Más allá del COVID-19: las enfermedades que alertan al mundo en 2022

Más de 1,100 casos de hepatitis infantil con 22 muertes y 46 trasplantes de hígado; brotes de Marburg, listeria y otras enfermedades han causado muertes y hospitalizaciones en múltiples países.
Sin vacuna ni tratamiento específico disponible
La advertencia sobre el virus de Marburg en Ghana, altamente mortal y sin defensas médicas conocidas.
Mark

¿Por qué estos brotes específicos en 2022? ¿Había algo que los conectara?

Mimi

No había una causa única. Algunos eran zoonóticos —transmitidos desde animales—, como Marburg desde murciélagos y MERS desde camellos. Otros eran transmitidos por alimentos contaminados. Lo que los unía era que todos exponían las grietas en los sistemas de vigilancia sanitaria global.

Mark

La hepatitis infantil parece diferente. Nadie sabía qué la causaba.

Mimi

Exacto. Eso era lo más inquietante. Más de mil casos en treinta y tres países, veintidós niños muertos, y los expertos no podían identificar el agente. Eso genera pánico porque no puedes prevenir lo que no entiendes.

Mark

¿Cuál era el riesgo real de que alguno de estos se convirtiera en otra pandemia?

Mimi

La OMS lo dijo claramente sobre Marburg: podía descontrolarse fácilmente. Sin vacuna, sin tratamiento, transmisible por contacto directo. Pero el riesgo variaba. La viruela del mono ya estaba en cincuenta y uno países. Eso era propagación real.

Mark

¿Y por qué la gente no lo sabía? El COVID dominaba toda la conversación.

Mimi

Porque el COVID seguía siendo noticia. Pero también porque estos brotes eran regionales, no globales. Aún. La diferencia entre un brote controlado y una pandemia es a menudo solo una cuestión de tiempo y de cuánta atención se le presta.

Mark

¿Qué debería haber hecho el mundo diferente?

Mimi

Mantener la vigilancia. Invertir en sistemas de detección temprana. No desmantelar la infraestructura de salud pública cuando la amenaza inmediata desaparece. Porque siempre hay una siguiente amenaza.

  • Viruela del mono: más de 5,000 casos en 51 países, 90% en Europa
  • Virus de Marburg en Ghana: dos casos confirmados, ambos fatales, sin vacuna disponible
  • Hepatitis infantil: 1,100+ casos en 33 países, 22 muertes, 46 trasplantes de hígado
  • Listeria en EE.UU.: 23 hospitalizados, 1 muerte, expandida a 10 estados
  • MERS-CoV en Qatar: 3 casos en mayo, 1 muerte, vinculado a contacto con dromedarios

La viruela del mono se expande en 51 países con más de 5,000 casos, concentrándose principalmente en Europa con síntomas que incluyen erupciones cutáneas y fiebre. El virus de Marburg, detectado en Ghana, es altamente mortal como el ébola sin vacuna disponible; la listeria ha hospitalizado a 23 personas en EE.UU. tras consumo de alimentos contaminados.

Más allá del COVID-19, el mundo enfrenta brotes de viruela del mono, virus de Marburg, listeria, hepatitis infantil, MERS y una enfermedad intestinal no identificada en Corea del Norte.

A mediados de 2022, mientras el mundo seguía lidiando con nuevas olas de COVID-19 —aunque con tasas de mortalidad significativamente menores que en los primeros meses de la pandemia— una serie de brotes de otras enfermedades comenzaban a encender alarmas en distintas regiones del planeta. Estas no eran amenazas teóricas ni advertencias lejanas. Eran casos reales, hospitalizaciones documentadas, muertes confirmadas, y la posibilidad concreta de que sin intervención sanitaria rápida, algunas de estas situaciones pudieran escapar del control.

La viruela del mono se había convertido en la más visible de estas nuevas preocupaciones. Con más de cinco mil casos reportados en cincuenta y uno países, la enfermedad se concentraba principalmente en Europa, donde representaba el noventa por ciento de los contagios globales. Los síntomas eran inconfundibles: erupciones cutáneas que aparecían en diversas partes del cuerpo, fiebre superior a treinta y ocho grados y medio, inflamación de ganglios linfáticos, dolor muscular y dolor de cabeza. Aunque los primeros reportes sugirieron que la mayoría de casos se presentaba en hombres que habían tenido relaciones homosexuales, los expertos dejaban claro que la enfermedad podía afectar a cualquier persona, independientemente de su orientación sexual.

En Ghana, un virus aún más letal había hecho su aparición: Marburg, una fiebre hemorrágica tan mortal como el ébola. El país enfrentaba su primer brote documentado, y los dos casos iniciales habían resultado en muertes. La Organización Mundial de la Salud advirtió que este virus podía descontrolarse con facilidad. Los síntomas incluían diarrea, fiebre, náuseas y vómitos con sangre. El virus se transmitía por contacto directo con fluidos corporales —saliva, sangre, vómitos, orina— y tenía huéspedes naturales en los murciélagos de la fruta. Lo más preocupante: no existía vacuna ni tratamiento específico disponible.

En Estados Unidos, un brote de listeria había comenzado en Florida y se había expandido a diez estados. Veintitrés personas habían sido hospitalizadas y una había muerto. La listeriosis, causada por la bacteria Listeria monocytogenes, se contraía a través de alimentos contaminados: queso blando, melón, pescado ahumado, leche sin pasteurizar, embutidos, patés, pasteles de carne. Los síntomas eran severos: fiebre, dolores musculares, dolor de cabeza, pérdida del equilibrio, náuseas, vómitos, convulsiones y rigidez en el cuello. Las poblaciones más vulnerables eran las mujeres embarazadas, los recién nacidos, los adultos mayores y las personas con sistemas inmunitarios comprometidos.

La hepatitis infantil de origen desconocido representaba quizás la amenaza más desconcertante. Para el trece de julio, la OMS había reportado más de mil cien casos en treinta y tres países. Veintidós niños habían muerto y cuarenta y seis habían requerido trasplantes de hígado. Los síntomas incluían ictericia —la coloración amarilla característica de la piel y las mucosas—, pérdida del apetito, diarrea, fatiga, dolor abdominal, vómitos, náuseas y fiebre. Los casos también presentaban orina de color muy oscuro y heces de color muy claro, junto con inflamación del hígado.

En Qatar, el síndrome respiratorio de Oriente Medio había reaparecido en mayo, con tres casos confirmados. Uno de ellos fue fatal. Los investigadores determinaron que el contagio estaba vinculado al contacto frecuente y cercano con dromedarios y al consumo de su leche cruda en los catorce días previos al inicio de los síntomas. El MERS-CoV era una infección respiratoria viral que podía contraerse por contacto directo o indirecto con estos camellos, que eran el huésped natural de la enfermedad. Los síntomas incluían fiebre, escalofríos, tos y dificultad para respirar, con casos menos comunes que presentaban tos con sangre, diarrea y vómitos.

En Corea del Norte, una epidemia intestinal aguda de origen aún no identificado había obligado al líder Kim Jong-Un a ordenar la distribución de paquetes de ayuda a ochocientas familias infectadas en la ciudad de Haeju. Se había decretado cuarentena obligatoria en la región para contener la propagación. Los análisis preliminares sugerían que el brote podría ser cólera o fiebre tifoidea, aunque la causa exacta permanecía bajo investigación. La situación había encendido las alarmas en toda Asia.

Lo que unía a todos estos brotes era una verdad incómoda: la mayoría podía prevenirse o controlarse con medidas sanitarias adecuadas, pero sin vigilancia constante y respuesta rápida, cualquiera de ellas tenía el potencial de convertirse en una emergencia de salud pública de magnitudes impredecibles. El mundo no estaba libre de pandemias. Solo estaba en el intervalo entre ellas.

La OMS alertó que el virus de Marburg puede descontrolarse fácilmente
— Organización Mundial de la Salud
Kim Jong-Un ordenó la entrega de paquetes de ayuda para 800 familias infectadas y decretó cuarentena obligatoria
— Autoridades de Corea del Norte
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