El alcohol es la adicción más prevalente en mayores (58,6%), seguida de hipnosedantes (27,8%), pero estas conductas permanecen invisibles en estudios nacionales. España es uno de los países con mayor consumo de benzodiazepinas en Europa, concentrado en personas mayores con prescripciones de larga duración integradas en su rutina diaria.
Las adicciones silenciadas de los mayores: alcohol, cocaína y lorazepam en la tercera edad
Las adicciones en mayores son frecuentes, importantes y crecientes, pero permanecen invisibles
¿Por qué hemos tardado tanto en ver este problema? Parece que los mayores han estado completamente fuera del radar.
Porque existe una creencia muy arraigada de que la adicción es cosa de jóvenes. Cuando piensas en drogas, piensas en adolescentes, no en abuelos. Eso ha hecho que todo lo que ocurra en la tercera edad pase desapercibido.
Pero ¿cuánto de eso es realmente desapercibido y cuánto es que simplemente no lo hemos medido? El ESDAM fue un estudio puntual en 2020 que no se va a repetir. Sin datos sistemáticos, es difícil saber si el problema está creciendo o si solo estamos viéndolo ahora.
¿Qué sustancias son las más problemáticas en mayores?
El alcohol es la más prevalente, pero de forma muy diferente a los jóvenes. Los mayores beben a diario, con las comidas, integrado en su rutina. Las mujeres lo hacen de forma muy oculta, siempre en casa. Luego están los hipnosedantes, que España consume en cantidades enormes comparado con otros países europeos.
Aunque aquí hay que ser cuidadoso: muchos de esos hipnosedantes son prescritos legalmente. No es lo mismo que alguien que toma un medicamento recetado durante años que alguien que consume drogas ilegales. El problema existe, pero la naturaleza es distinta.
¿Qué está cambiando ahora?
Hay generaciones que empezaron a consumir en los 60 y 70 y nunca pararon. Ahora son mayores y siguen consumiendo cannabis, cocaína, incluso heroína. Es algo que antes no pasaba porque esas generaciones no existían como mayores.
Eso es importante: no sabemos si es un aumento real o si es simplemente que por primera vez tenemos cohortes de mayores que consumieron drogas de jóvenes. Necesitaríamos datos longitudinales para saberlo.
¿Cuál es el riesgo real de estas adicciones en mayores?
El aislamiento social, el deterioro cognitivo, la ruptura emocional tras la jubilación. Muchos usan la conducta adictiva para regular sus emociones. Y llegan muy tarde al sistema sanitario porque nadie está buscando esto.
Aunque también hay que decir que el 4% de los casos en el centro de adicciones comportamentales son mayores de 64. No es nada. Así que o bien es muy raro, o bien hay una infradetección masiva. Probablemente lo segundo, pero no lo sabemos con certeza.
Der Puls
- El alcohol es la sustancia más consumida en mayores (58,6% en últimos 12 meses)
- Los hipnosedantes afectan al 27,8% de mayores de 64 años
- La población mayor de 65 años pasará del 19,09% en 2022 al 25,2% en 2033
- España es uno de los países europeos con mayor consumo de benzodiazepinas, concentrado en mayores
El alcohol es la adicción más prevalente en mayores (58,6%), seguida de hipnosedantes (27,8%), pero estas conductas permanecen invisibles en estudios nacionales. España es uno de los países con mayor consumo de benzodiazepinas en Europa, concentrado en personas mayores con prescripciones de larga duración integradas en su rutina diaria.
Los mayores de 65 años sufren adicciones poco estudiadas y desapercibidas, principalmente alcohol, hipnosedantes y analgésicos, con nuevos casos de consumo de drogas ilegales en generaciones envejecidas.
Cuando Manuel Martín Carrasco, presidente del patronato de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, habla de las adicciones en personas mayores de 65 años, lo hace con la urgencia de quien ve un problema que ha permanecido demasiado tiempo en las sombras. Durante años, mientras la conversación pública sobre salud mental se concentraba en niños, adolescentes y adultos jóvenes, especialmente después de la pandemia de coronavirus, los ancianos quedaron relegados a un segundo plano. Lo mismo ocurrió con las adicciones: un fenómeno que pasó casi desapercibido en la tercera edad, tratado como una rareza cuando en realidad es frecuente, importante y creciente.
La invisibilidad tiene explicación. Existe una creencia extendida de que el consumo de drogas es un problema de gente joven, lo que ha permitido que todo lo relacionado con tóxicos en ancianos se minimice. Antonio Ortuño, psicólogo clínico del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, enumera los motivos por los que estas adicciones han sido menos estudiadas que en otros grupos de edad: menor visibilidad clínica, estereotipos que asocian la adicción con la juventud, subregistro de casos, dificultades metodológicas y una prioridad histórica en prevención dirigida a jóvenes. El Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones cuenta con dos encuestas periódicas sobre consumo, pero ninguna incluye a personas mayores de 64 años. Fue solo en 2020 cuando se realizó la Encuesta sobre Alcohol, Drogas y otras Adicciones en Mayores de 64 años (ESDAM), un estudio puntual que, según el propio observatorio, no se repetirá de momento.
La demografía añade urgencia al asunto. En 2022 había más de nueve millones de personas con 65 años o más en España, representando el 19,09% de la población. El Instituto Nacional de Estadística estima que para 2033 ese porcentaje ascenderá al 25,2%. Con una población envejecida, el interés en estas adicciones ha crecido, especialmente tras observar el aumento del juego en mayores. El alcohol es la adicción más prevalente en este grupo, aunque con un patrón completamente distinto al de los jóvenes. Los mayores suelen beber a diario, normalmente con las comidas. Es más frecuente en hombres, pero después de la jubilación o la viudez, las mujeres también aumentan su consumo, frecuentemente de forma oculta, siempre en casa, nunca en establecimientos públicos. Según el ESDAM, cuando se pregunta sobre consumo en los últimos 12 meses, el alcohol aparece como la sustancia psicoactiva más consumida con el 58,6%. En los últimos 30 días, entre los hombres sigue siendo la bebida espirituosa la que lidera con el 67,7%.
En segundo lugar están los hipnosedantes, un problema particularmente grave en España. El país es uno de los mayores consumidores de benzodiazepinas en Europa e incluso en el mundo, y los mayores de 65 años son quienes más las consumen. Normalmente son medicamentos prescritos para uso de larga duración, personas que llevan años tomándolos y los tienen completamente integrados en su rutina diaria. El ESDAM muestra que estos fármacos ocupan el segundo lugar cuando se pregunta sobre consumo en el último año, con un 27,8%. Ambas sustancias, hipnosedantes y alcohol, presentan una prevalencia similar cuando se pregunta sobre consumo diario en los últimos 30 días, rondando el 20% cada una. En tercer lugar están los analgésicos, fármacos muy relacionados con la edad, pues conforme se envejece aumenta la patología, especialmente la osteoarticular. Se estima que entre el 6 y el 8% de la población geriátrica utiliza analgésicos u opioides, otra fuente potencial de adicción.
Lo que sorprende a los especialistas es un fenómeno completamente nuevo en consulta: el envejecimiento de generaciones que comenzaron a consumir drogas en los años 60 y 70 y han continuado haciéndolo. Hasta ahora, por definición, la gente mayor no había consumido cannabis, pero ahora cada vez se ve más. Algunos siguen un patrón de consumo a lo largo de toda la vida, mientras que otros han sido influidos por la moda de utilizar cannabinoides para el dolor o el insomnio. Hay todavía menos casos, pero también personas de más de 60 años que toman cocaína o incluso heroína, algo que era excepcional hace poco pero que ahora comienza a observarse. Junto a las adicciones a sustancias están las comportamentales. En el pionero Centro de Adicciones Comportamentales AdCom del hospital madrileño, Ortuño observa que en varones predomina el juego, seguido del sexo y las compras, mientras que en mujeres se dividen casi a partes iguales entre juego, compras y redes sociales. Aunque las personas mayores de 64 años apenas representan el 4% de los cribados en su centro, no es excepcional. Lo más común es que lleguen más tarde al sistema sanitario, que haya normalización de las conductas o infradetección, o que sean valorados en otros dispositivos de salud mental consultando inicialmente por ansiedad, insomnio o síntomas depresivos.
El perfil típico incluye personas jubiladas o en transición a la jubilación, con cambios vitales recientes, mayor tiempo libre, acceso creciente a la tecnología y comorbilidad ansioso-depresiva. En algunos casos padecen deterioro cognitivo leve. La jubilación puede actuar como detonante, aunque tiende a mitificarse como algo que solo trae consecuencias positivas. Para algunas personas, sin embargo, supone una ruptura importante porque el trabajo era un aspecto relevante de su identidad. En adicciones comportamentales es frecuente que exista mayor aislamiento social y que la conducta adictiva funcione como regulador emocional. Un aspecto fundamental que distingue a la tercera edad es que mientras en menores de 65 los problemas sobre uso de fármacos o drogas giran en torno a sustancias ilegales, en los mayores predomina el uso de sustancias legales. Martín Carrasco considera que la adicción en estas edades es una tarea pendiente en la salud mental y aboga por mejorar la detección, por ejemplo en atención primaria mediante herramientas que podrían incluir esta cuestión en las revisiones anuales.
Bemerkenswerte Zitate
Es un tema que pasa con frecuencia desapercibido, pero existe, es importante y, además, creciente— Manuel Martín Carrasco, presidente del patronato de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental
Hasta ahora, por definición, la gente mayor no había consumido cannabis, pero ahora cada vez lo vemos más— Antonio Ortuño, psicólogo clínico del Hospital General Universitario Gregorio Marañón