezuela, ocho días después de que dos terremotos —de magnitud 7,2 y 7,5— lo sepultaran el 24 de junio. El vigilante de 43 años emergió en camilla tras una operación conjunta de equipos de siete países que excavaron durante días un túnel de tres metros para llegar hasta él. Su esposa lo llamó un verdadero milagro. Y lo era: la ventana para encontrar sobrevivientes en desastres de esta magnitud cierra a las 72 horas. Gil había permanecido el doble de ese tiempo, sobreviviendo debajo de una mesa y una silla, hidratado por sonda mientras los rescatistas avanzaban hacia él.

Los dos sismos arrasaron el estado La Guaira, especialmente el sector Catia La Mar. El gobierno reporta 2.595 muertos y 12.400 heridos, pero las cifras no reflejan la magnitud real: Naciones Unidas estima que 50.000 personas están desaparecidas y que hasta siete millones fueron afectadas. Las redes sociales están inundadas de fotos de niños y ancianos con nombres y números de teléfono. Decenas de edificios en ruinas ya fueron marcados con la letra D de 'deceased'. Un rescatista mexicano advirtió que el viernes sería el último día de búsqueda de sobrevivientes.

La presidenta interina Delcy Rodríguez defendió la respuesta del gobierno y prometió que ningún cuerpo iría a fosa común. Pero en las ruinas, vecinos como Maira Sequeira, de 58 años, denuncian que tienen familiares vivos atrapados y que no hay maquinaria ni personal suficiente para llegar a ellos. Las observaciones satelitales de la NASA indican que unos 58.000 edificios resultaron dañados o destruidos, con pérdidas estimadas en 6.700 millones de dólares.

Miles de personas viven ahora en refugios precarios: estacionamientos, canchas deportivas, campamentos a la intemperie. Las madres duermen con un ojo abierto por miedo al abuso infantil, y el alimento no siempre llega. El Programa Mundial de Alimentos solicitó 50 millones de dólares para asistir a 500.000 personas durante tres meses. El rescate de Hernán Gil fue un destello de esperanza en una catástrofe que apenas comienza a revelar su verdadera dimensión.

El jueves por la mañana, después de ocho días enterrado bajo toneladas de concreto y acero, Hernán Gil fue sacado con vida de los escombros. El vigilante de 43 años emergió en camilla del edificio de siete pisos que se derrumbó sobre él el 24 de junio, cuando dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela. Los rescatistas que lo extrajeron —equipos de Estados Unidos, El Salvador, Costa Rica, Portugal, México, Chile y Venezuela trabajando en conjunto— se abrazaron y aplaudieron cuando finalmente lo sacaron por un túnel de tres metros que habían excavado durante una operación que comenzó el lunes. Su esposa, Gusbimar González, lo llamó un verdadero milagro. Y lo era: en desastres de esta magnitud, la ventana para encontrar gente con vida cierra a las 72 horas. Gil había permanecido bajo los escombros el doble de ese tiempo.

Los dos sismos dejaron más de 2.500 muertos confirmados y miles de desaparecidos en el estado La Guaira, particularmente en el sector Catia La Mar, que fue arrasado. El gobierno reporta 2.595 fallecidos y 12.400 heridos, pero las cifras oficiales ocultan una realidad mucho más sombría. Cuando los terremotos golpearon, había aproximadamente 30.000 personas en La Guaira. El gobierno dice que 6.461 fueron rescatadas y más de 13.000 salieron por sus propios medios o con ayuda de familiares. Del resto, no hay registro. Naciones Unidas calcula que 50.000 personas están desaparecidas. Las redes sociales están inundadas de fotos de niños, ancianos y parejas, con nombres, descripciones y números de teléfono para quien tenga información.

Gil sobrevivió porque se escondió debajo de una mesa y una silla, según su esposa. Mientras los rescatistas cavaban hacia él, le pasaban agua por sonda y aire por un tubo. El cuerpo humano puede resistir hasta siete días sin agua. Él llegó a ocho. Un rescatista mexicano explicó que el viernes —el noveno día desde la tragedia— sería el último día de búsqueda de sobrevivientes. Ya había pasado demasiado tiempo. Decenas de edificios en ruinas ya habían sido marcados con la letra D, de "deceased", la nomenclatura internacional usada en desastres después de que un lugar es inspeccionado.

La presidenta interina Delcy Rodríguez, quien decretó siete días de duelo nacional, defendió la respuesta del gobierno. Dijo que ordenó que cada cuerpo fuera identificado, sin fosas comunes. "Yo de entrada dije: nadie va a fosa común", declaró. Explicó que los cuerpos serían identificados por huella dactilar, fotografía, o si era necesario, por dentadura forense. Rodríguez también destacó la velocidad del despliegue militar y policial: 4.000 funcionarios en las primeras 24 horas, 11.000 a las 48 horas, y 19.000 en el momento de su declaración. Pero en las ruinas, pobladores aseguran tener familiares vivos atrapados y reclaman la ausencia de autoridades. Maira Sequeira, de 58 años, tiene un sobrino tapiado bajo los escombros. "Estamos tratando de llegar hacia él, pero no hay la suficiente maquinaria ni el suficiente personal que nos ayude", lamentó.

La escala de la destrucción es casi incomprehensible. Observaciones satelitales de la NASA indican que aproximadamente 58.000 edificios resultaron probablemente dañados o destruidos. Naciones Unidas calcula pérdidas de 6.700 millones de dólares, equivalentes al 6 por ciento del PIB de un país ya sumido en una grave crisis económica. Mientras el gobierno contabiliza casi 13.000 damnificados, la ONU estima que hasta siete millones de personas fueron afectadas, y que casi ocho millones necesitaban ayuda humanitaria antes de los terremotos.

Miles de personas ahora viven en refugios precarios: estacionamientos, canchas deportivas, campamentos a la intemperie. En un parque caraqueño convertido en refugio, Noemí Contreras, de 25 años, dijo que le da miedo quedarse dormida y que se lleven a su niño. "Duermo con un ojo abierto y uno cerrado", coincidió Betzabeth Maleno, de 39. Se han registrado denuncias de abuso infantil en estos espacios. Los refugiados se quejan de las condiciones: carpas sin suficiente alimento. "A veces nos traen comida, a veces no", indicó Contreras. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU solicitó a la comunidad internacional 50 millones de dólares para asistir a aproximadamente 500.000 personas durante tres meses. El rescate de Hernán Gil fue un destello de esperanza en medio de una catástrofe que apenas comienza a revelar su verdadera dimensión.

Es un verdadero milagro
— Gusbimar González, esposa de Hernán Gil
Yo de entrada dije: nadie va a fosa común
— Delcy Rodríguez, presidenta interina
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué el rescate de este hombre después de ocho días es tan extraordinario?

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Porque en desastres como este, los rescatistas saben que después de 72 horas las probabilidades de encontrar gente con vida caen casi a cero. El cuerpo humano simplemente no aguanta más sin agua. Que Gil haya sobrevivido el doble de ese tiempo es biológicamente improbable.

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¿Cómo logró sobrevivir tanto tiempo?

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Se escondió debajo de una mesa y una silla. Eso lo protegió de los escombros que cayeron. Y mientras los rescatistas cavaban hacia él, le pasaban agua por sonda y aire por un tubo. Fue una operación coordinada entre equipos de siete países.

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Las cifras de muertos y desaparecidos parecen confusas. ¿Cuál es la verdadera dimensión?

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El gobierno dice 2.595 muertos y casi 13.000 damnificados. Pero Naciones Unidas calcula 50.000 desaparecidos y hasta siete millones de personas afectadas. La diferencia es enorme. Nadie sabe realmente cuánta gente está bajo los escombros o simplemente desapareció.

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¿Y los refugios? ¿Qué está pasando con la gente que perdió sus casas?

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Están viviendo en carpas en parques, estacionamientos, canchas deportivas. Sin suficiente comida, sin seguridad. Hay denuncias de abuso infantil. Madres jóvenes duermen con un ojo abierto porque tienen miedo de que les roben a sus hijos.

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¿Cuánto tiempo puede durar esta situación?

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La ONU pidió 50 millones de dólares para asistencia de tres meses a medio millón de personas. Pero esto es un país en crisis económica desde hace años. No está claro de dónde vendrá ese dinero o qué pasará cuando se acabe.

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