En un momento en que los mercados contienen el aliento, el oro permanece inmóvil como quien espera que el horizonte revele su forma. Los inversores globales aguardan dos eventos que podrían redefinir el valor del metal precioso: el informe de inflación estadounidense y la reunión de la Reserva Federal de mediados de diciembre. En ese intervalo de incertidumbre, el oro no sube ni baja, sino que refleja la pausa colectiva de quienes saben que lo que viene podría cambiar las reglas del juego.
Oro se mantiene estable a la espera de datos de inflación estadounidense
Si la Fed acelera, la probabilidad de subidas de tasas aumenta
¿Por qué los inversores se detienen justo antes de estos datos de inflación? ¿No deberían estar operando normalmente?
Porque saben que esos números van a determinar si la Fed sube las tasas. Y si suben las tasas, el oro se vuelve menos atractivo. Es como esperar antes de cruzar una calle.
Pero el oro ya había caído por debajo de los US$ 1,800 el mes anterior. ¿Eso no significa que el mercado ya estaba preciosando la posibilidad de subidas de tasas?
Sí, pero hay una diferencia entre lo que el mercado anticipa y lo que la Fed realmente hace. Los inversores querían esperar a tener certeza.
¿Y qué pasa si la Fed sorprende con un aumento más agresivo de lo esperado?
Entonces el oro caería más. Fertig fue bastante claro: si la Fed acelera la reducción de estímulo, eso es negativo para el metal.
Aunque hay que notar que Fertig es un analista. Su predicción no es un hecho confirmado. Lo que sabemos es que el oro estaba en un rango de US$ 1,760 a US$ 1,790.
¿Y el dólar más fuerte? ¿Eso también afecta?
Claro. Un dólar fuerte hace que el oro sea más caro para los compradores en otras monedas. Ese día el dólar subía un 0.2%.
Pero también hubo noticias positivas sobre la vacuna de Pfizer contra ómicron. ¿Eso no debería haber impulsado el oro como activo seguro?
No, al contrario. Cuando hay noticias positivas sobre la pandemia, los inversores se sienten más seguros y buscan activos de mayor riesgo, no refugios seguros.
Il Polso
- El oro cotiza en US$ 1,781.71 la onza sin movimiento significativo, atrapado en un rango estrecho entre US$ 1,760 y US$ 1,790 desde que cayó por debajo de los US$ 1,800 el mes anterior.
- Los operadores evitan tomar grandes posiciones porque dos eventos inminentes —el IPC del viernes y la reunión de la Fed del 14-15 de diciembre— podrían sacudir los mercados en cualquier dirección.
- Si la Reserva Federal acelera su reducción de estímulo más allá de lo anunciado, las probabilidades de alzas en tasas de interés aumentarían, golpeando directamente el atractivo del oro como activo sin rendimiento.
- Un dólar más fuerte y el optimismo generado por el anuncio de BioNTech y Pfizer sobre la eficacia de tres dosis contra ómicron están desplazando capital hacia activos de mayor riesgo y lejos de los refugios seguros.
- Los demás metales preciosos también retroceden: la plata cae 0.5%, el platino baja 1.3% y el paladio cede 1%, señalando que la cautela es generalizada en todo el sector.
En un momento en que los mercados contienen el aliento, el oro permanece inmóvil como quien espera que el horizonte revele su forma. Los inversores globales aguardan dos eventos que podrían redefinir el valor del metal precioso: el informe de inflación estadounidense y la reunión de la Reserva Federal de mediados de diciembre. En ese intervalo de incertidumbre, el oro no sube ni baja, sino que refleja la pausa colectiva de quienes saben que lo que viene podría cambiar las reglas del juego.
El jueves, el oro se mantuvo prácticamente inmóvil mientras los inversores adoptaban una postura de espera ante la llegada de datos clave que podrían reconfigurar la política monetaria estadounidense. El metal cotizaba en US$ 1,781.71 la onza al contado, con los futuros cayendo apenas un 0.1% hasta US$ 1,783.40, en lo que parecía una pausa deliberada antes de la tormenta informativa.
Desde que el oro cayó por debajo de los US$ 1,800 el mes anterior, el metal había oscilado en un rango acotado mientras el mercado intentaba descifrar a qué velocidad la Reserva Federal reduciría su programa de estímulo. Esa incertidumbre mantenía a los operadores en una tensión contenida, sin querer comprometerse con posiciones grandes.
Lo que vendría en los días siguientes sería determinante: el informe del índice de precios al consumidor del viernes y la reunión de política monetaria de la Fed del 14 y 15 de diciembre. El analista Peter Fertig fue claro: si la Fed aceleraba su tapering más de lo previsto, las probabilidades de alzas en tasas se elevarían, y eso sería negativo para el oro, un activo que no genera rendimiento y pierde atractivo cuando el dinero tiene precio.
A esa presión se sumaban otros factores: el dólar ganaba un 0.2%, encareciendo el metal para compradores extranjeros, y el anuncio de BioNTech y Pfizer sobre la eficacia de tres dosis de su vacuna contra la variante ómicron impulsaba el apetito por activos de mayor riesgo. El capital fluía hacia inversiones más agresivas, alejándose de los refugios tradicionales. La plata, el platino y el paladio también retrocedían, confirmando que todo el sector de metales preciosos aguardaba, como el oro, la señal que marcaría el próximo rumbo.
El oro se mantuvo prácticamente sin movimiento el jueves mientras los inversores guardaban cautela, esperando los datos de inflación estadounidense que llegarían en los próximos días. Esos números, cuando se publicaran, probablemente marcarían el rumbo de las decisiones que tomaría la Reserva Federal sobre los aumentos de tasas de interés, una variable que podría reconfigurar el atractivo del metal precioso en los mercados globales.
A media mañana, el oro al contado se cotizaba en US$ 1,781.71 la onza sin cambios significativos. Los futuros del oro en Estados Unidos mostraban una caída marginal del 0.1%, ubicándose en US$ 1,783.40. El movimiento reflejaba una especie de pausa colectiva: los operadores no querían tomar posiciones grandes antes de que llegara la información que podría sacudir los mercados.
En las últimas semanas, el oro había oscilado entre los US$ 1,760 y US$ 1,790 la onza, después de haber caído por debajo de los US$ 1,800 el mes anterior. Ese descenso había ocurrido mientras los inversores intentaban calcular a qué velocidad la Reserva Federal comenzaría a reducir su programa de estímulo económico. La incertidumbre sobre ese ritmo mantenía al mercado en un estado de tensión controlada.
Lo que vendría después sería decisivo. El viernes se publicaría el informe del índice de precios al consumidor estadounidense, seguido por la reunión de política monetaria de la Reserva Federal programada para el 14 y 15 de diciembre. Peter Fertig, analista de Quantitative Commodity Research, fue directo sobre las implicaciones: si la Fed aceleraba su reducción de estímulo más de lo que había anunciado en su última reunión, la probabilidad de aumentos de tasas se elevaría, y eso sería negativo para el oro. Los inversores saben que cuando suben las tasas de interés, los metales preciosos pierden atractivo porque no generan rendimiento.
Otros factores también estaban en juego. El índice del dólar ganaba un 0.2%, lo que hacía el oro menos atractivo para los compradores extranjeros, ya que un dólar más fuerte encarecía el metal en otras monedas. Al mismo tiempo, el apetito por activos de mayor riesgo estaba aumentando después de que BioNTech y Pfizer anunciaran que tres dosis de su vacuna contra el COVID-19 podían neutralizar la variante ómicron del coronavirus. Esa noticia positiva sobre la pandemia desplazaba capital hacia inversiones más agresivas y lejos de los refugios seguros como el oro.
Entre otros metales preciosos, la plata caía un 0.5% a US$ 22.28 la onza, el platino bajaba un 1.3% a US$ 943.65 y el paladio cedía un 1% a US$ 1,837.26. El movimiento era generalizado: los mercados de metales estaban esperando, como el oro, a que se definiera el próximo movimiento de la política monetaria estadounidense.
Citazioni salienti
Si la Fed entra en una reducción gradual antes de lo anunciado, la probabilidad de subidas de tasas está aumentando y eso sería un factor negativo para el oro— Peter Fertig, analista de Quantitative Commodity Research