Petroleras acusan a Trump de destruir el fracking al aliarse con la OPEP

El ocaso del fracking ha comenzado
Un ejecutivo petrolero resume la crisis existencial del sector bajo las políticas de Trump.
Mark

¿Cómo es posible que Trump, quien prometió favorecer a las petroleras, termine destruyendo el sector?

Mimi

No es intención, es consecuencia. Trump quería precios bajos del petróleo para los consumidores estadounidenses. Presionó para ello. La OPEP vio la oportunidad y aceleró su producción. El resultado es un mercado inundado de crudo barato que hace inviable la perforación de esquisto.

Mark

Pero ¿no debería beneficiar a las petroleras un crudo más barato?

Mimi

Solo si ya tienes pozos en producción. Para abrir nuevos pozos necesitas márgenes de ganancia. A 60 dólares el barril apenas hay margen. A 46 dólares, no hay negocio. Las empresas no invierten en incertidumbre.

Mark

¿Entonces la OPEP está ganando?

Mimi

Aparentemente sí. Mientras Estados Unidos lucha con costos crecientes y precios decrecientes, la OPEP controla el suministro. Es una ironía: Trump buscaba independencia energética y terminó dependiendo de decisiones de Riad.

Mark

¿Qué significa esto para la producción estadounidense?

Mimi

Significa que sin nuevas inversiones, la producción caerá. Los pozos envejecen. El 50 por ciento de la producción está en riesgo en dos años. Estados Unidos seguirá siendo un productor importante, pero ya no será el motor dinámico que fue.

Mark

¿Hay alguna forma de que esto se revierta?

Mimi

Solo si los precios suben o Trump cambia de política. Pero ambas cosas parecen improbables en el corto plazo. La industria está atrapada entre un presidente que quiere precios bajos y un cartel que está dispuesto a proporcionarlos.

  • El precio del barril WTI ha caído un 10% y se acerca peligrosamente al umbral mínimo de rentabilidad de 60 dólares, por debajo del cual los nuevos pozos simplemente dejan de tener sentido económico.
  • La OPEP ha triplicado el ritmo de su plan de aumento de producción, inyectando 2,2 millones de barriles adicionales al mercado, con el riesgo de generar un superávit de 2 millones de barriles diarios a finales de 2025.
  • Las empresas han congelado inversiones en nuevos proyectos, los costos operativos han subido un 10% y Randstad Energy estima el cierre inminente de 50 plataformas solo en 2025.
  • Goldman Sachs proyecta precios de 51 dólares para 2026 y Capital Economics anticipa 46 dólares, cifras que harían inviable la mayoría de la producción de esquisto en la Cuenca Pérmica.
  • Los ejecutivos del sector acusan públicamente a Trump de aliarse con la OPEP y de destruir la rentabilidad de una industria que lo apoyó, mientras la AIE advierte que el 50% de la producción estadounidense está en riesgo en los próximos dos años.

La industria del esquisto bituminoso estadounidense, que creyó encontrar en Trump a su mayor aliado, enfrenta hoy una paradoja histórica: las mismas políticas que prometían su expansión están empujando los precios del crudo hacia umbrales que hacen inviable la perforación. En un giro que los propios ejecutivos califican de traición, la Casa Blanca parece haber convergido, de forma implícita, con los intereses de la OPEP, dejando a los productores nacionales atrapados entre precios en caída libre y costos operativos en ascenso. Lo que comenzó como una promesa de bonanza energética se ha convertido en una crisis existencial para el sector que convirtió a Estados Unidos en potencia petrolera mundial.

Cuando Trump llegó al poder, las petroleras estadounidenses celebraron. El lema 'drill baby drill' prometía regulaciones relajadas, costos reducidos y una era de expansión para la industria del esquisto que había convertido a Estados Unidos en potencia energética global. Meses después, esa promesa se ha convertido en su contrario.

Una encuesta de la Reserva Federal de Dallas entre compañías del sector arrojó un diagnóstico demoledor: la mayoría se siente atrapada en una crisis existencial. El barril de Texas ha caído un 10%, los márgenes de ganancia han desaparecido casi por completo y los costos de perforación han subido un 10%. Un ejecutivo lo resumió con crudeza: 'El ocaso del fracking ha comenzado. No nos hemos quedado sin petróleo, pero sí nos hemos quedado sin petróleo a 60 dólares el barril'.

El problema es matemático. En la Cuenca Pérmica, el depósito de esquisto más importante del país, un nuevo pozo necesita al menos 60 dólares por barril para ser rentable. Goldman Sachs proyecta 51 dólares para 2026; Capital Economics, 46. Con costos al alza y precios a la baja, los nuevos proyectos sencillamente no se ejecutan.

Los ejecutivos señalan una alianza implícita entre Trump y la OPEP. El cartel ha triplicado el ritmo de su plan de aumento de producción, inyectando 2,2 millones de barriles adicionales al mercado. S&P Global estima un superávit de 2 millones de barriles diarios en el cuarto trimestre. 'La administración está presionando para que el precio llegue a 40 dólares. La perforación va a desaparecer', advirtió un directivo.

Las consecuencias ya son tangibles: Randstad Energy estima el cierre de 50 plataformas en 2025, la AIE advierte que el 50% de la producción estadounidense está en riesgo en dos años, y un veterano con más de cuatro décadas en el sector confesó a la Fed que nunca había sentido tanta incertidumbre. La industria que apoyó a Trump ahora lo acusa de traición, y el liderazgo energético que él prometía defender está siendo socavado por sus propias políticas.

Cuando Donald Trump ascendió al poder, las petroleras estadounidenses creían haber ganado la lotería. El lema de su campaña —"drill baby drill"— prometía un futuro dorado: regulaciones relajadas, costos reducidos, incentivos máximos para perforar. La industria del esquisto bituminoso, que había convertido a Estados Unidos en una potencia energética mundial, esperaba una era de expansión sin límites.

Pero meses después, esa promesa se ha evaporado. Las empresas no están invirtiendo en nuevos pozos; están bloqueándolos. Están atacando públicamente al presidente. La Reserva Federal de Dallas realizó una encuesta entre las compañías del sector y el resultado fue demoledor: la mayoría siente que está atrapada en una crisis existencial, no en una bonanza. Los costos han subido. El crudo ha inundado el mercado. La rentabilidad se ha desvanecido.

"El negocio del esquisto estadounidense está en crisis", declaró uno de los ejecutivos entrevistados por la Fed. "Lo que una vez fue el motor energético más dinámico del mundo ha sido destrozado por la hostilidad política y la ignorancia económica". El barril de Texas (WTI) ha caído un 10 por ciento. Los márgenes de ganancia se han comprimido hasta casi desaparecer. Un empresario resumió la situación con una frase que captura el desastre: "El ocaso del fracking ha comenzado. Estados Unidos no se queda sin petróleo, pero sí nos hemos quedado sin petróleo a 60 dólares el barril".

El problema es matemático. En la Cuenca Pérmica, el depósito de esquisto más importante del país, un nuevo pozo necesita un precio mínimo de 60 dólares por barril para ser rentable. El mercado ya está rozando ese umbral. Las proyecciones de Goldman Sachs apuntan a 58 dólares para 2025 y 51 dólares para 2026. Capital Economics es aún más pesimista: 46 dólares para finales de 2026. Mientras tanto, los costos de perforación han aumentado un 10 por ciento. La ecuación es imposible. Si los precios caen por debajo de 60 dólares y los costos suben, los nuevos proyectos simplemente no se hacen.

Los ejecutivos culpan a Trump de una alianza implícita con la OPEP. El cartel petrolero ha acelerado su plan de aumento de producción a una velocidad triple a la prevista, inyectando 2,2 millones de barriles adicionales en el mercado. Si mantiene ese ritmo, habrá devuelto toda la producción que retiró en 2022 y 2023 para sostener precios altos a mediados de 2026. El resultado será un superávit de 2 millones de barriles diarios en el cuarto trimestre, según S&P Global. "Se ha alineado con la OPEP optando por tácticas de suministro para impulsar los precios por debajo de los umbrales que son económicos, atacando así a los productores estadounidenses", comentó un directivo. Otro fue más directo: "La administración está presionando para que se fijen 40 dólares por barril. La perforación va a desaparecer".

Las consecuencias ya son visibles. Randstad Energy estima que si los precios se mantienen en los niveles actuales, 50 plataformas cerrarán de forma casi inmediata este año. La AIE advierte que el 50 por ciento de la producción estadounidense está en riesgo en los próximos dos años. Un ejecutivo con más de 40 años de carrera dijo a la Fed: "Nunca he sentido tanta incertidumbre sobre nuestro negocio".

Pero el problema no es solo el precio. Las medidas económicas de Trump han congelado la inversión por la incertidumbre y han ampliado los costos operativos. Es un doble golpe: precios bajos y gastos altos. S&P Global lo resume así: "No solo los precios están más bajos. La confianza en el futuro es mucho menor. Los productores de petróleo estadounidenses se enfrentan a un entorno de extrema incertidumbre que los hará dudar sobre sus decisiones de inversión". El liderazgo energético que Trump prometía defender está siendo socavado por sus propias políticas, y la industria que lo apoyó ahora lo acusa de traición.

Lo que una vez fue el motor energético más dinámico del mundo ha sido destrozado por la hostilidad política y la ignorancia económica
— Ejecutivo del sector entrevistado por la Reserva Federal de Dallas
La administración está presionando para que se fijen 40 dólares por barril. La perforación va a desaparecer
— Directivo petrolero consultado por la Fed
Quieres la nota completa? Lee el original en El Economista ↗
Contáctanos FAQ