Estimulación cerebral profunda: la cirugía avanzada que mejora síntomas del Parkinson

La cirugía mejora los síntomas de manera constante
A diferencia de los medicamentos orales que fluctúan, la estimulación cerebral profunda proporciona estímulos continuos al cerebro.
Mark

¿Por qué esta cirugía funciona cuando los medicamentos ya no lo hacen?

Mimi

Porque el estimulador proporciona estímulos eléctricos constantes al cerebro, mientras que los medicamentos orales tienen ciclos: funcionan durante un tiempo y luego se disipan. La cirugía mantiene una estimulación continua.

Luke

Pero eso plantea una pregunta: ¿es realmente que la cirugía es más efectiva, o simplemente que funciona de manera diferente? ¿Hay pacientes que podrían haber mejorado con ajustes de medicación?

Mark

¿Quién decide si alguien es candidato?

Mimi

Un neurólogo especializado que ha seguido al paciente durante meses, luego un comité de cirugía que revisa el caso. No es una decisión de una sola persona.

Luke

¿Y cuáles son los criterios exactos? Viñuela menciona que el paciente debe responder a la levodopa, pero ¿qué tan bien? ¿Hay un umbral específico en el test de levodopa?

Mark

¿Cuánto tiempo tarda en notar mejora el paciente?

Mimi

La mejoría es progresiva. El estimulador se activa un mes después de la cirugía, y luego se ajusta durante meses. Algunos síntomas responden antes que otros.

Luke

Eso es importante: no es una solución inmediata. El paciente debe tener paciencia y estar comprometido con el seguimiento durante meses.

Mark

¿Cuáles son los riesgos reales?

Mimi

Las complicaciones son pocas, alrededor del 5 %. La mayoría son leves: infecciones, ruptura del electrodo. Las complicaciones graves son muy raras.

Luke

Pero ¿qué significa "leve"? Una infección en el sitio de implante podría requerir cirugía adicional. Y una complicación grave entre 500 pacientes es una, pero ¿cuál fue? ¿Fue un accidente cerebrovascular, una hemorragia? Los números no dicen toda la historia.

Mark

¿Puede el paciente reducir sus medicamentos después?

Mimi

Posiblemente, dependiendo del núcleo cerebral tratado. El núcleo subtalámico permite reducción de medicamentos. Pero muchos pacientes continúan tomando fármacos.

Luke

Entonces no es una alternativa a los medicamentos, sino un complemento. Eso es importante aclarar, porque algunos pacientes podrían esperar dejar de tomar píldoras completamente.

  • Cuando el temblor regresa con fuerza y los medicamentos provocan movimientos involuntarios tan incapacitantes como la propia enfermedad, el paciente queda atrapado entre dos males sin salida farmacológica.
  • La estimulación cerebral profunda coloca un electrodo en el cerebro conectado a un dispositivo tipo marcapasos en el tórax, enviando señales eléctricas controlables desde el exterior para aliviar los síntomas de forma constante.
  • No cualquier paciente puede operarse: la selección rigurosa incluye el test de levodopa, evaluaciones cognitivas y un comité quirúrgico que determina el momento exacto y el núcleo cerebral a tratar.
  • La mejoría es gradual —ajustes mensuales, reducción progresiva de medicamentos— pero la recuperación física es rápida: alta hospitalaria al día siguiente y retorno a la vida cotidiana en días.
  • Con una tasa de complicaciones del 5 % y apenas una complicación grave en más de 500 cirugías durante once años, el perfil de seguridad respalda la intervención como una opción viable y bien establecida.

Cuando la farmacología alcanza sus límites frente al Parkinson, la medicina ofrece una respuesta que va más adentro: electrodos implantados en el cerebro que devuelven al paciente una vida funcional. En la Convención Anual de la Academia Puertorriqueña de Neurología, el doctor Ángel Viñuela explicó que la estimulación cerebral profunda no es una cura, sino un puente hacia la funcionalidad cuando los medicamentos ya no sostienen la dignidad cotidiana. Con más de 500 pacientes operados en once años y una tasa de complicaciones graves cercana al mínimo, esta intervención representa uno de los avances más sólidos en el tratamiento de los trastornos del movimiento.

Cuando los medicamentos para el Parkinson pierden eficacia o generan efectos secundarios tan severos como la propia enfermedad, existe una alternativa quirúrgica que puede transformar la trayectoria vital de un paciente. En la Convención Anual de la Academia Puertorriqueña de Neurología, el doctor Ángel Viñuela, especialista en trastornos del movimiento del Manatí Medical Center y fundador de la Fundación Parkinson de Puerto Rico, explicó el funcionamiento, los candidatos ideales y el proceso de recuperación de la estimulación cerebral profunda.

El procedimiento consiste en implantar un electrodo delgado en una región profunda del cerebro, conectado a un dispositivo similar a un marcapasos ubicado en el tórax. Ese dispositivo envía estímulos eléctricos controlables desde el exterior para aliviar síntomas cuando la medicación oral ya no garantiza una calidad de vida aceptable. No es una cura: es una herramienta para recuperar funcionalidad cuando otras opciones se agotan.

Viñuela identificó dos grupos de candidatos: pacientes con temblor severo resistente a la levodopa, para quienes la cirugía puede ser la única opción viable, y pacientes que inicialmente responden bien a la medicación pero desarrollan con el tiempo fluctuaciones, discinesias o períodos de bloqueo motor. La evaluación preoperatoria incluye el test de levodopa —que mide la diferencia entre el estado sin medicamento y con medicamento funcionando— junto con pruebas cognitivas y la revisión de un comité quirúrgico multidisciplinario.

La mejoría no es inmediata. El estimulador se activa un mes después de la cirugía, y los ajustes se realizan mensualmente al principio, luego cada tres meses. Los síntomas mejoran de forma progresiva durante varios meses mientras se reducen gradualmente los medicamentos. Reducir fármacos es un objetivo secundario; el principal es que el paciente esté bien.

La recuperación física es rápida: un día de hospitalización, alta tras una tomografía de control, y retorno a la vida cotidiana al día siguiente. La restricción más prolongada es no conducir durante al menos seis semanas. En cuanto a la seguridad, Viñuela reportó una tasa de complicaciones del 5 %, en su mayoría leves, y apenas una complicación grave entre más de 500 pacientes operados en once años de experiencia conjunta con el cirujano Dr. Lozada.

Cuando los medicamentos para el Parkinson dejan de funcionar como debería, cuando el temblor regresa con fuerza o cuando los efectos secundarios se vuelven tan incapacitantes como la enfermedad misma, existe una opción quirúrgica que puede cambiar la trayectoria de la vida de un paciente. Se llama estimulación cerebral profunda, y durante la Convención Anual de la Academia Puertorriqueña de Neurología, el doctor Ángel Viñuela, especialista en trastornos del movimiento del Instituto de Neurociencias del Manatí Medical Center y fundador de la Fundación Parkinson de Puerto Rico, explicó cómo funciona esta intervención avanzada, quién puede beneficiarse de ella y qué esperar después.

El procedimiento es elegante en su concepción: un electrodo delgado y preciso se coloca en una región profunda del cerebro, conectado mediante un cable a un dispositivo similar a un marcapasos implantado en el pecho. Ese dispositivo, controlable desde el exterior, envía estímulos eléctricos al cerebro con el propósito de aliviar los síntomas del Parkinson cuando la medicación oral ya no logra mantener una calidad de vida aceptable. No es una cura, sino una herramienta para recuperar funcionalidad cuando otras opciones se agotan.

No todos los pacientes con Parkinson son candidatos. Viñuela enfatizó que la selección correcta del paciente y el momento oportuno de la intervención son cruciales. Hay dos grupos principales que pueden beneficiarse. El primero incluye a quienes presentan un temblor severo que no responde a la levodopa, el medicamento fundamental para tratar la enfermedad; en estos casos, la cirugía puede ser la única opción viable. El segundo grupo está formado por pacientes que inicialmente responden bien a la levodopa y medicamentos similares, pero que con el tiempo desarrollan complicaciones: el efecto de la medicación dura menos tiempo, o bien el medicamento controla el temblor pero provoca movimientos involuntarios llamados discinesias. Algunos pacientes experimentan períodos de bloqueo cuando el medicamento pierde efecto, quedando prácticamente inmóviles. Cuando estos problemas erosionan la calidad de vida a pesar de que los síntomas mejoran parcialmente con medicación, el paciente se convierte en candidato para la cirugía, siempre que sus síntomas respondan a la levodopa. Como explicó Viñuela, la cirugía mejora los síntomas que mejoran con el medicamento, pero de manera constante.

Antes de operar, se realiza una evaluación rigurosa. Un neurólogo especializado en trastornos del movimiento, que ha seguido al paciente durante varios meses, comienza el proceso. Se administra el test de levodopa, que compara el estado del paciente sin medicamento con su estado cuando la medicación funciona correctamente; cuanto mayor sea la diferencia entre ambos estados, mejor candidato es el paciente. También se realizan pruebas cognitivas y neuropsicológicas para descartar demencia. Posteriormente, el caso se presenta ante un comité de cirugía que discute los detalles, determina qué pacientes serán operados, qué núcleo cerebral se tratará y qué tipo de dispositivo se utilizará.

La mejoría no es inmediata. El protocolo establece que el paciente sea operado y, un mes después, acuda a consulta para que se active el estimulador. En ese momento se evalúa cuál de los contactos del dispositivo está mejor posicionado. Los ajustes iniciales ocurren mensualmente, luego cada tres meses. La estimulación se aumenta gradualmente mientras se reducen los medicamentos, permitiendo que los síntomas mejoren progresivamente durante los meses siguientes. Algunos síntomas responden antes que otros, pero generalmente después de varios meses el paciente se estabiliza y alcanza su mejoría completa.

Uno de los beneficios secundarios es la posibilidad de reducir la cantidad de medicamentos. El núcleo subtalámico, uno de los más utilizados, permite disminuir la medicación. Sin embargo, Viñuela aclaró que reducir fármacos es un objetivo secundario; el objetivo principal es que el paciente esté bien. No todos los pacientes pueden reducir la medicación en la misma medida, y muchos continúan utilizando fármacos después de la cirugía, pero en mejores condiciones incluso cuando estos dejan de hacer efecto.

La recuperación es rápida. El paciente permanece un día hospitalizado. Al día siguiente se realiza una tomografía computarizada para verificar que todo esté bien colocado y sin complicaciones, tras lo cual recibe el alta. Dos semanas después tiene seguimiento con el cirujano para retirar los puntos. El paciente puede regresar a casa al día siguiente de la cirugía y llevar una vida normal, aunque debe evitar actividades físicas intensas durante varias semanas debido a la cicatriz en el pecho. La restricción más prolongada es no conducir durante al menos seis semanas. Algunos pacientes experimentan una mejoría notable en el primer o segundo día después de la intervención, incluso antes de que el estimulador se active; Viñuela explicó que esto probablemente se debe a la inflamación causada por el electrodo, pero esa mejoría temporal se pierde posteriormente.

Las complicaciones son pocas. Viñuela reportó que, en su experiencia con el cirujano Dr. Lozada, la tasa de complicaciones es similar a la observada en series internacionales: aproximadamente un 5 % en total, y la inmensa mayoría son leves. Entre ellas mencionó infecciones leves en los sitios de implante, caída o ruptura del electrodo, y algunas convulsiones. Respecto a las complicaciones graves, afirmó que han sido muy pocas: durante 11 años de experiencia, han tenido una complicación grave entre más de 500 pacientes operados. Esa cifra habla por sí sola del perfil de seguridad de la intervención.

La cirugía mejora los síntomas que mejoran con el medicamento, pero de una forma constante
— Dr. Ángel Viñuela, especialista en trastornos del movimiento
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