La «nube» de otro: soberanía digital y vigilancia en la era de los datos

Operaciones de vigilancia en Gaza facilitadas por infraestructura tecnológica estadounidense, con censura desproporcionada de contenidos en árabe y voces palestinas.
La nube es la computadora de otro, y quien la controla domina la información
Reflexión sobre cómo el almacenamiento en servidores extranjeros implica pérdida de soberanía tecnológica y control de datos.

Microsoft suspendió servicios a Israel tras hallarse indicios de uso en vigilancia, pero solo después de investigaciones periodísticas, no por control preventivo. Google, Amazon y Meta mantienen contratos millonarios con gobiernos e implementan filtros algorítmicos que constituyen decisiones políticas, no neutrales.

  • Microsoft suspendió servicios a Israel en septiembre de 2025 tras hallarse indicios de uso en vigilancia, pero solo después de investigaciones periodísticas
  • Google y Amazon mantienen Proyecto Nimbus, contrato de 1.200 millones de dólares con gobierno israelí desde 2021
  • Meta encontró mayor censura de contenidos en árabe y eliminación de voces palestinas en sus plataformas
  • Cuba enfrenta restricciones de acceso a Google Cloud, Zoom, Webex por bloqueo estadounidense, además de filtros algorítmicos que limitan visibilidad de contenidos cubanos

Empresas tecnológicas estadounidenses como Microsoft, Google y Amazon proporcionan servicios de nube a gobiernos, planteando riesgos de vigilancia y violaciones de derechos humanos sin debida diligencia preventiva.

Cada noche, millones de personas suben fotos, documentos, mensajes a la nube sin preguntarse dónde terminan realmente. La nube es, en su forma más simple, una red de servidores ajenos que almacena y procesa información a distancia. Esa comodidad tiene dos caras: la misma infraestructura que guarda una tarea escolar puede organizar bases de datos masivas, cruzar identidades y alimentar máquinas de vigilancia o decisiones de guerra.

Microsoft es el caso que demuestra que este riesgo dejó de ser teórico. A mediados de julio de 2026, la revista Wired reportó que una investigación externa encontró evidencia de que el Ministerio de Defensa israelí utilizaba los servidores Azure y servicios de inteligencia artificial de la empresa. Microsoft había suspendido ciertas suscripciones en septiembre de 2025, pero el informe público nunca aclaró cómo se usó la tecnología ni si facilitó operaciones de vigilancia en Gaza. Lo importante es que la empresa actuó solo después de que periodistas investigaran y trabajadores protestaran, no porque tuviera mecanismos propios para detectar y prevenir daños antes de que ocurrieran.

Este vacío tiene un nombre que ahora denuncian expertos y activistas de derechos digitales en Estados Unidos: "debida diligencia". Es decir, la obligación de identificar y frenar el daño antes de que suceda, no de revisar contratos después del escándalo. La relatora especial de la ONU Francesca Albanese fue clara en 2025: las empresas deben evitar ser cómplices en violaciones de derechos humanos. Pero Microsoft llegó a esa conclusión por presión externa, no por vigilancia interna.

La empresa tampoco está sola. Desde 2021, Google y Amazon ejecutan el Proyecto Nimbus, un contrato de 1.200 millones de dólares para suministrar servicios de nube e inteligencia artificial al gobierno israelí. Meta encargó una revisión de sus prácticas y el estudio reveló algo inquietante: mayor censura de contenidos en árabe, eliminación sistemática de voces palestinas, y fallas en la aplicación de sus propias normas de moderación. Las plataformas se presentan como tuberías neutrales que venden capacidad de cómputo, moderan publicaciones, conectan anunciantes. Pero elegir clientes, diseñar filtros, aceptar ciertos usos: todo eso son decisiones políticas. Cuando una compañía controla varias capas de esa cadena, como explicó Lama Nazeeh de la organización palestina 7amleh a Wired, fiscalizarla se vuelve casi imposible.

Para Cuba, esta discusión tiene consecuencias inmediatas y concretas. El bloqueo estadounidense no solo encarece equipos y pagos. También cierra el acceso desde direcciones cubanas a software, plataformas educativas, servicios como Google Cloud, Zoom, Webex. Ejecuta filtros algorítmicos que impiden que contenidos emitidos desde la isla aparezcan recomendados a otros usuarios, limitando su visibilidad en las redes. Un informe del Secretario General de la ONU publicado en agosto de 2025 documentó barreras concretas para formarse en ciberseguridad, inteligencia artificial, computación en la nube. Depender de proveedores extranjeros significa quedar expuesto a decisiones tomadas fuera del país, sin control ni voz.

Gaza deja una advertencia que no se puede ignorar. Una empresa tecnológica no se vuelve neutral por llamar "servicio" a lo que vende, ni queda absolvida por abrir una investigación cuando la prensa ya ha revelado el daño. Si los datos pueden convertirse en arma, los pueblos tienen derecho a saber quién los almacena, para qué se usan, bajo qué autoridad se administran. La nube, en términos tecnológicos, no es una abstracción etérea. Es la computadora de otro. Y quien controla esa infraestructura controla también la información, el poder, la capacidad de decidir. En un modelo de negocio construido sobre la explotación de datos, confiar ciegamente en esa nube equivale a entregar soberanía.

Las empresas deben evitar la complicidad en violaciones de derechos humanos
— Francesca Albanese, relatora especial de la ONU, 2025
La tecnología estadounidense llega al aparato israelí mediante la infraestructura, el gobierno de las plataformas y la economía digital
— Lama Nazeeh, organización palestina 7amleh
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué importa dónde está almacenada la información si funciona bien y es segura?

Model

Porque el almacenamiento nunca es neutral. Quien controla los servidores controla quién accede, cuándo, y para qué. Microsoft no decidió por sí solo investigar su relación con Israel; lo hizo porque trabajadores protestaron y periodistas publicaron. Eso es lo preocupante.

Inventor

Pero las empresas tienen políticas de privacidad, términos de servicio. ¿No es suficiente?

Model

Los términos de servicio son documentos que escriben ellas mismas. Lo que falta es "debida diligencia": obligación de prevenir daños antes de que ocurran, no después. Meta encontró que censuraba contenidos en árabe más que en otros idiomas. ¿Eso estaba en sus políticas públicas?

Inventor

¿Qué tiene que ver esto con Cuba específicamente?

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Cuba no puede acceder a Google Cloud, Zoom, Webex por el bloqueo. Pero además, los algoritmos de las plataformas estadounidenses filtran contenidos cubanos para que no aparezcan recomendados. Es control tecnológico sin que haya forma de fiscalizarlo desde aquí.

Inventor

¿Entonces la solución es no usar la nube?

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No es tan simple. La nube es infraestructura global. La solución es que los pueblos sepan quién almacena sus datos, para qué, bajo qué autoridad. Y que haya mecanismos reales de rendición de cuentas, no investigaciones después del daño.

Inventor

¿Qué pasó en Gaza que lo hace tan relevante?

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Servicios de inteligencia artificial de Microsoft, Google, Amazon facilitaron vigilancia. Meta censuró voces palestinas. La tecnología estadounidense no fue neutral; fue herramienta de control. Y nadie lo supo hasta que periodistas investigaron.

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