La Fed se enfrenta a su mayor dilema: subir tipos por primera vez en tres años

La presión inflacionista ya no está confinada al petróleo
El dato subyacente de inflación mostró que los precios están subiendo en sectores más allá de la energía.
Mark

¿Por qué es tan difícil para la Fed tomar esta decisión? Parece que los datos sobre inflación son bastante claros.

Mimi

Los datos sobre inflación sí son claros, pero el contexto político es lo que complica todo. Trump nombró a Warsh esperando que bajara los tipos, no que los subiera.

Luke

Pero espera. ¿Cuál es exactamente el dato de inflación que justificaría una subida? El general está en 3,4%, que es más alto que el objetivo de la Fed, pero ¿cuánto más alto?

Mimi

El dato subyacente subió a 2,4%, y eso es lo que preocupa. Significa que la inflación se está propagando más allá de la energía.

Mark

¿Y eso es suficiente para justificar una subida de tipos?

Luke

Depende de a quién le preguntes. Los mercados dicen 88,9% de probabilidad. Los economistas dicen 70% de probabilidad de no hacer nada. Eso es una brecha enorme.

Mimi

La brecha existe porque hay incertidumbre real. El empleo es confuso, con un indicador mostrando 38.000 empleos y otro mostrando 162.000.

Mark

Entonces, ¿qué hace que Warsh se incline por una subida?

Mimi

Ha estado diciendo desde Jackson Hole que la política monetaria actual no es restrictiva. Cree que necesita serlo para controlar la inflación.

Luke

Pero eso es lo que dice públicamente. Lo que hace es otra cosa. ¿Cuánta presión real está sintiendo de Trump?

Mimi

Mucha. Trump ha amenazado con restricciones comerciales si la Fed no recorta. El vicepresidente y el secretario del Tesoro han hablado públicamente contra una subida.

Mark

¿Puede la Fed realmente mantener su independencia bajo esa presión?

Luke

Esa es la pregunta del millón. Warsh fue nombrado por Trump, así que hay una relación de poder ahí que no existía antes.

Mimi

Pero Warsh también tiene credibilidad como banquero central. Ha estado preparando el terreno intelectualmente para una subida.

Mark

¿Qué pasa si no suben esta semana pero suben después?

Luke

Eso es lo que Ibercaja predice. Dicen que habrá al menos una subida antes de fin de año. Pero eso sería después de las elecciones de noviembre.

Mimi

Exacto. Eso sería políticamente más fácil para Trump.

  • La inflación ha escalado al 3,4% interanual, con el petróleo rozando los cien dólares el barril, y los efectos de segunda vuelta ya se filtran en sectores más allá de la energía.
  • Trump, Vance y Bessent presionan abiertamente para bloquear cualquier subida de tipos antes de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, rompiendo la norma de no interferencia en la Fed.
  • Los mercados apuestan con un 88,9% de probabilidad por un aumento de un cuarto de punto, mientras que el 70% de los economistas encuestados por Reuters prevé que los tipos se mantendrán sin cambios.
  • Warsh ha preparado el terreno discursivo desde Jackson Hole, reconociendo que la política monetaria actual no es suficientemente restrictiva, pero convertir esas palabras en acción implica un enfrentamiento directo con quien lo nombró.
  • Analistas advierten que la decisión de esta semana podría ser solo un compás de espera, y que antes de que acabe 2026 la Fed se verá obligada a actuar si el petróleo y el conflicto geopolítico no ceden.

En un momento donde la economía global siente el peso del petróleo caro y las tensiones geopolíticas, la Reserva Federal de Estados Unidos se encuentra ante una encrucijada que trasciende lo técnico: subir los tipos de interés por primera vez en tres años o ceder ante la presión política de una Casa Blanca que mira hacia las urnas de noviembre. Kevin Warsh, el presidente de la Fed elegido por Trump, debe decidir esta semana si la independencia de la institución que dirige puede sostenerse cuando el poder ejecutivo empuja con fuerza en dirección contraria. Lo que se resuelva en esta reunión no será solo una cifra porcentual, sino una señal sobre la salud de las instituciones democráticas en tiempos de conveniencia electoral.

La Reserva Federal llega a esta semana cargando una decisión que no ha tomado desde julio de 2023: si elevar los tipos de interés ante una inflación que ya no se limita al encarecimiento del petróleo, sino que se propaga hacia el resto de la economía. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, nombrado por Donald Trump con la expectativa implícita de que abarataría el dinero, se encuentra ahora ante datos que apuntan en sentido contrario.

Los números del mercado laboral ofrecen lecturas contradictorias —entre los 38.000 empleos de un indicador privado y los 162.000 del informe oficial— pero la inflación no deja margen de ambigüedad. Los precios al consumo subieron un 0,4% mensual hasta alcanzar el 3,4% interanual, y el dato subyacente, que excluye energía y alimentos, ya marca un 2,4%. Es la señal que más inquieta a los economistas: la presión inflacionista ha dejado de ser un fenómeno sectorial para convertirse en algo más estructural.

La Casa Blanca no ha disimulado sus preferencias. Trump, Vance y el secretario del Tesoro Bessent han hablado públicamente contra una posible subida, y el presidente ha llegado a amenazar con represalias comerciales si la Fed no recorta los tipos. El cálculo es evidente: las elecciones de mitad de mandato se celebran el 3 de noviembre, y un encarecimiento del crédito podría pasarle factura a los republicanos.

Los mercados descuentan con un 88,9% de probabilidad un aumento de un cuarto de punto, mientras que la mayoría de los economistas encuestados por Reuters apuesta por la inacción. Analistas de Ibercaja Gestión subrayan que lo más revelador no será tanto la decisión en sí como el tono con que la Fed la justifique, y anticipan que antes de que termine 2026 habrá al menos un aumento. Con el petróleo en cien dólares y sin señales de distensión geopolítica, la presión no remitirá. Esta semana, la Fed podría estar comprando tiempo. La decisión de fondo llegará después.

La Reserva Federal enfrenta esta semana una decisión que no toma desde hace tres años: si aumentar o no los tipos de interés. El dilema no es puramente técnico. Es político, económico y urgente, todo a la vez.

Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Fed nombrado por Donald Trump, llega a esta reunión del Comité de Mercado Abierto con un mandato implícito que choca frontalmente con lo que los datos parecen exigir. Trump lo eligió esperando que bajara el costo del dinero. En cambio, la inflación está subiendo, impulsada por el petróleo que ha alcanzado los cien dólares el barril tras el recrudecimiento de tensiones entre Estados Unidos e Irán. Warsh ha estado preparando el terreno desde Jackson Hole, señalando que la política monetaria actual no es restrictiva, que el empleo sigue siendo fuerte y que la inflación permanece por encima del objetivo de la Fed. Pero decir estas cosas y actuar sobre ellas son dos cosas distintas.

Los números que llegan a la mesa de decisión son contradictorios. El sector privado creó apenas 38.000 empleos según un indicador, mientras que el informe oficial reporta 162.000 nuevos puestos en agosto, con la tasa de desempleo en 4,1%. Es un contraste que deja espacio para interpretaciones. Pero la inflación no deja lugar a dudas. Los precios al consumo subieron 0,4% mensual, llegando a 3,4% interanual, tal como se esperaba. Lo preocupante fue el dato subyacente, que excluyendo energía y alimentos mostró un aumento de 0,3% mensual, alcanzando 2,4% interanual. Esto significa que la presión inflacionista ya no está confinada al petróleo. Se está propagando a otros sectores de la economía. Es exactamente el tipo de efecto de segunda vuelta que la Fed teme, el que podría dañar el crecimiento mientras mantiene los precios elevados.

Los mercados han hecho sus cálculos. Según la herramienta Fed Watch de CME Group, existe una probabilidad de 88,9% de que la Fed aumente los tipos en un cuarto de punto porcentual esta semana. Solo el 11,1% de los operadores apuesta por mantenerlos donde están, entre 3,50% y 3,75%. Pero la encuesta de Reuters que se publica antes de cada reunión cuenta una historia diferente. Alrededor del 70% de los economistas consultados, 65 de 93, prevén que no habrá cambios. El 30% restante espera el aumento de un cuarto de punto. Es la primera vez en meses que la proporción de analistas que anticipa estabilidad cae por debajo del 90%.

La Casa Blanca no ha sido discreta en sus esfuerzos por evitar una subida. El vicepresidente JD Vance y el secretario del Tesoro Scott Bessent han hablado públicamente en favor de mantener los tipos donde están, o incluso de reducirlos. Trump ha ido más lejos, amenazando con imponer restricciones comerciales severas si la Fed no recorta los tipos. El presidente estadounidense ha roto su promesa de no interferir en la independencia de la Reserva Federal, presionando con todas sus fuerzas desde la Casa Blanca. El cálculo político es transparente: las elecciones de mitad de mandato se celebran el 3 de noviembre, y una subida de tipos podría perjudicar a los republicanos en las urnas.

Warsh tendrá que navegar entre estas presiones. Ha dejado claro que considera que la política monetaria actual no es lo suficientemente restrictiva para controlar la inflación. Pero implementar esa convicción mientras el presidente que lo nombró lo presiona en sentido contrario es un acto de equilibrismo político sin precedentes recientes. La decisión que tome esta semana no será solo sobre números. Será una declaración sobre si la Fed puede mantener su independencia bajo presión electoral directa.

Los analistas de Ibercaja Gestión señalan que lo verdaderamente importante no será solo la decisión en sí, sino los argumentos que la Fed utilice para justificarla. Esperan que el tono de la comunicación sea alcista, independientemente de lo que ocurra esta semana. Y predicen que antes de que termine 2026 habrá al menos un aumento de tipos. Con el petróleo en cien dólares y el conflicto geopolítico sin visos de resolución, la presión inflacionista no desaparecerá pronto. La Fed podría estar comprando tiempo esta semana, pero la decisión real probablemente llegará más adelante.

La política monetaria está lejos de ser restrictiva con elevada creación de empleo e inflación por encima de la cota marcada por la Fed
— Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal
Creemos que el tono que va a utilizar será alcista, y antes de que finalice 2026 veremos al menos un alza en el tipo de intervención
— Cristina Gavín Moreno, responsable de renta fija de Ibercaja Gestión
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