El fenómeno consiste en batallas presenciales donde adolescentes compiten con poses, gestos y referencias de memes para acumular 'aura' o carisma, alejándose paradójicamente de las pantallas. Adultos critican la tendencia como decadencia moral, pero expertos señalan que cada generación crea códigos propios incomprendidos por mayores, similar a cómo fue juzgada la cultura ballroom.
Farmear aura: el fenómeno viral que saca a la Gen Z de las pantallas y confunde a mayores
El aura se lleva a todos lados y no se deja de obtener
¿Por qué crees que esto molesta tanto a la gente mayor si, como dices, es solo competencia y juego?
Porque no entienden el lenguaje. Cuando ves a alguien hacer un gesto que no reconoces, tu primer instinto es pensar que es absurdo. Pero ese gesto tiene significado dentro de su comunidad.
¿Entonces es como un código secreto?
Exactamente. Pero no es secreto por ser exclusivo. Es secreto porque es de ellos. Cada generación necesita eso: algo que sea suyo, que los adultos no entiendan, que los diferencie.
Me sorprende que esto los saque de internet. ¿No es irónico que algo nacido en TikTok termine en la calle?
No es irónico, es circular. Nace en redes, se imita en casa, se practica en la calle, se graba, se sube, genera nuevas versiones. La pantalla no desaparece, pero tampoco es el único lugar donde vive.
¿Y qué pasa con la vergüenza? Parece que están eliminándola.
No la eliminan. La desactivan. Aprenden que exponerse no es peligroso, que el ridículo no mata. Eso es liberador para una generación que creció con la idea de que todo lo que haces será juzgado por miles de personas.
¿Crees que esto durará o es solo una moda más?
Probablemente sea una moda. Pero mientras exista, está haciendo algo importante: devolviendo los espacios públicos a los jóvenes, creando comunidad, permitiendo que se relacionen sin pantallas de por medio. Eso no es poco.
O Pulso
- Batallas presenciales en plazas de A Coruña, La Laguna y Barcelona donde adolescentes compiten con poses y gestos virales
- Farmear aura combina la jerga gamer (acumular recursos) con el concepto de carisma y presencia social
- El fenómeno tiene raíces en la cultura ballroom de los años ochenta, nacida en comunidades LGBTIQA+ negras y latinas
- Paradójicamente, una tendencia nacida en internet está sacando a jóvenes de las pantallas hacia encuentros presenciales
El fenómeno consiste en batallas presenciales donde adolescentes compiten con poses, gestos y referencias de memes para acumular 'aura' o carisma, alejándose paradójicamente de las pantallas. Adultos critican la tendencia como decadencia moral, pero expertos señalan que cada generación crea códigos propios incomprendidos por mayores, similar a cómo fue juzgada la cultura ballroom.
Jóvenes de la generación Z se reúnen en espacios públicos para competir con gestos y poses virales en lo que denominan 'farmear aura', un fenómeno que mezcla cultura digital con encuentros presenciales y genera debate generacional.
Hace poco, si usted no pertenece a la generación Z, es probable que haya visto un vídeo desconcertante: adolescentes reunidos en una plaza o una calle, moviéndose con gestos exagerados, haciendo poses que parecen sacadas de memes, mirándose con intensidad teatral. Están compitiendo. El nombre de esto es farmear aura, y aunque suene a jerga de videojuegos —porque lo es, en parte—, lo que está sucediendo es completamente físico, completamente real, y está sacando a una generación entera de sus pantallas.
El término tiene dos capas. Farmear viene del universo gamer: repetir acciones para acumular puntos, recursos, experiencia. Aura es el carisma, el estilo, esa cualidad intangible que genera admiración. Juntos, describen lo que está pasando en ciudades como A Coruña, La Laguna y Barcelona: encuentros presenciales donde jóvenes se reúnen para competir con poses, piruetas y gestos basados en el repertorio viral de internet. El objetivo es ser ingenioso, lograr referencias reconocibles, sorprender al contrincante. Rosalía y Loli Bahía lo vieron en México hace poco y fueron capturadas por las cámaras de los asistentes, lo que aceleró la visibilidad del fenómeno. Pero para entenderlo de verdad, hay que verlo: es un encuentro entre lo digital y lo físico, donde memes y referencias de redes sociales se convierten en movimiento corporal, en competencia, en ritual.
Lo paradójico es que esto está siendo criticado como síntoma de decadencia moral precisamente por una generación que llevaba años reprochando a los jóvenes que no se apartaran de las pantallas. Ahora que lo hacen, la reacción es el desconcierto, la burla. Casi Creativos, un equipo que aborda la terapia desde un enfoque social y feminista, lo explica así: cuando no entendemos los códigos de una cultura, es fácil reducirla a ridícula o vergonzosa. Pero esto ha sucedido con prácticamente todas las generaciones. Vivimos una amnesia generacional: recordamos la nuestra con nostalgia; juzgamos la de ellos desde arriba. Los jóvenes, señalan, no tienen la obligación de crear una cultura comprensible para los adultos. Crecer consiste precisamente en construir códigos propios, formas de pertenencia, maneras de expresarse que los diferencien. Si cada generación tuviera que hacer únicamente lo que sus padres consideran válido, no existiría una cultura juvenil propia.
Para algunos participantes, esto no es un pasatiempo. Gonzalo Martin Alonso, argentino que se autoproclama el primer farmeador de aura nacional, lo describe como un estilo de vida: algo que nunca se deja de hacer, que está impregnado en la ropa, la forma de moverse, el lenguaje. El aura se lleva a todos lados. La antropóloga social Belén Silva advierte que el proceso no es una simple secuencia que pasa de internet a la calle. Es más circular: va de las redes a la imitación corporal, después al encuentro presencial, que se graba, se publica, se comenta, generando nuevas performances. La práctica presencial actualiza los códigos digitales, pero también los modifica. Una pose que en internet era un gesto aislado puede convertirse en una ronda competitiva. Una expresión irónica puede adquirir reglas. Un meme puede transformarse en ritual.
La periodista de estilo de vida Érika García ve algo positivo en esto: algo que nace en internet está haciendo que los chavales dejen el móvil, salgan a la calle, hagan cosas juntos, se relacionen cara a cara. Después lo grabarán y lo subirán a TikTok, porque esa es su forma de compartirlo, pero la experiencia está ocurriendo fuera de la pantalla. Muchas de estas cosas que parecen tan nuevas son comportamientos que han existido siempre: competir, jugar, hacer cosas para impresionar, tener códigos propios dentro de un grupo. Lo que cambia es la forma de contarlo y, sobre todo, que internet le pone nombre a todo. Puedes ganar o perder aura por cómo haces algo, por una respuesta, por hacer el ridículo o por tener un momento especialmente guay. Son cosas que siempre han pasado en los grupos de amigos.
La Asociación LGTBIQA+ Diversas Canarias ha detectado conexiones profundas entre farmear aura y la cultura ballroom, el germen de la escena drag que nació en los años ochenta a partir de competiciones de ingenio, baile y caracterización. Sergio Siverio, secretario y portavoz, señala las coincidencias: en ambos fenómenos se busca otorgar reconocimiento social a través de competición sana, construir una estética performativa disidente, demostrar habilidades con diversas categorías, reinventar códigos estéticos copiando tendencias existentes para darles un estilo propio. Si las fiestas ballroom sirvieron para crear un espacio de libertad al margen de la homofobia y la transfobia, las batallas de farmear aura dejan a un lado la vergüenza, algo liberador para una generación que tiene pánico a dar cringe. Hacer el ridículo tiene un valor: aprender que puedes exponerte, reírte de ti mismo y descubrir que no pasa nada.
Estas batallas favorecen la socialización cara a cara, el sentido de pertenencia, la creación de nuevas amistades. Implican perder el miedo a interactuar con desconocidos, participar frente a otras personas, expresarse, jugar. Además, están revitalizando los espacios públicos. Una plaza deja de ser únicamente un lugar de paso cuando los jóvenes sienten que pueden reunirse, quedarse y hacerla suya. De esas convivencias nacen recuerdos, amistades, grupos, sentido de comunidad. García termina con una reflexión que debería tranquilizar a los escépticos: todas las generaciones han participado en modas de las que los adultos se burlaron. La diferencia fundamental es que no había un móvil grabando todo el día ni una red social en la que subirlo para que lo vieran miles de personas. Nosotros también hacíamos el ridículo, muchísimo. Lo que pasa es que, afortunadamente, de la mayoría de esas cosas no existe documentación gráfica. Cambian los nombres, los códigos y el escaparate, pero no somos tan distintos. Cada generación hace sus propias tonterías; la diferencia es que ahora quedan grabadas.
Citações Notáveis
Cuando no entendemos los códigos de una tendencia, es muy fácil reducirla a ridícula o vergonzosa, pero eso ha pasado con todas las generaciones— Casi Creativos
Farmear aura es un estilo de vida porque es algo que nunca se deja de hacer. El aura se lleva a todos lados— Gonzalo Martin Alonso
El proceso es más circular: pasa de las redes a la imitación corporal, después al encuentro presencial, que se graba y se publica, dando lugar a nuevas performances— Belén Silva, antropóloga social