En la Plaza de la Constitución, el presidente Kast convirtió una entrega de vehículos policiales en un llamado de urgencia a su propia coalición: sin voluntad política, ningún recurso material tiene sentido. Su reforma constitucional de seguridad —diseñada para enfrentar el crimen organizado y el terrorismo— enfrenta una fractura interna que revela cuán difícil es gobernar cuando los aliados más cercanos cuestionan no solo los métodos, sino la dirección misma del proyecto. El Senado, donde el gobierno aún no tiene los votos necesarios, se convierte en el espejo de una coalición que busca su pr
Kast intensifica presión por agenda de seguridad y exige respaldo político ante resistencia oficialista
Sin respaldo político, los recursos no sirven de nada
¿Por qué Kast decidió cambiar su tono justo en este momento, en una ceremonia sobre vehículos para la PDI?
Porque la reforma estaba perdiendo apoyo incluso dentro de su propia coalición. Necesitaba recordarle a sus aliados que sin voluntad política, ningún recurso de seguridad funciona. Era un mensaje cifrado: o me respaldan, o fracasamos todos.
¿Qué significa exactamente que el gobierno "no tiene los votos" en el Senado?
Significa que aunque Kast controla la coalición de gobierno, hay suficientes senadores de su propio bando que están en desacuerdo con la reforma como para bloquearla. No necesita a la oposición para perder; sus propios aliados pueden hundirla.
Bellolio propone retirar la reforma e ingresarla de nuevo. ¿Eso es una salida viable o es solo una forma de decir que no?
Es ambiguo. Podría ser una salida honesta si el gobierno realmente recoge las críticas y presenta algo mejor. Pero también podría ser una forma elegante de decir que el proyecto, tal como está, no tiene futuro.
¿Por qué algunos en la coalición defienden continuar con indicaciones sustitutivas en lugar de retirar?
Porque creen que retirar sería admitir derrota y debilitaría la autoridad del presidente. Además, temen que si se retira, la reforma nunca vuelva. Es un cálculo político sobre qué es peor: una reforma imperfecta o ninguna reforma.
¿Cuál es la verdadera preocupación de Kast aquí?
Que su agenda de seguridad, que es central para su gobierno, se desmorona no por la oposición sino por su propia coalición. Si no puede mantener unida a la derecha en algo que supuestamente es prioritario, su capacidad de gobernar se ve comprometida.
¿Qué pasa si la reforma se retira?
El gobierno tendría que buscar otras vías para avanzar en seguridad, probablemente con proyectos de ley más acotados que no requieran reforma constitucional. Pero políticamente, sería un golpe importante para Kast.
O Pulso
- Kast utilizó una ceremonia de equipamiento policial para lanzar una advertencia directa a su coalición: sin respaldo legislativo, los recursos son inútiles.
- Figuras clave del oficialismo —incluyendo el alcalde Bellolio y la presidenta del Senado, Paulina Núñez— piden retirar la reforma constitucional antes de que fracase en votación.
- Otros aliados, como el diputado Cretton y la diputada Santelices, rechazan el retiro y advierten que sería una derrota política que Chile no puede permitirse ante la crisis de seguridad.
- El gobierno admite no tener los votos en el Senado y mantiene rondas de negociación con legisladores críticos, incluidos independientes y el Partido Nacional Libertario.
- La coalición oficialista se debate entre continuar con indicaciones sustitutivas o retirar el proyecto y comenzar desde cero, sin que ninguna opción garantice unidad.
En la Plaza de la Constitución, el presidente Kast convirtió una entrega de vehículos policiales en un llamado de urgencia a su propia coalición: sin voluntad política, ningún recurso material tiene sentido. Su reforma constitucional de seguridad —diseñada para enfrentar el crimen organizado y el terrorismo— enfrenta una fractura interna que revela cuán difícil es gobernar cuando los aliados más cercanos cuestionan no solo los métodos, sino la dirección misma del proyecto. El Senado, donde el gobierno aún no tiene los votos necesarios, se convierte en el espejo de una coalición que busca su propio equilibrio entre ambición reformista y prudencia política.
El martes, el presidente Kast llegó a la Plaza de la Constitución para entregar veintiséis vehículos nuevos a la PDI. Pero el acto fue, en realidad, un mensaje político: flanqueado por los ministros Alvarado y Arrau, Kast preguntó retóricamente qué sentido tienen los recursos si no existe voluntad legislativa para respaldarlos. Era una señal de que el gobierno estaba subiendo la apuesta en torno a su reforma constitucional de seguridad, que incluye cambios al estado de excepción y nuevas herramientas contra el crimen organizado y el terrorismo.
La presión interna en el oficialismo era ya inocultable. El alcalde Bellolio, de la UDI, propuso retirar el proyecto del Congreso e ingresarlo de nuevo. La senadora Núñez, presidenta del Senado, advirtió que la reforma no contaría ni siquiera con los votos de la propia coalición. El diputado Olavarría fue más directo aún: prefería retirarlo y empujar la agenda con proyectos nuevos. El senador independiente Walker, reunido ese mismo día con el ministro Arrau, calificó la reforma de ineficaz y contraria a los principios del derecho constitucional moderno.
Sin embargo, no todos compartían esa postura. El diputado Cretton argumentó que bastaba con una indicación sustitutiva para recoger las inquietudes, y que pedir el retiro equivalía a inhibir el debate parlamentario. La diputada Santelices fue más enfática: retirar la reforma para reingresarla era un lujo de tiempo que los chilenos atrapados por la delincuencia no podían darse. El senador Longton sumó que retirarse por diferencias de contenido enviaría una mala señal, cuando lo que corresponde es legislar y hacer los ajustes necesarios.
La fractura revelaba una tensión de fondo: algunos en la derecha veían la reforma como demasiado ambiciosa; otros temían que retirarla fuera una derrota política en un tema que las encuestas sitúan como prioridad ciudadana. En La Moneda reconocían que la estrategia de presionar a los legisladores mediante el respaldo ciudadano se había diluido ante la división interna. El Ejecutivo continuaba negociando, pero Kast enfrentaba el desafío de mantener unida una coalición que ya no hablaba con una sola voz sobre cómo avanzar.
El presidente José Antonio Kast se presentó el martes en la Plaza de la Constitución para entregar veintiséis vehículos nuevos a la Policía de Investigaciones, pero el acto fue menos sobre equipamiento que sobre presión política. Con los ministros Claudio Alvarado y Martín Arrau a su lado, Kast utilizó la ceremonia para enviar un mensaje claro a su propia coalición: sin respaldo legislativo y voluntad política, ningún recurso importa. "¿De qué sirven los vehículos si no hay respaldo legal, si no hay respaldo político, si no hay actitud, si no hay voluntad de respaldarlo? No sirven de nada", preguntó retóricamente.
El discurso marcaba un cambio de tono. Hasta el lunes, Kast había mantenido una postura más defensiva respecto a su reforma constitucional de seguridad, abierto a modificaciones pero sin presionar directamente sobre la falta de apoyo político. Ahora, con su agenda de seguridad enfrentando resistencia creciente incluso dentro de su propia alianza de gobierno, el presidente estaba subiendo la apuesta. La reforma, que incluye cambios al estado de excepción y nuevas herramientas contra el crimen organizado y el terrorismo, seguía sin convencer a sectores importantes de la derecha, y en el Senado el gobierno admitía no tener los votos necesarios para aprobarla.
La presión interna en el oficialismo era evidente. El alcalde de Providencia, Jaime Bellolio, de la UDI, había declarado minutos antes que la reforma "se pasó mucho más allá de lo razonable" y propuso algo radical: retirar el proyecto del Congreso e ingresarlo de nuevo. La senadora Paulina Núñez, presidenta del Senado y de Renovación Nacional, ya había advertido que la reforma "no contará ni siquiera con los votos del oficialismo". El diputado UDI Mario Olavarría fue más directo: "Soy partidario de retirarlo y empujar la agenda de seguridad con nuevos proyectos". Incluso el senador independiente Matías Walker, en una reunión con el ministro Arrau ese mismo martes, reiteró su desacuerdo, calificando la reforma de ineficaz y contraria a los principios del derecho constitucional moderno.
Pero no todos en la coalición estaban de acuerdo en retroceder. El diputado Eduardo Cretton, vicepresidente de la UDI, respondió que no era necesario retirar el proyecto: bastaba con una indicación sustitutiva que recogiera las inquietudes planteadas. "Pedir retirar un proyecto es querer inhibir el debate parlamentario", argumentó. La diputada Macarena Santelices, del Partido Republicano, fue más contundente: retirar la reforma para ingresarla de nuevo era "un lujo de tiempo que los chilenos atrapados por la delincuencia no se pueden dar". El senador Andrés Longton, de Renovación Nacional, agregó que retirarse por diferencias de contenido sería "una mala señal", cuando lo que corresponde es que los legisladores ejerzan su función de legislar y hacer los cambios necesarios.
La división reflejaba una tensión más profunda: mientras algunos en la derecha veían la reforma como demasiado ambiciosa y constitucional, otros temían que retirarla fuera una derrota política que debilitaría la capacidad del gobierno para responder a lo que las encuestas mostraban como una de las principales preocupaciones ciudadanas: la seguridad. En La Moneda reconocían que la estrategia inicial había apostado al respaldo ciudadano para presionar a los legisladores, pero esa presión se había diluido tras la división interna.
Mientras tanto, el Ejecutivo continuaba con su ronda de negociaciones. El ministro Arrau se reunió con Walker y también, de forma telemática, con diputados del Partido Nacional Libertario, que también había expresado reparos sobre el estado de excepción. El gobierno insistía en que no se trataba de un cambio de estrategia sino de reforzar la necesidad de que la agenda avanzara. Pero la realidad era que Kast estaba en una posición incómoda: presionando a su propia coalición para que lo respaldara, mientras esta se dividía entre quienes querían continuar con modificaciones y quienes preferían retirarse y empezar de nuevo. Los próximos movimientos en el Senado determinarían si el presidente lograba mantener unida su alianza o si la reforma terminaba siendo retirada, como varios de sus propios aliados estaban pidiendo.
Citações Notáveis
Si no hay respaldo legal, si no hay respaldo político, si no hay actitud, si no hay voluntad de respaldarlo, ¿de qué sirven los vehículos? No sirven de nada— Presidente José Antonio Kast
Se pasaron mucho más allá de lo razonable. A estas alturas es mejor ponerse rojo una vez, sacarla e ingresarla de nuevo— Alcalde Jaime Bellolio (UDI)