En las últimas horas de septiembre de 2020, un joven repartidor llamado Antonio Paricio chocó contra un tráiler mal estacionado en la Panamericana Norte mientras cumplía su jornada para Glovo, y quedó con múltiples fracturas que exigen cuidados intensivos. La empresa rechazó asumir los gastos médicos, dejando a su familia sin recursos frente a un sistema de salud saturado por la pandemia. Su historia pone en evidencia una pregunta que las economías de plataforma han dejado sin responder: ¿quién protege al trabajador cuando la empresa que lo emplea no lo reconoce como tal?
Familia de joven accidentado pide cama UCI; Glovo rechaza asumir gastos médicos
La empresa no se hace responsable de nada
¿Por qué Glovo se niega a asumir los gastos si el accidente ocurrió durante la jornada laboral?
Esa es la pregunta central. Formalmente, Glovo argumentaría probablemente que los repartidores son trabajadores independientes, no empleados directos. Pero la familia sostiene que estaba trabajando, cumpliendo órdenes de la plataforma.
Exacto. Y eso es lo que no queda claro en el reportaje. ¿Cuál es el estatus legal de Paricio? ¿Es empleado o contratista? Porque esa distinción determina quién es responsable legalmente.
¿Y la Defensoría del Pueblo? ¿Qué poder tiene para obligar a Glovo?
La Defensoría puede investigar, puede presionar públicamente, puede recomendar. Pero no tiene poder coercitivo directo. Lo que hizo fue intervenir en el hospital para que no lo movieran de donde estaba.
Aunque tampoco sabemos si esa intervención fue efectiva o simplemente simbólica. El reportaje dice que la Defensoría llamó pidiendo que no lo sacaran, pero después lo pusieron en la carpa COVID de todas formas.
¿Qué pasó después? ¿Consiguieron la cama UCI?
El reportaje es de setiembre de 2020. No hay seguimiento. Solo sabemos que en ese momento la familia estaba buscando, que Paricio estaba en condiciones precarias, y que nadie asumía responsabilidad.
Y eso es importante notar. Este es un momento congelado en el tiempo. No sabemos el desenlace. No sabemos si sobrevivió, si se recuperó, si Glovo eventualmente pagó algo.
¿Hay algo sobre el tráiler, sobre quién era responsable del camión?
Solo que estaba mal estacionado, sin señalización. Pero no hay información sobre si el conductor fue identificado, si hubo proceso legal, nada de eso.
Entonces tenemos un accidente documentado en video, un joven gravemente herido, una empresa que se desentiende, y un sistema de salud saturado. Pero los detalles legales y el resultado final quedan en la sombra.
Il Polso
- Antonio Paricio yace con fracturas graves en cara y cuerpo tras colisionar contra un tráiler que estaba estacionado sin señalización en la vía auxiliar de la Panamericana Norte.
- Glovo se niega a asumir los costos médicos argumentando que no tiene responsabilidad, aunque el accidente ocurrió mientras Paricio cumplía sus funciones como repartidor.
- La familia recorre hospitales sin encontrar una cama UCI disponible, mientras el joven permanece en una carpa habilitada para pacientes COVID pese a haber dado negativo en la prueba molecular.
- La Defensoría del Pueblo intervino para evitar que Paricio fuera retirado del centro donde se encuentra, pero la situación sigue siendo crítica e insostenible.
- Los familiares hacen un llamado público urgente a las autoridades para que garanticen atención médica adecuada a un trabajador accidentado en horario laboral.
En las últimas horas de septiembre de 2020, un joven repartidor llamado Antonio Paricio chocó contra un tráiler mal estacionado en la Panamericana Norte mientras cumplía su jornada para Glovo, y quedó con múltiples fracturas que exigen cuidados intensivos. La empresa rechazó asumir los gastos médicos, dejando a su familia sin recursos frente a un sistema de salud saturado por la pandemia. Su historia pone en evidencia una pregunta que las economías de plataforma han dejado sin responder: ¿quién protege al trabajador cuando la empresa que lo emplea no lo reconoce como tal?
Antonio Paricio trabajaba como repartidor para Glovo el sábado 26 de setiembre cuando su motocicleta impactó contra un tráiler en la Panamericana Norte. Las lesiones fueron severas: múltiples fracturas en el rostro y el cuerpo que lo dejaron con necesidad urgente de una cama en la Unidad de Cuidados Intensivos. Paricio, quien además ejerce como abogado, se encontraba en plena jornada laboral cuando ocurrió el accidente.
La respuesta de Glovo fue inmediata y contundente: la empresa no asumiría los gastos médicos. Para la familia, eso significó enfrentarse sola a un sistema de salud colapsado por la pandemia, sin dinero y sin respaldo institucional. Recorrieron hospitales buscando una cama disponible, pero encontraron puertas cerradas en todas partes.
Mientras tanto, Paricio fue trasladado a una carpa habilitada para pacientes con COVID-19, a pesar de que su prueba molecular había resultado negativa. Su tía denunció públicamente que el joven permanecía expuesto a personas con coronavirus confirmado, en espera de resultados definitivos que tardaban dos días. Las condiciones eran precarias para alguien que necesitaba cuidados intensivos.
La Defensoría del Pueblo intervino solicitando al hospital que no movieran al paciente, pero la situación no encontraba solución de fondo. Según los familiares, videos del accidente mostraban que el tráiler estaba mal estacionado y sin señalización en la vía auxiliar, lo que habría hecho inevitable el impacto. La responsabilidad no era de Paricio, pero el peso de las consecuencias caía enteramente sobre él y su familia.
A finales de septiembre de 2020, sus parientes lanzaron un llamado público pidiendo la intervención de las autoridades. Detrás de su demanda latía una pregunta que la economía de plataformas ha dejado sin respuesta clara: ¿quién responde cuando un trabajador se accidenta en horario laboral y la empresa que lo contrata se desentiende?
Antonio Paricio estaba trabajando como repartidor para Glovo el sábado 26 de setiembre cuando su motocicleta colisionó contra un tráiler en la Panamericana Norte. El impacto fue severo. Sufrió múltiples fracturas en la cara y el cuerpo, lesiones lo suficientemente graves como para requerir internación en una Unidad de Cuidados Intensivos. Pero mientras Paricio —quien además es abogado de profesión— lidiaba con el dolor y la urgencia médica, su familia enfrentaba un problema adicional: la empresa para la cual trabajaba se negaba a asumir los costos del tratamiento.
La posición de Glovo fue clara y tajante. A pesar de que el accidente ocurrió durante la jornada laboral de Paricio, durante el horario en el que cumplía sus funciones como repartidor, la empresa no se haría cargo de los gastos médicos. La familia quedó sin recursos para costear una cama UCI, un servicio crítico que el joven necesitaba con urgencia. Los parientes comenzaron a recorrer hospitales buscando disponibilidad, pero encontraron puertas cerradas y camas ocupadas. Mientras tanto, Paricio permanecía en condiciones que sus familiares describieron como precarias.
Los médicos lo trasladaron a una carpa habilitada para pacientes con COVID-19. Esto ocurría en un contexto donde la pandemia aún saturaba los sistemas de salud, y los espacios de aislamiento se habían convertido en soluciones improvisadas. Lo paradójico era que Paricio había sido sometido a una prueba molecular que resultó negativa, pero permanecía alojado en un área donde había pacientes infectados. Su tía explicó a un medio de comunicación que aunque la muestra había salido negativa, lo mantenían expuesto a personas con coronavirus confirmado, multiplicando el riesgo. Los resultados de la prueba molecular tardaban dos días en llegar, dejándolo en una zona de incertidumbre médica y física.
La Defensoría del Pueblo intervino. Según lo que relataron los familiares, la institución había llamado al hospital la noche anterior pidiendo explícitamente que no sacaran a Paricio de donde estaba siendo atendido. Pero la situación seguía siendo insostenible. Con múltiples fracturas en el rostro y el cuerpo, requería cuidados que una carpa de emergencia no podía proporcionar. La familia no tenía dinero. La empresa no respondía. Los hospitales no tenían camas disponibles.
Según lo que los familiares pudieron reconstruir del accidente, Paricio no fue responsable de lo ocurrido. Había videos que mostraban que el tráiler se había estacionado en la vía auxiliar de la Panamericana sin señalización alguna. El camión de carga estaba mal posicionado, creando una trampa para los motociclistas que circulaban por esa zona. Cuando Paricio pasó, no tuvo forma de evitar el impacto. La culpa no era suya, pero el costo lo pagaba él, y su familia buscaba desesperadamente una solución.
A finales de setiembre de 2020, mientras la pandemia seguía complicando el acceso a camas UCI en Lima, los parientes de Antonio Paricio hacían un llamado público. Pedían a las autoridades que intervinieran, que encontraran una cama en algún hospital, que reconocieran que un joven que estaba trabajando cuando sufrió el accidente merecía atención médica adecuada. La pregunta implícita en su demanda era incómoda: ¿quién es responsable cuando un trabajador se accidenta cumpliendo sus funciones y la empresa se desentiende?
Citazioni salienti
Está grave, tiene múltiples fracturas en la cara y el cuerpo. Requiere de una atención urgente. La empresa no se hace responsable de nada— Tía de Antonio Paricio
Hay videos que muestran que él no tiene la culpa. El tráiler se estaciona en la vía auxiliar, sin ningún tipo de señalización y hace que impacte— Familiar de la víctima