En el Hospital Universitario de Badajoz, un equipo médico ha encontrado indicios de que la vitamina D, ese nutriente asociado históricamente a la salud ósea, podría también acompañar la recuperación neurológica tras un ictus. Los resultados, presentados en el 64º Congreso de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física, no proclaman un remedio definitivo, sino que señalan con cautela hacia un complemento que, integrado en una estrategia terapéutica más amplia, podría mejorar ciertos aspectos del proceso de rehabilitación. La ciencia avanza aquí con la prudencia que exige la complej
La vitamina D mejora la recuperación funcional tras un ictus, según estudio en Badajoz
La vitamina D como herramienta complementaria, no como tratamiento sustitutivo
¿Por qué la vitamina D, una sustancia tan común, no se había estudiado antes en el contexto del ictus?
En realidad sí se había estudiado, pero de forma dispersa. Lo que es nuevo es que alguien se tomó el tiempo de revisar sistemáticamente esos estudios dispersos —el metaanálisis de 2025— y encontró un patrón consistente. Eso es lo que le dio credibilidad a Arribas para hacer su propio estudio.
¿Qué significa exactamente que la vitamina D "se asocia" con mejora? ¿Es causalidad o solo correlación?
Es una buena pregunta. Por ahora es asociación: los pacientes que tenían mejores niveles de vitamina D o que la recibieron como suplemento tendieron a recuperarse mejor en ciertos aspectos. Pero no sabemos con certeza si la vitamina D causó esa mejora o si otros factores estaban en juego. Por eso necesitan más investigación.
Entonces, ¿por qué no funcionó para la capacidad de marcha?
Eso es lo fascinante. Sugiere que la recuperación tras un ictus es muy compleja. La vitamina D puede ayudar con la función neurológica general o la fuerza muscular, pero la capacidad de caminar depende de coordinación, equilibrio, confianza, y muchas otras cosas. No es un interruptor único.
¿Debería un paciente con ictus pedir vitamina D ahora mismo?
No sin hablar con su médico. Ese es el punto que Arribas repite: esto no es un tratamiento que alguien pueda automedicarse. Algunos pacientes podrían beneficiarse, otros podrían tener niveles normales ya, y otros podrían tener contraindicaciones. Tiene que ser personalizado.
¿Cuál es el siguiente paso?
Ampliar el estudio. Más pacientes, más tiempo de seguimiento, y probablemente intentar entender qué características del paciente predicen quién se beneficiará más. Si eso funciona, entonces sí podría convertirse en parte estándar del protocolo de rehabilitación.
Le Pouls
- El ictus deja a miles de personas cada año con daño neurológico severo, y la búsqueda de herramientas que mejoren su recuperación es una urgencia clínica constante.
- Un metaanálisis de 2025 que revisó seis estudios internacionales encendió el interés al mostrar una asociación positiva entre la vitamina D y la mejora en escalas clave de daño neurológico, recuperación motora y discapacidad global.
- Sin embargo, la vitamina D no mejoró la capacidad de marcha, un hallazgo que matiza el entusiasmo y recuerda que la recuperación tras un ictus no responde a soluciones únicas.
- El médico rehabilitador Juan Miguel Arribas insiste en que la vitamina D debe usarse bajo supervisión médica y como complemento —nunca sustituto— de la rehabilitación intensiva, el ejercicio terapéutico y el trabajo interdisciplinario.
- El estudio en Badajoz necesita ampliar su muestra y extender el seguimiento antes de poder ofrecer conclusiones definitivas sobre qué pacientes se benefician más y en qué medida.
En el Hospital Universitario de Badajoz, un equipo médico ha encontrado indicios de que la vitamina D, ese nutriente asociado históricamente a la salud ósea, podría también acompañar la recuperación neurológica tras un ictus. Los resultados, presentados en el 64º Congreso de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física, no proclaman un remedio definitivo, sino que señalan con cautela hacia un complemento que, integrado en una estrategia terapéutica más amplia, podría mejorar ciertos aspectos del proceso de rehabilitación. La ciencia avanza aquí con la prudencia que exige la complejidad del cerebro humano.
En el Hospital Universitario de Badajoz, un equipo liderado por el médico rehabilitador Juan Miguel Arribas ha explorado si la vitamina D puede mejorar la recuperación de pacientes que han sufrido un ictus. Los resultados preliminares, presentados en el 64º Congreso de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física en Barcelona, sugieren que sí, aunque con matices importantes.
El punto de partida fue un metaanálisis publicado en 2025 en Narra Journal que revisó seis estudios clínicos realizados en Turquía, Irán, Indonesia y China. Esos estudios encontraron una asociación positiva entre la suplementación con vitamina D y la mejora en tres escalas clínicas: la NIHSS, que mide la gravedad del daño neurológico; la BRS, que evalúa la recuperación motora; y la mRS, que cuantifica el grado global de discapacidad. Sin embargo, cuando se midió la capacidad de marcha mediante la escala FAC, no se observaron mejoras significativas, lo que apunta a que los beneficios son selectivos y no universales.
Arribas fue claro en su mensaje: la vitamina D no reemplaza los pilares del tratamiento —rehabilitación intensiva, ejercicio terapéutico, control de enfermedades coexistentes y trabajo en equipo interdisciplinario—, sino que podría actuar como un complemento dentro de una estrategia integral. Su interés científico radica en que la vitamina D participa en procesos relevantes para la recuperación neurológica, como la regulación de la inflamación, la función muscular y la neuroplasticidad.
La advertencia es igualmente clara: la suplementación debe realizarse siempre bajo supervisión médica y adaptada a cada paciente, ya que los niveles basales y las necesidades individuales varían. Los resultados del estudio en Badajoz son prometedores, pero Arribas reconoce que se necesita ampliar la muestra y extender el seguimiento para confirmar el alcance real de estos beneficios. Por ahora, es una pista valiosa que merece más investigación, no una conclusión cerrada.
En el Hospital Universitario de Badajoz, un equipo de investigadores ha estado explorando si la vitamina D podría jugar un papel en la recuperación de pacientes que han sufrido un ictus. Los primeros resultados sugieren que así es, al menos en ciertos aspectos del proceso de rehabilitación neurológica. El hallazgo no es revolucionario —los investigadores son cuidadosos en aclarar que no se trata de un tratamiento milagroso— pero apunta hacia una herramienta complementaria que podría mejorar los resultados cuando se integra en un programa de rehabilitación más amplio.
Juan Miguel Arribas, el médico rehabilitador que lidera el estudio, presentó estos resultados preliminares en el 64º Congreso de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física, celebrado recientemente en Barcelona. Su investigación se basa en un metaanálisis publicado en 2025 en Narra Journal que había revisado seis estudios clínicos realizados en Turquía, Irán, Indonesia y China. Esos estudios, que incluyeron entre 42 y 123 pacientes cada uno y realizaron seguimientos de tres meses, encontraron una asociación positiva entre la suplementación con vitamina D y la mejora en varios parámetros de recuperación neurológica y motora.
Los beneficios se observaron específicamente en tres escalas de medición clínica. La NIHSS evalúa la gravedad del daño neurológico; la BRS mide la recuperación motora; y la mRS cuantifica el grado global de discapacidad después del ictus. En todas ellas, los pacientes que recibieron suplementación con vitamina D mostraron mejoras. Sin embargo, cuando los investigadores midieron la capacidad de marcha usando la escala FAC, no encontraron mejoras significativas. Este resultado matizado es importante: sugiere que la vitamina D no es una solución universal, sino que sus beneficios son selectivos y que la recuperación tras un ictus depende de múltiples factores que requieren un enfoque terapéutico integral.
Arribas enfatizó que su objetivo no es presentar la vitamina D como un sustituto de los tratamientos establecidos. La rehabilitación intensiva, el ejercicio terapéutico, la estimulación neuromuscular, el control de enfermedades coexistentes y el trabajo coordinado de un equipo interdisciplinario siguen siendo la base del tratamiento. La vitamina D, en todo caso, sería un complemento dentro de esa estrategia más amplia.
El interés científico en esta línea de investigación radica en que la vitamina D, aunque es conocida principalmente por su papel en la salud ósea, también participa en procesos que podrían ser cruciales para la recuperación neurológica: la regulación de la inflamación, la reducción del estrés oxidativo, la función muscular y la neuroplasticidad, que es la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones. Optimizar los niveles de vitamina D en pacientes seleccionados podría, en teoría, potenciar estos mecanismos de recuperación.
Pero Arribas también subraya una advertencia importante: la suplementación con vitamina D no es un enfoque de talla única. Debe realizarse siempre bajo supervisión médica y como parte de un plan individualizado, porque no todos los pacientes tienen las mismas necesidades ni parten de los mismos niveles basales de vitamina D. Lo que funciona para uno podría no ser apropiado para otro.
Los resultados iniciales del estudio en Badajoz están alineados con lo que mostró el metaanálisis de 2025, pero Arribas reconoce que se necesita más investigación. La muestra debe ampliarse y el seguimiento debe extenderse para confirmar el alcance real de estos beneficios y entender mejor en qué subgrupos de pacientes la vitamina D es más efectiva. Por ahora, lo que tenemos es una pista prometedora que merece investigación más profunda, pero no una conclusión definitiva.
Citations marquantes
El objetivo no es plantear la vitamina D como un tratamiento sustitutivo, sino como una herramienta complementaria dentro de una estrategia integral de neurorrehabilitación— Juan Miguel Arribas, médico rehabilitador
Es necesario ampliar la muestra y el seguimiento para confirmar el alcance real de estos beneficios— Juan Miguel Arribas