Guillermo Barros Schelotto en cuarentena por positivo de su hermano Gustavo

Gustavo Barros Schelotto dio positivo a COVID-19 pero mantiene buen estado de salud en reposo domiciliario.
El técnico argentino dio negativo tras cuarentena domiciliaria
Guillermo Barros Schelotto pudo regresar a sus labores con Paraguay tras superar el aislamiento preventivo.
Mark

¿Por qué el positivo de Gustavo afectó tanto a Guillermo si eran solo hermanos trabajando juntos?

Mimi

Porque en una delegación de fútbol, el cuerpo técnico vive en proximidad constante. Comparten espacios, viajes, reuniones. El contacto no es casual; es laboral e intenso. Cuando uno da positivo, los que lo rodean quedan expuestos.

Mark

¿Qué tan grave era que Guillermo entrara en cuarentena justo antes de esos partidos contra Uruguay y Brasil?

Mimi

Crítico. Esos no eran partidos cualquiera. Eran eliminatorias mundialistas en la recta final. Un técnico ausente o incapacitado en esas fechas puede significar la diferencia entre clasificar o quedarse fuera.

Mark

Pero Guillermo dio negativo rápidamente. ¿Eso fue suerte o simplemente no había estado tan expuesto?

Mimi

Probablemente ambas cosas. Tal vez el contacto no fue prolongado, o tal vez su exposición fue menor. Pero también está el factor tiempo: las pruebas tienen ventanas de detección. Pudo haber estado en incubación.

Mark

¿Y Gustavo? ¿Qué pasó con él después?

Mimi

La APF dijo que estaba en buen estado de salud, descansando en casa. Pero un asistente técnico positivo es un asistente técnico fuera de circulación. No podía estar en los entrenamientos, en los partidos, en las decisiones tácticas en tiempo real.

Mark

¿Esto era común en esa época, o fue algo excepcional?

Mimi

Era común. Diciembre de 2021 fue cuando la variante ómicron comenzaba a circular. Otros seleccionadores también estaban dando positivo. Diego Alonso en Uruguay fue otro caso la misma semana. El virus no respetaba calendarios ni compromisos deportivos.

  • El COVID-19 irrumpió en el cuerpo técnico de Paraguay justo cuando la selección afinaba su preparación para las eliminatorias rumbo a Qatar 2022.
  • Gustavo Barros Schelotto, asistente y hermano del entrenador, dio positivo, obligando a Guillermo a un aislamiento preventivo inmediato en Buenos Aires.
  • La incertidumbre se extendió más allá de Paraguay: el nuevo seleccionador de Uruguay, Diego Alonso, también resultó positivo, postergando su presentación oficial en Montevideo.
  • Tras cumplir la cuarentena, Guillermo dio negativo, despejando el camino para que la Albirroja retome su planificación sin perder a su conductor.
  • El tiempo apremia: Paraguay enfrenta partidos decisivos contra Uruguay el 27 de enero y contra Brasil el 1 de febrero, encuentros que podrían definir su clasificación al Mundial.

En los márgenes de una eliminatoria mundialista que no admite demoras, el coronavirus recordó que ningún proyecto deportivo escapa a las contingencias de la condición humana. Guillermo Barros Schelotto, entrenador de la selección paraguaya, debió interrumpir su preparación para guardar cuarentena preventiva tras el contagio de su hermano y asistente Gustavo, ambos en Buenos Aires a finales de diciembre. La buena noticia llegó pronto: Guillermo dio negativo y pudo retomar su labor, mientras el fútbol sudamericano enfrentaba, una vez más, la fragilidad que el virus impone sobre los planes más cuidadosamente trazados.

A mediados de diciembre, mientras Paraguay ultimaba detalles para los tramos finales de las eliminatorias sudamericanas, el coronavirus encontró un hueco en el cuerpo técnico de la Albirroja. Gustavo Barros Schelotto, asistente del equipo y hermano del entrenador, dio positivo en las pruebas realizadas a la delegación. Guillermo Barros Schelotto, quien conduce a Paraguay desde hace algunos meses, entró de inmediato en cuarentena preventiva desde su domicilio en Buenos Aires. La Asociación Paraguaya de Fútbol informó que Gustavo se mantenía en buen estado de salud y guardaba reposo en casa.

Los días de aislamiento transcurrieron sin mayores sobresaltos para el entrenador argentino. Las nuevas pruebas confirmaron que Guillermo no había contraído el virus, y la APF anunció públicamente su regreso a la actividad. La noticia llegó en un momento en que la región también lidiaba con el contagio de Diego Alonso, flamante seleccionador de Uruguay, cuya presentación oficial en Montevideo debió postergarse por el mismo motivo.

Con el técnico nuevamente disponible y su hermano en recuperación, Paraguay puede volver a concentrarse en lo deportivo. Los desafíos son inmediatos y exigentes: el 27 de enero recibirá a Uruguay en La Nueva Olla y apenas cinco días después visitará a Brasil. Esos partidos, junto a los que vendrán en marzo, serán determinantes para saber si la Albirroja alcanza su boleto a Qatar 2022.

A mediados de diciembre, mientras Paraguay se preparaba para los últimos encuentros de las eliminatorias sudamericanas rumbo a Qatar 2022, el coronavirus llegó al cuerpo técnico de la selección. Gustavo Barros Schelotto, asistente del equipo nacional, dio positivo en las pruebas de COVID-19 realizadas a la delegación. Su hermano, Guillermo Barros Schelotto, quien dirige a la Albirroja desde hace algunos meses, entró inmediatamente en cuarentena domiciliaria como medida preventiva.

Ambos hermanos se encontraban en Buenos Aires cuando se confirmó el diagnóstico. La Asociación Paraguaya de Fútbol informó rápidamente a la prensa sobre la situación. Gustavo, quien además de ser asistente técnico es hermano del entrenador, se mantenía en buen estado de salud y guardaba reposo en su domicilio porteño. Guillermo, por su parte, cumplía con el aislamiento preventivo tras haber estado en contacto cercano con su hermano.

Los días pasaron y las noticias fueron alentadoras desde el lado del técnico argentino. Tras permanecer en cuarentena domiciliaria, Guillermo Barros Schelotto dio negativo en las nuevas pruebas de COVID-19. La APF confirmó públicamente que el entrenador había superado el período de aislamiento sin haber contraído el virus, lo que le permitiría continuar con sus labores al frente de la selección.

Pero los problemas de salud no se limitaban a Paraguay. En Uruguay, el nuevo seleccionador Diego Alonso también resultó positivo para COVID-19, lo que obligó a postergar su presentación oficial que estaba programada para ese jueves en Montevideo. La región enfrentaba un momento delicado en cuanto a la disponibilidad de sus técnicos justo cuando más se necesitaba estabilidad.

La situación cobraba mayor urgencia porque Paraguay tenía compromisos críticos por delante. El 27 de enero recibiría a Uruguay en La Nueva Olla, un cambio de escenario importante ya que la selección guaraní abandonaría temporalmente su sede habitual en el estadio Defensores del Chaco. Apenas cinco días después, el 1 de febrero, viajaría a Brasil para enfrentar a la Canarinha. Estos encuentros entre enero y marzo serían decisivos para definir la clasificación a la Copa del Mundo. Con Guillermo Barros Schelotto nuevamente disponible y su hermano recuperándose en casa, Paraguay podría enfocarse en lo deportivo mientras el fútbol sudamericano navegaba las incertidumbres que el virus seguía generando.

Gustavo Barros Schelotto cuenta con buen estado de salud y guarda reposo en su domicilio
— Asociación Paraguaya de Fútbol
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