La era dorada de las series terminó: Netflix y plataformas pierden audiencia en segundas temporadas y luchan por fenómenos globales. Grandes fusiones corporativas (Paramount-Warner, Comcast-NBCUniversal) y despidos masivos señalan una industria en contracción económica.
La era dorada de las series termina: una industria herida se replega tras el colapso del streaming
Estamos de vuelta a donde estábamos, solo que con más pantallas y menos dinero
¿Por qué crees que las plataformas abandonaron la ambición creativa tan rápidamente?
Porque descubrieron que no necesitaban ambición para ganar dinero. Un episodio de true crime cuesta una fracción de lo que cuesta una temporada de drama complejo, y atrae a millones. La ambición fue siempre un lujo que solo podían permitirse cuando competían por prestigio.
Pero Netflix fue construida sobre esa ambición. House of Cards fue su apuesta más grande.
Exacto. Pero eso fue cuando querían demostrar que podían competir con HBO. Una vez que ganaron, una vez que se convirtieron en la plataforma dominante, la necesidad desapareció. El dinero ya estaba asegurado.
¿Qué significa que las segundas temporadas pierdan entre un 30 y un 70 por ciento de audiencia?
Significa que la gente no vuelve. En la edad de oro, los espectadores esperaban años por una nueva temporada. Ahora, si la primera no es perfecta, se van. Y las plataformas no tienen paciencia para construir lentamente.
¿Hay algo que salve a la ficción televisiva?
Las miniseries. Historias cerradas en seis u ocho episodios. Pero eso no es televisión en el sentido en que la entendimos. Es cine fragmentado. La serialización compleja, la evolución de personajes durante años, eso murió.
¿Y los creadores? ¿Dónde van ahora?
Muchos se fueron. Otros están atrapados en contratos con plataformas que no quieren financiar sus proyectos ambiciosos. La BBC despide a dos mil personas. Movistar Plus sacó a los directivos que hicieron su ficción grande. No hay lugar para ellos en la era del repliegue.
The Pulse
- La producción de series en EE UU cayó de 600 anuales en 2022 a aproximadamente 300 en 2026
- Netflix pierde entre 30% y 70% de audiencia en segundas temporadas de sus grandes éxitos
- BBC anuncia despidos de hasta 2.000 personas; Paramount negocia compra de Warner
- Los Soprano (1999) marcó el inicio de la edad de oro; Lilyhammer (2012) marcó el inicio del streaming
La era dorada de las series terminó: Netflix y plataformas pierden audiencia en segundas temporadas y luchan por fenómenos globales. Grandes fusiones corporativas (Paramount-Warner, Comcast-NBCUniversal) y despidos masivos señalan una industria en contracción económica.
Tras el auge de producciones como Los Soprano y Breaking Bad, la industria televisiva enfrenta una crisis de creatividad y producción, con plataformas apostando por contenido más barato y menos ambicioso mientras fusiones corporativas reducen inversión.
Hace poco más de una década, cuando Tony Soprano encendía un cigarrillo en su sofá de Nueva Jersey, la televisión experimentaba una transformación que parecía irreversible. Durante años, la ficción televisiva había vivido a la sombra del cine, confinada a historias previsibles, personajes amables y la tiranía de las pausas publicitarias. Pero entonces llegó HBO con una propuesta radical: una serie sobre un mafioso en terapia, con presupuestos cinematográficos, lenguaje sin censura y una complejidad narrativa que exigía atención sostenida. Los Soprano no solo fue un éxito; fue el disparo de salida de lo que todos llamarían la edad de oro de las series.
Durante casi dos décadas, esa época dorada se sostuvo sobre una premisa simple pero revolucionaria: la televisión podía ser arte. Breaking Bad, Juego de tronos, The Wire, Mad Men, Weeds, Big Little Lies. Estas series no solo entretenían; definían conversaciones globales. Los antihéroes complejos reemplazaron a los personajes de cartón. Las tramas evolucionaban durante años, imposibles de seguir saltándose capítulos. Los creadores tenían libertad para experimentar, y los ejecutivos estaban dispuestos a financiar riesgos. HBO, que rechazaba la etiqueta de "televisión" en el sentido tradicional, se convirtió en la meca de la ambición creativa. Otros canales como FX, con producciones como The Shield y Fargo, demostraron que el modelo podía replicarse. Era una industria herida que se había reinventado, y lo había hecho con éxito.
Pero el mundo cambió cuando Silicon Valley decidió que la televisión era un negocio que valía la pena conquistar. Netflix, que comenzó como servicio de alquiler de DVDs, lanzó Lilyhammer en 2012 y después House of Cards, marcando el inicio de una invasión de plataformas de streaming. Lo que siguió fue una explosión de producción sin precedentes. En 2022, Estados Unidos alcanzó un pico de aproximadamente 600 series anuales. El término "peak TV" fue acuñado para describir esta abundancia abrumadora. Netflix, Amazon y Apple abrieron carteras sin fondo, prometiendo contenido ilimitado. Parecía que la edad de oro se extendería indefinidamente.
Hoy, cuatro años después de ese pico, la realidad es radicalmente distinta. La producción ha caído a la mitad. Netflix reporta que sus grandes éxitos pierden entre un 30 por ciento y un 70 por ciento de audiencia en sus segundas temporadas. One Piece, que parecía imbatible, perdió tres de cada diez espectadores. Bronca, directamente, perdió siete de cada diez. Este año, la plataforma ha tenido dificultades para lanzar producciones que cautiven al público global. The Boroughs, El problema de los siete cuerpos, Avatar y El refugio atómico terminaron abruptamente, sin la resonancia esperada. Las únicas series que generan fenómeno global son las inesperadas, y todas tienen fecha de caducidad temprana: El juego del calamar, Adolescencia, Mi reno de peluche. El resto existe en nichos, visto por públicos fragmentados que no generan conversación.
Lo que está sucediendo es una retirada estratégica de la ambición. Las plataformas descubrieron que el true crime y los videopodcasts generan audiencias masivas con presupuestos infinitamente menores. Prime Video ha encontrado su nicho en series de adolescentes rápidas y sin pretensiones, que ofrecen el visionado pasivo de la televisión antigua. Y sí, han vuelto las pausas publicitarias que David Chase rechazó hace treinta años. HBO, que sigue produciendo grandes series, apuesta cada vez más en franquicias: Juego de tronos, superhéroes de DC, Dune, Harry Potter. Apple TV ha heredado algo de su prestigio, pero con un alcance mucho más limitado.
La contracción económica es visible en todas partes. Paramount negocia la compra de Warner para fusionar sus plataformas. Comcast está desgajando el entretenimiento de NBCUniversal, con intención de vender a Netflix o Apple. Lionsgate, la productora de Mad Men y Los juegos del hambre, se vende al mejor postor. En el Reino Unido, la BBC anuncia despidos de hasta dos mil personas. En España, los canales en abierto han prácticamente abandonado la ficción original. Movistar Plus, que fue pionera en series españolas de calidad, ha expulsado a muchos de los directivos que construyeron su reputación, aunque promete estrenar dieciséis series originales al año. El dinero ya no fluye con la misma generosidad. Los deportes, los seudodocumentales y la telerrealidad barata parecen más rentables.
Lo que queda es una industria en repliegue. No hay interés en la complejidad narrativa ni en la serialización alargada. Lo único que parece salvable industrialmente son las miniseries cortas. La era dorada terminó no con un colapso espectacular sino con una retirada silenciosa hacia lo que siempre funcionó: entretenimiento pasivo, barato y sin riesgos. Es como si Mad Men nunca hubiera ocurrido, como dijo Matthew Weiner. Estamos de vuelta a donde estábamos, solo que con más pantallas y menos dinero.
Notable Quotes
Veo la televisión como si Mad Men jamás hubiera ocurrido. Estamos de vuelta a donde estábamos. Salvo que hay más.— Matthew Weiner, creador de Mad Men, citado en 'Pandora's Box' de Peter Biskind
Ya no hay interés en la complicación o en la serialización alargada. Esto es, nada de lo que han hecho siempre a las series, series.— Análisis del estado actual de la industria televisiva