En los pasillos de las urgencias pediátricas españolas, junto a las fiebres y los huesos rotos de siempre, ha comenzado a manifestarse una forma de dolor más difícil de medir: el malestar emocional de niños y adolescentes que llegan en crisis. Los datos presentados en Bilbao revelan que estas consultas se han duplicado en menos de una década, señalando una transformación silenciosa en el bienestar de la infancia que los sistemas sanitarios aún no están equipados para acoger. Lo que está en juego no es solo una estadística hospitalaria, sino la pregunta de cómo una sociedad escucha a los más jó
Las urgencias pediátricas alertan del aumento de problemas de salud mental en menores
Hay niños que están pidiendo ayuda a gritos. No podemos normalizarlo.
¿Por qué estos números de salud mental en urgencias pediátricas importan si solo representan el 1% del total?
Porque ese 1% son casos que requieren horas de atención especializada. Un niño con ansiedad severa o un adolescente con intención suicida no es un paciente que se resuelve en quince minutos. Absorben recursos desproporcionadamente.
¿Qué ha cambiado en la última década para que se dupliquen estas consultas?
Los profesionales no lo dicen explícitamente, pero está claro que algo en la vida de los menores se ha transformado. Presión académica, redes sociales, incertidumbre económica, la pandemia. Los servicios de urgencias son donde eso finalmente explota.
¿Qué significa que no haya "reconocimiento oficial" de la capacitación en urgencias pediátricas?
Significa que un pediatra de urgencias no tiene una especialidad formalmente reconocida por el sistema sanitario, aunque esté atendiendo millones de casos al año. Es como si dijeras que alguien pilota aviones pero nadie reconoce oficialmente que es piloto.
¿Qué pasaría si los hospitales tuvieran esos circuitos específicos que piden?
Probablemente menos tiempo de espera, menos riesgo para el paciente, y profesionales que no estarían improvisando en una situación de crisis emocional. Pero también significaría inversión, formación, espacios nuevos.
¿Es este un problema solo español?
No, pero España tiene la particularidad de que lo está documentando y visibilizando en sus servicios de urgencias. Otros países probablemente viven lo mismo sin que nadie lo nombre tan claramente.
El Pulso
- Las consultas psiquiátricas en urgencias pediátricas se han duplicado en algunos hospitales en menos de diez años, desbordando la capacidad de respuesta de unos servicios diseñados para otro tipo de emergencias.
- Ansiedad, conductas agresivas, intentos de suicidio y trastornos alimentarios llegan a urgencias sin que haya espacios seguros ni profesionales con formación específica suficiente para atenderlos.
- Los médicos advierten que estos casos exigen mucho más tiempo y especialización que una urgencia convencional, pero los recursos disponibles no han crecido al mismo ritmo que la demanda.
- Los expertos reclaman circuitos específicos de atención a la crisis emocional y una formación reglada en urgencias pediátricas, una especialidad que atiende entre 6 y 8 millones de episodios anuales sin reconocimiento oficial.
- Detrás de cada número hay un menor que llega al hospital como último recurso, lo que convierte a las urgencias en el espejo más crudo de una crisis de salud mental infantil que la sociedad todavía no ha sabido prevenir.
En los pasillos de las urgencias pediátricas españolas, junto a las fiebres y los huesos rotos de siempre, ha comenzado a manifestarse una forma de dolor más difícil de medir: el malestar emocional de niños y adolescentes que llegan en crisis. Los datos presentados en Bilbao revelan que estas consultas se han duplicado en menos de una década, señalando una transformación silenciosa en el bienestar de la infancia que los sistemas sanitarios aún no están equipados para acoger. Lo que está en juego no es solo una estadística hospitalaria, sino la pregunta de cómo una sociedad escucha a los más jóvenes cuando piden ayuda.
Los servicios de urgencias pediátricas españoles están recibiendo cada vez más niños y adolescentes en crisis emocional. Aunque la fiebre y las infecciones siguen siendo los motivos más frecuentes de consulta, crece una ola silenciosa de problemas de salud mental que presiona los recursos hospitalarios.
En la reunión anual de la Sociedad Española de Urgencias en Pediatría, celebrada en Bilbao, los profesionales presentaron datos concretos. Un análisis del hospital de Cruces revisó casi 258.000 episodios entre 2016 y 2024 y encontró 1.166 consultas psiquiátricas. En algunos centros, esas cifras se han duplicado en menos de una década. Aunque representan apenas el 1% del total, son casos que exigen más tiempo, formación especializada y espacios adecuados que hoy no existen de forma generalizada.
La ansiedad encabeza los motivos de consulta, seguida de alteraciones de conducta, intentos de suicidio y trastornos alimentarios. Javier Benito, jefe de urgencias de Cruces, subrayó que la atención actual no es la ideal. Santiago Mintegi, presidente del comité científico, fue más directo: hay menores que piden ayuda a gritos, y eso no puede normalizarse ni resolverse solo con medicación.
Los especialistas reclaman circuitos específicos para crisis emocionales y una formación más sólida en salud mental infantil. Pero el problema es también estructural: España gestiona entre 6 y 8 millones de episodios de urgencias pediátricas al año sin que exista un reconocimiento oficial de esa especialización. Para José Lorenzo Díaz, presidente de la SEUP, esa contradicción ya no es sostenible.
Los servicios de urgencias pediátricas españoles están viendo llegar cada vez más niños y adolescentes en crisis emocional y conductual. La fiebre, los golpes y las infecciones respiratorias siguen siendo la razón más común por la que los padres llevan a sus hijos a urgencias, pero detrás de esos números tradicionales crece una ola silenciosa de problemas de salud mental que está tensionando los recursos de los hospitales.
En la reunión anual de la Sociedad Española de Urgencias en Pediatría, celebrada en Bilbao, los profesionales han puesto números sobre la mesa. Un análisis del hospital de Cruces en el País Vasco, que revisó casi 258.000 episodios de urgencias pediátricas entre 2016 y 2024, encontró 1.166 consultas relacionadas con patología psiquiátrica. En algunos hospitales, estas consultas se han duplicado en menos de diez años. Aunque representan apenas el 1% del total de urgencias pediátricas, los expertos subrayan que son casos especialmente complejos, que exigen más tiempo, profesionales con formación específica en psiquiatría infantil y espacios seguros diseñados para contenerlos.
La ansiedad encabeza la lista de motivos de consulta, seguida de alteraciones de conducta —muchas de ellas vinculadas a episodios de agresividad—, intentos de suicidio y trastornos de la conducta alimentaria. Javier Benito, jefe de urgencias de pediatría del hospital de Cruces, ha explicado que estos pacientes requieren una dedicación que va más allá de lo que los servicios pueden ofrecer en la actualidad. La escasez de recursos especializados significa que la atención que reciben no es la ideal. Los expertos también han detectado un aumento en los casos de violencia contra menores que llegan a urgencias.
Lo que preocupa a los profesionales es que estos números reflejan algo más profundo: una transformación en el bienestar emocional de la infancia y la adolescencia que se hace visible en los servicios de urgencias, a menudo el primer lugar donde emerge el malestar. Santiago Mintegi, presidente del comité científico de la reunión, lo ha expresado con claridad: hay niños y adolescentes que están pidiendo ayuda a gritos, y no se puede normalizar eso. No se trata solo de recetar ansiolíticos, sino de entender qué está sucediendo para poder prevenirlo.
Los especialistas reclaman circuitos específicos para atender situaciones de crisis emocional y conductual, así como una formación más robusta en salud mental infantil para los profesionales de urgencias. Pero hay un problema más estructural: España atiende entre 6 y 8 millones de episodios de urgencias pediátricas cada año, una actividad asistencial que requiere competencias altamente especializadas, y sin embargo no existe un reconocimiento oficial de la capacitación en este ámbito. Para José Lorenzo Díaz, presidente de la SEUP, esa contradicción es insostenible. Un servicio que maneja millones de consultas anuales y exige expertise específica no debería seguir sin un reconocimiento reglado que refleje su complejidad y su importancia.
Citas Notables
Requieren mayor dedicación, profesionales formados en la esfera psiquiátrica y espacios específicos para su atención que garanticen la seguridad del paciente y la calidad de los cuidados— Javier Benito, jefe de urgencias de pediatría del hospital de Cruces
Hay niños y adolescentes que están pidiendo ayuda a gritos. No podemos normalizarlo. No se trata solo de dar ansiolíticos, sino de entender qué está pasando para poder prevenirlo— Santiago Mintegi, presidente del comité científico de la reunión de la SEUP