Desde las aulas de un colegio de élite limeño hasta una plataforma pública, el actor Mario Cortijo convirtió una herida personal en denuncia colectiva: las instituciones educativas no solo fallan a sus víctimas cuando callan, sino que se convierten en cómplices activos de la violencia. Su testimonio sobre el Liceo Naval Almirante Guise recuerda que el bullying no es un accidente social, sino un patrón sostenido que requiere de muchos silencios para sobrevivir.
Mario Cortijo se identifica como sobreviviente de bullying tras caso en Liceo Naval
Los colegios son cómplices cuando optan por ocultar la violencia
¿Por qué Cortijo decidió hablar ahora, después de tanto tiempo?
El caso del Liceo Naval fue el detonante. Cuando vio que se investigaba una agresión sexual en esa misma institución, sintió que tenía que romper el silencio sobre lo que él vivió. No podía quedarse callado.
Pero hay que ser precisos: ¿Cortijo estudió en el Liceo Naval o en otro colegio de San Borja? El artículo no lo especifica claramente.
Tienes razón. El artículo menciona que sufrió bullying durante su etapa escolar, pero no confirma explícitamente si fue en el Liceo Naval o en otra institución.
¿Y qué dice sobre lo que hizo su madre?
Su madre intentó denunciar el acoso ante el colegio, pero la institución respondió intentando silenciar el caso y protegiendo a los agresores. Eso es lo que más le duele: que el sistema que debería proteger a los estudiantes terminó protegiéndolos a ellos.
¿Tiene pruebas de que el colegio intentó silenciar activamente, o es su percepción de lo que pasó?
Es su testimonio. Dice que recuerda quiénes fueron sus agresores y que podría decir sus nombres. Pero el artículo no incluye respuesta de la institución ni documentación de esa denuncia original.
¿Qué propone Cortijo como solución?
Mecanismos anónimos de denuncia en los colegios, acompañamiento psicológico, y que los docentes estén atentos. También pide que los testigos denuncien, no solo las víctimas.
¿Y su propuesta de exponer públicamente a los agresores para que nunca trabajen? Eso es bastante radical.
Sí, pero viene de un lugar de frustración genuina. Él vio que cuando denunció un caso de bullying en su trabajo actual, el colegio actuó rápido. Eso le mostró que es posible, pero que requiere voluntad institucional.
¿Qué tan representativo es su experiencia?
No sabemos. El artículo no incluye datos sobre prevalencia de bullying en colegios de San Borja, ni cifras de denuncias, ni respuestas de otras instituciones. Es un testimonio personal muy válido, pero no tenemos contexto estadístico.
Il Polso
- Una investigación por agresión sexual contra un menor en el Liceo Naval de San Borja detonó la decisión de Cortijo de romper años de silencio sobre su propio trauma escolar.
- El actor reveló haber sufrido violencia física, psicológica y sexual, y denunció que cuando su madre intentó actuar, el colegio protegió a los agresores en lugar de investigar.
- Cortijo apunta directamente a quienes observaron la violencia sin intervenir, señalando que el silencio de los testigos es también una forma de complicidad.
- Como docente activo, demostró que la voluntad institucional sí puede frenar el acoso: un caso reciente en su propio entorno laboral fue resuelto con rapidez cuando se denunció de inmediato.
- Su llamado concreto exige canales anónimos de denuncia, acompañamiento psicológico real y la exposición pública de agresores y docentes que perpetúen el bullying.
Desde las aulas de un colegio de élite limeño hasta una plataforma pública, el actor Mario Cortijo convirtió una herida personal en denuncia colectiva: las instituciones educativas no solo fallan a sus víctimas cuando callan, sino que se convierten en cómplices activos de la violencia. Su testimonio sobre el Liceo Naval Almirante Guise recuerda que el bullying no es un accidente social, sino un patrón sostenido que requiere de muchos silencios para sobrevivir.
Cuando salió a la luz una investigación por presunta agresión sexual contra un estudiante del Liceo Naval Almirante Guise, en San Borja, Mario Cortijo decidió que ya no podía guardar silencio. A través de un extenso video en redes sociales, el actor se presentó como sobreviviente de bullying y reveló haber padecido violencia física, psicológica y sexual durante su etapa en esa institución.
Cortijo fue contundente: el acoso escolar no es un incidente aislado ni una broma que se salió de control, sino violencia sistemática que permea la vida cotidiana de colegios de prestigio. Recordó que cuando su madre intentó denunciar el acoso ante la dirección, el colegio respondió con silencio estratégico, protegiendo a los agresores de cualquier consecuencia. Hoy puede nombrarlos, pero eligió señalar el patrón más amplio: las escuelas se vuelven cómplices cuando optan por ocultar en lugar de enfrentar.
Su crítica alcanzó también a quienes permanecieron callados en su momento y hoy expresan indignación pública. Para Cortijo, ese silencio es complicidad. Cuestionó especialmente a quienes fueron testigos de violencia sin intervenir y ahora se escandalizan por el caso del Liceo Naval.
Desde su rol actual como docente y director de Escala, un espacio de trabajo con adolescentes, Cortijo habló de la responsabilidad educadora. Relató que al detectar recientemente un caso de bullying en su entorno, lo denunció de inmediato y el colegio actuó con rapidez. Esa experiencia le confirmó que cuando existe voluntad institucional, los mecanismos funcionan.
Por eso exige que los centros educativos implementen sistemas de denuncia anónima, acompañamiento psicológico real y vigilancia constante de las dinámicas entre estudiantes. Su mensaje más urgente fue para los testigos: instó a comunicar lo que presencian, ya sea a sus familias, a las autoridades escolares o incluso a través de redes sociales. Cerró con una convicción repetida a lo largo de todo su pronunciamiento: la responsabilidad de denunciar no recae solo en las víctimas, sino en todos quienes tienen la capacidad de ver y actuar.
Cuando salió a la luz una investigación por presunta agresión sexual contra un estudiante de dieciséis años en el Liceo Naval Almirante Guise, en San Borja, Mario Cortijo decidió romper su silencio sobre una herida que llevaba años cargando. El actor publicó un video extenso en redes sociales en el que se presentó como sobreviviente de bullying, asegurando haber padecido violencia física, psicológica y sexual durante su paso por la institución educativa.
En su testimonio, Cortijo fue directo: el acoso escolar no es un fenómeno aislado sino algo que permea la vida cotidiana de los colegios en San Borja, especialmente en instituciones de prestigio. Lo que lo llevó a hablar públicamente fue la convicción de que estos casos no deben ser tratados como bromas que se salieron de control, sino como lo que realmente son: violencia sistemática. Recordó que cuando su madre intentó denunciar el acoso que él sufría ante la dirección del colegio, la institución respondió no con investigación sino con silencio estratégico. Según su relato, el colegio intentó proteger a quienes lo agredían, blindándolos de cualquier consecuencia. Cortijo puede nombrar a sus agresores hasta hoy, pero eligió usar su plataforma para señalar un patrón más amplio: las escuelas se vuelven cómplices cuando optan por ocultar la violencia en lugar de enfrentarla.
Su crítica se extendió también a quienes permanecen callados mientras ocurren estos hechos y luego expresan indignación cuando un caso trasciende públicamente. Para Cortijo, ese silencio es una forma de complicidad. Cuestionó especialmente a las personas que hoy comentan y se escandalizan por el caso del Liceo Naval, pero que en su momento fueron testigos de violencia sin intervenir. El actor enfatizó que la violencia escolar no es un juego, no es algo que simplemente se haya ido de las manos. Es intencional, es sostenida, y requiere de múltiples actores que permiten que continúe.
Desde su experiencia actual como docente y director de Escala, un espacio donde trabaja con adolescentes, Cortijo habló sobre la responsabilidad que tienen los educadores. Aseguró que en su ambiente de trabajo no se tolera ningún tipo de acoso, y que los profesores con verdadera vocación de servicio nunca dejan de observar las dinámicas entre sus estudiantes. Recientemente, detectó un caso de bullying en su entorno laboral y lo denunció inmediatamente a las autoridades de la institución. La respuesta fue rápida: el colegio frenó la situación de inmediato. Esa experiencia le permitió ver que cuando hay voluntad institucional, los mecanismos funcionan.
Por eso, Cortijo abogó por que los centros educativos implementen sistemas de denuncia que permitan a los estudiantes reportar violencia de manera anónima, acompañados de apoyo psicológico real. Pidió que los docentes mantengan vigilancia constante sobre las relaciones entre alumnos y que no minimicen las señales de alerta. Su mensaje final fue dirigido especialmente a los testigos: a quienes ven acoso pero no hablan. Los instó a comunicar lo que presencian a sus familias, a las autoridades escolares, incluso a través de redes sociales si es necesario. Cortijo fue más allá en su demanda: sugirió que tanto los docentes como los estudiantes que perpetúan bullying deberían ser expuestos públicamente para que nunca vuelvan a trabajar en instituciones educativas. Cerró su pronunciamiento con una frase que repitió a lo largo del video: no más bullying, no más miedo. Su llamado fue claro: la responsabilidad de denunciar no recae solo en las víctimas, sino en todos quienes tienen la capacidad de ver y actuar.
Citazioni salienti
Vengo a hablar como un sobreviviente del bullying. El bullying, especialmente en los colegios de San Borja, es algo que se respira todos los días— Mario Cortijo
Los colegios son cómplices y generan las condiciones para que haya estos casos de violencia— Mario Cortijo