Cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea avaló la ley de amnistía española, muchos creyeron ver el cierre de un capítulo doloroso. Sin embargo, los tribunales españoles han respondido con una maraña de decisiones que prolongan la incertidumbre de los líderes independentistas catalanes, manteniendo inhabilitaciones y procedimientos que parecen ignorar el mandato europeo. En el fondo, lo que está en juego no es solo el destino de unas personas, sino la pregunta de si las instituciones judiciales de un Estado pueden resistir indefinidamente la voluntad del Parlamento, del Tribunal Const
La sinrazón judicial de seguir demorando la ley de amnistía
Los juzgados siguen entorpeciendo decisiones del Parlamento y de Europa
¿Por qué el Tribunal de Justicia de la UE resolvió que la amnistía era válida, pero los tribunales españoles siguen sin aplicarla?
Porque la sentencia europea respondía a preguntas técnicas sobre compatibilidad con el derecho comunitario, no ordena a los jueces españoles cómo deben actuar. Los tribunales nacionales tienen autonomía para interpretar sus propias leyes. El problema es que algunos están interpretándola de formas que parecen contradecir lo que Europa acaba de decir.
¿Qué sucede con Puigdemont específicamente?
Sigue fuera de España con una orden de detención vigente. No ha sido juzgado por malversación porque no está en territorio español. El Supremo no ha dado pasos para amnistiarlo, a la espera de que el Constitucional resuelva sobre sus derechos fundamentales. Es un limbo legal.
¿Y Junqueras?
Fue condenado por malversación y sedición. La sedición ya no existe en el Código Penal, pero su pena de inhabilitación sigue en vigor. Eso le impide votar, ser elegido, acceder a cargos públicos. Técnicamente podría ser amnistiado, pero el Supremo no lo ha hecho.
¿Qué pasará en septiembre en el Constitucional?
Se espera que declare que los derechos fundamentales de estos dirigentes fueron vulnerados por no aplicarles la amnistía. Eso debería obligar al Supremo a amnistiarlos. Pero el Supremo podría seguir resistiéndose, argumentando que se enriquecieron con dinero público.
¿Y el Tribunal de Cuentas?
Abrió un nuevo expediente sobre responsabilidad contable a pesar de que Europa ya dijo que el procés no dañó las finanzas de la UE. Una entidad ciudadana quiere que continúe la investigación. Todo depende de una consejera propuesta por el PP.
¿Cuál es el riesgo real aquí?
Que los juzgados sigan bloqueando lo que decidió el Parlamento y lo que respaldó Europa. Que la reconciliación que supuestamente buscaba la amnistía nunca llegue a ocurrir.
The Pulse
- El TJUE respaldó la amnistía hace apenas un mes, pero los juzgados españoles actúan como si esa sentencia no existiera, manteniendo abiertos expedientes y penas de inhabilitación contra los principales líderes del procés.
- Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva y Dolors Bassa siguen sin poder ejercer derechos políticos ni acceder a cargos públicos, mientras Puigdemont permanece en el extranjero con una orden de detención vigente.
- El Tribunal de Cuentas ha abierto una nueva ronda de alegaciones sobre responsabilidad contable, desafiando lo que Luxemburgo ya resolvió, y el abogado de Puigdemont ha denunciado al Estado español ante la Comisión Europea por incumplimiento.
- El Tribunal Constitucional deliberará en septiembre y se espera un fallo favorable a la amnistía, pero el Tribunal Supremo podría ignorarlo y seguir cuestionando la aplicación de la norma al delito de malversación.
- El riesgo institucional se acumula: tres poderes —el Parlamento, el Constitucional y la justicia europea— apuntan hacia la reconciliación, mientras una parte del poder judicial parece decidida a mantener el conflicto abierto sin plazo definido.
Cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea avaló la ley de amnistía española, muchos creyeron ver el cierre de un capítulo doloroso. Sin embargo, los tribunales españoles han respondido con una maraña de decisiones que prolongan la incertidumbre de los líderes independentistas catalanes, manteniendo inhabilitaciones y procedimientos que parecen ignorar el mandato europeo. En el fondo, lo que está en juego no es solo el destino de unas personas, sino la pregunta de si las instituciones judiciales de un Estado pueden resistir indefinidamente la voluntad del Parlamento, del Tribunal Constitucional y de la justicia supranacional.
Hace poco más de un mes, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró que la ley de amnistía española es compatible con el derecho europeo, reconociendo además su propósito de reconciliación. Debería haber sido el punto final del procés. No lo ha sido.
El Tribunal Supremo ha amnistiado a algunos acusados por desobediencia y desórdenes públicos, pero mantiene en suspenso a los principales líderes independentistas condenados por malversación. Oriol Junqueras sigue inhabilitado para ejercer derechos políticos. Lo mismo ocurre con los exconsellers Turull, Romeva y Bassa. Puigdemont permanece fuera de España con una orden de detención vigente, y otros dos exconsellers tampoco han sido amnistiados por no haber sido juzgados en territorio español.
Para añadir más tensión, el Tribunal de Cuentas ha abierto una nueva fase de alegaciones sobre la responsabilidad contable de estos dirigentes, a pesar de que el tribunal europeo ya descartó que el procés perjudicara las finanzas de la UE. La consejera Elena Hernáez, propuesta por el PP, ha tomado esa decisión. El abogado de Puigdemont ha respondido denunciando al Estado español ante la Comisión Europea por incumplimiento de la sentencia del TJUE.
La siguiente batalla se librará en el Tribunal Constitucional, que deliberará el 22 de septiembre sobre los recursos de amparo de Puigdemont y los exconsellers. Se da por seguro en el propio tribunal que el fallo será favorable a los recurrentes. La sentencia sobre Turull sentará doctrina para el resto de los casos.
Pero el problema de fondo persiste: ni siquiera un fallo favorable del Constitucional garantiza que el Supremo lo acate. El tribunal podría seguir cuestionando la amnistía al delito de malversación, argumentando enriquecimiento con fondos públicos. Gobierno, Generalitat y hasta el líder del PP han expresado su deseo de pasar página, pero las instituciones judiciales parecen decididas a mantener los procedimientos abiertos. La reconciliación que Luxemburgo reconoció como propósito de la amnistía sigue siendo, tres años después del procés, un horizonte lejano.
Hace poco más de un mes, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea zanjó una cuestión que parecía resuelta: la ley de amnistía española es compatible con el derecho europeo. El tribunal de Luxemburgo respondió así a las dudas que le habían planteado el Tribunal de Cuentas y la Audiencia Nacional, y en su sentencia no solo permitió la aplicación de la norma, sino que reconoció explícitamente su propósito de reconciliación. Debería haber sido el punto final. No lo ha sido.
En los meses posteriores, los juzgados españoles han tejido un laberinto de decisiones que parecen ignorar lo que acaba de resolver Europa. El Tribunal Supremo ha amnistiado a algunos de los acusados por desobediencia y desórdenes públicos durante el procés catalán de 2017, pero mantiene en suspenso a los principales líderes independentistas condenados o acusados de malversación. Oriol Junqueras, exvicepresidente de la Generalitat y líder de ERC, sigue bajo una pena de inhabilitación que le impide ejercer derechos políticos y acceder a cargos públicos. Lo mismo ocurre con los exconsellers Jordi Turull, Raül Romeva y Dolors Bassa. Carles Puigdemont, el expresidente que permanece fuera de España, tiene una orden de detención vigente contra él. Otros dos exconsellers, Felip Puig y Jordi Comín, tampoco han sido amnistiados porque nunca fueron juzgados, al hallarse fuera del territorio español.
Mientras tanto, el Tribunal de Cuentas ha abierto una nueva fase de alegaciones en su expediente sobre responsabilidad contable de estos dirigentes, a pesar de que la sentencia del tribunal europeo ya ha descartado que el proceso independentista perjudicara las finanzas de la Unión Europea. La consejera del órgano fiscalizador, Elena Hernáez, propuesta por el Partido Popular, ha tomado esta decisión que parece desafiar lo que acaba de resolver Luxemburgo. Gonzalo Boye, abogado de Puigdemont, ha respondido denunciando al Estado español ante la Comisión Europea por incumplimiento de la sentencia del TJUE.
La próxima batalla se librará en el Tribunal Constitucional. Su presidente, Cándido Conde-Pumpido, ha convocado para el 22 de septiembre la primera deliberación sobre los recursos de amparo presentados por Puigdemont y los exconsellers. El magistrado José María Macías, que ha manifestado su oposición a la ley de amnistía en numerosas ocasiones, presentará su ponencia sobre el caso de Turull. Se espera que proponga rechazar el amparo, pero la mayoría progresista del tribunal es favorable a la aplicación de la amnistía al delito de malversación. Si Macías no acepta redactar una sentencia favorable, otro magistrado del sector mayoritario lo hará. En cualquier caso, se da por seguro en el propio tribunal que la resolución será favorable a los recurrentes, declarando vulnerados sus derechos fundamentales por la inaplicación de la amnistía. Esta sentencia sobre Turull sentará doctrina para el resto de los casos, que plantean el mismo supuesto.
Pero aquí está el problema: ni siquiera una sentencia favorable del Constitucional garantiza que el Supremo la acate. El tribunal de lo penal podría seguir cuestionando la amnistía al delito de malversación, argumentando que los dirigentes se enriquecieron con fondos públicos durante el procés. En octubre o noviembre, cuando el Constitucional haya resuelto, el Supremo tendrá la oportunidad de comenzar a aplicar la ley. Pero no hay certeza de que lo haga. Tampoco la hay de que renuncie a nuevos pasos para obstaculizar el perdón.
El Tribunal de Cuentas, por su parte, ya ha recibido alegaciones de la Fiscalía y de la Generalitat, ambas favorables a aplicar la amnistía de inmediato. Societat Civil Catalana estudia el asunto y prevé presentar sus conclusiones en septiembre. Su intención es pedir que continúe la investigación, para descartar completamente que el procés dañara las finanzas de la UE, sobre lo que mantiene dudas. La decisión final está en manos de Elena Hernáez.
Mientras tanto, el Gobierno, la Generalitat y hasta el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, han expresado su deseo de pasar página sobre el procés. Pero las instituciones judiciales parecen decididas a mantener los procedimientos abiertos por tiempo indeterminado. El riesgo es evidente: que desde los juzgados se siga entorpeciendo la efectividad de las decisiones del Parlamento, del Tribunal Constitucional y de la justicia europea. Tres años después del procés, la reconciliación que el tribunal de Luxemburgo reconoció como propósito de la amnistía sigue siendo un horizonte lejano.
Notable Quotes
El riesgo para el mejor funcionamiento de las instituciones es que desde instancias judicales se siga entorpeciendo la efectividad de las decisiones del Parlamento y del órgano de garantías, así como de las que ha adoptado la justicia europea— Análisis editorial de El País