En EE.UU., el 60% de la población lucha por sobrevivir mientras un hombre posee más riqueza que el 50% de hogares estadounidenses. Trump ha apoyado candidatos reaccionarios en Argentina, Colombia, Honduras, Perú y Brasil, interfiriendo decisivamente en elecciones latinoamericanas.
Progresistas de América deben avanzar unidos contra la oligarquía global
El pueblo tiene derecho a decidir sus líderes sin presión de la potencia más poderosa
¿Por qué crees que este mensaje resonará en América Latina ahora, en este momento específico?
Porque la gente vive la realidad todos los días. No es teoría. Ven cómo sus gobiernos son presionados desde afuera, cómo candidatos que no eligieron llegan al poder con apoyo estadounidense, cómo sus economías se contraen mientras otros se enriquecen.
Mencionas la Doctrina Monroe como algo antiguo con un nombre nuevo. ¿Qué cambia cuando Trump la reformula explícitamente?
La diferencia es la desvergüenza. Antes era implícito, disfrazado de diplomacia. Ahora es declarado abiertamente: Estados Unidos se reserva el derecho a dominar el hemisferio por la fuerza. Eso clarifica las cosas. Ya no hay que adivinar.
¿Cómo se construye esa solidaridad internacional cuando los gobiernos latinoamericanos tienen intereses tan distintos?
Es el desafío real. Pero el mensaje sugiere que hay algo más profundo que une a los progresistas: la experiencia compartida de ser presionados desde afuera, de ver cómo la riqueza se concentra, de querer gobiernos que respondan a sus pueblos, no a oligarcas.
Mencionas que los oligarcas tienen recursos ilimitados. ¿Qué tienen los progresistas que sea comparable?
Una visión que la gente quiere creer. Dignidad, justicia, un planeta habitable para los hijos. No es dinero, pero es lo que mueve a las personas a actuar juntas. Es más frágil, pero también más profundo.
¿Qué pasa si la solidaridad internacional falla? ¿Si cada país sigue su propio camino?
Entonces cada uno enfrenta la presión solo. Y solos, son más fáciles de dividir, de controlar, de capturar. La solidaridad no es idealismo; es supervivencia política.
El Pulso
- En EE.UU., el 60% de la población lucha por sobrevivir mientras Elon Musk posee más riqueza que el 50% de los hogares estadounidenses
- Casi 80 billones de dólares se han redistribuido del 90% más pobre al 1% más rico en cinco décadas
- Trump ha apoyado candidatos reaccionarios en Argentina, Colombia, Honduras, Perú y Brasil, interfiriendo decisivamente en elecciones
- Decenas de operaciones letales estadounidenses han matado a cientos de civiles sin debido proceso ni rendición de cuentas
En EE.UU., el 60% de la población lucha por sobrevivir mientras un hombre posee más riqueza que el 50% de hogares estadounidenses. Trump ha apoyado candidatos reaccionarios en Argentina, Colombia, Honduras, Perú y Brasil, interfiriendo decisivamente en elecciones latinoamericanas.
Líder progresista insta a gobiernos latinoamericanos a unirse contra la concentración de riqueza global y la interferencia electoral estadounidense, denunciando el nuevo corolario Trump a la Doctrina Monroe.
En agosto, líderes progresistas de toda América se reunieron en Uruguay para una conferencia panamericana dedicada a fortalecer la solidaridad entre naciones. El contexto no podría ser más urgente. Quien envió un mensaje a los asistentes —aunque no pudo estar presente— planteó una pregunta fundamental: ¿tienen derecho los pueblos a elegir sus propios gobiernos sin interferencia de potencias extranjeras? La respuesta que ofrece es sencilla y radical: sí.
La concentración de riqueza global ha alcanzado niveles sin precedentes. En Estados Unidos, la nación más rica del mundo, el 60 por ciento de la población vive al día, lidiando con gastos básicos de comida, vivienda, atención médica, educación y pensión. Mientras tanto, una sola persona —Elon Musk— posee más riqueza que la mitad inferior de todos los hogares estadounidenses combinados. En los últimos cinco décadas, a pesar de que la productividad laboral se disparó, los salarios semanales se han mantenido prácticamente congelados. Casi ochenta billones de dólares han fluido desde el 90 por ciento más pobre hacia el 1 por ciento más rico. Este patrón no es exclusivo de Estados Unidos; se repite en países desarrollados y en desarrollo por igual.
Esta concentración de poder económico forma el telón de fondo para lo que está ocurriendo ahora en América Latina. En diciembre pasado, la administración Trump presentó lo que llamó el corolario Trump a la Doctrina Monroe: una afirmación explícita del derecho estadounidense a dominar el hemisferio occidental por la fuerza si es necesario. Lo que ha seguido es una combinación de intervención militar y electoral. Fuerzas estadounidenses invadieron Venezuela y capturaron a su expresidente. Cuba enfrenta un bloqueo que profundiza su crisis humanitaria. Decenas de operaciones letales han matado a cientos de civiles sin proceso legal ni rendición de cuentas.
Pero la interferencia no se limita a la fuerza bruta. Desde Argentina hasta Brasil, pasando por Colombia, Honduras y Perú, la administración Trump ha apoyado abiertamente a candidatos reaccionarios, influyendo decisivamente en elecciones nacionales. El mensaje es claro: los gobiernos latinoamericanos no son libres de elegir sus propios caminos. Las decisiones que afectan a millones de personas están siendo tomadas en Washington.
Quien escribió este mensaje cree que esto viola un principio fundamental: que una nación independiente tiene derecho a que su pueblo decida quiénes son sus líderes sin presión de la potencia más poderosa del mundo. No es una idea nueva, pero en este momento parece casi revolucionaria.
La respuesta que propone es la solidaridad internacional. Los progresistas de América deben hablar con una sola voz sobre justicia económica, democracia real, responsabilidad ambiental, tolerancia y soberanía nacional. Reconoce que las fuerzas opuestas —los oligarcas, los intereses corporativos, los gobiernos que los respaldan— están bien financiadas, bien organizadas y tienen recursos prácticamente ilimitados. Pero sostiene que los progresistas poseen algo más valioso: una visión moral que resuena en las familias trabajadoras de todo el hemisferio. Una visión de un mundo donde todas las personas puedan vivir con dignidad y donde los hijos de hoy puedan crecer en un planeta saludable.
La invitación final es a la acción conjunta: avanzar juntos contra la oligarquía, contra el autoritarismo, contra una codicia sin límites. Es un llamado a la unidad regional en un momento en que las presiones externas buscan fragmentar y controlar.
Citas Notables
Nunca en la historia moderna tan pocas personas habían acumulado tanta riqueza y tanto poder— Mensaje al Congreso Panamericano
La forma en que debemos avanzar es a través de la solidaridad internacional: hablando con una sola voz por la justicia económica, la democracia y la soberanía de cada nación— Mensaje al Congreso Panamericano