Dos años después de que el mundo nombrara oficialmente esta crisis, las Américas cargan con casi la mitad de las muertes globales por COVID-19, a pesar de representar menos del 13% de la población mundial. La Organización Panamericana de la Salud advierte que la mejora en los números recientes no equivale al fin de la amenaza: el virus sigue circulando, las brechas de vacunación persisten, y los efectos más duraderos —en la salud mental, en los cuerpos de los sobrevivientes, en los sistemas sanitarios— apenas comienzan a revelarse. La pandemia, en su sentido más profundo, no termina cuando baj
OPS advierte que COVID-19 sigue siendo amenaza en Américas pese a caída de casos
Casi la mitad de todas las muertes mundiales ocurrieron aquí
¿Por qué la OPS sigue insistiendo en que hay amenaza si los casos están bajando?
Porque una tendencia a la baja no es lo mismo que una amenaza eliminada. El 63% de los nuevos casos globales en 2022 estaban ocurriendo aquí. Eso es enorme.
Pero si ómicron causa casos menos graves, ¿no debería ser menos preocupante?
Menos grave por persona, sí. Pero cuando infecta a millones, los números absolutos de muerte siguen siendo enormes. Más de 220,000 muertos en una sola ola.
¿Qué explica por qué las Américas tienen casi la mitad de las muertes mundiales?
Desigualdad. Sistemas de salud débiles en muchos lugares. Y ahora, brechas de vacunación masivas. Casi 250 millones sin una sola dosis en Latinoamérica.
¿Eso es un problema de acceso o de rechazo?
Ambos. Pero Etienne fue específica: las brechas están en zonas rurales de difícil acceso, lugares desatendidos. No es que la gente rechace la vacuna. Es que no la tiene.
¿Qué pasa después si no se cierra esa brecha?
El virus sigue circulando. Sigue mutando. Y los efectos a largo plazo—secuelas en sobrevivientes, crisis de salud mental—se profundizan sin que nadie los atienda.
O Pulso
- A pesar de una caída del 26% en contagios y del 19% en muertes en la última semana, la OPS insiste en que el virus sigue siendo una amenaza activa y no un problema resuelto.
- En solo los primeros dos meses de 2022, el 63% de los nuevos casos globales ocurrieron en las Américas, y la variante ómicron dejó más de 220,000 muertos en el continente.
- Cerca de 248 millones de personas en América Latina y el Caribe aún no han recibido ni una sola dosis de vacuna, concentradas en zonas rurales y territorios históricamente desatendidos.
- La pandemia está dejando heridas invisibles: secuelas crónicas en sobrevivientes, tasas elevadas de depresión y ansiedad —especialmente en mujeres y jóvenes— y servicios de salud que aún no se recuperan.
- Solo 14 países de la región lograron vacunar al 70% de su población, mientras el resto permanece rezagado, manteniendo vivas las condiciones para que el virus mute y rebrote.
Dos años después de que el mundo nombrara oficialmente esta crisis, las Américas cargan con casi la mitad de las muertes globales por COVID-19, a pesar de representar menos del 13% de la población mundial. La Organización Panamericana de la Salud advierte que la mejora en los números recientes no equivale al fin de la amenaza: el virus sigue circulando, las brechas de vacunación persisten, y los efectos más duraderos —en la salud mental, en los cuerpos de los sobrevivientes, en los sistemas sanitarios— apenas comienzan a revelarse. La pandemia, en su sentido más profundo, no termina cuando bajan los contagios; termina cuando sanan las estructuras que la hicieron tan devastadora.
Dos años después de la declaración oficial de pandemia, las Américas siguen siendo el epicentro global de la crisis. Aunque los contagios bajaron 26% y las muertes casi 19% en la última semana, la directora de la OPS, Carissa Etienne, fue contundente: el virus permanece como una amenaza activa. Solo en los primeros dos meses de 2022, el 63% de los nuevos casos mundiales ocurrieron en esta región, y la ola de ómicron dejó más de 220,000 muertos en el continente.
La cifra que define la magnitud de la tragedia es esta: de los más de 6 millones de muertos que ha dejado el COVID-19 en el mundo, 2.6 millones pertenecen a las Américas. Una región con menos del 13% de la población global concentra casi la mitad de las pérdidas humanas. Esa desproporción no es accidental; refleja las desigualdades estructurales y la fragilidad de los sistemas de salud del continente.
Etienne pidió mantener las medidas de salud pública donde la transmisión sigue alta, recordando que ómicron aún circula y que esta pandemia ha demostrado ser impredecible. Pero su mensaje más urgente apuntó hacia adelante: los efectos más duraderos apenas comienzan. Algunos sobrevivientes cargarán secuelas de por vida. La salud mental de la población —especialmente mujeres y jóvenes— ha sido golpeada con tasas elevadas de depresión y ansiedad.
La brecha de vacunación es la herida más expuesta. Aproximadamente 248 millones de personas en América Latina y el Caribe no han recibido ni su primera dosis, concentradas en zonas rurales de difícil acceso. Solo 14 países lograron vacunar al 70% de su población. El resto mantiene bolsas de vulnerabilidad donde el virus puede seguir mutando. La pandemia no terminará cuando bajen los números. Terminará, si es que termina, cuando se cierren estas brechas —y eso tomará años.
Dos años después de que la Organización Mundial de la Salud declarara oficialmente la pandemia, las Américas siguen siendo el epicentro global de la crisis sanitaria. Aunque los números parecen mejorar en la superficie—los contagios bajaron 26% en la última semana y las muertes casi 19%—la Organización Panamericana de la Salud insiste en que el virus permanece como una amenaza activa y presente en la región.
Carissa Etienne, directora de la OPS, fue clara en su advertencia durante una rueda de prensa virtual: en apenas los primeros dos meses de 2022, el 63% de los nuevos casos reportados globalmente ocurrieron en las Américas. La reciente ola provocada por la variante ómicron dejó más de 220,000 muertos en el continente, con cifras récord de infecciones en Brasil, Estados Unidos y Chile. Aunque ómicron tiende a causar cuadros menos graves que sus predecesoras, su capacidad de transmisión es dramáticamente mayor, lo que explica por qué sigue generando números tan altos de muertes a pesar de la menor severidad individual.
El peso desproporcionado de la pandemia en las Américas es casi incomprehensible cuando se mira la cifra en contexto. De los más de 6 millones de muertos que ha dejado la enfermedad en todo el mundo, 2.6 millones corresponden a esta región. Esto significa que casi la mitad de todas las muertes por COVID-19 en el planeta ocurrieron en un territorio que alberga menos del 13% de la población mundial. Es una concentración de pérdida humana que refleja tanto la vulnerabilidad de los sistemas de salud como las desigualdades estructurales que caracterizan al continente.
Etienne enfatizó que el optimismo por sí solo no puede detener un virus. Pidió que se mantengan las medidas de salud pública—uso de mascarillas, distanciamiento social—en lugares donde la transmisión sigue siendo alta. Ómicron aún circula, recordó, y esta pandemia ha demostrado ser impredecible. Bajar la guardia ahora sería un error.
Pero más allá de los números inmediatos de contagios y muertes, la directora de la OPS señaló que los efectos verdaderamente duraderos apenas están comenzando a manifestarse. Algunos sobrevivientes del COVID-19 cargarán secuelas de por vida. La salud mental de la población ha sido golpeada severamente, con tasas elevadas de depresión y ansiedad, particularmente entre mujeres y jóvenes. Los servicios de salud esenciales sufrieron interrupciones que aún tienen consecuencias.
La brecha de vacunación es quizás el indicador más preocupante de las desigualdades que la pandemia ha expuesto y exacerbado. En América Latina y el Caribe, aproximadamente 248 millones de personas aún no han recibido ni siquiera su primera dosis de vacuna. Estas brechas no son aleatorias: se concentran en áreas rurales de difícil acceso y en territorios históricamente desatendidos. Solo 14 países en toda la región lograron vacunar al 70% de su población con pauta completa. El resto sigue rezagado, creando bolsas de vulnerabilidad donde el virus puede seguir circulando y mutando.
Lo que Etienne estaba comunicando, sin decirlo explícitamente, es que la pandemia no ha terminado porque los números bajaron. Terminará cuando se cierre la brecha de vacunación, cuando los sistemas de salud se recuperen, cuando la salud mental de millones sea atendida. Eso no sucederá en semanas. Sucederá, si es que sucede, durante años.
Citações Notáveis
La pandemia sigue siendo una amenaza hoy. Solo en los primeros dos meses del 2022, el 63% de los nuevos casos globales se han notificado en las Américas— Carissa Etienne, directora de la OPS
Todos queremos que termine la pandemia, pero el optimismo por sí solo no puede controlar el virus. Es demasiado pronto para bajar la guardia— Carissa Etienne, directora de la OPS