Psiquiatra advierte sobre crisis de salud mental pospandemia y brecha en tratamiento

Más de 270 millones de personas padecieron depresión en 2020 según OMS, con incremento de trastornos mentales en Perú durante la pandemia.
Solo uno de cada cuatro deprimidos busca ayuda profesional
La brecha entre necesidad y acceso a tratamiento en salud mental refleja carencias estructurales del sistema peruano.
Mark

¿Por qué la pandemia tuvo tanto impacto en la salud mental si la mayoría de las personas sobrevivió físicamente?

Mimi

El virus no fue solo una amenaza física. El aislamiento, la incertidumbre económica, el duelo sin rituales, la pérdida de rutina: todo eso golpeó la mente. Bojorquez dice que los estudios en Perú, Latinoamérica y el mundo son consistentes en esto. Más del 30 por ciento de la población mostró síntomas de trastornos mentales.

Luke

Pero espera. Él mismo dice que no hay estudios poblacionales, solo de grupos específicos. Eso significa que el 30 por ciento es una estimación, no una cifra confirmada para toda la población. Es importante ser precisos en eso.

Mark

¿Entonces por qué solo el 25 por ciento de los deprimidos busca ayuda?

Mimi

Hay tres barreras principales. Primero, el Estado no invierte lo suficiente en servicios de salud mental, así que no hay suficientes lugares donde ir. Segundo, la gente tiene vergüenza. Tercero, muchos ni siquiera saben que lo que sienten es un problema que puede tratarse.

Luke

Eso son tres cosas diferentes. ¿Cuál es la más importante? Porque si es la falta de servicios, entonces es un problema de presupuesto. Si es el estigma, es un problema cultural. Si es la falta de conciencia, es un problema educativo. Bojorquez menciona las tres, pero no queda claro cuál pesa más.

Mark

¿Qué diferencia hay entre salud mental y enfermedad mental?

Mimi

Bojorquez lo explica bien. La salud mental es positiva: es poder disfrutar la vida, ser productivo, relacionarse bien con otros, contribuir a la sociedad. La enfermedad mental es lo opuesto. Pero en Perú solo hablamos de lo segundo, así que la gente cree que ir al psiquiatra significa que estás loco.

Luke

Eso es verdad, pero también es un cambio que toma tiempo. No es solo educación; es cambiar cómo una sociedad entera piensa sobre sí misma.

Mark

¿Qué está haciendo el Estado para arreglarlo?

Mimi

Ha aumentado los centros de salud mental comunitaria. Pero Bojorquez dice que falta integración con los servicios de salud general, y que las redes de atención no están desarrolladas como en otros países. Y el presupuesto sigue siendo muy bajo.

Luke

Un dólar y medio per cápita versus sesenta en países desarrollados. Eso es un factor de 40. No es que Perú esté un poco atrás; está en otro universo presupuestario.

Mark

¿Hay algo que la gente pueda hacer ahora?

Mimi

Buscar ayuda. Hay dos líneas telefónicas gratuitas del Minsa. Y cambiar la conversación: hablar de salud mental como algo normal, no como algo vergonzoso.

Luke

Las líneas son un recurso real, pero también son un parche. Si solo el 25 por ciento de los deprimidos accede a servicios, una línea telefónica no va a cambiar eso sin cambios más profundos en el sistema.

  • La pandemia no solo trajo enfermedad física: en Perú, los trastornos mentales aumentaron más del 30%, dejando a cientos de miles de personas atrapadas en un duelo invisible sin red de contención.
  • Tres de cada cuatro personas con depresión nunca llegan a un especialista — el estigma las silencia, el Estado las ignora y el sistema simplemente no alcanza para recibirlas.
  • Perú invierte $1.50 per cápita en salud mental mientras países desarrollados destinan $60, una brecha que no es una diferencia de grado sino de voluntad política.
  • Los centros comunitarios de salud mental existen, pero están desconectados del sistema general de salud y operan con presupuestos que no permiten escalar la respuesta a la magnitud real de la crisis.
  • Dos líneas telefónicas gratuitas — Infosalud y el Instituto Nacional de Salud Mental — funcionan como pequeños puentes mientras el país debate si la salud mental es un derecho o un privilegio.

En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, Perú enfrenta una crisis que la pandemia agudizó pero que la sociedad aún prefiere no nombrar: la salud mental de millones de personas que sufren en silencio. El psiquiatra Enrique Bojorquez advierte que los trastornos depresivos crecieron más del 30% durante las cuarentenas, mientras el Estado destina apenas un dólar y medio por persona al año para atenderlos. Entre el estigma, la escasez de servicios y la indiferencia presupuestaria, solo uno de cada cuatro pacientes con depresión logra recibir ayuda — una proporción que revela no solo una falla del sistema, sino una pregunta moral pendiente sobre qué vidas considera prioritarias una sociedad.

Cuando la pandemia aisló al mundo, también agravó algo que ya existía pero permanecía oculto: la crisis de salud mental en Perú. Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el psiquiatra Enrique Bojorquez Giraldo, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Psiquiatría, describió un escenario donde los trastornos depresivos crecieron más del 30% durante las cuarentenas, según estudios sobre grupos específicos. La OMS registró más de 270 millones de personas con depresión en 2020, y Perú siguió esa tendencia sin los recursos para contenerla.

La brecha entre quienes necesitan ayuda y quienes la reciben es enorme: solo el 25% de los pacientes con depresión accede a servicios de salud mental. El resto permanece en silencio, frenado por el estigma social, la escasez de oferta estatal y la baja prioridad que el Estado le asigna al tema en su presupuesto. Bojorquez señala que la sociedad peruana asocia la salud mental con la locura, con algo que debe ocultarse, y que esa narrativa impide que las personas reconozcan lo que les ocurre y busquen ayuda a tiempo.

El Estado ha creado centros comunitarios de salud mental, pero los esfuerzos son fragmentados. La cifra más reveladora es la inversión: $1.50 per cápita al año, frente a los $60 que destinan los países desarrollados. No es una grieta, es un abismo. Bojorquez insiste en que la educación y el cambio de narrativa son claves: entender la salud mental no como sinónimo de enfermedad, sino como parte esencial del bienestar humano.

Mientras el sistema avanza lentamente, existen recursos inmediatos: Infosalud (0800-10828) y la línea del Instituto Nacional de Salud Mental (381-3695), disponibles de lunes a sábado de 8 a.m. a 8 p.m. Son puentes pequeños sobre un abismo grande, pero están ahí para quienes los necesiten hoy.

Cuando la pandemia cerró el mundo, cerró también algo más invisible pero igualmente devastador: la salud mental de millones de personas. En 2020, según datos de la Organización Mundial de la Salud, más de 270 millones de personas enfrentaron depresión. Perú no fue la excepción. Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el psiquiatra Enrique Bojorquez Giraldo, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Psiquiatría, conversó sobre una crisis que sigue creciendo en las sombras del país.

Los números son claros aunque incompletos. Bojorquez explica que no existen estudios poblacionales exhaustivos, sino investigaciones sobre grupos específicos. Aun así, todos apuntan en la misma dirección: la pandemia incrementó la prevalencia de trastornos mentales por encima del 30 por ciento. Las cifras varían según la región y el grupo estudiado, pero la tendencia es inequívoca. Algo que parecía controlado antes de 2020 se descontroló durante las cuarentenas, cuando el aislamiento, la incertidumbre y el duelo se convirtieron en compañeros cotidianos.

Pero el problema no termina en el diagnóstico. Existe una brecha enorme entre quienes necesitan ayuda y quienes la reciben. De cada cien pacientes con depresión, solo aproximadamente veinticinco acceden a servicios de salud mental. El resto permanece en silencio. Bojorquez identifica las causas: el Estado no prioriza la salud mental en su presupuesto, la oferta de servicios es insuficiente, y el estigma mantiene a muchas personas escondiendo su enfermedad por vergüenza o por simple falta de conciencia sobre lo que les ocurre.

El estigma es quizá el enemigo más silencioso. La sociedad peruana asocia la salud mental únicamente con trastornos, con locura, con algo que debe ocultarse. Nadie habla de la salud mental en términos positivos: la capacidad de disfrutar la vida, de ser productivo, de relacionarse de manera saludable con otros, de contribuir al desarrollo de la comunidad. Estos aspectos fundamentales de la salud mental permanecen invisibles en la conversación pública. Bojorquez subraya que la educación es clave. A mayor nivel educativo, mayor demanda de atención en salud mental. Pero también es necesario cambiar la narrativa, dejar de ver la salud mental como sinónimo de enfermedad y comenzar a entenderla como un componente esencial del bienestar humano.

El Estado ha dado algunos pasos. Ha aumentado los centros de salud mental comunitaria. Pero estos esfuerzos son fragmentados y subfinanciados. La salud mental sigue desconectada de los servicios de salud general. Las redes de atención no están desarrolladas en los diferentes niveles que funcionan en otros países. Y los presupuestos siguen siendo irrisorios: Perú invierte aproximadamente un dólar y medio per cápita en salud mental, mientras que los países medianos gastan dos dólares y medio, y los desarrollados sesenta dólares. La brecha no es una grieta; es un abismo.

Antes de la pandemia, Bojorquez recomienda que cualquiera que se sienta deprimido busque ayuda profesional especializada. No es un lujo; es una necesidad. El Ministerio de Salud ha habilitado dos líneas telefónicas gratuitas: Infosalud (0800-10828) y la línea de emergencias del Instituto Nacional de Salud Mental (381-3695), disponibles de lunes a sábado de ocho de la mañana a ocho de la noche. Son pequeños puentes en medio de un sistema que aún tiene mucho camino por recorrer.

Lo que está en juego es claro: la vida de cientos de miles de peruanos que sufren en silencio, esperando que alguien reconozca que la salud mental no es un lujo sino un derecho, y que el país invierta en ella como si lo fuera.

Si se encuentran deprimidos, la primera recomendación es que busquen ayuda profesional y, si es posible, especializada
— Dr. Enrique Bojorquez Giraldo, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Psiquiatría
La salud mental no es una prioridad para el Estado, hay insuficiente oferta de servicios, y el estigma hace que muchos pacientes mantengan oculta su enfermedad
— Dr. Enrique Bojorquez Giraldo
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