Nobel de Literatura: ¿llegará el turno a un autor no occidental?

Descubrir a un genio de un lugar marginado hasta ahora
Un crítico literario sueco especula sobre las intenciones de la Academia al considerar candidatos no occidentales.
Mark

¿Por qué ahora? ¿Qué ha cambiado para que los críticos piensen que la Academia podría elegir a alguien no occidental?

Mimi

Principalmente, el patrón se ha vuelto demasiado obvio. Nueve años de premios europeos y estadounidenses, con una sola excepción. Eso genera presión, especialmente cuando la Academia habla de inclusión.

Luke

Pero hay que ser cuidadosos. Thente es un crítico, no un miembro de la Academia. ¿Tenemos alguna declaración real de la Academia sobre esto?

Mimi

No, el hermetismo es total. Lo que tenemos son especulaciones informadas de gente que sigue el premio de cerca.

Mark

¿Y los candidatos no occidentales que mencionan tienen posibilidades reales, o es más deseo que predicción?

Mimi

Adichie es probablemente la más fuerte. Tiene reconocimiento global, obra traducida, influencia cultural. Pero hay docenas de candidatos cada año.

Luke

Exacto. Y la lista de favoritos que circula incluye a Murakami, que lleva años siendo mencionado sin ganar. Eso sugiere que la Academia no siempre elige al más obvio.

Mark

¿Qué pasa con Latinoamérica? Parece que ha desaparecido.

Mimi

Vargas Llosa en 2010 fue el último. Once años es mucho tiempo. Aira suena, pero no parece estar en el mismo nivel de conversación que Adichie o Ko Un.

Luke

Y eso es importante: la ausencia de Latinoamérica en la especulación actual es en sí misma un dato. Si la Academia quisiera "descubrir" regiones marginadas, ¿por qué no se menciona más la región?

Mark

¿Crees que el formato descentralizado de la ceremonia importa?

Mimi

Probablemente no para la elección. Es solo logística. Pero sí dice algo sobre el mundo en que vivimos ahora.

Luke

Y sobre la Academia: que puede adaptarse cuando es necesario, pero que sus patrones de selección son más lentos de cambiar.

  • Nueve de los últimos diez ganadores del Nobel de Literatura han sido europeos o estadounidenses, una pauta que contradice abiertamente el discurso inclusivo que la Academia Sueca ha cultivado durante años.
  • Nombres como Chimamanda Ngozi Adichie, Ngugi wa Thiong'o, Ko Un y Can Xue concentran las expectativas de quienes creen que 2021 podría ser el año del giro hacia voces históricamente marginadas.
  • Algunos observadores van más lejos y especulan que la Academia podría usar el premio como gesto político ante los eventos en Afganistán, eligiendo a autores críticos del fundamentalismo como Salman Rushdie.
  • Latinoamérica lleva once años sin un laureado desde Mario Vargas Llosa en 2010, y aunque el argentino César Aira circula en las conversaciones, la región sigue siendo una ausencia notable.
  • La ceremonia de 2021 se celebrará por segundo año consecutivo en los países de los ganadores, no en Estocolmo, como recordatorio de que incluso los rituales más solemnes siguen negociando con la pandemia.

Cada octubre, el silencio de la Academia Sueca se convierte en un espejo donde el mundo literario proyecta sus esperanzas y sus deudas históricas. A días del anuncio del Nobel de Literatura 2021, la pregunta que recorre los círculos críticos no es solo quién ganará, sino si una institución centenaria está dispuesta a reconocer que la grandeza literaria no tiene pasaporte occidental. La posibilidad de que un escritor de África, Asia o el Caribe rompa una década de laureados europeos y norteamericanos convierte este año en algo más que una especulación: en un pequeño examen de conciencia global.

Cada octubre, la Academia Sueca convierte su hermetismo en un acontecimiento mundial. El anuncio del Nobel de Literatura 2021, previsto para el 7 de octubre, llega rodeado de una expectativa particular: la posibilidad de que, por primera vez en casi una década, el galardón recaiga en un escritor ajeno a Europa y Norteamérica.

Los números sostienen esa expectativa. Con la única excepción de Kazuo Ishiguro en 2017 —nacido en Japón pero escritor en inglés—, los últimos nueve laureados han sido occidentales. Bob Dylan, Peter Handke, Louise Glück: una secuencia que el crítico Jonas Thente del Dagens Nyheter describió con provocación, sugiriendo que la Academia podría estar buscando reconocer a un genio de un lugar hasta ahora ignorado. El nombre de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie encabeza esa posibilidad.

Junto a Adichie, los especialistas mencionan al poeta surcoreano Ko Un, al keniano Ngugi wa Thiong'o, a la escritora china disidente Can Xue, al mozambiqueño Mia Couto y a la guadalupeña Maryse Condé, entre otros. Algunos van más lejos y especulan que el contexto afgano podría inclinar la balanza hacia autores críticos del fundamentalismo, como Salman Rushdie o Michel Houellebecq.

Latinoamérica lleva once años fuera del podio desde que Mario Vargas Llosa ganó en 2010. El argentino César Aira ha circulado en las listas sin fortuna. En Europa, los candidatos habituales —Murakami, Atwood, Oates, Kadaré— siguen presentes, aunque su recurrencia en las listas sin resultado los convierte casi en una tradición paralela.

Este año, además, la ceremonia del 10 de diciembre volverá a celebrarse en los países de los ganadores, no en Estocolmo, por segundo año consecutivo debido a las restricciones epidemiológicas. La Academia cumple 120 años con una pregunta abierta: si este será el momento en que su pauta histórica se quiebre de manera genuina, o si el mapa del reconocimiento literario seguirá siendo, en lo esencial, el mismo.

Cada octubre, la Academia Sueca genera una incertidumbre que atraviesa el mundo literario. El comité que elige al ganador del Premio Nobel de Literatura guarda sus deliberaciones con un hermetismo casi absoluto, lo que significa que a días del anuncio —previsto para el 7 de octubre de 2021— el desenlace sigue siendo genuinamente abierto. Pero este año, algunos críticos y observadores del premio advierten algo distinto en el aire: la posibilidad de que, por primera vez en casi una década, la Academia reconozca a un escritor que venga de fuera de Europa y Norteamérica.

La evidencia es clara en los números. Con la excepción de Kazuo Ishiguro en 2017 —nacido en Japón pero escritor en lengua inglesa—, los últimos nueve laureados han sido europeos o estadounidenses. Bob Dylan, Peter Handke, Louise Glück: todos ellos provinieron de los márgenes occidentales que la Academia ha privilegiado durante años. Esta pauta contradice, al menos en apariencia, la retórica inclusiva que la institución sueca ha cultivado públicamente. Jonas Thente, crítico literario del diario Dagens Nyheter, lo expresó con una frase provocadora: la Academia podría estar buscando "descubrir a un genio de un lugar que ha sido marginado hasta ahora", refiriéndose específicamente a la posibilidad de que la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie sea la ganadora.

Los nombres que circulan entre los especialistas reflejan esa apertura potencial. Además de Adichie, los candidatos mencionados incluyen al poeta surcoreano Ko Un, al keniano Ngugi wa Thiong'o, a la escritora china disidente Can Xue, al indio Vikram Seth, al mozambiqueño Mia Couto y al opositor chino Liao Yiwu. También suenan la caribeña estadounidense Jamaïca Kincaid y la guadalupeña Maryse Condé. Algunos observadores especulan incluso que la Academia podría usar el premio como respuesta a los recientes eventos en Afganistán, eligiendo a un autor que critique el fundamentalismo islámico, como el indio-británico Salman Rushdie o el francés Michel Houellebecq.

Latinoamérica no ha desaparecido completamente de las conversaciones. El nombre del argentino César Aira ha circulado en años anteriores, aunque sin éxito. La última vez que un escritor latinoamericano ganó fue en 2010, cuando el peruano Mario Vargas Llosa recibió el galardón. Esa brecha de once años subraya cuán raramente la región ha sido reconocida por la Academia en tiempos recientes.

En Europa, los candidatos tradicionales siguen siendo mencionados: la rusa Ludmila Ulitskaya, el húngaro Peter Nadas, el albanés Ismael Kadaré, las canadienses Anne Carson y Margaret Atwood, y las estadounidenses Joyce Carol Oates y Joan Didion. El japonés Haruki Murakami aparece, como cada año, en las listas de favoritos sin haber ganado nunca. Thomas Pynchon también permanece en la conversación, aunque su última novela data de 2013.

La ceremonia de este año tendrá un formato inusual. Debido a las restricciones epidemiológicas que aún persisten, la Academia decidió que los ganadores del Nobel de Literatura, junto con los de Física, Química, Economía y Medicina, recibirán sus premios en sus países de origen en lugar de viajar a Estocolmo para la gala tradicional del 10 de diciembre. Esta será la segunda vez en la historia moderna del premio que ocurra algo así, siendo la primera el año anterior. El Premio Nobel de la Paz, entregado por Noruega, aún tiene una pequeña posibilidad de ser otorgado en persona en Oslo.

La Academia sueca celebra 120 años de existencia este año. En esa trayectoria, ha reconocido a escritores de diversos orígenes, aunque con un sesgo evidente hacia Occidente. La pregunta que flota sobre el anuncio inminente es si esta será la ocasión en que esa pauta finalmente se quiebre de manera significativa, o si la Academia seguirá el camino que ha trazado durante la última década.

Creo que quieren descubrir a un genio de un lugar que ha sido marginado hasta ahora
— Jonas Thente, crítico literario de Dagens Nyheter
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