Las multas por horas extra sin pagar se triplican pero no frenan el fraude empresarial

252.500 trabajadores fueron afectados por infracciones en materia de tiempo de trabajo durante 2025, sin recibir compensación por horas extraordinarias realizadas.
El fraude sigue siendo más rentable que la sanción
Las multas de 15,7 millones anuales son mínimas frente al ahorro empresarial estimado de 3.378 millones en horas impagadas.
Mark

¿Por qué triplicar las multas no ha detenido las horas extra sin pagar?

Mimi

Porque la matemática del fraude sigue siendo favorable. Una empresa ahorra 3.378 millones anuales en horas impagadas, pero solo enfrenta multas de 15 millones. Es un negocio.

Mark

¿Y por qué no se pueden simplemente aumentar las multas ahora mismo?

Mimi

Porque están reguladas por una ley que requiere reforma parlamentaria. El Gobierno puede cambiar cómo se registra el tiempo, pero no puede cambiar cuánto se multa sin que el Congreso lo apruebe.

Mark

¿Qué habría pasado si el proyecto de Díaz hubiera salido adelante?

Mimi

Las multas se habrían multiplicado por 17 en promedio. Una empresa pequeña que ahora paga 751 euros habría podido enfrentar medio millón. Eso sí habría sido disuasorio.

Mark

¿Quién bloqueó ese proyecto?

Mimi

PP, Vox, Junts y UPN votaron en contra. La patronal también presionó duramente. La individualización de multas les habría costado muchísimo dinero.

Mark

¿Hay algún país donde esto funcione mejor?

Mimi

Finlandia castiga con cárcel. Austria y Rumania multan por trabajador. Pero en muchos lugares europeos ni siquiera hay derecho legal a horas extra pagadas. España está en un punto medio incómodo: tiene la obligación pero no la capacidad de hacerla cumplir.

  • Las multas crecen, pero el fraude resiste: el 43% de todas las horas extraordinarias sigue sin compensarse, exactamente igual que en 2018, cuando se implantó el registro horario obligatorio.
  • La brecha entre lo que las empresas ahorran —3.378 millones al año— y lo que pagan en sanciones —apenas 15,7 millones— convierte la multa en un costo de negocio asumible, no en un elemento disuasorio.
  • El proyecto de ley que habría multiplicado por 17 las sanciones mediante multas individualizadas por trabajador fue rechazado en el Congreso por PP, Vox, Junts y UPN, dejando sin reforma el corazón del sistema punitivo.
  • El Gobierno intenta avanzar por vía reglamentaria —sin necesidad de aprobación parlamentaria— con cambios en el registro horario, pero esta ruta no puede tocar el régimen de sanciones, que exige reforma legislativa.
  • Los sindicatos preparan una nueva ofensiva para septiembre, buscando colar la individualización de multas como enmienda en otros proyectos de ley, aunque UGT ya advierte que reunir los apoyos necesarios será extremadamente difícil.

En el cruce entre la ley y la práctica laboral, España enfrenta una paradoja persistente: las multas por horas extra impagadas se han triplicado en siete años, pero el fraude no retrocede. Más de 250.000 trabajadores perdieron en 2025 una parte invisible de su tiempo y su salario, mientras las empresas acumulan un ahorro estimado de 3.378 millones anuales que convierte las sanciones en poco más que un peaje tolerable. La reforma que podría cambiar la ecuación existe sobre el papel, pero choca contra una mayoría parlamentaria que prefiere no moverla.

En 2025, la Inspección de Trabajo sancionó a empresas con 15,7 millones de euros por incumplimientos en materia de jornada laboral, triplicando los 5,3 millones de 2018. Pero esa cifra creciente no ha logrado lo que prometía: el fraude en horas extra no cede. Tras más de 37.000 actuaciones, los inspectores detectaron casi 15.000 infracciones y 252.500 trabajadores afectados, personas que realizaron horas que nunca aparecieron en sus nóminas.

La aritmética sindical es demoledora. Comisiones Obreras estima que las empresas ahorran anualmente 3.378 millones de euros en salarios y cotizaciones gracias a esas horas impagadas. Frente a eso, las multas totales apenas rozan los 16 millones. El volumen de tiempo no compensado —2,54 millones de horas semanales, el 43% de todas las extraordinarias— lleva años sin moverse. El registro horario obligatorio, vigente desde 2019, no ha frenado el problema.

Yolanda Díaz intentó cambiar la ecuación con un proyecto de ley de reducción de jornada que incluía multas individualizadas por cada trabajador afectado. Una empresa con 50 empleados podría haber enfrentado hasta medio millón de euros en sanciones, en lugar de los 751 euros actuales por infracción. El Congreso lo rechazó: PP, Vox, Junts y UPN votaron en contra, y la patronal había combatido duramente la medida.

Ahora el Ministerio de Trabajo busca avanzar por vía reglamentaria, con cambios en el registro horario que no requieren aprobación parlamentaria. Pero ese camino tiene un límite infranqueable: el régimen de sanciones solo puede modificarse por ley. Los sindicatos planean intentar introducir la individualización de multas como enmienda en otros proyectos legislativos a partir de septiembre, aunque desde UGT reconocen que será muy difícil reunir los apoyos. Mientras tanto, en países como Austria, Rumania o Finlandia —donde las multas se calculan por empleado o incluso se castigan con cárcel— el debate español sobre disuasión real apenas está comenzando.

En 2025, la Inspección de Trabajo impuso multas por valor de 15,7 millones de euros a empresas que incumplieron normas sobre tiempo de trabajo. Es una cifra que triplica los 5,3 millones sancionados en 2018, el año anterior a que España obligara a todas las compañías a llevar registro horario de sus empleados. Pero detrás de esos números crecientes se esconde una realidad que frustra a los sindicatos: el fraude no cede. Las horas extra sin pagar siguen siendo masivas, y las multas resultan tan pequeñas comparadas con lo que las empresas ahorran que casi parecen un costo de negocio asumible.

La Inspección realizó el año pasado más de 37.000 actuaciones para detectar irregularidades en jornadas laborales. Encontró casi 15.000 infracciones. El número de trabajadores afectados creció de forma notable: pasó de 178.456 en 2024 a 252.500 en 2025. Son personas que trabajaron horas que no les fueron pagadas, que no aparecieron en sus nóminas, que desaparecieron en el vacío entre lo que la ley ordena y lo que las empresas hacen en la práctica.

Los sindicatos, especialmente Comisiones Obreras, han hecho las cuentas y el resultado es desolador. Estiman que las empresas ahorran anualmente 3.378 millones de euros en cotizaciones sociales y salarios gracias a esas horas extra impagadas. Mientras tanto, las multas totales rondan los 15 o 17 millones anuales. La diferencia es abismal. El volumen de tiempo no compensado se mantiene estable desde hace años: alrededor de 2,54 millones de horas semanales, lo que representa el 43 por ciento de todas las horas extraordinarias realizadas. No ha bajado desde 2018. El registro horario obligatorio no ha frenado el problema.

Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, intentó cambiar esto hace poco mediante un proyecto de ley de reducción de jornada a 37,5 horas. El plan incluía medidas que habrían transformado el panorama: multas individualizadas por cada trabajador afectado, no por empresa. Con esa reforma, una compañía de 50 empleados que cometiera una infracción podría enfrentar multas de hasta medio millón de euros en lugar de los 751 euros actuales. El proyecto también elevaba las cuantías: la multa mínima pasaría de 751 a 1.000 euros, y la máxima de 7.500 a 10.000 euros. Además, introducía una nueva categoría de infracción grave cuando el abuso horario pusiera en riesgo la salud del trabajador, sancionable con cerca de un millón de euros.

Pero el Congreso rechazó el proyecto en el debate de enmiendas a la totalidad. PP, Vox, Junts y UPN votaron en contra. La patronal había luchado duramente contra la individualización de multas, que habría multiplicado por 17 el monto que las empresas tendrían que pagar, según los cálculos de la Inspección basados en los 17 trabajadores afectados por infracción en promedio.

Ahora Trabajo intenta avanzar por otra vía: el desarrollo reglamentario, que no requiere aprobación parlamentaria. El ministerio prepara cambios en el registro horario que obligarían a los trabajadores a hacer personalmente los asientos y a diferenciar ellos mismos entre tiempo ordinario y extraordinario. Fuentes del departamento aseguran que esperan aprobar este reglamento a principios de septiembre. Pero esta ruta tiene un límite claro: no puede tocar el régimen de sanciones, que está regulado por la Ley de Infracciones y Sanciones del Orden Social, una norma que sí necesita reforma legislativa.

Javier Pacheco, secretario de acción sindical de Comisiones Obreras, sostiene que la única forma de disuadir realmente a las empresas es individualizar las multas por trabajador. El sindicato planea intentar, a partir de septiembre, que el Gobierno modifique la ley a través de enmiendas en otros proyectos legislativos. Pero Fernando Luján, de UGT, es más pesimista: dice que será extremadamente complicado reunir los apoyos parlamentarios necesarios.

En Europa, algunos países ya han avanzado más. Austria y Rumania imponen multas por empleado, no por empresa. Finlandia tiene el régimen más severo: además de multas, las violaciones pueden castigarse con cárcel de hasta seis meses. En cambio, en Irlanda, Reino Unido, Países Bajos y Alemania ni siquiera existe derecho legal a pago adicional por horas extra a menos que lo acuerde un contrato o convenio. Allí las sanciones dependen de lo que establezcan los acuerdos sectoriales. España, con su intención de endurecer sustancialmente las multas, buscaría situarse entre las legislaciones más estrictas del continente. Pero por ahora, el fraude sigue siendo más rentable que la sanción.

La única vía disuasoria es hacer las multas individuales por cada trabajador
— Javier Pacheco, secretario de acción sindical de Comisiones Obreras
Será extremadamente complicado reunir los apoyos parlamentarios necesarios para sacar esta reforma adelante
— Fernando Luján, vicesecretario general de Política Sindical de UGT
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