En Argentina, el recorte de aproximadamente la mitad del presupuesto destinado a ciencia, universidades y Conicet ha desencadenado una crisis silenciosa pero profunda: investigadores formados con recursos públicos emigran sin retorno, llevándose consigo décadas de conocimiento acumulado. El historiador Alejandro Rabinovich, desde la Universidad Nacional de La Pampa, articula esta pérdida no solo como un problema económico, sino como una amenaza a la soberanía misma del país. Su advertencia convoca a la sociedad argentina a decidir, con urgencia y lucidez, qué lugar ocupa el conocimiento en su
Rabinovich advierte sobre la crisis de la ciencia argentina: "Estamos en peligro"
Cuando le ofrecés lo que ganan con una beca, les conviene ir al secundario
¿Por qué insiste en conectar a San Martín con la crisis científica actual? Parecería un salto extraño.
No es un salto. San Martín entendía que la soberanía no se construye solo con armas. Se construye con conocimiento, con cultura, con capacidad estatal. Cuando pierdes investigadores formados, pierdes soberanía.
Pero usted dice que no debemos hacer interpretaciones anacrónicas. ¿Cómo evita eso?
Evitándolo al no decir qué haría San Martín hoy. Solo digo cuáles eran sus principios. La defensa de la soberanía, un Estado fuerte, la importancia de la cultura. Esos principios hablan por sí solos.
Los números que menciona son brutales. ¿Realmente se fue la mitad del presupuesto?
Aproximadamente. Desde el inicio de este gobierno. Y eso no es solo un número en un papel. Es becarios que se van, es laboratorios que cierran, es investigadores que enseñan secundario porque no pueden vivir de una beca.
¿Cree que hay vuelta atrás?
Depende de si la sociedad decide que la ciencia importa. Eso requiere un proyecto nacional. Sin eso, el deterioro continúa.
Der Puls
- El presupuesto científico argentino fue reducido a la mitad, dejando laboratorios sin fondos, becas sin renovar y salarios de investigadores por debajo del umbral de subsistencia.
- Becarios de posdoctorado con años de formación pública eligen emigrar o abandonar la carrera científica porque el sistema no puede absorberlos ni remunerarlos dignamente.
- La paradoja es brutal: el país forma investigadores de alto nivel y luego los empuja hacia la docencia secundaria o el extranjero, perdiendo en ambos casos su capacidad científica futura.
- Rabinovich advierte que reconstruir lo que se destruye en años de desinversión tomará décadas, convirtiendo el daño presente en una hipoteca sobre las generaciones venideras.
- La salida que propone no es técnica sino política: la sociedad debe debatir un proyecto de desarrollo nacional que coloque a la ciencia y la tecnología en su centro.
En Argentina, el recorte de aproximadamente la mitad del presupuesto destinado a ciencia, universidades y Conicet ha desencadenado una crisis silenciosa pero profunda: investigadores formados con recursos públicos emigran sin retorno, llevándose consigo décadas de conocimiento acumulado. El historiador Alejandro Rabinovich, desde la Universidad Nacional de La Pampa, articula esta pérdida no solo como un problema económico, sino como una amenaza a la soberanía misma del país. Su advertencia convoca a la sociedad argentina a decidir, con urgencia y lucidez, qué lugar ocupa el conocimiento en su proyecto de nación.
Alejandro Rabinovich, historiador e investigador del Conicet en la Universidad Nacional de La Pampa, lanzó una advertencia sin rodeos: la ciencia argentina atraviesa una crisis severa. Desde que asumió el gobierno actual, el presupuesto destinado a ciencia, universidades públicas y Conicet fue recortado aproximadamente a la mitad. Esa cifra no es abstracta: se traduce en laboratorios sin recursos, becas interrumpidas y salarios que no alcanzan para vivir.
Lo que más preocupa a Rabinovich es el destino de los jóvenes investigadores. Becarios de posdoctorado con trayectorias sólidas, formados durante años con inversión pública, no encuentran lugar en el sistema y emigran. Cuando un investigador se va, la pérdida es definitiva: no se pierde solo una persona, sino décadas de formación que el país financió y que no recuperará. El dilema es casi matemático: una beca de inicio rinde menos que el salario de un profesor de secundaria, y la decisión se vuelve inevitable. Multiplicado por cientos de casos, el daño es estructural y compromete la capacidad científica futura del país.
Durante la entrevista, Rabinovich recurrió a la historia para iluminar el presente. Trazó un retrato poco conocido de José de San Martín: no solo el militar de las campañas épicas, sino un hombre de formación cultural amplia, que estudió latín, francés, historia y geografía en Europa, reunió una biblioteca de más de 500 volúmenes y llevó sus libros incluso durante el cruce de los Andes. Para Rabinovich, San Martín entendía el conocimiento como parte inseparable de la construcción de la soberanía.
Cuando se le preguntó qué pensaría San Martín de la Argentina actual, Rabinovich fue preciso: el prócer defendía la soberanía, la cultura y un Estado fuerte. Y concluyó con una frase que resume toda su reflexión: San Martín no hubiera sido libertario. Hubiera visto en el debilitamiento del Estado, en el abandono de la ciencia y en la fuga de cerebros, una amenaza directa a la soberanía de la nación que ayudó a construir.
Alejandro Rabinovich, historiador y docente de la Universidad Nacional de La Pampa, se sentó frente a las cámaras de Televisión Pública Pampeana con una advertencia que no dejaba lugar a ambigüedades: la ciencia argentina está en crisis. Como investigador del Conicet, Rabinovich conoce de cerca el estado del sistema científico nacional, y lo que ve lo preocupa profundamente. Desde que asumió el gobierno actual, el presupuesto destinado a la ciencia, las universidades públicas y el Conicet ha sido recortado aproximadamente a la mitad. No es una cifra abstracta. Es dinero que dejó de llegar a laboratorios, a becas, a salarios de investigadores.
Lo que más le duele es lo que sucede con los jóvenes científicos. Existen becarios de posdoctorado que han dedicado años a su formación, que fueron educados con recursos públicos, que tienen trayectorias sólidas, pero no encuentran lugar en el sistema científico argentino. Se van. Se van a otros países y no regresan. Rabinovich lo dice con la claridad de quien ha visto partir a colegas: cuando un investigador se marcha después de años de inversión pública en su educación, esa pérdida es definitiva. No es solo que se pierda una persona. Se pierden años de formación, se pierden capacidades que tardaron décadas en construirse.
El historiador grafica el dilema con precisión: un investigador formado en el sistema público, con maestría y doctorado, recibe una beca de inicio que no alcanza para vivir. Mientras tanto, una escuela secundaria le ofrece un salario que duplica esa beca. La decisión es casi automática. El país gana un excelente profesor de secundaria, pero pierde un investigador. Multiplicado por cientos de casos, el daño es estructural. No es solo un problema del presente. La pérdida de investigadores formados durante años significa que la capacidad científica futura del país se ve comprometida. Reconstruir eso, si es que se intenta, llevará décadas.
Rabinovich cree que la sociedad argentina necesita tener una conversación seria sobre qué tipo de país quiere ser. Esa conversación debe incluir a la ciencia y la tecnología como elementos centrales de un proyecto de desarrollo nacional. Sin eso, sin una decisión deliberada de invertir en conocimiento, el deterioro continuará.
Durante la entrevista, Rabinovich hizo un giro hacia la historia. Habló de José de San Martín, no como una figura militar abstracta, sino como un hombre profundamente vinculado al conocimiento. Contra la imagen popular del libertador dedicado únicamente a campañas militares, Rabinovich mostró a alguien con una formación cultural amplia. San Martín estudió latín, francés, historia y geografía en Europa. Reunió una biblioteca personal de alrededor de 200 títulos y más de 500 volúmenes. Incluso durante sus campañas militares, trasladaba sus libros. Llevó parte de esa biblioteca durante el cruce de los Andes. Después, en Lima, estableció lo que entonces se llamaba una librería, que era una biblioteca.
Para Rabinovich, esto no es una anécdota curiosa. Es una lección sobre cómo San Martín entendía la relación entre el conocimiento y la acción política. No estaban separados. El conocimiento era parte de la construcción de la soberanía.
Cuando se le preguntó qué pensaría San Martín de la Argentina actual, Rabinovich fue cuidadoso de no caer en anacronismos. Pero identificó principios que atravesaron toda la trayectoria del prócer: la defensa de la soberanía, la importancia de la cultura, la necesidad de un Estado fuerte. San Martín creía en concentrar el poder estatal, en fortalecer la autoridad, incluso cuando imaginaba una república. Rabinovich rechazó la idea de que San Martín pueda ser reivindicado automáticamente por cualquier posición política contemporánea. Y respondió con una frase que cierra la reflexión: San Martín no hubiera sido libertario. Hubiera visto en el debilitamiento del Estado, en el abandono de la ciencia, en la fuga de cerebros, una amenaza a la soberanía misma.
Bemerkenswerte Zitate
Es un momento muy difícil para la ciencia argentina, para la Universidad Pública, para el Conicet, para todos los organismos de ciencia— Alejandro Rabinovich
No hubiera sido libertario— Alejandro Rabinovich, sobre lo que pensaría San Martín de la Argentina actual