Familias completas viven en chabolas improvisadas sin baños ni servicios básicos; el pequeño Siraj y su familia llevan 26 días sin contacto de administración alguna. Médicos del Mundo atiende casos de traumatismos, infecciones y problemas psicológicos; se han documentado situaciones de violencia doméstica entre los migrantes conviviendo en las calles.
La familia de Siraj lleva 26 días en El Tarajal sin baños ni atención administrativa
Nadie ha venido a preguntarnos nada en veintiséis días
¿Por qué esta familia decidió cruzar el mar si vivían tan cerca, al otro lado de la frontera?
Porque vivir cerca de algo no es lo mismo que tener un lugar donde vivir. Compartían casa con la suegra y otros parientes. No había seguridad, no había futuro que ofrecer a los niños. El miedo a lo que pudiera pasarles mientras el padre trabajaba era más fuerte que el miedo al mar.
¿Qué significa que "nadie ha venido a preguntarles nada" en veintiséis días?
Significa que no hay un sistema. No hay registro de quiénes son, de dónde vienen, de qué necesitan. Significa que una familia con dos niños pequeños puede vivir en una tienda de campaña sin baños y nadie de la administración se da por enterado. Es invisibilidad administrativa.
¿Cómo sobreviven sin baños?
No sobreviven bien. El olor que describe el reportero lo dice todo. Los niños usan los espacios detrás de frigoríficos abandonados. Es degradante, es insalubre, es exactamente lo que no debería pasar con menores en territorio europeo.
¿Por qué Médicos del Mundo solo atiende entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde?
Porque son voluntarios, porque los recursos son limitados, porque el sistema no está diseñado para esto. Pero también porque fuera de esas horas, la gente sigue enferma, sigue traumatizada, sigue sin baños.
¿Qué pasó con la mujer que fue golpeada?
Que la policía llegó, detuvieron al hombre, pero ella dijo que no quería denunciar y lo dejaron libre. Eso es lo que pasa cuando vives en la calle sin protección, sin redes, sin saber tus derechos. El miedo gana.
¿Cuál es el final de esta historia?
Aún no lo sabemos. Hay espacios de acogida temporal para mil ochocientas personas, pero hay siete mil migrantes. El Gobierno está acondicionando más instalaciones, pero la oposición de los vecinos es fuerte. Mientras tanto, Siraj sigue en su tienda de campaña, soñando con ser futbolista.
O Pulso
- Siraj, de tres años, y su familia llevan 26 días en El Tarajal sin baños ni contacto administrativo
- Aproximadamente 7.000 migrantes permanecen en Ceuta, 2.500 de ellos menores
- Médicos del Mundo ha atendido a 650 personas en 10 días, documentando traumatismos, infecciones y violencia doméstica
- El Gobierno abrió dos espacios de acogida temporal con capacidad para 1.800 personas
Familias completas viven en chabolas improvisadas sin baños ni servicios básicos; el pequeño Siraj y su familia llevan 26 días sin contacto de administración alguna. Médicos del Mundo atiende casos de traumatismos, infecciones y problemas psicológicos; se han documentado situaciones de violencia doméstica entre los migrantes conviviendo en las calles.
Cientos de migrantes, incluidos menores, permanecen en condiciones precarias en el polígono de El Tarajal de Ceuta tras la llegada masiva del 30 de julio, sin acceso a servicios básicos ni respuesta administrativa clara.
En la entrada del polígono industrial de El Tarajal, en Ceuta, dos niños caminan de la mano entre naves abandonadas. El menor, de tres años, viste un conjunto de la Patrulla Canina y zapatillas de Spiderman. Se llama Siraj. Su padre los vigila desde la sombra, a cien metros de distancia, mientras los niños se desaparecen detrás de frigoríficos viejos. Cuando regresan, el padre ruega: "No tenemos baños. Pide por ello". Un olor penetrante a orines invade el recinto cuando se cruza la reja de colores que marca la entrada.
Este polígono fue, hasta hace poco, un centro económico bullicioso para la ciudad. Comerciantes y vehículos se movían constantemente, comprando mercancías para revenderlas en Marruecos. La pandemia y el cierre de la frontera por parte del Gobierno marroquí lo convirtieron en un lugar fantasma. Ahora cientos de migrantes malviven allí, en chabolas construidas con palés, neumáticos, cartones y plásticos. La ONG Luna Blanca repartió 850 comidas el domingo pasado. Estos hombres, mujeres y niños llegaron en la gran entrada del 30 de julio y se resisten a regresar a Marruecos. Juegan al fútbol, deambulan por las calles, pasean en bicicletas cuyas ruedas conservan solo las llantas.
La familia de Siraj lleva veintiséis días en el polígono. Su madre, Nihad, de treinta y nueve años, muestra orgullosa un vídeo de redes sociales donde se ve al niño caminando con desparpajo por las calles. Ella y su marido Daidu, de cuarenta y cinco años, vivían en Castillejos, al otro lado de la frontera ceutí, y llegaron nadando. "Los guardias nos ayudaron cuando nos encontraron en el mar", dice el padre, restando importancia al peligro. En Marruecos no tenían casa propia; vivían con la suegra y otros parientes. El trabajo de Nihad como limpiadora y los empleos esporádicos de Daidu no les permitían tener un lugar seguro. "A los niños les decimos que estamos aquí por ellos, por su futuro, y ellos sueñan con estudiar y ser futbolistas", añade ella. Ninguna administración se ha acercado a la familia en estos veintiséis días. "Nadie ha venido a preguntarnos nada", aseguran.
La tienda de campaña donde viven está ordenada con cuidado. La ropa cuelga de ganchos y barandillas. Los niños comen macarrones con tomate que acaba de repartir Luna Blanca. "La cabaña me la compró una mujer que nos vio", explica Nihad. "Y un policía nos trajo este colchón", añade, señalando un inflable colocado en vertical hasta que llegue la noche. Una mujer marroquí que se recoloca constantemente el pañuelo en la cara se queja de que hayan acogido primero a los hombres y tengan aquí a las familias y a los niños. Ella llegó desde Tánger el 29 de julio con su hija de nueve años.
Ceuta, con ochenta y tres mil habitantes, sigue sin digerir la presencia de miles de migrantes llegados hace tres semanas. Dos mujeres con bebés contaban con frustración que habían intentado llevar a sus hijos al parque por la tarde, pero estaba todo ocupado y sucio. Las estimaciones más conservadoras calculan que permanecen allí siete mil migrantes, entre ellos dos mil quinientos menores. El Gobierno abrió la semana pasada dos espacios de acogida temporal con capacidad para mil ochocientas personas que ya están funcionando. Sin embargo, quedan asentamientos al aire libre como el del polígono de El Tarajal, y otros custodiados por organizaciones de vecinos que albergan a mujeres y menores, pendientes de entrar en esos espacios que prometen mejorar algo sus vidas hasta que se decida qué pasará con ellos.
Médicos del Mundo lleva diez días atendiendo a los inmigrantes de El Tarajal entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde. Patricia Martín, portavoz del equipo, explica que las consultas más numerosas son por heridas y traumatismos, infecciones respiratorias y dermatológicas. A nivel psicológico: crisis de ansiedad, estrés postraumático y falta de sueño. Entre las seiscientas cincuenta personas que han visto, han encontrado a quienes arrastran problemas de salud mental severos y mujeres en situación de malos tratos conviviendo con parejas en esas mismas calles. El equipo, formado por nueve integrantes, ha sumado dos médicos y un farmacéutico voluntarios. El domingo por la tarde, varias patrullas de Policía Nacional acudieron a la zona donde Cruz Roja y Médicos del Mundo estaban aparcados y detuvieron a un hombre. Una mujer comenzó a gritar y llorar desconsolada, pidiendo que la llevaran también a ella. "Han llamado a la Policía diciendo que su marido le había pegado", explicaba después una conocida. Los agentes le dijeron que si quería denunciar y ella dijo que no, así que lo dejaron libre.
"Están en emergencia humanitaria y no se ven soluciones a corto plazo, ni visos de tener fin. Tampoco los esfuerzos para que esto acabe", valora Martín. "Hace falta más coordinación y esfuerzos para acogerlos. Esto no es digno", reclama. El Ministerio de Migraciones está acondicionando otras tres instalaciones. Se prevé que una de ellas, ubicada en el Centro Ecuestre, aloje a mujeres y niñas. El Área de Menores de la Ciudad también busca espacios, aunque, según los colectivos vecinales, están teniendo mucha oposición de quienes viven en los alrededores. Ya han echado a funcionar dos naves con capacidad para doscientas personas. Pero mientras tanto, Siraj y su familia siguen esperando en El Tarajal, sin baños, sin respuesta, sin que nadie haya venido a preguntarles nada.
Citações Notáveis
No tenemos baños. Pide por ello— Daidu, padre de Siraj
Están en emergencia humanitaria y no se ven soluciones a corto plazo. Hace falta más coordinación y esfuerzos para acogerlos. Esto no es digno— Patricia Martín, portavoz de Médicos del Mundo