Lula y Bolsonaro se ausentan del primer debate presidencial brasileño

No vinieron porque no tienen coraje para hablar de sus crímenes
Renan Santos criticó las ausencias de Lula y Bolsonaro en el primer debate presidencial brasileño.
Mark

¿Por qué Lula elegiría una entrevista de TV sobre un debate en vivo donde podría defender su posición?

Mimi

Porque una entrevista es territorio controlado. Lula elige las preguntas, el tono, el contexto. Un debate es impredecible. Cuando ya estás ganando en las encuestas, ¿para qué arriesgarte?

Mark

Pero eso suena cobarde, ¿no? Especialmente para un presidente.

Mimi

Suena así porque lo es, un poco. Pero también es cálculo político puro. Cada minuto que Lula no está en un debate es un minuto donde no puede cometer un error que le cueste votos.

Mark

¿Y Bolsonaro? ¿Qué gana él no asistiendo?

Mimi

Menos claro. Bolsonaro está atrás en las encuestas. Normalmente querrías un debate para ganar terreno. Pero si crees que el sistema está en tu contra, que los medios son hostiles, entonces no asistir es una forma de protestar, de decir que el juego está amañado.

Mark

¿Esto afecta realmente cómo votan los brasileños?

Mimi

Probablemente no a los que ya decidieron. Pero a los indecisos les dice algo: que los dos candidatos más poderosos no creen que necesiten justificarse ante el público. Eso es un mensaje, aunque no sea el que querían enviar.

Mark

¿Qué pasa ahora?

Mimi

Hay más debates programados. Veremos si ambos asisten a los próximos o si esto se convierte en un patrón. Si se repite, la campaña pierde credibilidad.

  • Tres atriles vacíos en el estudio de Bandeirantes revelaron que los dos candidatos con mayores posibilidades de ganar la presidencia decidieron, cada uno a su manera, esquivar el escrutinio público.
  • La ausencia de última hora del exgobernador Romeu Zema redujo el debate a solo tres participantes de seis invitados, vaciando el evento de su peso político.
  • Renan Santos aprovechó los atriles desiertos para atacar frontalmente a Lula y Bolsonaro, acusándolos de cobardía y de faltar el respeto a los brasileños.
  • Lula lidera las encuestas con 39% frente al 33% de Bolsonaro, lo que sugiere que ambos calcularon que el debate representaba más riesgo que oportunidad.
  • Las ausencias simultáneas de los dos principales contendientes abren un debate más profundo sobre el compromiso democrático de quienes aspiran a gobernar Brasil en octubre.

En São Paulo, el primer debate presidencial de Brasil transcurrió con los atriles de sus dos candidatos más poderosos vacíos: Lula, presidente en funciones, prefirió una entrevista televisiva que podía controlar; Flávio Bolsonaro, simplemente no apareció. Lo que debía ser el primer encuentro cara a cara de la campaña se convirtió, en cambio, en un espejo de las tensiones que atraviesan la democracia brasileña cuando quienes más tienen que responder son quienes menos se presentan.

El domingo 23 de agosto, São Paulo fue escenario de una paradoja política: el primer debate presidencial de Brasil comenzó sin sus dos candidatos más relevantes. Lula, presidente en funciones, eligió conceder una entrevista a TV Record programada para coincidir con el inicio del debate, garantizando así su ausencia del plató. Flávio Bolsonaro, su principal rival, simplemente no asistió. A último momento, el exgobernador Romeu Zema también se retiró, argumentando que sin los candidatos principales su presencia carecía de sentido.

El debate, organizado por el Grupo Bandeirantes junto a un consorcio de medios, terminó reuniendo solo a tres de los seis invitados: el derechista Renan Santos, el conservador Ronaldo Caiado y el médico Augusto Cury. Los atriles de Lula y Bolsonaro, asignados por sorteo y colocados uno junto al otro, permanecieron vacíos como un símbolo involuntario de lo que faltaba.

Renan Santos no desperdició la imagen. Desde el escenario, llamó a los ausentes 'los dos criminales' y los acusó de carecer del valor para responder públicamente por sus actos, señalando que su ausencia era una falta de respeto a todos los brasileños.

La ironía es que Lula lidera cómodamente las encuestas con 39% de intención de voto frente al 33% de Bolsonaro, según Datafolha. Con las elecciones fijadas para el 4 de octubre, ambos parecen haber calculado que el debate representaba más riesgo que beneficio. Pero esa misma lógica estratégica deja un vacío simbólico en el proceso democrático, especialmente cuando uno de los ausentes es el propio presidente de la república.

El domingo por la mañana en São Paulo, tres atriles permanecieron vacíos en el estudio de televisión. Dos de ellos pertenecían a los candidatos con las mejores posibilidades de ganar la presidencia de Brasil: Luiz Inácio Lula da Silva, el mandatario en funciones, y Flávio Bolsonaro, su principal rival. El primero debate presidencial de la campaña se llevaba a cabo sin ellos.

Lula eligió conceder una entrevista a la cadena TV Record la misma mañana del domingo 23 de agosto. La emisora programó la transmisión para comenzar treinta minutos después de que arrancara el debate televisado, un timing que garantizaba que el presidente no estaría en el plató. Bolsonaro, por su parte, simplemente no asistió. A última hora, el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema también se bajó del evento, argumentando que la ausencia de los dos candidatos más relevantes hacía poco sentido su participación.

El debate, organizado por el Grupo Bandeirantes junto a un consorcio de medios de comunicación, terminó reuniendo apenas a la mitad de los invitados. Subieron al escenario el derechista Renan Santos, el conservador Ronaldo Caiado —exgobernador de Goiás— y el médico Augusto Cury. Los atriles de Lula y Bolsonaro quedaron lado a lado, asignados por sorteo previo, como monumentos a la ausencia.

Renan Santos fue el primero en hablar, y no perdió tiempo señalando los espacios vacíos. Llamó a Lula y Bolsonaro "los dos criminales" y acusó a ambos de faltar el respeto a todos los brasileños. Luego fue más allá: los candidatos ausentes, dijo, pasan el tiempo peleándose en internet pero carecen del valor para presentarse en un debate y responder por sus actos. "No vinieron aquí porque no tienen el coraje para hablar de los crímenes que cometieron", expresó.

La ironía de las ausencias es que Lula domina los sondeos. Según la encuesta más reciente de Datafolha, el primer relevamiento desde el inicio oficial de las campañas, el presidente cuenta con un 39 por ciento de intención de voto en la primera vuelta, frente al 33 por ciento de Bolsonaro. Las elecciones están programadas para el 4 de octubre. A pesar de su ventaja en las encuestas, Lula optó por no estar presente en el primer encuentro cara a cara de la campaña, eligiendo en su lugar una entrevista televisiva que podía controlar completamente.

Las ausencias plantean preguntas sobre cómo los dos candidatos más fuertes de Brasil ven el valor de enfrentarse públicamente en un debate. Ambos tienen razones estratégicas para evitar el encuentro: Lula, porque lidera y no necesita arriesgar su posición; Bolsonaro, porque está rezagado y un debate podría exponerlo aún más. Pero la decisión conjunta de no asistir deja un vacío simbólico en el proceso democrático, especialmente cuando uno de los candidatos es el presidente en funciones.

Los dos candidatos principales no asistieron al debate y faltaron el respeto a todos los brasileños; viven peleándose en internet pero son cobardes
— Renan Santos, candidato de derecha
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