La rehabilitación cardíaca del Clínico de Málaga devuelve la vida a pacientes tras un infarto

Pacientes que sufren infartos y angina de pecho experimentan miedo, debilidad severa y cambios bruscos en su calidad de vida, requiriendo apoyo integral para recuperar funcionalidad.
Es como si fueran de la familia a la tercera semana
Cómo los pacientes pasan del miedo inicial a la confianza en el programa de rehabilitación cardíaca.
Mark

¿Por qué el instinto natural después de un infarto es el reposo, si la evidencia científica dice lo opuesto?

Mimi

Porque el miedo es más fuerte que la lógica. El corazón ha fallado una vez. El cuerpo grita que hay que protegerse. Pero el corazón no se fortalece descansando; se fortalece trabajando, bajo supervisión, con confianza.

Mark

¿Qué hace diferente el programa de género para mujeres?

Mimi

No es solo que haya grupos exclusivos. Es que se reconoce que las mujeres tienen barreras diferentes: horarios que no permiten conciliar, ejercicios que no se adaptan a sus necesidades, falta de sentimiento de pertenencia. Cuando eso cambia, la adherencia sube al 90%.

Mark

Remedios tiene casi 82 años. ¿Cómo es posible que pueda hacer lo que hace ahora?

Mimi

Porque el cuerpo responde cuando se le da la oportunidad correcta. No es magia. Es ejercicio personalizado, supervisión constante, y la confianza que viene de estar rodeada de gente que entiende exactamente lo que estás viviendo.

Mark

Isabel tenía 36 años cuando sufrió el infarto. ¿Qué cambió en el perfil de las pacientes?

Mimi

La edad media bajó de más de 65 a 50 años en dos décadas. Ahora vemos mujeres más jóvenes con factores de riesgo que antes eran cosa de hombres: tabaquismo, diabetes, obesidad. La enfermedad cardiovascular en mujeres jóvenes es cada vez más común.

Mark

¿Qué es lo que realmente transforma a estos pacientes?

Mimi

No es solo el ejercicio. Es saber que no están solos. Es escuchar a alguien que pasó por lo mismo. Es salir de cada sesión con una mentalidad más positiva. El apoyo emocional es tan importante como las pesas.

Mark

¿Qué pasa si un paciente no se compromete?

Mimi

No sirve de nada. El programa puede ser perfecto, pero si el paciente no se mentaliza, no se conciencia, no colabora, no hay cambio. Al final, el objetivo es que modifique su estilo de vida. Eso solo puede hacerlo él.

  • El Hospital Clínico de Málaga evalúa alrededor de 1.200 pacientes al año; 350 realizan el programa presencial
  • Tasa de adherencia del 90% en el Programa de Género para mujeres, desde 2015
  • La edad media de las pacientes bajó de más de 65 años a 50 años en dos décadas
  • El 90% de los pacientes deja de fumar; el 95% mantiene el hábito de ejercicio tras el programa
  • Isabel Romero sufrió infarto el 3 de septiembre de 2025; Remedios Góngora tiene casi 82 años

El ejercicio físico supervisado es clave para recuperarse tras un infarto, contrario al instinto de reposo que tienen muchos pacientes. El programa de género específico para mujeres ha aumentado la participación femenina, cuya edad media ha bajado a 50 años en los últimos años.

El Hospital Clínico de Málaga ofrece un programa integral de rehabilitación cardíaca con ejercicio supervisado, apoyo psicológico y educación sanitaria, incluyendo un programa específico para mujeres que ha logrado una tasa de adherencia del 90%.

Después de un infarto, el instinto es el reposo. El corazón ha fallado una vez; la mente grita que hay que protegerse, evitar esfuerzos, quedarse quieto. Pero la ciencia dice lo contrario. Lo que de verdad fortalece un corazón dañado es moverlo, entrenarlo, devolverle confianza a través del ejercicio controlado. En el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, un programa de rehabilitación cardíaca lleva más de dos décadas demostrando que esta paradoja es real: después de lo peor, lo mejor es comenzar de nuevo.

El programa funciona en tres pilares. Primero, el ejercicio físico supervisado en un gimnasio diseñado específicamente para personas con enfermedades del corazón, donde cada movimiento se personaliza según la capacidad de cada paciente y se monitoriza con registros electrocardiográficos continuos. Segundo, apoyo psicológico grupal que reconoce el trauma emocional de haber experimentado un evento cardiovascular. Tercero, educación sanitaria sobre dieta, medicación, factores de riesgo y cómo reconstruir una vida más saludable. El equipo que lo coordina es multidisciplinar: médicos rehabilitadores, cardiólogos, endocrinos, enfermeros, fisioterapeutas, psicólogos y nutricionistas. Adela Gómez, directora de la Unidad de Gestión Clínica de Medicina Física y Rehabilitación, lo resume así: es una oportunidad para que el paciente tenga una nueva vida.

Desde 2015, el hospital es el único centro público de la provincia que ofrece un programa específico de género para mujeres. Los especialistas notaron algo inquietante: aunque los beneficios de la rehabilitación cardíaca estaban comprobados, las mujeres participaban menos. Algunas eran derivadas con menor frecuencia por los propios cardiólogos; otras simplemente rechazaban participar. La solución fue crear un espacio pensado para ellas: horarios que permitieran conciliar la vida familiar, ejercicios adaptados a sus necesidades, grupos exclusivos donde el sentimiento de pertenencia y el apoyo emocional entre compañeras fuera el corazón del programa. El resultado ha sido notable: una tasa de adherencia del 90%, cifra que contrasta con los estudios que suelen mostrar peor participación femenina en estos programas.

Remedios Góngora tiene casi 82 años. Llegó al programa después de una angina de pecho, convencida de que hacer ejercicio era imposible. Ahora, en cada sesión, hace zancadas con energía, pedalea con fuerza en la bicicleta estática, completa todas las series con pesas. Lo que más la sorprende es haber recuperado cosas que creía perdidas: subir una cuesta, abrir una botella de agua. "Estoy muy contenta. Se lo aconsejo a todo el mundo. Conoces a compañeras, conoces su problema, ellas conocen el mío y la verdad es que esto es como una familia", dice. Isabel Romero tiene 36 años. Sufrió un infarto el 3 de septiembre de 2025 mientras trabajaba. Cuando le dieron el alta, estaba tan débil que no podía comer sola ni atarse los cordones; necesitaba ayuda para ir al baño, para vestirse, para todo. Un mes después de comenzar el programa, ya nota cambios. Se siente más fuerte, con más ganas de seguir adelante. El infarto fue un cambio brusco en su vida; siempre había sido una persona activa, y el proceso fue bastante duro, especialmente con tres hijos pequeños. Pero en el programa encontró algo inesperado: no estaba sola. Escuchar a otras mujeres con historias similares le da fuerzas. Siempre sale de las sesiones con una mentalidad mucho más positiva.

La edad de las pacientes está bajando. Hace dos décadas, las pocas mujeres que llegaban al programa —apenas el 2%— tenían más de 65 años. Ahora la edad media es de 50. Gómez lo vincula con el aumento de factores de riesgo cardiovascular en mujeres: tabaquismo, diabetes, obesidad, hipertensión, depresión. Riesgos que antes se asociaban principalmente con hombres. Cada año, la unidad evalúa alrededor de 1.200 pacientes. De ellos, unos 350 —aproximadamente el 30%— realizan el programa de forma presencial, tres días a la semana durante dos meses. El 70% restante sigue recomendaciones de hábitos saludables y ejercicio adaptado en casa. Los pacientes se clasifican en riesgo bajo, moderado o alto; los dos últimos son quienes principalmente acuden al programa presencial.

Antes de comenzar, cada paciente se somete a una prueba de esfuerzo y análisis de sangre. El cardiólogo valora cómo ha llegado el corazón y hasta dónde puede llegar. A partir de eso, se planifica el entrenamiento. En cada sesión se toman constantes vitales al inicio. Luego viene el calentamiento, el entrenamiento de fuerza, el trabajo aeróbico en bicicleta o cinta, y una fase final de relajación con nueva toma de constantes. Solo cuando los profesionales comprueban que la persona está bien puede marcharse. El ejercicio mejora la musculatura periférica y, con ello, también fortalece el corazón.

Los pacientes llegan con miedo, angustia, desconfianza. Al principio, muchos presentan la tensión arterial o la frecuencia cardíaca alteradas por la propia inseguridad. Pero esa percepción cambia rápido. A la semana siguiente vienen más relajados. A la segunda o tercera semana, es como si fueran de la familia. Ven que es un programa seguro, que están controlados por profesionales, y van cogiendo confianza. Ángel Montiel Trujillo, cardiólogo y coordinador de la unidad junto a Gómez, subraya que el ejercicio es una de las mejores armas para fortalecer el corazón y controlar los factores de riesgo: tensión, diabetes, colesterol. Hace el organismo mucho más eficiente.

Los números hablan. Participar en un programa así supone un cambio radical en el pronóstico tras un infarto. Muchos pacientes se convierten en bajo riesgo. La mayoría puede volver a llevar una vida normal al terminar. La rehabilitación cardíaca reduce el riesgo de mortalidad, de nuevos eventos cardiovasculares y de rehospitalización. El 90% deja de fumar. El 95% mantiene el hábito de ejercicio. Mejoran la capacidad funcional, controlan la tensión arterial, la dislipemia y la glucosa. En definitiva, mejoran la calidad de vida. Pero todo depende de un factor fundamental: el compromiso del paciente. Si no se mentaliza, no se conciencia y no colabora, nada de esto funciona. Al final, el objetivo es que el paciente modifique su estilo de vida. Y eso solo puede hacerlo él.

Es una oportunidad para que el paciente tenga una nueva vida
— Adela Gómez, directora de la Unidad de Gestión Clínica de Medicina Física y Rehabilitación
El ejercicio es una de las mejores armas que tenemos, no solo para fortalecer el corazón, sino para controlar los factores de riesgo
— Ángel Montiel Trujillo, cardiólogo coordinador de la unidad
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