Por tercera semana consecutiva, el oro retrocede ante la voz de la Reserva Federal, que anuncia el fin próximo de sus compras de activos. Cuando los bancos centrales hablan de retirar estímulos, hablan también de un dólar más fuerte y de tasas más altas, condiciones que históricamente desplazan al metal precioso de los portafolios. El oro no paga intereses ni dividendos; su valor vive en la incertidumbre y en la debilidad monetaria, y en este momento, la certeza de la Fed pesa más que el miedo.
Oro rumbo a tercera pérdida semanal por señales de la Fed sobre fin de estímulos
El oro pierde atractivo cuando el dinero se vuelve más caro
¿Por qué el oro cae cuando la Fed habla de reducir estímulos? Parece contraintuitivo.
Porque el oro no paga intereses. Su valor depende de que el dinero sea débil o de que los inversores busquen seguridad. Cuando suben las tasas, el dinero se vuelve más atractivo que el oro.
Pero espera. ¿No debería el oro subir si hay miedo a la inflación? La Fed está hablando de inflación.
Sí, pero lo que importa ahora es que la Fed está diciendo que va a actuar. Eso cambia las expectativas. El mercado cree que las tasas subirán, y eso fortalece el dólar.
¿Y el dólar fuerte es malo para el oro?
Para los inversores que usan otras monedas, sí. El oro se vuelve más caro de comprar. Además, un dólar fuerte significa que hay menos razón para huir hacia activos seguros.
Pero el artículo menciona a ómicron. ¿No debería eso estar impulsando la demanda de oro como refugio seguro?
Debería, pero la señal de la Fed es más fuerte. Los mercados están más preocupados por las tasas que por el virus en este momento.
¿Qué tan segura es la predicción de que el oro caerá a US$ 1,750?
Es una estimación de un analista, no una certeza. Depende de que los datos de empleo sean sólidos. Si no lo son, el escenario cambia.
Exacto. Es un escenario condicional. Pero la dirección general parece clara: el oro está bajo presión mientras la Fed se mueve hacia la normalización.
Der Puls
- El oro acumula una caída del 1.1% en la semana, su tercera pérdida semanal consecutiva, tras tocar mínimos de casi un mes el jueves.
- Las declaraciones de Jerome Powell y otros funcionarios de la Fed sobre el fin anticipado del programa de compras de activos sacuden las expectativas de los inversores.
- Un dólar fortalecido por la perspectiva de tasas más altas encarece el lingote para compradores con otras divisas, erosionando la demanda global.
- La variante ómicron genera inquietud sobre la recuperación económica, pero la señal de la Fed resulta más poderosa que el impulso refugio que el virus podría haber dado al metal.
- El analista Ross Norman advierte que datos sólidos de empleo en EE.UU. podrían empujar el oro hacia los US$1,750 o por debajo, profundizando la tendencia bajista.
Por tercera semana consecutiva, el oro retrocede ante la voz de la Reserva Federal, que anuncia el fin próximo de sus compras de activos. Cuando los bancos centrales hablan de retirar estímulos, hablan también de un dólar más fuerte y de tasas más altas, condiciones que históricamente desplazan al metal precioso de los portafolios. El oro no paga intereses ni dividendos; su valor vive en la incertidumbre y en la debilidad monetaria, y en este momento, la certeza de la Fed pesa más que el miedo.
El viernes, el oro cerró prácticamente sin cambios: US$1,770.80 la onza al contado, con una ganancia simbólica del 0.1% en la jornada. Pero la calma del cierre no borraba lo ocurrido durante la semana: una caída del 1.1% que convertía este período en el tercero consecutivo en terreno negativo para el metal precioso.
Detrás de los números estaba la voz de la Reserva Federal. Jerome Powell y otros funcionarios habían señalado que el fin de las compras de activos se acercaba, y con esa señal llegó el fortalecimiento del dólar. Para el oro, la lógica es implacable: un dólar más fuerte encarece el metal para quienes operan en otras monedas, y la perspectiva de tasas más altas lo vuelve menos atractivo frente a activos que sí generan rendimiento.
Ross Norman, analista independiente, no veía alivio cercano. Si las nóminas no agrícolas de EE.UU. resultaban sólidas, el dólar se fortalecería aún más y el oro podría caer hacia los US$1,750 o incluso por debajo. La narrativa de la Fed sobre inflación y aumentos de tasas estaba alejando a los inversores del metal con una lógica fría, no con pánico.
La variante ómicron añadía una capa de incertidumbre que, en otras circunstancias, habría favorecido al oro como activo refugio. Pero la señal del banco central resultó más poderosa que el temor al virus. Entre los demás metales preciosos, el paladio destacó con una subida del 1.6%, mientras la plata cedía un 0.3%. El protagonista de la semana, sin embargo, seguía siendo el oro: un metal que había perdido el favor de los mercados en el momento en que la Fed decidía que el tiempo de los estímulos había terminado.
El oro cerró la sesión del viernes prácticamente sin cambios, pero la semana dejaba un rastro de pérdidas. Era la tercera semana consecutiva en rojo para el metal precioso, arrastrado por las palabras de Jerome Powell y otros funcionarios de la Reserva Federal que señalaban el fin próximo de las compras de activos que habían sostenido los mercados durante meses.
A las 11:07 GMT, la onza de oro al contado se cotizaba en US$ 1,770.80, ganando apenas un 0.1% en la jornada. Los futuros estadounidenses subían un poco más, un 0.5%, hasta US$ 1,770.70. Pero estos movimientos menores no ocultaban la tendencia más amplia: desde el inicio de la semana, el metal había perdido un 1.1% de su valor. La caída del jueves había llevado los precios a mínimos no vistos en casi un mes.
Lo que estaba sucediendo era una reconfiguración de las expectativas de los inversores. Cuando los bancos centrales hablan de reducir estímulos, hablan de tasas de interés más altas. Y cuando suben las tasas, el oro pierde atractivo. A diferencia de los bonos o las acciones, el oro no genera rendimiento. Su valor descansa en la demanda de seguridad y en la debilidad de las monedas. Un dólar fuerte, impulsado por la perspectiva de tasas más altas, hace que el metal sea más caro para cualquiera que tenga otra moneda en el bolsillo. Eso es exactamente lo que estaba ocurriendo: el dólar operaba al alza, encareciendo el lingote para el resto del mundo.
Ross Norman, analista independiente, veía más caída por delante. Si los datos de empleo no agrícola de Estados Unidos resultaban sólidos, dijo, el dólar se fortalecería aún más y el oro podría caer hacia los US$ 1,750 o incluso por debajo. La narrativa de la Fed sobre la inflación y los aumentos de tasas estaban alejando a los inversores del metal, agregó. No era una cuestión de pánico o de noticias inesperadas. Era la lógica fría de los mercados: si el dinero va a costar más caro, el oro cuesta menos.
Hay un segundo factor en juego, aunque menos visible en los números. La variante ómicron del coronavirus había comenzado a generar inquietud sobre el ritmo de la recuperación económica global. Cuando los inversores temen una desaceleración, suelen buscar activos seguros. El oro debería beneficiarse de eso. Pero la señal de la Fed era más fuerte que el miedo al virus. Los estímulos terminaban, y eso era lo que importaba.
Los otros metales preciosos mostraban un cuadro mixto. La plata caía un 0.3% a US$ 22.32 la onza. El platino ganaba un 0.2% a US$ 939.34. El paladio subía más notoriamente, un 1.6%, hasta US$ 1,809.56. Pero el protagonista de la semana seguía siendo el oro, y su historia era la de un metal que había perdido el favor de los mercados en el momento en que la Reserva Federal decidía que el tiempo de los regalos había terminado.
Bemerkenswerte Zitate
Si las cifras de las nóminas no agrícolas de Estados Unidos son sólidas, el dólar podría fortalecerse y el oro podría declinar hacia los US$ 1,750 o bajo ese nivel— Ross Norman, analista independiente
La narrativa de la Fed sobre la inflación y los aumentos de tasas están alejando a los inversores del metal— Ross Norman, analista independiente