Las casas de porteros reformadas generan entre 1.000 euros mensuales y rentabilidades del 6-8% en distritos como Salamanca, Chamberí y Retiro. Las comunidades descubren estos espacios como activos valiosos para financiar rehabilitaciones de edificios envejecidos sin afectar a los propietarios con derramas.
La casa del portero se convierte en negocio inmobiliario en Madrid
En el Madrid de los precios imposibles, hasta la desaparición de una casa puede anunciarse como un nuevo negocio inmobiliario.
¿Por qué ahora las comunidades ven estas viviendas como un activo cuando durante décadas las consideraron simplemente funcionales?
Porque el valor del suelo y la vivienda en Madrid se ha multiplicado. Lo que era un espacio residual en un edificio antiguo ahora tiene precio de mercado. Las comunidades descubrieron que podían convertir eso en dinero para pagar las obras que necesitan.
¿Qué pasa con los porteros? ¿Desaparecen?
El sindicato dice que no hay reducción significativa, que los que se jubilan son reemplazados. Pero la paradoja es interesante: tener portero revaloriza el edificio, pero vender su casa también genera ingresos. El edificio gana de ambas formas.
¿Cuál es el costo real para los vecinos?
Hay un incremento patrimonial que deben pagar según su cuota de participación. Es un impuesto oculto en la operación. Por eso los profesionales insisten en que debe explicarse antes de cerrar la venta.
¿Quién se beneficia más: los que venden o los que alquilan?
Depende de la urgencia. Si necesitan dinero ahora, venden. Si pueden esperar, alquilar es más atractivo: reciben una renta periódica sin perder la propiedad. En zonas caras como Salamanca, esas rentabilidades llegan al 6 u 8% anual.
¿Esto refleja algo más profundo sobre Madrid?
Sí. Refleja cómo la ciudad ha cambiado. El portero era una figura social indispensable. Ahora es un empleado reemplazable y su casa es un activo financiero. Lo que fue una prestación laboral se convirtió en un negocio inmobiliario.
Der Puls
- Una casa de portero reformada en Retiro genera aproximadamente 1.000 euros mensuales para la comunidad
- En zonas como Salamanca, Chamberí y Retiro, estas viviendas ofrecen rentabilidades del 6% al 8%
- Entre 15.000 y 20.000 empleados de fincas urbanas trabajan en la Comunidad de Madrid
- En Salamanca, los gastos de comunidad pueden reducirse a 78 euros mensuales gracias al alquiler de la antigua vivienda del portero
Las casas de porteros reformadas generan entre 1.000 euros mensuales y rentabilidades del 6-8% en distritos como Salamanca, Chamberí y Retiro. Las comunidades descubren estos espacios como activos valiosos para financiar rehabilitaciones de edificios envejecidos sin afectar a los propietarios con derramas.
Las comunidades de vecinos de Madrid monetizan las antiguas viviendas de porteros mediante venta o alquiler, generando ingresos para obras y reduciendo cuotas comunitarias en un fenómeno cada vez más visible.
En Madrid, la vivienda del portero ha dejado de ser un espacio funcional para convertirse en una fuente de ingresos. Basta una búsqueda rápida en cualquier portal inmobiliario para verlo: en un edificio de la calle del Doctor Castelo, en Retiro, se anuncia que la antigua casa del portero, ya reformada, genera aproximadamente mil euros mensuales para la comunidad. En otro inmueble de Ciudad Jardín, los compradores adquieren junto con su piso una participación del 3,32% en la antigua vivienda del portero, que la comunidad está acondicionando para alquilar. Son apenas dos ejemplos de un fenómeno cada vez más extendido en la capital.
Durante décadas, estas viviendas alojaron a quienes abrían puertas, recogían paquetes, limpiaban escaleras y conocían la vida completa del edificio. Ahora generan ingresos, reducen las cuotas comunitarias o financian rehabilitaciones. Cuando el portero se jubila y se instala un sistema automático, su antigua casa comienza a producir dinero. Profesionales como Juan Pedro Caro, consejero delegado de Templo Consulting, ofrecen directamente la gestión de la venta de estas viviendas por 2.950 euros más IVA. El cambio de mentalidad es claro: las comunidades han dejado de verlas como espacios residuales y comenzaron a contemplarlas como bienes con valor propio.
La operación tiene consecuencias fiscales. Cuando se realiza una desafectación y venta, se produce un incremento patrimonial que cada propietario debe pagar según su cuota de participación. Caro insiste en que esta factura debe explicarse antes de cerrar la operación. "Las comunidades se están dando cuenta de que tienen un activo", resume. A partir de ahí, llega el debate: conservarlo y alquilarlo o ponerlo a la venta. En los casos que gestiona su empresa, la venta suele estar relacionada con la necesidad de pagar obras en edificios envejecidos. El mantenimiento resulta elevado porque hay que hacer el Informe de Evaluación de Edificios, revisar cubiertas, fachadas, saneamiento e incorporar medidas de eficiencia energética y accesibilidad. La antigua casa del portero acaba pagando el ascensor, la fachada o las goteras, evitando en muchos casos que los propietarios afronten una derrama.
La desaparición de estas viviendas está provocando cambios en el oficio. El Sindicato Profesional de Conserjes, Porteros y Personal de Fincas Urbanas calcula que en la Comunidad de Madrid trabajan entre 15.000 y 20.000 empleados de fincas urbanas, aunque reconoce que no existe un censo oficial. Un portavoz del sindicato señala que no encuentran una reducción significativa del número de porteros, ya que quienes se jubilan son reemplazados por nuevos compañeros. También defienden que su presencia continúa siendo un valor añadido porque aumenta la calidad de vida de los habitantes y revaloriza las viviendas. En los anuncios de portales inmobiliarios se pondera que el edificio tenga portero físico, añadiendo un plus de calidad y valor al inmueble.
La paradoja está servida: tener portero revaloriza los pisos, pero vender o alquilar su antigua vivienda también. El edificio gana con su presencia y, llegado el momento, con el espacio que deja libre. Para Emiliano Bermúdez, subdirector general de Donpiso, la evolución del mercado residencial ha cambiado por completo el papel de estos inmuebles. "La finca que tiene una vivienda de portero tiene un pequeño tesoro", afirma. La revalorización de la vivienda durante las últimas décadas ha convertido esos espacios en una fuente de ingresos o en una reserva de valor. Si la comunidad necesita liquidez para afrontar una obra importante, puede venderlos. Si no tiene urgencias, alquilarlos suele resultar más atractivo: recibe una renta periódica sin desprenderse de la propiedad.
En zonas como Salamanca, Chamberí o Retiro estas viviendas pueden ofrecer rentabilidades de entre el 6% y el 8%. Más allá del porcentaje, constituyen una fuente de ingresos segura en un mercado del alquiler marcado por demanda elevada. Lo que antes se consideraba una buhardilla pequeña o una casa de servicio es ahora, en determinados distritos, un inmueble atractivo por el que se hacen cuentas con calculadora. La transformación refleja los cambios experimentados por Madrid. Muchas de estas viviendas ocupan áticos, buhardillas o espacios residuales de edificios construidos cuando el portero era una figura indispensable para la vida comunitaria. No se limitaba a vigilar la entrada: conocía a los vecinos, recibía a los técnicos, resolvía averías y sabía quién entraba, quién salía y quién llevaba meses sin pagar la comunidad.
Los propios anuncios inmobiliarios lo cuentan sin complejos. En uno de Arganzuela se destaca que la comunidad es propietaria de un piso, antigua vivienda del portero, actualmente alquilado, lo que reduce los gastos comunitarios. En otro inmueble del distrito de Salamanca se presume que los gastos de comunidad son de tan solo 78 euros al mes gracias al alquiler de la antigua vivienda del portero. En el Madrid de los precios imposibles, hasta la desaparición de una casa puede anunciarse como un nuevo negocio inmobiliario.
Bemerkenswerte Zitate
Las comunidades se están dando cuenta de que tienen un activo— Juan Pedro Caro, consejero delegado de Templo Consulting
La finca que tiene una vivienda de portero tiene un pequeño tesoro— Emiliano Bermúdez, subdirector general de Donpiso