En el otoño de 2022, mientras el mundo procesaba un brote inédito de viruela del mono extendido a más de cien países, la ciencia se detuvo a contemplar una pregunta antigua: ¿hasta dónde puede viajar un virus entre las especies que comparten techo y afecto? Dos perros —uno en Francia, otro en Brasil— contrajeron el virus de sus dueños, pero un estudio británico que siguió a 154 mascotas de personas infectadas no encontró ningún caso adicional, sugiriendo que la transmisión doméstica es posible pero improbable. La verdadera inquietud no reside en el perro que duerme en la cama, sino en el roedo
Estudio británico: riesgo bajo de que mascotas contraigan viruela del mono de humanos
Si el virus se establece en roedores, sería difícil de controlar
¿Por qué estos dos casos de perros infectados generaron tanta preocupación si son tan raros?
Porque si el virus se establece en una población animal, especialmente en roedores, se vuelve casi imposible de controlar. Ya no sería solo una enfermedad humana que podemos contener con cuarentenas y vacunas. Sería un reservorio permanente que podría generar nuevos brotes una y otra vez.
Pero el estudio británico analizó ciento cincuenta y cuatro mascotas y ninguna se enfermó. ¿Eso no debería tranquilizarnos?
Parcialmente. Pero los investigadores admitieron que probablemente subestimaron el número real de mascotas expuestas. Algunos animales podrían estar infectados sin mostrar síntomas. Otros dueños tal vez no reportaron nada por miedo. Es como buscar en una habitación oscura con una linterna pequeña.
¿Entonces cuál es el verdadero riesgo?
El riesgo inmediato a tus mascotas es bajo. Pero el riesgo a largo plazo depende de si el virus encuentra su camino hacia los roedores salvajes. Eso es lo que mantiene despiertos a los expertos.
¿Cómo podría un virus pasar de una persona a un ratón salvaje?
A través de cosas contaminadas en el hogar. Ropa de cama, artículos que tocan tanto humanos como animales. Los roedores que infestan las casas podrían estar expuestos sin que nos demos cuenta.
¿Y si eso sucede?
Si se establece en poblaciones de roedores, el virus tendría un refugio permanente. Podría mutar, propagarse entre animales, y eventualmente volver a los humanos. Sería como intentar apagar un fuego que se ha metido bajo tierra.
¿Qué deberían hacer las personas infectadas?
Evitar contacto cercano con sus mascotas durante tres semanas, lavar la ropa de cama regularmente, mantener a los animales fuera del dormitorio. Cosas simples que rompen la cadena de transmisión.
El Pulso
- Dos perros confirmados con viruela del mono —uno en Francia, otro en Brasil— demostraron que la barrera entre la enfermedad humana y la animal no es infranqueable.
- El temor más urgente entre los expertos no es la mascota del hogar, sino la posibilidad de que el virus se instale en poblaciones de roedores salvajes y genere brotes humanos imposibles de rastrear.
- Un estudio del Reino Unido con 154 mascotas de 40 personas infectadas no detectó ningún animal sintomático, ofreciendo la primera evidencia sistemática de que el riesgo doméstico es bajo.
- Los CDC recomendaron separar a las mascotas de sus dueños infectados durante las tres semanas de fase sintomática, mientras expertos como Meghan Davis subrayaron medidas básicas como lavar la ropa de cama.
- La OMS advirtió que aún falta investigación sobre qué especies son susceptibles, cómo se transmite el virus entre humanos y animales, y cuánto tiempo persiste en superficies del entorno doméstico.
En el otoño de 2022, mientras el mundo procesaba un brote inédito de viruela del mono extendido a más de cien países, la ciencia se detuvo a contemplar una pregunta antigua: ¿hasta dónde puede viajar un virus entre las especies que comparten techo y afecto? Dos perros —uno en Francia, otro en Brasil— contrajeron el virus de sus dueños, pero un estudio británico que siguió a 154 mascotas de personas infectadas no encontró ningún caso adicional, sugiriendo que la transmisión doméstica es posible pero improbable. La verdadera inquietud no reside en el perro que duerme en la cama, sino en el roedor salvaje que podría convertirse en reservorio permanente del virus, tejiendo una amenaza silenciosa mucho más difícil de deshacer.
En agosto de 2022, dos perros —un galgo italiano en Francia y un cachorro en Brasil— dieron positivo a viruela del mono tras vivir con dueños infectados. El caso francés fue el más documentado: el animal desarrolló pústulas abdominales y una ulceración, y la prueba de PCR confirmó el virus doce días después de que sus propietarios mostraran síntomas. Estos hallazgos encendieron una alarma legítima sobre la posibilidad de que el virus cruzara hacia reservorios animales.
La preocupación más profunda la articuló Huaiping Zhu, de la Universidad de York en Toronto, cuya investigación modeló matemáticamente cómo el virus podría propagarse desde animales en entornos urbanos. Aunque los casos globales disminuían, argumentó que la combinación del virus persistente con poblaciones crecientes de roedores representaba una amenaza sostenida.
Frente a ese escenario, un estudio británico publicado en Eurosurveillance aportó datos más tranquilizadores. Las autoridades sanitarias del Reino Unido siguieron a 154 mascotas —entre ellas 42 perros y 26 gatos— pertenecientes a 40 personas infectadas, y ningún animal mostró síntomas de infección. Los investigadores reconocieron limitaciones: algunos animales podrían estar infectados sin síntomas visibles, y algunos dueños quizás ocultaron la enfermedad de sus mascotas por temor a cuarentenas.
David Evans, de la Universidad de Alberta, señaló que el brote seguía siendo lo suficientemente acotado como para que la probabilidad de salto a nuevos reservorios animales fuera pequeña, y describió al virus como difícil de transmitir salvo en circunstancias muy específicas. La transmisión entre humanos y mascotas ocurre principalmente por contacto íntimo: caricias, lamidas y compartir cama, como sucedió en el caso francés.
La inquietud de fondo, sin embargo, apuntaba a los roedores salvajes. Los científicos saben que la viruela del mono puede infectar a más de cincuenta especies de mamíferos, y temen que ardillas, ratas gigantes o lirones africanos puedan volverse reservorios endémicos. Davis advirtió que la vigilancia debería extenderse a la fauna silvestre, no solo a las mascotas, especialmente porque artículos contaminados del hogar podrían exponer a roedores que infestan las viviendas. El riesgo inmediato parecía bajo, pero la posibilidad de que el virus encontrara un hogar permanente en la naturaleza era una amenaza que los expertos no podían descartar.
En agosto de 2022, los científicos documentaron algo que parecía improbable pero real: dos perros, uno en Francia y otro en Brasil, habían contraído viruela del mono de sus dueños humanos. El caso francés fue particularmente bien documentado. Se trataba de un galgo italiano macho de cuatro años sin antecedentes médicos previos que desarrolló pústulas en el abdomen y una ulceración anal. La prueba de PCR confirmó el virus doce días después de que sus dos propietarios mostraran síntomas. En Brasil, un cachorro de cinco meses que vivía en el mismo hogar que una persona infectada también dio positivo en una prueba de biología molecular a finales de agosto.
Estos casos raros encendieron una alarma legítima entre los expertos en enfermedades infecciosas. Si el virus llegara a establecerse en poblaciones de animales salvajes, particularmente en roedores, sería extraordinariamente difícil de controlar y podría generar nuevos brotes en humanos. Huaiping Zhu, director del Centro de Modelado de Enfermedades de la Universidad de York en Toronto, expresó su preocupación de que el riesgo iba en aumento. Aunque los casos globales estaban disminuyendo, argumentó, la persistencia del virus combinada con el crecimiento de las poblaciones de roedores seguía representando una amenaza creciente. Su investigación, publicada en el Journal of Medical Virology en septiembre, utilizó modelos matemáticos para proyectar cómo el virus podría propagarse desde animales en un área metropolitana.
Pero un nuevo estudio británico ofreció una perspectiva más tranquilizadora. Desde junio de 2022, las autoridades sanitarias del Reino Unido recopilaron datos sobre las mascotas de personas diagnosticadas con viruela del mono. Hasta mediados de septiembre, cuarenta personas infectadas reportaron tener ciento cincuenta y cuatro mascotas, incluyendo cuarenta y dos perros y veintiséis gatos. Ninguno de estos animales mostró síntomas que sugirieran infección. Los investigadores publicaron sus hallazgos en la revista Eurosurveillance, concluyendo que el riesgo de transmisión de humanos a mascotas era bajo.
Los científicos reconocieron las limitaciones de su análisis. Algunos animales podrían haber estado infectados sin mostrar síntomas visibles. Otros dueños tal vez no reportaron la enfermedad de sus mascotas por temor a que fueran puestos en cuarentena. Aun así, los datos disponibles sugerían que la transmisión a animales domésticos no era un problema inmediato. David Evans, profesor de microbiología médica e inmunología en la Universidad de Alberta, argumentó que el brote mundial seguía siendo lo suficientemente pequeño como para que la probabilidad de que el virus saltara a nuevos reservorios animales fuera también pequeña. Describió el virus como no particularmente fácil de transmitir excepto en circunstancias especiales, y señaló que incluso si llegara a una mascota, la cadena de transmisión subsecuente sería improbable.
La transmisión entre humanos y mascotas ocurre principalmente a través del contacto cercano: caricias, abrazos, lamidas y compartir cama. En el caso francés, los dos hombres infectados dormían en la misma cama que su galgo. Los Centros de Control de Enfermedades recomendaron que las personas con viruela del mono evitaran el contacto con animales o enviaran sus mascotas a vivir a otro lugar hasta recuperarse de la fase sintomática, que dura aproximadamente tres semanas. Meghan Davis, profesora asociada de salud ambiental en la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, enfatizó la importancia de lavar la ropa de cama y mantener a las mascotas fuera del dormitorio.
La preocupación más profunda, sin embargo, no era sobre los animales domésticos sino sobre los roedores salvajes. Los científicos saben que la viruela del mono puede infectar a más de cincuenta especies de mamíferos y sospechan que podría volverse endémica en poblaciones de roedores salvajes, particularmente ardillas, ratas gigantes y lirones africanos. Davis advirtió que las autoridades de salud deberían buscar casos en animales salvajes, no solo en mascotas, especialmente considerando que la contaminación de artículos del hogar como la ropa de cama podría exponer a los roedores que infestan las casas.
El virus de la viruela del mono fue descubierto por primera vez en un mono en 1958 y en humanos en 1970. Durante décadas fue endémico en once países de África occidental y central, saltando ocasionalmente de animales a humanos. Pero en 2022, el patrón cambió dramáticamente. El brote se extendió a ciento siete países con más de setenta mil casos reportados. La tasa semanal de casos alcanzó su punto máximo a mediados de agosto y luego disminuyó, aunque algunos países como México y Colombia seguían viendo aumentos. Lisa Scheuermann, oficial técnica de la Organización Mundial de la Salud, señaló que se necesitaba más investigación sobre la susceptibilidad de diferentes especies animales, los modos de transmisión entre humanos y animales, y la persistencia viral en el ambiente. El riesgo inmediato a las mascotas parecía bajo, pero la posibilidad de que el virus encontrara un hogar permanente en la vida silvestre seguía siendo una amenaza que los expertos no podían descartar.
Citas Notables
Creo que ese riesgo es cada vez mayor— Huaiping Zhu, director del Centro de Modelado de Enfermedades de la Universidad de York
El riesgo de transmisión de humanos a animales de compañía es bajo; el riesgo de transmisión de esa mascota a un huésped susceptible también es bajo; y el riesgo de que la enfermedad se establezca luego también es bajo— David Evans, profesor de microbiología médica e inmunología en la Universidad de Alberta