En el umbral de unas elecciones que definirán el rumbo del país, la inflación estadounidense ha descendido al 2,4% en septiembre, su nivel más bajo en más de tres años. El dato confirma un progreso real, pero también revela que la victoria sobre los precios no es aún completa: la caída fue más lenta de lo esperado y la inflación subyacente sigue resistiendo. Así, la Reserva Federal y los votantes se encuentran ante la misma pregunta: ¿cuánto queda por recorrer?
La inflación cae al 2,4% en EE.UU. a menos de un mes de las elecciones
La inflación ha bajado, pero los precios no.
¿Por qué importa tanto que la inflación haya bajado una décima menos de lo esperado? Parece un detalle técnico.
Porque cambia cómo el banco central ve el futuro. Si la inflación bajara más rápido, podrían bajar tipos más agresivamente. Pero si baja lentamente, tienen que ser cautelosos.
Aunque hay que decir que una décima es pequeña. ¿Cuánta confianza tenemos en que el 2,4% es el número real y no simplemente cómo se midió ese mes?
Es un dato oficial de la Oficina de Estadísticas Laborales, así que es el número que usan todos. Pero Luke tiene razón: estos datos se revisan después.
¿Y por qué los votantes siguen enojados si la inflación ya bajó?
Porque la inflación baja, pero los precios no suben de nuevo. Si pagabas cinco dólares por un café cuando la inflación era alta, ahora sigue costando cinco dólares. No vuelve a bajar.
Exacto. Y eso es importante: el dato de inflación mide la velocidad de cambio, no el nivel absoluto de precios. Son cosas diferentes.
Entonces, ¿qué espera la Reserva Federal que pase ahora?
Probablemente seguir bajando tipos, pero más lentamente. El próximo corte será probablemente de 0,25 puntos, no de 0,5 como en septiembre.
Aunque hay que notar que incluso dentro de la Reserva Federal hay desacuerdo. Bowman votó en contra. Eso sugiere que no todos ven lo mismo en los datos.
¿Eso es raro?
Sí. El comunicado dice que fue el primer voto discordante en muchos años. Eso indica tensión real sobre si están bajando tipos demasiado rápido.
O Pulso
- La inflación bajó al 2,4%, pero el mercado esperaba un 2,3%, y esa décima de diferencia basta para mantener la incertidumbre sobre el control real de los precios.
- La inflación subyacente subió al 3,3% interanual, por encima de lo previsto, lo que complica la narrativa de un triunfo definitivo sobre la crisis de precios.
- La gasolina y los alimentos siguen encareciendo la vida cotidiana de los estadounidenses, quienes sienten que los precios no bajan aunque la inflación sí lo haga.
- La economía se convierte en el factor decisivo para nueve de cada diez votantes de cara al 5 de noviembre, con un peso electoral que no se veía desde la Gran Recesión de 2008.
- La Reserva Federal, que arrancó su ciclo de recortes con una rebaja agresiva de medio punto, apunta ahora a ajustes más cautelosos de 0,25 puntos, con su próxima reunión programada justo después de las elecciones.
En el umbral de unas elecciones que definirán el rumbo del país, la inflación estadounidense ha descendido al 2,4% en septiembre, su nivel más bajo en más de tres años. El dato confirma un progreso real, pero también revela que la victoria sobre los precios no es aún completa: la caída fue más lenta de lo esperado y la inflación subyacente sigue resistiendo. Así, la Reserva Federal y los votantes se encuentran ante la misma pregunta: ¿cuánto queda por recorrer?
La inflación en Estados Unidos cerró septiembre en el 2,4%, su nivel más bajo desde febrero de 2021, cuando comenzó la espiral de precios que llevó los costos a máximos de cuatro décadas. El descenso es real, pero más lento de lo que esperaban los analistas, que anticipaban un 2,3%. Es el último dato de inflación que llega antes de que los estadounidenses voten el próximo 5 de noviembre.
La gasolina y los alimentos impulsaron un avance mensual del 0,2% en el índice de precios, superando las expectativas del mercado. Estos aumentos han marcado la campaña electoral: la subida de costos erosionó la popularidad de Biden y Harris, mientras Trump capitalizó el descontento en cada mitin. Aunque la inflación tocó techo en el 9,1% en junio de 2022, los votantes siguen sintiendo el impacto: la inflación ha bajado, pero los precios no.
Una encuesta de Gallup revela que el 52% de los votantes considera la economía extremadamente importante, el peso más alto desde la Gran Recesión de 2008. El panorama general apunta a un aterrizaje suave: el desempleo se sitúa en el 4,1% y el crecimiento continúa. Sin embargo, la inflación subyacente —que excluye alimentos y energía— subió al 3,3% interanual, una décima por encima de lo esperado, señal de que la batalla aún no está ganada.
Esta realidad moldea las decisiones de la Reserva Federal. Jerome Powell inició los recortes de tipos con una rebaja agresiva de medio punto en septiembre, pero se espera que los próximos ajustes sean de apenas 0,25 puntos. La próxima reunión del banco central está programada para los días 6 y 7 de noviembre, justo tras las elecciones. La consejera Michelle Bowman ya expresó su disidencia en septiembre, advirtiendo que una rebaja tan pronunciada podría interpretarse como una declaración prematura de victoria: "Aún no hemos alcanzado nuestro objetivo de inflación", señaló. Su voz refleja una tensión que persiste: la economía muestra fortaleza, pero los precios siguen siendo un desafío sin resolver.
La inflación en Estados Unidos cerró septiembre en el 2,4%, su nivel más bajo desde febrero de 2021, cuando comenzó la espiral de precios que llevaría los costos a máximos de cuatro décadas. El dato, publicado por la Oficina de Estadísticas Laborales, representa una caída de una décima respecto a agosto, pero el ritmo de descenso resultó más lento de lo que esperaban los analistas, quienes anticipaban un 2,3%. Es el último reporte de inflación que llega antes de que los estadounidenses voten el próximo 5 de noviembre.
La gasolina y los alimentos fueron los principales culpables del avance mensual del 0,2% en el índice de precios de consumo, cifra que superó las expectativas del mercado de un 0,1%. Estos aumentos han marcado la campaña electoral: durante años, la subida de costos ha erosionado la popularidad del presidente Joe Biden y su vicepresidenta Kamala Harris, la candidata demócrata, mientras que Donald Trump ha capitalizado el descontento señalando en cada mitin cómo se ha encarecido todo. Aunque la inflación alcanzó su pico del 9,1% en junio de 2022, ahora regresa a niveles cercanos al objetivo de estabilidad del 2%, pero los votantes siguen sintiendo el impacto en sus bolsillos: la inflación ha bajado, pero los precios no.
La economía domina las preocupaciones electorales. Una encuesta de Gallup de esta semana muestra que el 52% de los votantes la considera extremadamente importante y el 38%, muy importante, lo que la convierte en un factor decisivo para nueve de cada diez electores. Es el peso más alto que la economía ha tenido en una elección desde 2008, en plena Gran Recesión. La inmigración, por comparación, es extremadamente importante para el 41% y muy importante para el 31%.
El panorama económico general sugiere un aterrizaje suave, ese equilibrio que la Reserva Federal ha perseguido durante más de dos años. El empleo se mantiene fuerte, con la tasa de desempleo en el 4,1%, y el crecimiento continúa. Sin embargo, el dato de inflación de esta semana reafirma que la batalla aún no está ganada. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, subió al 0,3% mensual y al 3,3% interanual, una décima por encima de lo que esperaba el mercado y también una décima superior al 3,2% de agosto. Cualquier repunte en los precios de la energía podría complicar la tarea del banco central.
Esta realidad ha moldeado las decisiones de política monetaria. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, inició la era de recortes de tipos con una rebaja agresiva de medio punto en septiembre, pero se espera que el ritmo se ralentice y que los próximos ajustes sean de 0,25 puntos. Las actas de la última reunión de política monetaria muestran que no hay prisa por reducir drásticamente el precio del dinero, especialmente cuando la economía sigue creciendo con fuerza. La próxima reunión del banco central está programada para los días 6 y 7 de noviembre, justo después de las elecciones.
La cautela es evidente incluso dentro de la institución. En la votación de septiembre hubo un voto discordante por primera vez en muchos años: la consejera Michelle Bowman se desmarcó del resto y argumentó que habría sido más apropiada una rebaja inicial de 0,25 puntos. En un comunicado, explicó que aunque se han logrado avances significativos en la reducción de la inflación, la inflación subyacente se mantiene en o por encima del 2,5%, lo que le preocupa. "Veo el riesgo de que la mayor acción política del Comité pueda interpretarse como una declaración prematura de victoria sobre nuestro mandato de estabilidad de precios. Aún no hemos alcanzado nuestro objetivo de inflación", señaló entonces. Su posición refleja una tensión más amplia: la economía muestra fortaleza, pero los precios siguen siendo un desafío pendiente.
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Aunque se han producido avances significativos en la reducción de la inflación, mientras que la inflación subyacente se mantiene en torno o por encima del 2,5%, veo el riesgo de que la mayor acción política del Comité pueda interpretarse como una declaración prematura de victoria sobre nuestro mandato de estabilidad de precios. Aún no hemos alcanzado nuestro objetivo de inflación.— Michelle Bowman, consejera de la Reserva Federal