La primera línea no fue más que defensa para no dejarse matar
En Cali, el presidente Gustavo Petro se plantó ante jóvenes para reencuadrar una de las heridas más abiertas del país: la identidad moral de quienes formaron la Primera Línea durante el estallido social de 2021. Lejos de la etiqueta terrorista que circula en medios y tribunales, Petro los describió como ciudadanos que eligieron interponerse entre sus comunidades y la fuerza desatada del Estado. Más de doscientos de ellos permanecen presos mientras sus acusadores caminan libres, una inversión de la justicia que el mandatario denuncia como síntoma de un Estado que aún prefiere la venganza al diálogo.
- Más de 200 jóvenes llevan dos años encarcelados por protestar, mientras el presidente denuncia que jueces fueron presionados para negarles libertades condicionales bajo amenaza de prevaricato.
- La narrativa oficial y mediática sigue llamando terroristas a los manifestantes de la Primera Línea, una etiqueta que Petro rechaza como una distorsión que perpetúa la criminalización de la pobreza y la disidencia.
- El gobierno ha agotado mecanismos legales para liberar a los detenidos, pero choca contra un poder judicial que, según Petro, actúa como extensión de la represión del gobierno anterior.
- La CIDH advirtió que la democracia exige diálogo, no persecución de la protesta social, respaldando implícitamente la postura del ejecutivo colombiano.
- Petro señala una injusticia estructural: quienes dispararon contra manifestantes están en libertad, mientras los jóvenes que se defendieron con escudos y cascos permanecen tras las rejas.
El 27 de enero, Gustavo Petro llegó a Cali para hablar con jóvenes sobre algo que Colombia no ha terminado de procesar: qué fueron, en realidad, los integrantes de la Primera Línea durante el estallido social de 2021. Su respuesta fue sin rodeos: no terroristas, sino ciudadanos que se pusieron entre sus vecinos y la represión estatal.
Petro recordó que el estallido no nació de una conspiración, sino de una reforma tributaria del gobierno de Duque que golpeó a quienes menos tenían. Cuando la gente salió a las calles, el Estado no abrió puertas: las cerró con fuerza. En ese vacío de diálogo surgió la Primera Línea, no como organización planificada, sino como respuesta defensiva de jóvenes que se negaban a dejarse aplastar.
El presidente criticó con dureza a los medios que aún hoy reproducen la etiqueta terrorista, y denunció que esa narrativa tiene consecuencias reales: más de doscientos jóvenes permanecen presos por su participación en las protestas. Su gobierno ha buscado mecanismos legales para liberarlos, pero encontró un muro: jueces que, según Petro, fueron advertidos de que otorgar libertades condicionales los expondría a cargos de prevaricato.
La paradoja que más lo indigna es concreta: quienes mataron manifestantes están libres; quienes los defendieron, encarcelados. En su reunión con la presidenta de la CIDH, recibió un recordatorio que considera urgente para Colombia: la democracia se construye con diálogo, no con criminalización de la protesta.
Como contrapunto, Petro elogió a empresarios del Valle del Cauca que durante las protestas bajaron de sus oficinas y se sentaron con quienes estaban en las barricadas. En ese gesto vio el camino que falta: aprender a ver al otro no como enemigo, sino como interlocutor.
El presidente Gustavo Petro se presentó ante un grupo de jóvenes en Cali el 27 de enero para hablar de un tema que ha dividido a Colombia desde el estallido social de 2021: quiénes fueron realmente los jóvenes que se pararon en primera línea frente a la policía durante las protestas. Su respuesta fue directa. No eran terroristas, dijo. Eran ciudadanos defendiéndose.
Petro comenzó recordando su propia llegada a Siloé, un barrio de Cali que fue epicentro de la violencia durante las protestas. Explicó que en ese momento su presencia era vista con sospecha, catalogada como la del hombre que estaba detrás del caos. Pero para el presidente, el verdadero origen del estallido no fue una conspiración de radicales. Fue una política equivocada del gobierno anterior, la de Iván Duque, que aumentó los impuestos y los servicios sin escuchar a quién le dolía. Cuando la gente salió a las calles, el gobierno no abrió un diálogo. Respondió, según Petro, con lo que él llamó un autoritarismo bárbaro, casi criminal. La policía fue desatada contra jóvenes que el Estado veía como enemigos internos.
En ese contexto de represión sin tregua, surgió la primera línea. Petro fue claro sobre lo que esto significaba: no fue una organización terrorista planificada, sino una respuesta defensiva. Jóvenes que se pusieron entre sus comunidades y la furia del aparato estatal armado. Que se negaban a dejarse matar. El presidente reconoció que idealmente esto nunca debería haber sucedido, pero solo porque el gobierno nunca debería haber dado la orden de atacar a manifestantes. La solución habría sido simple: abrir las puertas del palacio y hablar. No fue así.
Petro también criticó duramente cómo los medios de comunicación han perpetuado una narrativa que cala profundamente en la sociedad colombiana. Aún hoy, dijo, se llama terroristas a los jóvenes de la primera línea en los noticieros y las páginas de opinión. Aún persiste la mentalidad de que un colombiano joven, de un barrio popular, que protesta, es automáticamente un enemigo. Preguntó retóricamente cuánta gente en el país cree que la primera línea es una organización terrorista, como si esa creencia fuera un hecho establecido.
El presidente mencionó su reunión del día anterior con la presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La CIDH recordó algo fundamental: el Estado no debe criminalizar la protesta social. La democracia se construye con diálogo, no con represión. Pero en Colombia, más de doscientos jóvenes permanecen en prisión por haber participado en esas protestas de 2021. Su gobierno, dijo Petro, ha explorado todos los mecanismos legales para liberarlos. Sin embargo, se ha encontrado con un obstáculo judicial que lo enfurece.
Denunció que instrucciones fueron impartidas a los jueces advirtiéndoles que si liberaban a estos jóvenes cometerían prevaricato. Los magistrados fueron presionados. Las libertades condicionales fueron negadas una tras otra. Para Petro, esto demuestra que el Estado sigue siendo incapaz de reconocer a la persona humana como digna de diálogo. Solo quiere venganza. Y aquí señaló lo que considera la injusticia más profunda: quienes asesinaron a manifestantes durante el estallido están libres, mientras que los jóvenes que se defendieron permanecen encarcelados.
Petro también elogió a algunos empresarios vallecaucanos que, durante las protestas, decidieron por su cuenta cerrar heridas. Bajaron de sus oficinas, se sentaron con quienes estaban en las barricadas, y construyeron juntos un camino hacia adelante. Expresó la esperanza de que ese espíritu de diálogo se replicara en toda la sociedad colombiana. Porque al final, eso es lo que falta: la capacidad de ver al otro no como enemigo, sino como interlocutor.
Citas Notables
La primera línea no fue más que una actitud defensiva para no dejarse matar, para proteger un barrio o una comunidad— Gustavo Petro, presidente de Colombia
Quienes asesinaron a los jóvenes están saliendo libres y los jóvenes están quedando presos, eso se llama injusticia— Gustavo Petro
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el presidente insiste en que la primera línea fue defensa y no terrorismo? ¿Qué diferencia práctica hay?
Porque si aceptas que fue defensa, entonces reconoces que el Estado fue el agresor primero. Eso cambia todo: quién tiene derecho a estar en la calle, quién tiene derecho a resistir, quién debería estar preso.
Pero ¿no es cierto que hubo daño? ¿Que se quemaron buses, se saquearon tiendas?
Sí, pasó. Pero Petro dice que eso fue consecuencia de una represión que nunca debió ocurrir. Si el gobierno hubiera dialogado desde el primer día, no habría habido barricadas.
¿Y los jueces? ¿Por qué presionarían a un juez para que no libere a alguien?
Porque mantener a esos jóvenes presos es una forma de castigo político. Es decir: ustedes se atrevieron a desafiar al Estado, y el Estado no perdona.
¿Cree que esto se va a resolver?
Petro dice que su gobierno está buscando mecanismos legales. Pero mientras los jueces tengan miedo de liberar a estos jóvenes, es difícil. El verdadero cambio sería que la sociedad dejara de verlos como terroristas.
¿Y los empresarios que menciona? ¿Qué hicieron diferente?
Decidieron que la reconciliación era más importante que el castigo. Se sentaron con los manifestantes y construyeron algo juntos. Para Petro, eso es lo que debería pasar en todo el país.