Hipertensión crece en Colombia: obesidad, diabetes y sedentarismo impulsan el aumento

Millones de personas en Colombia viven con hipertensión sin saberlo, aumentando riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedad renal que pueden resultar en muerte prematura.
El organismo intenta adaptarse mientras ya se están produciendo daños internos
La doctora Restrepo explica por qué la hipertensión avanza sin síntomas y por qué los chequeos periódicos son esenciales.
Mark

¿Por qué la hipertensión es tan difícil de detectar si afecta a millones de personas?

Mimi

Porque no duele. No hay síntomas que te obliguen a ir al médico. Tu cuerpo se adapta a la presión alta mientras el daño ocurre en silencio, en los órganos que no ves.

Mark

Entonces, ¿cuál es el vínculo real entre la obesidad, la diabetes y la presión alta? ¿Son causas o consecuencias?

Mimi

Son ambas. Comparten mecanismos inflamatorios y hormonales. Una enfermedad facilita la otra. Un obeso tiene más riesgo de hipertensión, pero un hipertenso también tiene más riesgo de diabetes. Se potencian mutuamente.

Mark

¿Por qué está creciendo en gente joven si históricamente era un problema de adultos mayores?

Mimi

Porque los factores que la impulsan —sedentarismo, comida ultraprocesada, falta de sueño— son ahora más comunes en jóvenes. La vida moderna ha acelerado el problema.

Mark

Si alguien ya está tomando medicinas y su presión se normaliza, ¿por qué no puede dejar de tomarlas?

Mimi

Porque la enfermedad no desaparece. El medicamento controla la presión, pero si lo dejas, vuelve. Es como un dique: mientras lo mantengas, el agua no entra. Si lo quitas, regresa el daño.

Mark

¿Hay esperanza en lo que está pasando en Colombia con el colesterol?

Mimi

Sí. El país ha superado la meta de control del colesterol LDL en hipertensos. Significa que algo está funcionando en el sistema, que hay capacidad de mejorar si se mantiene el enfoque.

Mark

¿Entonces qué debería hacer alguien que nunca se ha tomado la presión?

Mimi

Tomársela ahora. No esperar síntomas. La prevención es chequeos periódicos, no esperar a que el cuerpo grite.

  • Colombia supera los 6 millones de casos de hipertensión y sumó más de 214.000 nuevos diagnósticos solo en 2024, una cifra que no detiene su ascenso.
  • El verdadero peligro está en los invisibles: cientos de miles de colombianos desconocen su condición mientras sus órganos vitales se deterioran sin dar señales de alarma.
  • La enfermedad ya no respeta edades; el sedentarismo, los ultraprocesados, el tabaquismo y los trastornos del sueño están empujando la hipertensión hacia adultos jóvenes.
  • Un mito extendido agrava el problema: muchos pacientes suspenden sus medicamentos al sentirse bien, ignorando que la hipertensión exige tratamiento crónico e ininterrumpido.
  • Frente al avance silencioso, los especialistas insisten en una respuesta concreta: tomarse la presión con regularidad, cambiar hábitos y no esperar síntomas para consultar al médico.

En Colombia, más de seis millones de personas viven con hipertensión arterial, muchas de ellas sin saberlo, mientras el corazón, los riñones y el cerebro acumulan daño en silencio. La enfermedad —entrelazada con la obesidad, la diabetes y el sedentarismo— ha dejado de ser exclusiva de la vejez y avanza hacia poblaciones cada vez más jóvenes. Los especialistas advierten que su peligro no reside solo en su prevalencia, sino en la ilusión de salud que ofrece: sin síntomas visibles, millones postergan el momento de actuar hasta que el daño ya es irreversible.

En Colombia, millones de personas despiertan cada día sin saber que su presión arterial está elevada. No sienten nada. Y mientras viven con normalidad, el corazón, los riñones y el cerebro acumulan daño silencioso. Según datos de la Cuenta de Alto Costo con corte a diciembre de 2024, el país ya registra 6.077.364 casos de hipertensión arterial, con 214.659 nuevos diagnósticos en el último año.

La doctora Katherine Restrepo, endocrinóloga y expresidenta de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo, señala que el verdadero desafío no es solo la cantidad de casos, sino cuántos permanecen ocultos. A nivel mundial, la OMS estima que cerca de 600 millones de adultos desconocen su condición, y que apenas 320 millones de los diagnosticados logran mantenerla controlada.

Lo que agrava el panorama es la red de enfermedades que rodea a la hipertensión. Obesidad, diabetes y trastornos metabólicos se potencian mutuamente en lo que los especialistas llaman el patrón cardiometabólico: una persona con obesidad tiene alta probabilidad de desarrollar presión elevada, y alguien hipertenso puede tener entre dos y tres veces más riesgo de desarrollar diabetes. Juntas, estas condiciones multiplican el peligro de infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedad renal.

Lo que más preocupa a la comunidad médica es que estos problemas están alcanzando a personas jóvenes. El sedentarismo, las dietas ricas en sodio y ultraprocesados, el tabaquismo y los trastornos del sueño figuran entre los principales detonantes. La hipertensión ganó el apodo de 'asesino silencioso' porque puede avanzar durante años sin síntomas evidentes; en la mayoría de los casos, solo se detecta cuando ya hay daño en órganos vitales.

Otro riesgo es el abandono del tratamiento: muchos pacientes suspenden los medicamentos al sentirse bien, ignorando que la hipertensión es una enfermedad crónica que requiere manejo sostenido. En medio de este escenario, Colombia muestra un avance alentador en el control del colesterol LDL en pacientes hipertensos, superando la meta del 50 por ciento. Pero la prevención sigue dependiendo de lo más simple y lo más postergado: tomarse la presión con regularidad y actuar antes de que el silencio se convierta en daño irreparable.

En Colombia, millones de personas despiertan cada día sin saber que tienen presión arterial elevada. No sienten nada. No hay alarma interna que les advierta. Y mientras viven sus vidas normales, sus órganos —el corazón, los riñones, el cerebro— sufren daño silencioso.

Esta es la realidad que preocupa a los especialistas en enfermedades cardiometabólicas del país. Según datos de la Cuenta de Alto Costo con corte al 31 de diciembre de 2024, Colombia ya registra 6.077.364 casos de hipertensión arterial. Solo en el último año, 214.659 personas recibieron el diagnóstico. La enfermedad sigue siendo una de las principales causas de muerte prematura en el mundo, y en el país el problema crece sin pausa.

La doctora Katherine Restrepo, endocrinóloga y expresidenta de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo, señala que el verdadero desafío no es solo el número de casos, sino cuántos permanecen ocultos. "Muchas personas no saben que son hipertensas y por eso no reciben tratamiento. La única manera de diagnosticar la hipertensión es tomándose la presión arterial", explica. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que cerca de 1.400 millones de adultos entre 30 y 79 años viven con hipertensión, pero alrededor de 600 millones desconocen su condición. Incluso entre quienes sí han sido diagnosticados —unos 630 millones— apenas 320 millones logran mantenerla controlada.

Lo que hace más urgente el problema es su conexión con otras enfermedades crónicas. La hipertensión no actúa sola. Está tejida con la obesidad, la diabetes y los trastornos metabólicos en un patrón que los especialistas llaman cardiometabólico. Una persona con obesidad tiene alta probabilidad de desarrollar presión arterial elevada. Un diabético enfrenta riesgo elevado. Y alguien con hipertensión puede tener entre dos y tres veces más probabilidades de desarrollar diabetes. Estas enfermedades se potencian mutuamente, multiplicando el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedad renal.

Lo que alarma aún más a la comunidad médica es que estos problemas están llegando a personas jóvenes. El sedentarismo, las dietas cargadas de sodio y alimentos ultraprocesados, el tabaquismo, el sobrepeso y los trastornos del sueño son los principales detonantes. Los especialistas han comenzado a prestar mayor atención a las horas de descanso: dormir pocas horas o alterar constantemente los horarios incrementa el riesgo de hipertensión, un factor que ha ganado relevancia en la comprensión de las enfermedades cardiovasculares.

La hipertensión ganó su apodo de "asesino silencioso" precisamente porque puede avanzar durante años sin producir síntomas evidentes. Muchas personas creen erróneamente que el dolor de cabeza es señal de presión alta, pero los especialistas aclaran que esto no siempre ocurre. En la mayoría de los casos, la enfermedad solo se detecta cuando ya hay daño en órganos vitales. "El organismo intenta adaptarse a cifras elevadas de presión arterial y mientras lo hace ya se están produciendo daños internos. Por eso no hay que esperar síntomas para consultar", advierte la doctora Restrepo.

Otro mito peligroso es la idea de que se puede dejar de tomar medicamentos una vez que la presión se estabiliza. Los endocrinólogos son claros: la hipertensión es una enfermedad crónica que requiere manejo a largo plazo. Los cambios en el estilo de vida son fundamentales, pero en muchos pacientes el tratamiento farmacológico debe mantenerse para evitar complicaciones. En medio de este panorama, hay un rayo de luz: Colombia ha mostrado avances en el control del colesterol LDL en pacientes hipertensos, superando la meta del 50 por ciento, un aspecto clave para reducir el riesgo cardiovascular.

La prevención, insisten los especialistas, depende de chequeos periódicos y de la toma rutinaria de la presión arterial. Una alimentación equilibrada, reducir el consumo de sal, actividad física regular, control del peso corporal, evitar el cigarrillo y asistir a controles médicos son las herramientas principales. Pero requieren algo que la enfermedad misma niega: la urgencia de actuar antes de que sea demasiado tarde.

Muchas personas no saben que son hipertensas y por eso no reciben tratamiento. La única manera de diagnosticar la hipertensión es tomándose la presión arterial.
— Doctora Katherine Restrepo, endocrinóloga
La hipertensión es una enfermedad crónica que requiere manejo a largo plazo. Los cambios en el estilo de vida son fundamentales, pero en muchos pacientes también es indispensable mantener el tratamiento farmacológico.
— Doctora Katherine Restrepo
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