La inflamación aguda es necesaria; el problema surge cuando se cronifica

La inflamación aguda nos salva; la crónica nos destruye lentamente
La diferencia entre la respuesta defensiva necesaria y la enfermedad silenciosa que daña órganos.
Mark

¿Por qué la gente tiene tanto miedo a la inflamación si dices que es necesaria?

Mimi

Porque la inflamación crónica es real y dañina, pero hemos confundido el mecanismo de defensa con la enfermedad. Es como temer a la fiebre cuando tienes una infección: la fiebre es la herramienta que te salva, pero si no baja, se convierte en un problema.

Mark

Entonces, ¿cómo sé si tengo inflamación crónica si no duele?

Mimi

Eso es lo insidioso. No duele. Buscas patrones: cansancio que no se explica, problemas de piel, digestiones lentas, dificultad para perder peso. Son señales que tu cuerpo envía, pero son tan comunes que las ignoramos.

Mark

¿Y si tomo omega-3 en suplementos, eso resuelve el problema?

Mimi

No. Ese es el error más común. El omega-3 es importante, pero es solo una parte. Lo que importa es el equilibrio entre omega-3 y omega-6, y luego agregar omega-7 y omega-9. Es un sistema, no un nutriente aislado.

Mark

¿La dieta mediterránea es la única que funciona?

Mimi

Es la que tiene más evidencia detrás. El aceite de oliva virgen extra, el pescado azul, las verduras, las legumbres. Funciona porque no es un truco, es un patrón de vida que nuestros cuerpos reconocen.

Mark

¿Qué pasa si ignoro la inflamación crónica?

Mimi

Se cronifica más. Favorece diabetes, problemas del corazón, deterioro cognitivo, artritis. No es que cause estas enfermedades directamente, pero prepara el terreno para que aparezcan.

Mark

¿Debo dejar de comer omega-6 completamente?

Mimi

No. El omega-6 es necesario para la reparación. El problema es la proporción. Una dieta occidental típica está completamente desequilibrada. Necesitas corregir eso, no eliminar nada.

  • La inflamación aguda es una respuesta de defensa necesaria para la supervivencia
  • La inflamación crónica se asocia con diabetes tipo 2, obesidad, alzhéimer, artritis reumatoide y algunos cánceres
  • La dieta mediterránea tiene el mayor respaldo científico para combatir la inflamación crónica
  • El equilibrio entre omega-3 y omega-6 es más importante que tomar omega-3 de forma aislada

La inflamación es una respuesta natural de defensa; el problema surge cuando se prolonga y se cronifica, dañando órganos. La inflamación crónica silenciosa se asocia con diabetes, obesidad, alzhéimer, artritis reumatoide y algunos cánceres.

Una farmacéutica explica que la inflamación aguda es esencial para la defensa del organismo, pero cuando se cronifica se convierte en factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas.

La inflamación es una palabra que aparece constantemente en conversaciones sobre salud, rodeada de advertencias sobre suplementos y dietas especiales. Pero la realidad es más matizada de lo que sugieren los titulares. Según explica Meritxel Martí, farmacéutica titular de la Farmacia Meritxell, la inflamación no es el enemigo que muchos creen que es. Es, de hecho, un mecanismo de supervivencia que nuestro cuerpo necesita para funcionar.

Cuando te lesionas o contraes una infección, tu organismo desencadena una respuesta biológica automática: la inflamación. Este proceso repara el daño y elimina la amenaza. Sin este mecanismo, las heridas no cicatrizarían, los virus y las bacterias nos abrumarían. El verdadero problema no es la inflamación en sí, sino lo que ocurre cuando se queda. Cuando esa respuesta defensiva se prolonga más allá de lo necesario, cuando se cronifica, es entonces cuando comienza a dañar órganos y a generar enfermedades crónicas que pueden acompañarnos durante años.

La inflamación crónica silenciosa está vinculada a un catálogo preocupante de condiciones: enfermedades cardiovasculares como la aterosclerosis e hipertensión, problemas metabólicos como la diabetes tipo 2 y la obesidad, deterioro cognitivo y alzhéimer, enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide y la psoriasis, y ciertos tipos de cáncer. No es que la inflamación cause directamente estas enfermedades, pero actúa como un factor que las favorece, como un terreno fértil donde pueden desarrollarse.

Lo complicado es que la inflamación crónica de bajo grado no anuncia su presencia con síntomas claros. No hay enrojecimiento visible ni dolor agudo. En cambio, se manifiesta de formas sutiles: fatiga persistente que no desaparece con el descanso, dolores articulares o musculares difusos sin causa aparente, digestiones pesadas, hinchazón abdominal, problemas de piel como acné o eczema, alteraciones del sueño, dificultad para perder peso incluso con dieta, o un estado de ánimo bajo sin razón evidente. Estos síntomas pueden parecer inconexos, pero juntos apuntan hacia una inflamación que está trabajando silenciosamente en el interior del cuerpo.

Cuando se trata de combatir esta inflamación crónica, la evidencia científica apunta hacia una dirección clara: la dieta mediterránea. No es una moda pasajera, sino el patrón alimentario con mayor respaldo científico para este propósito. El aceite de oliva virgen extra contiene un compuesto llamado oleocantal que inhibe las vías inflamatorias de manera similar a como lo hace un medicamento antiinflamatorio. El pescado azul, las frutas y verduras ricas en antioxidantes, las legumbres y los frutos secos completan un patrón que funciona. En el lado opuesto, los alimentos ultraprocesados, el exceso de azúcares refinados y las grasas trans empujan el cuerpo hacia la inflamación.

Pero hay un detalle que muchas personas pasan por alto cuando hablan de ácidos grasos: no todos funcionan igual. El omega-6 estimula la formación de citoquinas y es la materia prima que el cuerpo usa para fabricar moléculas que inician la inflamación necesaria para la reparación. El omega-3, en cambio, sigue un camino distinto. Es precursor de resolvinas, protectinas y maresinas, moléculas especializadas en resolver la inflamación y evitar que se vuelva crónica. El problema no es tomar omega-3 de forma aislada, como si fuera una solución mágica. Lo que importa es el equilibrio del perfil lipídico completo. Una dieta occidental típica, rica en aceites vegetales refinados y pobre en omega-3, inclina la balanza hacia la producción de mediadores proinflamatorios. La estrategia correcta no es eliminar el omega-6, porque también es necesario, sino corregir la proporción entre ambos y completar el perfil con otros ácidos grasos como el omega-7, beneficioso para mucosas y piel, o el omega-9, para la salud cardiovascular.

Sobre otros suplementos como vitamina D, polifenoles, antioxidantes o probióticos, la evidencia es positiva, pero deben entenderse como apoyo, nunca como sustituto de una alimentación adecuada o del tratamiento médico cuando es necesario. Ante la sospecha de una inflamación persistente, lo más prudente es realizar un análisis y ser evaluado por un profesional que pueda interpretar los resultados en el contexto de tu situación particular.

El problema no es la inflamación en sí, sino que se prolongue más de lo necesario y se cronifique, dañando los órganos
— Meritxel Martí, farmacéutica
La inflamación crónica de bajo grado no da síntomas evidentes, pero puede manifestarse como fatiga persistente, dolores difusos, problemas de piel y dificultad para perder peso
— Meritxel Martí, farmacéutica
Quieres la nota completa? Lee el original en OkDiario ↗
Contáctanos FAQ