Desde los laboratorios de política sanitaria de Londres, Harvard y Zúrich llega una advertencia cuantificada: la ambición de Washington por abaratar sus medicamentos podría, paradójicamente, encarecer los de Europa. La iniciativa de 'nación más favorecida' de Trump, diseñada para que Medicare pague lo mismo que los países de referencia, crea un incentivo perverso que empuja a las farmacéuticas a subir precios allí donde los tienen bajos, retrasar lanzamientos o abandonar mercados enteros. Es la vieja tensión entre el poder de un mercado dominante y la fragilidad de los sistemas que viven a su
Estudio alerta: política farmacéutica de Trump encarecería medicamentos en Europa
Mantener precios bajos en Europa haría perder más dinero que vender allí
¿Por qué este estudio de The Lancet es importante ahora? ¿No lleva Trump años hablando de abaratar medicamentos?
Porque por primera vez tenemos números. No es una promesa política, es un análisis que cuantifica cómo sus políticas podrían afectar a otros países. Eso cambia la conversación de teórica a práctica.
Pero el estudio tiene limitaciones, ¿verdad? Dicen que tuvieron que estimar precios porque los contratos entre gobiernos y farmacéuticas son opacos.
Cierto. No tienen los números exactos. Pero los expertos consultados dicen que es la primera evaluación seria de estas consecuencias globales, limitaciones y todo.
¿Qué significa exactamente que las farmacéuticas tendrían que devolver 3,8 veces más dinero del que ganan en Europa?
Que si venden un medicamento en España a un precio bajo, pero Medicare en Estados Unidos paga más, tendrían que devolver la diferencia. Pero esa diferencia sería casi cuatro veces mayor que lo que ingresan vendiendo en España. Es insostenible.
¿Y eso significa que definitivamente subirán precios aquí?
No definitivamente. Algunos expertos sugieren que Europa podría cambiar envases o mantener precios en secreto para que no sean comparables. Pero sí, hay incentivos fuertes para subir precios o retrasar lanzamientos.
¿Qué dice el Gobierno español al respecto?
Que la presión es real, que han visto cierto enlentecimiento en propuestas comerciales, pero que no aceptarán aumentos automáticos. Defienden que Europa contribuye mucho a la innovación.
¿Pero cuánto de eso es postura defensiva y cuánto es capacidad real de resistir?
Esa es la pregunta sin respuesta todavía. El Ministerio dice que está dispuesto a reconocer la innovación, pero cada decisión debe basarse en evidencia. Veremos si eso aguanta la presión.
Der Puls
- Un estudio en The Lancet convierte en cifras concretas lo que era una amenaza difusa: las políticas de Trump podrían reducir el gasto de Medicare entre un 16% y un 18%, pero a costa de generar pérdidas masivas a las farmacéuticas en los países europeos usados como referencia.
- El mecanismo es un incentivo perverso: en tres de cada cuatro medicamentos analizados, las farmacéuticas perderían en penalizaciones estadounidenses casi cuatro veces más de lo que ganan vendiendo en Europa, lo que hace insostenible mantener precios bajos en el continente.
- España y otros países europeos se enfrentan a un escenario previsible de retrasos en el acceso a nuevas terapias y presiones al alza en los precios, aunque el impacto tangible aún no se ha generalizado.
- Como estrategia defensiva, la confidencialidad de precios gana protagonismo: España ya la protege por ley, y otros gobiernos podrían modificar presentaciones y envases para escapar de las comparaciones que persigue Washington.
- El Ministerio de Sanidad español reconoce que la presión es real y ha notado un enlentecimiento en algunas negociaciones, pero rechaza trasladar automáticamente la lógica del mercado estadounidense a los sistemas sanitarios europeos.
Desde los laboratorios de política sanitaria de Londres, Harvard y Zúrich llega una advertencia cuantificada: la ambición de Washington por abaratar sus medicamentos podría, paradójicamente, encarecer los de Europa. La iniciativa de 'nación más favorecida' de Trump, diseñada para que Medicare pague lo mismo que los países de referencia, crea un incentivo perverso que empuja a las farmacéuticas a subir precios allí donde los tienen bajos, retrasar lanzamientos o abandonar mercados enteros. Es la vieja tensión entre el poder de un mercado dominante y la fragilidad de los sistemas que viven a su sombra.
Un estudio publicado en The Lancet por investigadores de la London School of Economics, Harvard y la Universidad de Zúrich ha cuantificado por primera vez cómo la política de 'nación más favorecida' de Trump podría reconfigurar los mercados farmacéuticos globales. La iniciativa obliga a Medicare a comparar lo que paga por cada medicamento con los precios vigentes en países de referencia —entre ellos España, Corea del Sur, Noruega y Australia— y a exigir reembolsos a las farmacéuticas cuando pague más. El ahorro potencial para el sistema público estadounidense es considerable: entre el 16% y el 18% en su fase inicial sobre los 76.000 millones de euros que Medicare gasta anualmente en 195 fármacos con patente.
El problema, sin embargo, está en la lógica que se desencadena a continuación. En tres de cada cuatro medicamentos analizados, las farmacéuticas deberían devolver a Medicare cerca de 3,8 veces más dinero del que ingresan por vender esos mismos fármacos en los países de referencia. Mantener precios bajos en Europa se convierte así en un negocio ruinoso: la respuesta racional de la industria apunta a subir precios en otros mercados, retrasar lanzamientos de nuevas terapias o directamente no vender fuera de Estados Unidos.
En España, el impacto aún no es generalizado pero sí previsible. Expertos como Jaime Espín, de la Escuela Andaluza de Salud Pública, anticipan retrasos en el acceso a ciertos fármacos e intentos de subida de precios. Beatriz González López-Valcárcel apunta una vía de escape: que los gobiernos modifiquen presentaciones y envases para que sus medicamentos no sean comparables con los estadounidenses, imposibilitando así las comparaciones que persigue Trump. La confidencialidad de precios, ya protegida por ley en España, emerge como otra herramienta defensiva que podría intensificarse.
César Hernández, director general de Farmacia del Ministerio de Sanidad, reconoce que la presión es real y ha observado cierto enlentecimiento en algunas negociaciones comerciales. Pero rechaza el argumento de que Europa paga demasiado poco, recordando que los sistemas sanitarios europeos contribuyen a la innovación mediante financiación pública, ensayos clínicos e infraestructuras científicas. Su posición es firme: las decisiones sobre precios deben basarse en evidencia y valor terapéutico, no en presiones externas.
La revista The Lancet publicó el lunes un estudio que convierte en amenaza concreta lo que hasta ahora parecía una demanda más del presidente estadounidense. Investigadores de la London School of Economics, Harvard y la Universidad de Zúrich han cuantificado por primera vez cómo la política de "nación más favorecida" de Trump —diseñada para abaratar medicamentos en Estados Unidos— podría reconfigurar los mercados farmacéuticos globales y encarecer los fármacos en Europa, incluida España.
La iniciativa funciona así: Medicare, el seguro público que cubre a 68 millones de estadounidenses mayores de 65 años, comparará lo que paga por cada medicamento con los precios vigentes en países desarrollados de referencia, entre ellos España, Corea del Sur, Noruega y Australia. Si Medicare paga más que esos países, las farmacéuticas deberán devolver la diferencia al Gobierno estadounidense mediante reembolsos adicionales. El ahorro potencial es enorme. Analizando 195 fármacos con patente en los que Medicare gasta casi 76.000 millones de euros anuales, los investigadores concluyen que la factura podría reducirse entre el 16% y el 18% en su fase inicial, y hasta tres veces más en cinco años.
Pero aquí está el problema que el estudio expone con precisión: en tres de cada cuatro medicamentos analizados, las farmacéuticas deberían devolver a Medicare aproximadamente 3,8 veces más dinero del que ingresan por vender esos fármacos en los países de referencia. Esto crea un incentivo perverso. Mantener precios bajos en Europa haría que los fabricantes perdieran más dinero en penalizaciones estadounidenses de lo que ganan vendiendo allí. La lógica empresarial apunta entonces hacia tres opciones: subir precios en otros mercados, retrasar lanzamientos de nuevas terapias o simplemente no vender sus medicamentos fuera de Estados Unidos.
Kerstin Noëlle Vokinger, una de las autoras del estudio, advierte que "las políticas de Estados Unidos pueden repercutir en el acceso a los medicamentos a escala mundial". Jaume Puig Junoy, economista de la UPF Barcelona School of Management, confirma esta lógica: cuando un precio bajo en un mercado pequeño genera pérdidas masivas en Estados Unidos, aumentan los incentivos a retrasar lanzamientos, elevar precios o hacer descuentos confidenciales. Sin embargo, Puig Junoy también señala una paradoja: si Estados Unidos sigue siendo el primer mercado y fija precios iniciales altos, esos precios pueden terminar elevándose en otros países, lo que haría que el ahorro de Medicare fuera poco importante.
En España, el impacto aún no es tangible pero es previsible. Jaime Espín, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública y exasesor del Banco Mundial y la Comisión Europea, anticipa "un posible retraso en el lanzamiento de algunos fármacos e intentos de subida en los precios". Beatriz González López-Valcárcel, catedrática en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, no ha observado "consecuencias tangibles" de forma generalizada, pero sugiere que otros gobiernos podrían "salir del radar" modificando presentaciones y envases para que no sean comparables con los estadounidenses, imposibilitando así las comparaciones de precios que persigue Trump.
La confidencialidad de precios emerge como una herramienta defensiva. España ha blindado por ley que estos se mantengan en secreto, una estrategia que podría intensificarse para evitar subidas no deseadas. César Hernández, director general de Farmacia del Ministerio de Sanidad, reconoce que la presión de Trump "es real" en las negociaciones con la industria farmacéutica. Ha observado "un cierto enlentecimiento" en algunas propuestas comerciales, aunque lo atribuye a un impasse mientras se clarifican las consecuencias reales.
Hernández rechaza como "simplista" el argumento de que Europa paga demasiado poco por medicamentos. Señala que los sistemas sanitarios europeos contribuyen significativamente a la innovación mediante financiación de fármacos, investigación pública, ensayos clínicos e infraestructuras científicas. Aunque considera legítimo debatir cómo distribuir equilibradamente el esfuerzo global en innovación, sostiene que "las características y problemas internos del mercado estadounidense no pueden trasladarse automáticamente a los sistemas europeos". España, añade, es el país de la Unión Europea que más dedica a medicamentos en proporción a su PIB. La posición del Ministerio es clara: cada decisión sobre precios debe basarse en evidencia, valor terapéutico e impacto presupuestario, no en presiones externas.
Bemerkenswerte Zitate
Las políticas de Estados Unidos pueden repercutir en el acceso a los medicamentos a escala mundial— Kerstin Noëlle Vokinger, Universidad de Zúrich
La presión provocada por las políticas de Trump es real en las relaciones que la administración mantiene con el sector— César Hernández, director general de Farmacia del Ministerio de Sanidad