En el cruce entre la memoria histórica y la guerra contemporánea, el gobierno de Netanyahu ha ordenado identificar y procesar a veinticuatro militares e inteligentes que, bajo anonimato, prestaron testimonio al documental 'Naza' sobre las decisiones que costaron vidas civiles en Gaza. El caso plantea una pregunta que las sociedades en guerra han enfrentado siempre: ¿dónde termina el secreto legítimo del Estado y dónde comienza la complicidad institucional con el daño? La respuesta que un gobierno elige dar a quienes revelan sus propias prácticas dice tanto sobre él como las prácticas mismas.
Netanyahu ordena investigar y procesar a las fuentes del documental 'Naza'
Bombardear casas sabiendo que las familias estaban dentro
¿Por qué Netanyahu considera que este documental es tan peligroso que ordena identificar y procesar a sus fuentes?
Según su comunicado, no es tanto sobre las prácticas descritas sino sobre la seguridad nacional. Dice que las fuentes divulgaron información de alto secreto sobre unidades de inteligencia de extrema sensibilidad.
Pero eso es lo que dice el Gobierno. Lo que el documental realmente documenta son decisiones de bombardear casas sabiendo que había civiles dentro. Eso es un hecho verificable, no una brecha de seguridad.
¿Entonces el Gobierno está más preocupado por la revelación que por lo que se reveló?
Parece que sí. El comunicado se enfoca en que la película construye una "narrativa falsa" que difama a Israel, pero no refuta específicamente los hechos que describe.
Exacto. Y The Guardian dice que pasó tres años contrastando testimonios de más de cien fuentes. Eso no es un ataque de relaciones públicas improvisado; es investigación verificada.
¿Qué pasa con los realizadores, Abraham y Szor?
Enfrentan amenazas de revocación de ciudadanía, campañas de acoso, y ahora el Shin Bet está buscando identificar a las veinticuatro fuentes anónimas. Szor tiene amenazas específicas en su casa.
Lo importante es que ambos nacieron en Israel y tienen familias con historia de Holocausto. Esto no es un caso de espías extranjeros; son ciudadanos israelíes documentando lo que sus propios militares les dijeron.
¿Esto ha pasado antes en Israel?
Sí, con Yifat Tomer-Yerushalmi, la exfiscal militar que filtró videos de abuso a un prisionero palestino. Netanyahu la llamó el peor ataque de relaciones públicas en la historia del Estado.
Y ella intentó suicidarse durante el proceso. Así que hay un patrón aquí: el Gobierno persigue a quienes revelan información, independientemente de si esa información es cierta o no.
Le Pouls
- Netanyahu moviliza al Shin Bet, al Estado Mayor y a la Fiscal General para descubrir con urgencia la identidad de las 24 fuentes anónimas del documental premiado en Venecia.
- El documental expone que el ejército israelí bombardeó viviendas palestinas sabiendo que había familias civiles dentro, y usó un sistema de IA con un 15% de margen de error para clasificar combatientes.
- Los realizadores Yuval Abraham y Rachel Szor enfrentan amenazas de revocación de ciudadanía y pintadas de 'muerte a los traidores' frente a la casa familiar, a pesar de ser israelíes de nacimiento con víctimas del Holocausto entre sus ancestros.
- El caso evoca el de la exfiscal militar Yifat Tomer-Yerushalmi, quien fue arrestada, sometida a reclusión domiciliaria y llegó a intentar suicidarse tras filtrar videos de abusos en centros de detención.
- The Guardian, coproductor del documental, defiende la investigación como el resultado de tres años de trabajo con más de cien fuentes, mientras Israel la califica de difamación penal y brecha de seguridad nacional.
En el cruce entre la memoria histórica y la guerra contemporánea, el gobierno de Netanyahu ha ordenado identificar y procesar a veinticuatro militares e inteligentes que, bajo anonimato, prestaron testimonio al documental 'Naza' sobre las decisiones que costaron vidas civiles en Gaza. El caso plantea una pregunta que las sociedades en guerra han enfrentado siempre: ¿dónde termina el secreto legítimo del Estado y dónde comienza la complicidad institucional con el daño? La respuesta que un gobierno elige dar a quienes revelan sus propias prácticas dice tanto sobre él como las prácticas mismas.
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha ordenado identificar y procesar penalmente a veinticuatro militares y oficiales de inteligencia que participaron de forma anónima en 'Naza', documental ganador del Premio Especial del Jurado en Venecia. El comunicado oficial los acusa de cometer delitos graves contra la seguridad del Estado al divulgar información clasificada y construir, según el Gobierno, una narrativa falsa que difama a Israel y a sus Fuerzas de Defensa ante el mundo.
El título del documental es un acrónimo militar para estimar bajas civiles en ataques aéreos. Sus fuentes describieron decisiones sistemáticas de bombardear viviendas palestinas donde se sospechaba la presencia de milicianos de Hamás, aun sabiendo que familias civiles permanecían dentro. También revelaron el uso de un sistema de inteligencia artificial para clasificar combatientes con un margen de error del quince por ciento, lo que implica que al menos uno de cada diez señalados podría ser inocente. Los testimonios fueron publicados además en la revista +972 y en The Guardian, coproductor del filme.
Los realizadores Yuval Abraham y Rachel Szor, ambos israelíes de nacimiento con vínculos familiares al Holocausto, han sido blanco de una campaña de acoso que incluye amenazas de revocación de ciudadanía y pintadas de 'muerte a los traidores' frente a la casa de los padres de Szor en Savyon. El Gobierno ha instruido al jefe del Estado Mayor, al director del Shin Bet y a la Fiscal General para actuar con urgencia en la identificación de las fuentes, quienes preservaron su anonimato precisamente anticipando estas consecuencias.
El caso recuerda al de Yifat Tomer-Yerushalmi, exfiscal general militar arrestada tras filtrar videos de una agresión sexual contra un prisionero palestino. Netanyahu calificó aquellas revelaciones como el ataque de relaciones públicas más severo sufrido por Israel desde su fundación. Tomer-Yerushalmi dimitió, fue sometida a reclusión domiciliaria y llegó a intentar suicidarse durante el proceso. Con 'Naza', Netanyahu vuelve a apuntar contra quienes revelan información que considera dañina para la imagen del Estado, sin distinguir entre brecha de seguridad y documentación de prácticas reales.
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha ordenado una investigación para identificar y procesar penalmente a veinticuatro miembros del ejército y oficiales de inteligencia que participaron de forma anónima en el documental "Naza", ganador del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia. El comunicado emitido por su oficina acusa a estas fuentes de cometer "delitos graves contra la seguridad de Israel" al divulgar información clasificada y, según el Gobierno, construir una "narrativa falsa, engañosa y sesgada" que difama al Estado y a las Fuerzas de Defensa Israelíes a nivel mundial.
La película, cuyo título es un acrónimo militar para estimar bajas civiles en ataques aéreos, se basa en testimonios anónimos de militares e inteligencia que describieron cómo durante la guerra en Gaza se tomaron decisiones sistemáticas sabiendo que resultarían en muertes de civiles. Estos mismos testimonios fueron publicados también en la revista +972 y en el diario británico The Guardian, que es productor del documental. Las fuentes revelaron que el ejército israelí planificaba y ejecutaba bombardeos contra viviendas palestinas donde se sospechaba que vivían milicianos de Hamás, procediendo con los ataques incluso cuando se sabía que familias civiles estaban dentro de las casas. El documental también expone la aplicación de un método de perfilamiento basado en inteligencia artificial que determinaba si un sospechoso era combatiente o no, pero que tenía un margen de error del quince por ciento, lo que significa que al menos uno de cada diez señalados podría ser inocente.
Los realizadores del documental, los periodistas Yuval Abraham y Rachel Szor, han sido objeto de una campaña amplia de ataques que incluye amenazas de revocación de ciudadanía israelí, a pesar de que ambos nacieron en Israel y tienen linajes familiares que incluyen víctimas y sobrevivientes del Holocausto. Simpatizantes de Netanyahu se han reunido frente a la casa de los padres de Szor en Savyon dejando pintadas que dicen "muerte a los traidores" y han prometido perseguir a ambos realizadores una vez que regresen a Israel. El Gobierno ha instruido al jefe del Estado Mayor del Ejército, Eyal Zamir; al director del Shin Bet, David Zini, y a la Fiscal General del Estado, Gali Baharav-Miara, para que procedan con las acciones solicitadas. Específicamente, el Shin Bet ha recibido la orden de actuar "con urgencia" para descubrir la identidad de todos los implicados en la película, refiriéndose a las veinticuatro fuentes anónimas que preservaron su identidad precisamente en previsión de sufrir consecuencias por sus revelaciones.
El comunicado oficial sostiene que existe preocupación de que los implicados en el documental hayan cometido delitos graves al divulgar información de alto secreto y provocar una brecha de seguridad relacionada con datos de una unidad de inteligencia de extrema sensibilidad. También acusa a las fuentes de incurrir en "difamación penal y perjuicio a los intereses diplomáticos" del país. Sin embargo, The Guardian defiende la investigación como resultado de tres años de entrevistas en las que se contrastaron testimonios de más de cien fuentes conocedoras de los sistemas militares israelíes empleados en la guerra. Los mandos militares israelíes sostienen que sus normas prohíben expresamente ataques deliberados contra civiles, pero el documental documenta una admisión de que el ejército ejecutó bombardeos en zonas para las que se habían emitido órdenes de evacuación, aun a sabiendas de que quedaba población civil que no había salido.
Este caso recuerda el de Yifat Tomer-Yerushalmi, exfiscal general militar que fue brevemente arrestada después de filtrar videos clasificados que mostraban una grave agresión sexual contra un prisionero palestino en un centro de detención. Netanyahu calificó aquellas revelaciones como "quizás el ataque de relaciones públicas más severo que el Estado de Israel ha sufrido desde su fundación", mientras que el ministro de Defensa Israel Katz aseguró que los llamados a investigar las acciones de los militares involucrados eran "calumnias sangrientas". Tomer-Yerushalmi finalmente dimitió, fue sometida a reclusión domiciliaria y enfrentó fuertes ataques tanto de Netanyahu como de Katz, llegando a intentar suicidarse durante el proceso en su contra. Ahora, con la orden de investigar a las fuentes de "Naza", Netanyahu apunta nuevamente contra quienes revelan información que considera perjudicial para la imagen del Estado, independientemente de si esa información documenta prácticas reales o constituye una brecha de seguridad.
Citations marquantes
La película construye una narrativa falsa, engañosa y sesgada que difama al Estado de Israel y a las FDI a nivel mundial— Comunicado de la oficina de Netanyahu
Existe la preocupación de que los implicados en esta película hayan cometido delitos graves al divulgar información de alto secreto— Comunicado oficial del Gobierno israelí