Durante casi tres décadas, el lenguaje del Parlamento español ha ido transformándose en espectáculo: un equipo de investigadores de la Universitat de València y el CSIC analizó 48.191 intervenciones parlamentarias entre 1996 y 2023 y descubrió que, desde 2017, la negatividad y la confrontación se han desplazado de las comisiones —donde se negocia en silencio— al pleno, donde todos pueden ver el conflicto. Este giro coincide con la irrupción de nuevos partidos y con la lógica viral de las redes sociales, que recompensan el enfrentamiento sobre el acuerdo. Lo que emerge es una pregunta incómoda
La política se contagia de las redes sociales: más conflicto y teatralización en el Congreso
El conflicto que se escenifica en redes se ha contagiado al Parlamento
¿Qué significa exactamente que la negatividad se haya disparado en el pleno desde 2017?
Que los diputados usan mucho más lenguaje crítico, agresivo, polarizante cuando hablan en el hemiciclo. Antes ese tono estaba más en las comisiones, donde se negocia. Ahora es al revés.
¿Pero cómo miden "negatividad"? ¿Es un algoritmo que cuenta palabras negativas, o algo más sofisticado?
Usan procesamiento del lenguaje natural combinado con índices de ira y sentimiento negativo. No es solo contar palabras malas.
Aun así, ¿cuánto de ese cambio es realmente teatralización y cuánto es que hay más conflicto real que resolver?
Buena pregunta. ¿Los investigadores lo distinguen?
Dicen que el cambio coincide con redes sociales y nuevos partidos, no con crisis políticas específicas. Sugieren que es estrategia comunicacional, no respuesta a conflictos reales.
Pero no establecen correlación directa entre redes sociales y teatralización, ¿verdad?
Correcto. Dicen que ciertas dinámicas de redes —viralidad, algoritmos— alimentan polarización, pero no prueban que causen el cambio parlamentario.
Entonces, ¿qué está pasando realmente?
Que los políticos ven que el conflicto genera atención en redes, y adaptan su comportamiento en el Parlamento. Es un contagio de lógicas, no una causa directa.
Y eso significa que si las redes sociales cambian mañana, el Parlamento podría cambiar también.
O que los políticos podrían elegir no jugar ese juego. Pero mientras haya rédito en la división, es difícil que lo hagan.
Le Pouls
- Desde 2017, la crítica negativa en el pleno del Congreso español se disparó mientras caía en las comisiones, señal de que el conflicto migró del espacio de trabajo al escenario público.
- Los algoritmos de las redes sociales premian el enfrentamiento y las promesas simples, empujando a los políticos a optimizar sus discursos para la viralidad en lugar de para la legislación.
- El lenguaje de 'nosotros versus ellos' —común en la desinformación y los discursos de odio— ha ganado terreno en el hemiciclo, legitimando y amplificando dinámicas que antes quedaban fuera del Parlamento.
- Cuando el rédito político está en la división, los incentivos para alcanzar acuerdos se evaporan, erosionando la percepción ciudadana de la clase política y debilitando la confianza institucional.
- El estudio, publicado en Parliamentary Affairs, convierte en dato cuantificable lo que antes era intuición: la teatralización parlamentaria ya no es anécdota, es tendencia medible e innegable.
Durante casi tres décadas, el lenguaje del Parlamento español ha ido transformándose en espectáculo: un equipo de investigadores de la Universitat de València y el CSIC analizó 48.191 intervenciones parlamentarias entre 1996 y 2023 y descubrió que, desde 2017, la negatividad y la confrontación se han desplazado de las comisiones —donde se negocia en silencio— al pleno, donde todos pueden ver el conflicto. Este giro coincide con la irrupción de nuevos partidos y con la lógica viral de las redes sociales, que recompensan el enfrentamiento sobre el acuerdo. Lo que emerge es una pregunta incómoda para la democracia representativa: cuando el conflicto se convierte en estrategia de visibilidad, ¿queda espacio para gobernar?
Hace casi tres décadas que el tono del Parlamento español empezó a cambiar, pero hasta ahora nadie lo había medido con tanta precisión. Un equipo de investigadores de la Universitat de València y el CSIC analizó 48.191 intervenciones parlamentarias entre 1996 y 2023, rastreando patrones de ira y negatividad con herramientas de procesamiento del lenguaje natural. El hallazgo central es revelador: a partir de 2017, la crítica negativa se disparó en el pleno mientras descendía en las comisiones.
Hasta 2008, la lógica era la inversa. Las comisiones concentraban el conflicto porque allí ocurría el trabajo real de negociación, lejos de las cámaras. El pleno mantenía un tono más contenido. Pero entre 2008 y 2017 esa diferencia se fue borrando, y desde 2017 se invirtió por completo. Los investigadores interpretan este giro como teatralización: el conflicto se trasladó al escenario donde todos pueden verlo.
El cambio no fue casual. Coincidió con la llegada de nuevos partidos al Congreso y con la explosión del contenido político en redes sociales, en un contexto internacional marcado por el Brexit y la victoria de Trump, ambos envueltos en escándalos de manipulación digital. Berta Chulvi, profesora de Psicología Social y autora del estudio, lo resume así: los políticos están optimizando para la visibilidad pública, no para la productividad legislativa.
David Arroyo, investigador del CSIC en ciberseguridad, apunta que los algoritmos recompensan el conflicto: un discurso polarizante genera más engagement que una propuesta matizada. Los políticos lo saben y adaptan su estrategia. El problema, advierte Chulvi, es que cuando el conflicto se convierte en la herramienta comunicacional dominante, los incentivos para alcanzar acuerdos desaparecen. Si hay rédito político en la división, ¿por qué tender puentes?
Los investigadores también detectaron un aumento del lenguaje de 'nosotros versus ellos', fórmula habitual en la desinformación. Para Chulvi, cuando el Parlamento adopta ese discurso no solo refleja una tendencia de las redes sociales: la legitima y la amplifica. El estudio, publicado en Parliamentary Affairs por Oxford University Press, convierte en dato lo que antes era intuición. La política española se ha contagiado de las dinámicas digitales, y el hemiciclo es el espejo donde ese contagio se hace visible.
Hace casi tres décadas que los parlamentarios españoles comenzaron a cambiar la forma de hablar en el hemiciclo. Un equipo de investigadores de la Universitat de València y el CSIC lo ha medido con precisión: analizaron 48.191 intervenciones parlamentarias entre 1996 y 2023, utilizando herramientas de procesamiento del lenguaje natural para rastrear patrones de ira y negatividad. Lo que encontraron fue un giro dramático en el tono político, especialmente a partir de 2017.
Hasta 2008, la dinámica era clara. Los diputados reservaban sus críticas más duras para las comisiones parlamentarias, donde el trabajo real de negociación y acuerdo ocurría lejos de las cámaras. El pleno, en cambio, mantenía un tono más templado. Pero algo cambió. Entre 2008 y 2017, la negatividad se equilibró en ambos espacios. Luego, a partir de 2017, la crítica negativa en el pleno se disparó mientras descendía en las comisiones. Los investigadores interpretan este cambio como evidencia de una teatralización creciente del debate parlamentario: el conflicto se había trasladado al escenario público, donde todos podían verlo.
Este cambio de 2017 no fue casual. Coincidió con la llegada de nuevos partidos políticos al Congreso —Podemos y Ciudadanos habían irrumpido años antes, Vox llegaría en 2019— y con la explosión del contenido político en redes sociales. Un año antes, el Brexit había dividido a Reino Unido y Donald Trump había ganado la presidencia estadounidense, ambos procesos envueltos después en escándalos sobre manipulación digital y desinformación. La comunicación política estaba empujando sus propios límites.
Berta Chulvi, profesora de Psicología Social en la Universitat de València y autora del estudio, lo explica así: el trabajo político real —llegar a acuerdos, transformar el pluralismo en algo productivo— sucede en las comisiones. Que la crítica negativa sea ahora mayor en el pleno que en las comisiones revela una inversión de prioridades. Los políticos están optimizando para la visibilidad pública, no para la productividad legislativa.
Las redes sociales no son la causa directa, pero alimentan la dinámica. David Arroyo, investigador del CSIC en ciberseguridad y datos, señala que las promesas fáciles y rápidas tienen especial viralidad en espacios con bajo control de moderación. Los algoritmos recompensan el conflicto. Un discurso polarizante genera más engagement que una propuesta matizada. Los políticos, conscientes de esto, adaptan su estrategia. Enfatizar el conflicto se convierte en la forma de captar atención, tanto del público que ya seguía política como del que antes no estaba interesado.
Chulvi subraya que las consecuencias van más allá de lo retórico. Este cambio en cómo los parlamentarios se comportan en el pleno refleja un cambio en cómo entienden su propia labor. Y eso influye directamente en cómo la ciudadanía percibe a la clase política. Además, hay un riesgo más profundo: cuando el conflicto se convierte en estrategia comunicacional dominante, los incentivos para alcanzar acuerdos desaparecen. Si hay rédito político en la división, ¿por qué tender puentes?
Los investigadores detectaron otro indicador revelador: el aumento del lenguaje de "nosotros versus ellos", una fórmula que abunda en la desinformación y en los discursos del odio. Chulvi lo ve como síntoma de algo más grave: detrás de la desinformación hay conflicto social. Si el Parlamento adopta ese discurso de confrontación, no solo está reflejando una tendencia de redes sociales, está legitimándola y amplificándola. Está favoreciendo la estrategia de desinformación.
El estudio, publicado en Parliamentary Affairs por Oxford University Press, respalda el trabajo anterior de Xavier Coller, catedrático de Ciencia Política en la UNED, quien realizó más de 500 encuestas y 50 entrevistas a representantes políticos de diferentes partidos. La mayoría admitió que la teatralización era un fenómeno real. Lo que antes era anécdota ahora es medible, cuantificable, innegable. La política española se ha contagiado de las dinámicas de redes sociales, y el Parlamento es el espejo donde se ve reflejado ese cambio.
Citations marquantes
El trabajo político de llegar a acuerdos, de transformar el pluralismo político en algo productivo, se hace en las comisiones— Berta Chulvi, profesora de Psicología Social, Universitat de València
Las promesas fáciles y rápidas tienen especial viralidad en entornos con bajo control de moderación, donde hay generación y transmisión de información sin reflexión— David Arroyo, investigador del CSIC en ciberseguridad y datos