Don Pablo ingresó con dificultad respiratoria, fiebre y malestar general, factores que lo hacían vulnerable ante el virus. El equipo médico destacó su fortaleza y compromiso durante el tratamiento, logrando su alta el 3 de septiembre.
Paciente de 70 años con hipertensión y sobrepeso se recupera de COVID-19
Espero que Dios los proteja a ustedes también
¿Qué hace que un hombre de 70 años con hipertensión y sobrepeso logre sobrevivir cuando tantos otros no lo hacen?
Don Pablo no sobrevivió por ser especial. Sobrevivió porque llegó a un hospital que lo recibió, porque los médicos y enfermeros no lo abandonaron, y porque él mismo decidió no abandonarse. Eso es todo.
¿Crees que su edad y sus condiciones de salud lo hacían más vulnerable, o eso es solo lo que decimos para explicar las muertes?
Eran vulnerabilidades reales. El virus mata más a los viejos, a los gordos, a los hipertensos. Pero vulnerabilidad no es destino. Es una puerta que puede abrirse o cerrarse. En su caso, se cerró.
¿Por qué insiste tanto en agradecer a los médicos y enfermeros? ¿No es lo que se espera que hagan?
Porque en septiembre de 2020, en Perú, lo que se esperaba era que muchos murieran. Que los hospitales colapsaran. Que los profesionales se quemaran. Que los viejos no volvieran a casa. Cuando algo que se esperaba que fuera imposible sucede, la gratitud no es cortesía. Es asombro.
¿Crees que su mensaje sobre las medidas sanitarias llegó a alguien?
No lo sé. Pero lo importante es que lo dijo. Un hombre que casi muere pidiendo a otros que se cuiden es más poderoso que cualquier cartel del gobierno. Es un testigo.
¿Qué hubiera pasado si no hubiera llegado al hospital?
No quiero pensarlo. Pero eso es exactamente por qué su historia importa. No es sobre él. Es sobre todos los que no llegaron, o llegaron demasiado tarde.
O Pulso
- Paciente de 70 años con hipertensión y 100 kilos de peso
- Internado en Hospital Emergencia Ate Vitarte a mediados de agosto
- Dado de alta el 3 de septiembre tras dos semanas de tratamiento
- Vive en El Agustino con esposa y 7 hijos
Don Pablo ingresó con dificultad respiratoria, fiebre y malestar general, factores que lo hacían vulnerable ante el virus. El equipo médico destacó su fortaleza y compromiso durante el tratamiento, logrando su alta el 3 de septiembre.
Hombre de 70 años con hipertensión y sobrepeso se recuperó de COVID-19 tras dos semanas internado en hospital del Minsa, demostrando que la enfermedad puede vencerse con atención médica adecuada.
A los 70 años, con el cuerpo cargado de kilos de más y la presión arterial descontrolada, don Pablo llegó al Hospital Emergencia Ate Vitarte a mediados de agosto sin aire en los pulmones. La fiebre le quemaba, la cabeza le pulsaba con dolor, y el malestar general lo envolvía como una sábana mojada. Cualquiera que mirara su historial médico habría visto a un hombre hecho para perder esta batalla. Pesaba cien kilos. Su corazón trabajaba contra él. El virus que entonces devastaba el país no solía dejar vivos a hombres como él.
Pero algo en don Pablo no se rindió. Durante las dos semanas que pasó internado, el equipo médico notó algo que no aparece en los protocolos: una fortaleza que no era física, sino de otra clase. Los doctores y enfermeros trabajaban con él, no contra él. La doctora Sayuri Enríquez, jefa del Departamento de Medicina del hospital, vio en su paciente una voluntad que se sumaba a la suya propia. El 3 de septiembre, don Pablo recibió el alta médica.
En El Agustino, su barrio, lo esperaban siete hijos y su esposa. Cuando supo que volvería a casa, algo cambió en su cara. No era solo alivio. Era gratitud, la clase de gratitud que solo siente quien ha estado cerca del borde. Agradeció a cada médico, a cada enfermero, no solo por su competencia sino por su humanidad. "Espero que Dios los proteja", dijo, y lo decía en serio.
Antes de irse, don Pablo hizo algo que muchos sobrevivientes no hacen: habló. No para contar su historia de héroe, sino para advertir. Recomendó a quien quisiera escuchar que se lavara las manos como si fueran a tocarse la cara de un hijo recién nacido. Que guardara distancia de los demás, no por miedo sino por amor. Que usara la mascarilla, no como un acto político sino como un acto de responsabilidad. "Solo así evitaremos que más personas caigan ante esta enfermedad", dijo.
La doctora Enríquez, desde su trinchera en el hospital, reforzó el mensaje. Habló de un equipo humano que mantenía la fe y la esperanza intactas en una batalla que sabía difícil. Pidió a la población que respetara las medidas sanitarias, que cuidara a los adultos mayores, que protegiera a los vulnerables. No era un ruego desesperado. Era una invitación a entender que cada acción individual era un acto de defensa colectiva.
Lo que pasó con don Pablo en esas dos semanas de septiembre no fue un milagro médico. Fue medicina: atención sostenida, profesionales comprometidos, un paciente que no se rindió, y un sistema que, a pesar de todo, funcionó. En un país donde miles morían cada día, un hombre de setenta años con todas las razones para no sobrevivir volvió a casa. Su historia no era excepcional porque fuera imposible. Era excepcional porque era posible, y porque alguien necesitaba verlo.
Citações Notáveis
Somos un equipo humano que mantiene la fe y esperanza intacta en la batalla contra la COVID-19 y sabemos lo difícil que es esta enfermedad— Doctora Sayuri Enríquez, jefa del Departamento de Medicina del Hospital Emergencia Ate Vitarte
Quiero agradecerles a los médicos y enfermeros por el compromiso que pusieron en su labor, no solo son muy buenos profesionales, sino también muy buenas personas— Don Pablo, paciente recuperado