A finales de noviembre de 2021, desde Ginebra, el director general de la OMS recordó a un mundo ansioso por recuperar la normalidad que las vacunas contra el covid-19 son un escudo valioso pero imperfecto. Tedros Adhanom Ghebreyesus advirtió que la confianza excesiva en la inmunización había llevado a millones de personas a abandonar las precauciones básicas, justo cuando Europa concentraba más del 60% de los nuevos casos globales. En la historia de las pandemias, la sensación de que el peligro ha pasado suele preceder a sus peores capítulos.
OMS advierte que ciertos países se han dejado seducir por una "falsa sensación de seguridad" al creer que las vacunas ac
Las vacunas salvan vidas, pero no significan que la pandemia haya terminado
¿Por qué la OMS insistía tanto en que las vacunas no detenían la transmisión? ¿No era eso algo que ya se sabía?
Sí, se sabía en los círculos científicos, pero no había calado en la población general. Muchas personas creían que estar vacunado significaba estar completamente protegido y poder vivir sin restricciones. La OMS estaba tratando de corregir esa interpretación.
¿Y la caída del 60 al 40 por ciento de efectividad contra la propagación? ¿Eso significaba que las vacunas estaban fallando?
No exactamente. Las vacunas seguían siendo muy efectivas para prevenir enfermedad grave y muerte. Lo que cambió fue su capacidad para detener la transmisión de persona a persona. La variante delta era más contagiosa, y eso afectaba incluso a los vacunados.
Entonces, ¿por qué algunos países relajaron las medidas si la situación era tan grave?
Porque había una desconexión entre lo que los gobiernos comunicaban y lo que la gente quería escuchar. Después de meses de confinamiento, la gente estaba cansada. Las vacunas ofrecían una salida psicológica, y los políticos aprovecharon eso. La OMS estaba tratando de frenar esa narrativa.
¿Y Europa? ¿Por qué se convirtió nuevamente en el epicentro?
Porque fue una de las primeras regiones en vacunarse masivamente y también una de las primeras en relajar todas las medidas. Hubo una combinación de baja cobertura en algunos grupos, la variante delta más transmisible, y la falsa sensación de seguridad que Tedros mencionaba.
La proyección de medio millón de muertes hasta marzo de 2022... ¿era realista?
Era una advertencia basada en tendencias. Si no se tomaban medidas, los números podían crecer exponencialmente. Era un llamado a la acción, no una predicción inevitable.
El Pulso
- La efectividad de las vacunas para frenar la transmisión cayó del 60% al 40% con la variante delta, erosionando uno de los pilares del optimismo colectivo.
- Europa se convirtió nuevamente en el epicentro mundial, registrando casi 1,8 millones de contagios y más de 13.600 muertes en apenas una semana.
- La OMS identificó un peligro invisible pero letal: la falsa sensación de seguridad que llevó a comunidades enteras a abandonar mascarillas, distancia social y ventilación.
- Hans Kluge proyectó hasta medio millón de muertes adicionales en Europa antes de marzo de 2022 si no se adoptaban medidas urgentes.
- El llamado de la OMS no fue a la alarma sino a la prudencia: retomar las medidas básicas como complemento indispensable de la vacunación.
A finales de noviembre de 2021, desde Ginebra, el director general de la OMS recordó a un mundo ansioso por recuperar la normalidad que las vacunas contra el covid-19 son un escudo valioso pero imperfecto. Tedros Adhanom Ghebreyesus advirtió que la confianza excesiva en la inmunización había llevado a millones de personas a abandonar las precauciones básicas, justo cuando Europa concentraba más del 60% de los nuevos casos globales. En la historia de las pandemias, la sensación de que el peligro ha pasado suele preceder a sus peores capítulos.
A finales de noviembre de 2021, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, lanzó desde Ginebra una advertencia que chocaba con el optimismo reinante en muchas capitales: las vacunas contra el covid-19 salvaban vidas, pero no ponían fin a la pandemia. Lo que más le preocupaba no era el virus en sí, sino algo más difícil de combatir: la certeza instalada en millones de personas de que la inoculación las protegía por completo.
Los datos contradecían esa certeza. Con la variante delta, la capacidad de las vacunas para frenar la propagación había caído del 60% al 40%. Ghebreyesus pedía un retorno a las medidas básicas: mascarilla, distancia física, espacios ventilados. No era un mensaje de alarma, sino de prudencia sostenida.
Europa daba forma concreta a esa urgencia. Más del 60% de los nuevos casos globales provenían del continente, con casi 1,8 millones de contagios y más de 13.600 muertes registradas en una sola semana. Hans Kluge, jefe regional de la OMS para Europa, proyectó que medio millón de personas podrían morir antes de marzo de 2022 si no se actuaba. La falsa sensación de seguridad, advirtieron, no era una abstracción filosófica: tenía consecuencias contables y fatales.
A finales de noviembre de 2021, el director general de la Organización Mundial de la Salud pronunciaba una advertencia que contradecía el optimismo que se respiraba en muchas capitales del mundo. Tedros Adhanom Ghebreyesus, desde una sesión informativa en Ginebra, insistía en que las vacunas contra el covid-19, aunque habían salvado innumerables vidas, no significaban el fin de la pandemia. Lo que le preocupaba era algo más sutil y quizá más peligroso: la sensación de que todo había terminado, que el virus ya no representaba una amenaza real.
En varios países y comunidades, explicó Ghebreyesus, se había instalado una confianza excesiva. Las personas vacunadas creían que podían abandonar todas las precauciones, que la inoculación las protegía completamente. Pero los datos decían otra cosa. Los fármacos disponibles en ese momento no impedían la transmisión del virus de manera total. Con la llegada de la variante delta, la capacidad de las vacunas para frenar la propagación había caído significativamente: de un 60 por ciento a apenas un 40 por ciento. Era un descenso que reflejaba la realidad de un virus en constante evolución.
Lo que el director de la OMS pedía era un retorno a las medidas básicas que habían caracterizado los primeros meses de la pandemia. Las personas inmunizadas debían seguir usando mascarilla, mantener distancia física, evitar aglomeraciones. Si era posible, los encuentros debían ocurrir al aire libre; si no, en espacios con ventilación adecuada. No era un mensaje de alarma, sino de prudencia. La vacunación era un paso crucial, pero no el único.
La situación en Europa ilustraba por qué esta advertencia era urgente. Más del 60 por ciento de todos los nuevos casos registrados en el mundo la semana anterior provenían del continente europeo. Entre el 16 y el 23 de noviembre, se habían contabilizado casi 1.813.000 nuevos contagios y más de 13.600 muertes. Europa, que había sido el epicentro de la pandemia en sus primeras olas, volvía a serlo. Ningún país o región, subrayó Ghebreyesus, estaba fuera de peligro.
La proyección que hacía Hans Kluge, el jefe regional de la OMS para Europa, era aún más sombría. Si no se tomaban medidas urgentes, medio millón de personas podrían morir en el continente antes de que llegara marzo de 2022. Era una cifra que reflejaba la gravedad de lo que estaba ocurriendo bajo la superficie de la aparente normalidad que muchos países habían adoptado. La falsa sensación de seguridad no era un problema abstracto; tenía consecuencias medibles, contables, fatales.
Citas Notables
Nos preocupa la falsa sensación de seguridad por la idea de que las vacunas han acabado con la pandemia y que las personas vacunadas no necesitan tomar ninguna otra precaución— Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS
Los fármacos anticovid hasta ahora existentes no impiden totalmente la transmisión del virus— Tedros Adhanom Ghebreyesus