En solo un mes, Farma Joven distribuyó medicamentos gratuitos a 550+ personas en cuatro municipios de La Habana mediante coordinadores voluntarios y un grupo de WhatsApp. La escasez de medicamentos en Cuba se debe a dificultades para importar materias primas y fármacos, agravadas por sanciones y bloqueo estadounidense que afectan familias que deben elegir entre comer o medicarse.
Farma Joven: iniciativa solidaria que entrega medicamentos gratuitos en La Habana
No resuelve todos los problemas, pero es un bálsamo de alivio
¿Cómo es posible que 550 personas reciban medicamentos en un mes a través de un grupo de WhatsApp? ¿De dónde salen los fármacos?
Vienen de donaciones que recibió la Unión de Jóvenes Comunistas. El grupo funciona como un canal de distribución: la gente escribe pidiendo lo que necesita, los coordinadores verifican si está disponible y lo entregan en los municipios.
Pero eso plantea una pregunta: ¿cuántas personas escriben pidiendo medicamentos que no pueden conseguir? ¿550 es el total de solicitudes atendidas o solo las que tuvieron medicamento disponible?
El reportaje dice que en un mes atendieron a 550 personas. No especifica cuántas solicitudes rechazaron por falta de disponibilidad.
¿Y cómo verifican que la persona realmente necesita el medicamento? ¿No hay riesgo de que alguien pida algo que no necesita?
Piden receta médica o indicaciones del padecimiento. Además, la mayoría de quienes entregan son estudiantes o graduados de Ciencias Médicas, así que tienen criterio médico.
Eso es un control, pero sigue siendo un grupo de WhatsApp. ¿Qué tan riguroso puede ser ese proceso cuando tienes 600 miembros y más de cien mensajes en 24 horas?
Justo por eso tuvieron que cerrar el grupo dos días para poder responder a todos sin dejar a nadie sin respuesta. Reconocen que fue caótico.
¿Cuál es el medicamento más solicitado? ¿Hay patrones en lo que la gente necesita?
El reportaje menciona epilepsia, trastornos psiquiátricos, problemas de tiroides. Pero no da números específicos sobre cuál es el más buscado.
Eso sería importante saberlo. Si la mayoría de solicitudes son para epilepsia y solo tienen fenitoína disponible a veces, entonces el proyecto está resolviendo una fracción muy pequeña del problema real.
Exacto. Los coordinadores lo reconocen: no resuelven todos los problemas. Es un bálsamo de alivio, no una solución.
¿Y qué pasa cuando se acaban las donaciones? ¿Tienen un plan de sostenibilidad?
El reportaje no lo menciona. Solo habla de planes para expandirse a más provincias y llegar a gente sin WhatsApp.
Le Pouls
- 550+ personas recibieron medicamentos gratuitos en un mes
- Operativo en cuatro municipios de La Habana: Diez de Octubre, Guanabacoa, Playa y La Habana del Este
- Medicamentos en el mercado informal costaban 5.000 pesos o más
- El grupo de WhatsApp alcanzó 600 miembros en las primeras 24 horas
En solo un mes, Farma Joven distribuyó medicamentos gratuitos a 550+ personas en cuatro municipios de La Habana mediante coordinadores voluntarios y un grupo de WhatsApp. La escasez de medicamentos en Cuba se debe a dificultades para importar materias primas y fármacos, agravadas por sanciones y bloqueo estadounidense que afectan familias que deben elegir entre comer o medicarse.
El proyecto Farma Joven, creado por la Unión de Jóvenes Comunistas, ha entregado medicamentos gratuitos a más de 550 personas en La Habana en un mes, aliviando la escasez de fármacos agravada por el bloqueo estadounidense.
En apenas treinta días, un proyecto nacido de la voluntad de jóvenes cubanos ha puesto medicamentos en manos de más de 550 personas en La Habana. Farma Joven, creado por la Unión de Jóvenes Comunistas, funciona desde un grupo de WhatsApp donde vecinos escriben pidiendo fármacos que no encuentran en las farmacias, y coordinadores voluntarios —la mayoría estudiantes o graduados de Ciencias Médicas— trabajan para conseguirlos y entregarlos sin costo.
La iniciativa opera en cuatro municipios capitalinos: Diez de Octubre, Guanabacoa, Playa y La Habana del Este. Detrás de cada solicitud hay una historia de urgencia. Una madre de dos hijos necesitaba olanzapina y sertralina para sus hijos; en el mercado informal le pedían 5.000 pesos o más por esos medicamentos. Otra familia buscaba fenitoína para un familiar con epilepsia ingresado en un hospital que no tenía el fármaco en existencia. Un señor de 50 años con una sonda vesical permanente logró aliviar su malestar gracias a uno de los medicamentos distribuidos por el proyecto y pudo reincorporarse al trabajo. Estos no son casos aislados; son el tejido diario del problema que Farma Joven intenta paliar.
La escasez de medicamentos en Cuba tiene raíces profundas. El país enfrenta dificultades severas para importar tanto las materias primas necesarias para producir fármacos localmente como los medicamentos terminados. Las sanciones y el bloqueo estadounidense golpean directamente esta capacidad, dejando farmacias vacías y obligando a familias a elegir entre comer o medicarse. En ese contexto, la Unión de Jóvenes Comunistas recibió donaciones de medicamentos y decidió canalizarlas a través de la Red Juvenil Comunitaria y sus botiquines en los consejos populares.
Leanet Proenza del Hoyo, coordinadora principal del proyecto y estudiante de cuarto año de Diseño en la Universidad de La Habana, explica cómo funciona la operación. El equipo se divide en dos funciones: algunos gestionan el WhatsApp respondiendo solicitudes y coordinando información; otros, mayormente profesionales de Ciencias Médicas, realizan las entregas en terreno. Antes de entregar cualquier medicamento, piden receta médica o indicaciones del padecimiento que se trata con el fármaco solicitado. No se limitan a quienes contactan por redes; también hacen recorridos comunitarios para llegar a vecinos que lo necesitan.
El primer mes fue caótico en el mejor sentido. Durante las primeras 24 horas, el grupo alcanzó 600 miembros y recibió más de cien mensajes. Los coordinadores tuvieron que cerrar temporalmente el grupo durante dos días solo para poder responder a todas las personas sin dejar a nadie sin una respuesta. WhatsApp, además, bloqueó temporalmente algunas cuentas por escribir a demasiados usuarios nuevos, complicando la gestión. La conectividad ha sido el obstáculo principal: en varios puntos donde trabajan los coordinadores no hay señal estable. La solución ha sido recurrir a llamadas telefónicas, trasladarse dentro de las comunidades buscando señal y distribuir la gestión entre varios coordinadores.
Jonan Alejandro Echevarría González, de 17 años, es uno de esos coordinadores. Su tarea es atender a las personas que escriben al grupo y despachar esa información con quienes entregan los medicamentos en los municipios. Se incorporó a Farma Joven porque quería ayudar a personas que necesitan medicamentos para tratamientos continuos pero han tenido que interrumpirlos por no saber dónde conseguirlos. Lo dice sin dramatismo, como quien constata una realidad cotidiana que ve en su barrio cada día.
Alejandra de la Cruz Moreno, doctora recién graduada, también forma parte del equipo. Recuerda con entusiasmo el caso del señor de 50 años que logró aliviar su profundo malestar y se reincorporó a trabajar. Para ella, el proyecto resume en una palabra: esperanza. No resuelve todos los problemas ni cubre el ciento por ciento de las necesidades, pero es un bálsamo de alivio para quienes están solos afrontando los desafíos de la vida cotidiana. Todos los coordinadores comparten una cualidad: la paciencia. Trabajan mayormente con adultos mayores que necesitan que les expliquen las cosas varias veces para sentirse bien tratados.
Para este curso escolar, el reto es sumar más voluntarios y ampliar la presencia a otras provincias. La idea es llegar a quienes no tienen WhatsApp ni conexión pero están tan necesitados de medicamentos como muchos otros. Los muchachos de Farma Joven saben que no pueden resolverlo todo. Pero también saben que su sacrificio y esfuerzo está cambiando vidas, una medicina a la vez.
Citations marquantes
Sabemos lo que la gente está pasando y el problema que hay en la calle con el tema de los medicamentos— Jonan Alejandro Echevarría González, coordinador del proyecto
Tener la posibilidad de ayudar a la persona con el tratamiento es algo muy satisfactorio— Alejandra de la Cruz Moreno, doctora graduada y voluntaria