En el silencio de los currículos escolares, España ha ido borrando la Geología de la memoria colectiva de sus jóvenes, y ahora el país cosecha esa ausencia en forma de vulnerabilidad ante terremotos, volcanes e inundaciones. Entre 2015 y 2024, el número de graduados en esta disciplina cayó un 37 por ciento, no por falta de empleo ni de utilidad, sino porque una generación entera llegó a la universidad sin haber escuchado jamás la palabra 'tectónica'. Lo que comenzó como una reforma educativa en 1990 se ha convertido, décadas después, en una deuda silenciosa que se cobra en vidas y en territori
España pierde geólogos: caída del 37% en graduados en nueve años
Por falta de profesionales no podemos salvar vidas ni ahorrar dinero público
¿Por qué desapareció la Geología de las aulas si es tan importante?
Desde la reforma educativa de 1990, se fue eliminando gradualmente. Ahora apenas existe en Secundaria, y cuando llega a Bachillerato es optativa y no suma en la PAU. Los estudiantes eligen lo que ven que importa.
Pero si hay tanto trabajo disponible, ¿por qué no atrae a los jóvenes?
Porque no la conocen. Un adolescente no puede enamorarse de una carrera que nunca le han explicado. Las empresas llaman buscando geólogos, pero no hay candidatos.
¿Cuál es el costo real de esta escasez?
Vidas. Los 200 muertos de la dana eran prevenibles con estudios de riesgo hechos por geólogos. También dinero público en desastres que podrían haberse evitado.
¿Hay algún signo de que esto pueda cambiar?
Algunos profesores hacen voluntariado en institutos y la Universidad de Barcelona logró llenar plazas así. Pero es excepcional. El cambio real requiere que Geología vuelva al currículo obligatorio.
¿Qué necesita España de los geólogos ahora mismo?
Minerales para la transición energética, gestión de agua, prevención de desastres. Cada país quiere asegurar sus recursos. Sin geólogos, España queda rezagada.
O Pulso
- Las empresas llaman desesperadas a las facultades buscando geólogos, pero las aulas están cada vez más vacías: solo 190 titulados al año en todo el país.
- Los 200 muertos de la dana de Valencia son el rostro más duro de esta crisis: expertos aseguran que estudios de ordenación del territorio realizados por geólogos habrían evitado que se construyera en zonas de riesgo.
- En la Selectividad de 2025, apenas 1.258 estudiantes eligieron voluntariamente el examen de Geología, frente a más de 78.000 en Química, una brecha que refleja décadas de invisibilidad en las aulas de secundaria.
- El sector ha respondido con un manifiesto colectivo, reuniones parlamentarias y visitas al Ministerio de Ciencia, reclamando que la Geología vuelva a ser una asignatura obligatoria antes de que la escasez se vuelva irreversible.
- La paradoja es que quien logra graduarse tiene un futuro sólido: a los cuatro años de titularse, los geólogos superan la media salarial española, pero nadie elige una profesión que nunca le enseñaron a imaginar.
En el silencio de los currículos escolares, España ha ido borrando la Geología de la memoria colectiva de sus jóvenes, y ahora el país cosecha esa ausencia en forma de vulnerabilidad ante terremotos, volcanes e inundaciones. Entre 2015 y 2024, el número de graduados en esta disciplina cayó un 37 por ciento, no por falta de empleo ni de utilidad, sino porque una generación entera llegó a la universidad sin haber escuchado jamás la palabra 'tectónica'. Lo que comenzó como una reforma educativa en 1990 se ha convertido, décadas después, en una deuda silenciosa que se cobra en vidas y en territorios mal conocidos.
España vive una crisis silenciosa: en nueve años, el número de graduados en Geología cayó un 37 por ciento, de 302 a apenas 190 titulados anuales. Al mismo tiempo, las empresas buscan desesperadamente estos profesionales sin encontrarlos. La paradoja es tan desconcertante como preocupante.
La raíz del problema está en la educación secundaria. Desde la reforma educativa de 1990, la Geología ha sido prácticamente eliminada del currículo escolar. Albert Soler, decano de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona, lo resume con una frase contundente: nadie elige una carrera que desconoce. En Bachillerato, la asignatura es optativa y apenas suma puntos en la prueba de acceso a la universidad, lo que desalienta tanto a estudiantes como a institutos. En la Selectividad de 2025, solo 1.258 alumnos se presentaron voluntariamente al examen de Geología, frente a más de 78.000 en Química.
Las consecuencias van más allá de las estadísticas universitarias. Expertos como el profesor David Rabadà sostienen que los 200 muertos de la dana de Valencia eran previsibles: un geólogo habría podido señalar que ciertos terrenos no eran aptos para la construcción. Lo mismo se aplica a los terremotos de Granada y la erupción del volcán de La Palma. La falta de estos profesionales también compromete la gestión de recursos hídricos y los estudios de riesgo en zonas como Canarias, donde España negocia sus fronteras marítimas.
Sin embargo, quien logra graduarse tiene un porvenir sólido. A los cuatro años de titularse, los geólogos superan la media salarial española, con una tasa de afiliación a la Seguridad Social del 78 por ciento. El problema no es la empleabilidad, sino la ausencia de vocaciones cultivadas desde la infancia.
El sector ha comenzado a organizarse. En 2025, decanos y colegios profesionales firmaron un manifiesto de alerta y se reunieron con parlamentarios y con el Ministerio de Ciencia. La Universidad de Barcelona logró llenar sus plazas gracias al voluntariado de profesores en institutos, pero es una excepción. La solución de fondo, coinciden todos, pasa por devolver la Geología a las aulas de secundaria. Mientras eso no ocurra, España seguirá formando menos geólogos de los que necesita, y pagando ese déficit con desastres que podrían haberse anticipado.
España atraviesa una crisis silenciosa en la formación de geólogos que está dejando al país vulnerable ante desastres naturales y sin profesionales para enfrentar los retos de la transición energética. Entre el curso 2015-2016 y el 2023-2024, el número de graduados en Geología se desplomó un 37 por ciento, pasando de 302 a 190 titulados anuales. Los estudiantes de primer curso también cayeron significativamente, descendiendo de 613 a 449 en el mismo período. La paradoja es desconcertante: mientras las universidades pierden alumnos, las empresas llaman a las facultades buscando desesperadamente profesionales cualificados que no encuentran disponibles en el mercado laboral.
La raíz del problema se encuentra en la educación secundaria, donde la Geología ha sido prácticamente eliminada del currículo desde la reforma educativa de 1990. Albert Soler, decano de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona, lo resume con claridad: nadie elige una carrera que desconoce. En la actualidad, de primero a cuarto de Educación Secundaria Obligatoria apenas existe enseñanza de Geología. En el primer curso aparece algún capítulo dentro de Ciencias Naturales, pero impartido de manera deficiente. En segundo y tercero no hay nada, y en cuarto existe como asignatura optativa que pocos estudiantes seleccionan. Cuando llegan a Bachillerato, la Geología sigue siendo optativa y apenas suma puntos en la Prueba de Acceso a la Universidad, lo que desalienta aún más su elección. El resultado es que cada vez menos institutos la ofrecen.
Los números de la Selectividad reflejan esta desaparición progresiva. En 2025, apenas 1.258 aspirantes se presentaron voluntariamente al examen de Geología, comparado con 78.210 en Química o 66.493 en Biología. En Cataluña, la caída es aún más dramática: en 2010 se presentaban 2.900 alumnos a Geología en la PAU, mientras que en la última convocatoria fueron menos de 400. David Rabadà i Vives, profesor de Geología en un instituto y doctor en la materia, explica que la mayoría de estudiantes llega a la universidad sin conocimientos básicos sobre fósiles, rocas o tectónica de placas. Es imposible que deseen ser geólogos si nunca les han explicado qué es la Geología.
La escasez de profesionales tiene consecuencias tangibles y potencialmente trágicas. Los expertos sostienen que los costes humanos de la dana de Valencia, los terremotos en Granada y la erupción del volcán de La Palma hubiesen sido menores si se hubiera escuchado a los geólogos. Rabadà es directo al respecto: los 200 muertos de la dana eran previsibles. Un geólogo realizando un estudio de ordenación del territorio podría haber indicado que ciertos terrenos no eran aptos para la construcción. Además, en momentos en que España negocia cambios en sus fronteras marítimas alrededor de Canarias, la falta de geólogos impide realizar estudios de riesgos de inundaciones y búsquedas de recursos hídricos, comprometiendo el desarrollo del país en un contexto donde cada nación busca asegurar sus propios recursos.
La demanda laboral, sin embargo, es robusta. Los geólogos trabajan en descontaminación de suelos, gestión de recursos hídricos, transición energética, minería y geotermia. Soler defiende la importancia de la minería para la transición verde, que requiere minerales esenciales. Los datos salariales muestran que aunque los graduados en 2020 ganaban inicialmente 3.360 euros menos que la media nacional, a los cuatro años superaban la media española en 3.550 euros, con un 78,3 por ciento afiliado a la Seguridad Social frente al 64,3 por ciento de media nacional. El problema no es la empleabilidad sino la falta de vocaciones.
El sector ha levantado la voz. En 2025, decanos, colegios profesionales y asociaciones científicas emitieron un manifiesto alertando sobre la alarmante escasez de profesionales cualificados. Se reunieron con parlamentarios de las comisiones de Ciencia y Educación, y en julio de este año tres representantes, incluyendo a Soler, visitaron el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para buscar soluciones. La Geología se imparte en diez universidades españolas, todas públicas, pues las privadas priorizan carreras de mayor demanda inmediata.
Hay excepciones esperanzadoras. La Universidad de Barcelona no solo llenó sus plazas este año sino que alcanzó una nota de corte de 6,5 gracias al voluntariado de profesores en actividades de divulgación con estudiantes de institutos. Sin embargo, es una excepción. En la Universidad Complutense, a pesar del reconocimiento internacional de su facultad de Geología, fue la única carrera de Ciencias que tuvo plazas libres en la convocatoria extraordinaria de la PAU. Rabadà recuerda que cuando estudió a mediados de los años ochenta en Barcelona, había 110 alumnos por clase; ahora ingresan 50 o menos en primer curso. La solución requiere reintroducir Geología en la educación secundaria, pero mientras eso no ocurra, España seguirá perdiendo profesionales que el país necesitará cada vez más.
Citações Notáveis
El problema está en secundaria. La geología apenas se estudia y nadie escoge en la carrera lo que no conoce— Albert Soler, decano de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona
Es imposible que quieran ser geólogos porque nunca se les ha explicado la geología— David Rabadà i Vives, profesor de Geología e instituto