Encuentran sin vida a Manuela, la septuagenaria desaparecida hace 3 semanas en Ourense

Manuela, mujer de 73 años con alzhéimer, falleció tras desaparecer durante tres semanas en terreno montañoso, dejando conmoción en su comunidad de Piñor donde era maestra de pintura.
Voluntarios llegados desde distintos puntos continuaron buscando cuando la operación oficial se suspendió
La comunidad de Galicia no abandonó la búsqueda de Manuela incluso después de que las autoridades detuvieran sus esfuerzos oficiales.
Mark

¿Por qué tardó tanto en encontrarse a Manuela si la búsqueda comenzó el mismo día de su desaparición?

Mimi

El terreno montañoso fue determinante. No es un área urbana donde puedas rastrear sistemáticamente. Hay mucha vegetación, muchos recovecos. Incluso con drones de cámara térmica, la orografía complica todo. Y Manuela, con alzhéimer, pudo haber caminado en cualquier dirección sin rumbo fijo.

Mark

¿Qué papel jugaron los voluntarios que llegaron desde otros puntos de Galicia?

Mimi

Fueron cruciales. Después de que la búsqueda oficial se suspendiera al séptimo día, fueron los voluntarios y los vecinos quienes continuaron. Eso muestra algo importante: cuando las autoridades no pueden seguir, la comunidad no abandona. Fue el hijo quien finalmente la encontró, pero eso solo fue posible porque la búsqueda nunca se detuvo realmente.

Mark

¿Qué hace que casos como el de Manuela sean tan vulnerables?

Mimi

El alzhéimer. Cuando alguien con esa enfermedad desaparece, no está simplemente perdido. Puede no recordar dónde vive, puede deambular sin dirección, puede no responder a llamadas. Manuela estaba visitando un pueblo que no era su hogar. Eso la hizo aún más vulnerable. Y el terreno montañoso amplificó esa vulnerabilidad.

Mark

¿Hay un patrón en Galicia con desapariciones de personas mayores?

Mimi

Sí. Ocho personas desaparecidas desde dos mil veintidós. Muchas con alzhéimer. Isaura, la más reciente, desapareció hace meses en Lugo. El patrón es claro: personas mayores con demencia que salen de sus rutinas habituales y simplemente no regresan. Es un problema silencioso que afecta a familias enteras.

Mark

¿Qué significa para Piñor perder a alguien como Manuela?

Mimi

Manuela no era solo una vecina. Durante años enseñó pintura y restauración a muchas personas en su comunidad. Dejó una marca en la vida de la gente. Su muerte no es solo una tragedia familiar, es la pérdida de alguien que formaba parte del tejido social del pueblo. Por eso la conmoción es tan profunda.

  • Manuela salió a dar un pequeño paseo en Rubillón el 16 de noviembre y el silencio que dejó tras de sí duró veintitrés días.
  • El terreno montañoso y la densa vegetación frustraron incluso los drones con cámara térmica, convirtiendo cada jornada de búsqueda en una carrera contra lo desconocido.
  • Cuando la operación oficial se suspendió al séptimo día, fueron los vecinos y voluntarios llegados de toda Galicia quienes mantuvieron viva la búsqueda a través de redes sociales y grupos de WhatsApp.
  • El hallazgo del cuerpo por parte del hijo cerró la incertidumbre, pero abrió una herida colectiva en Piñor, donde Manuela era maestra de pintura y figura querida de la comunidad.
  • El caso se suma a una lista que no cesa: ocho personas siguen desaparecidas en Galicia desde 2022, muchas de ellas mayores con alzhéimer, como Isaura, de ochenta y cinco años, sin rastro desde julio.

Durante veintitrés días, una comunidad entera sostuvo la esperanza de encontrar con vida a Manuela, una mujer de setenta y tres años con alzhéimer que desapareció entre los montes de Avión, en Ourense. Fue su propio hijo quien halló su cuerpo a apenas dos kilómetros del último lugar donde fue vista, cerrando una búsqueda que movilizó a voluntarios, bomberos y cuerpos de seguridad de toda Galicia. Su historia no es excepcional: el alzhéimer convierte cada paseo en una posible despedida, y ocho familias gallegas siguen esperando un final que aún no llega.

El martes, después de veintitrés días de angustia, el hijo de Manuela encontró el cuerpo de su madre en una zona montañosa cerca de Acevedo de Avión, a apenas dos kilómetros del lugar donde la vieron con vida por última vez. Manuela tenía setenta y tres años y padecía alzhéimer. Había desaparecido el 16 de noviembre durante una visita al pueblo de Rubillón, a unos cincuenta kilómetros de Piñor, donde residía. En un descuido, salió a pasear. Esa misma tarde, su familia llamó al 112.

Lo que comenzó como una búsqueda urgente se convirtió en una operación prolongada y difícil. El terreno accidentado y la vegetación densa limitaron la eficacia de los drones con cámara térmica. Bomberos, Guardia Civil, Protección Civil y la unidad de emergencias de la Xunta trabajaron de forma coordinada, pero la operación oficial se suspendió tras siete días. Fueron entonces los voluntarios —llegados desde distintos puntos de Galicia gracias a redes sociales y grupos de WhatsApp— quienes continuaron las pesquisas junto a los familiares hasta el nueve de diciembre.

En Piñor, la noticia dejó una conmoción profunda. Manuela era una mujer muy querida: durante años impartió clases de pintura y restauración a numerosos vecinos, dejando una huella duradera en su comunidad. Las autoridades locales agradecieron públicamente la movilización ciudadana que acompañó a la familia durante esas tres semanas.

El caso, sin embargo, no es aislado. Según SOS Desaparecidos, ocho personas permanecen en paradero desconocido en Galicia desde 2022. La más reciente es Isaura, de ochenta y cinco años, vista por última vez en una frutería de Lugo el pasado mes de julio. También padecía alzhéimer. Su familia la buscó por su recorrido habitual sin encontrarla. Desde entonces, el silencio.

El martes pasado, después de veintitrés días de búsqueda, el hijo de Manuela encontró el cuerpo de su madre en una zona montañosa cerca de Acevedo de Avión, a apenas dos kilómetros del lugar donde la vieron por última vez con vida. Manuela tenía setenta y tres años y padecía alzhéimer. Desapareció el dieciséis de noviembre mientras realizaba una visita ocasional al pueblo de Rubillón, situado a unos cincuenta kilómetros de Piñor, donde residía habitualmente. En un momento en que nadie se percataba, salió a dar un pequeño paseo. Cuando su familia se dio cuenta de su ausencia, esa misma tarde llamaron al 112.

Lo que comenzó como una búsqueda urgente en las primeras horas críticas se convirtió en una operación prolongada y compleja. El terreno montañoso de la zona complicó enormemente los esfuerzos. En los primeros días, un dron equipado con cámara térmica rastreó la región, pero la orografía accidentada y la abundancia de vegetación natural dificultaban cada paso. Los bomberos del GES de Avión, la Guardia Civil, Protección Civil y la unidad de drones del Grupo de Apoio Loxístico de la Axencia Galega de Emerxencias trabajaron de manera coordinada en el despliegue oficial.

Pero la búsqueda no fue solo cosa de autoridades. A través de redes sociales y grupos de WhatsApp, voluntarios llegados desde distintos puntos de Galicia acudieron a la llamada de auxilio de la familia. Durante un fin de semana de búsqueda intensiva, la operación oficial se suspendió después de siete días, aunque los familiares y vecinos continuaron las pesquisas por su cuenta hasta el nueve de diciembre al mediodía. La Guardia Civil del municipio ourensano de Beariz confirmó el hallazgo del cuerpo tras la llamada del hijo, informando de que se procedería al levantamiento del cadáver.

En Piñor, el municipio ourensano de la comarca de Carballino donde Manuela era natural, la noticia ha dejado una profunda conmoción. Era una mujer muy conocida y querida en su comunidad. Durante muchos años impartió clases de pintura y restauración a numerosos vecinos, dejando una huella en la vida de quienes la rodeaban. Las autoridades locales han agradecido públicamente la colaboración ciudadana que movilizó a tantas personas durante esas tres semanas.

El caso de Manuela no es aislado. Según la plataforma SOS Desaparecidos, una asociación que agrupa y difunde este tipo de sucesos, ocho personas permanecen en paradero desconocido desde el año dos mil veintidós en Galicia. La más reciente es Isaura, una mujer de ochenta y cinco años natural de Lugo, a quien se le perdió la pista el pasado mes de julio. Isaura también padecía alzhéimer y tenía la rutina de pasear por las tardes para comprar pan y fruta. El ocho de julio, cuando fue vista por última vez en una frutería de la ciudad amurallada, algo cambió en esa rutina. Sus familiares la buscaron por su recorrido habitual sin encontrarla, momento en el que presentaron la denuncia. Desde entonces, no se sabe nada de ella.

Manuela era una mujer muy conocida y querida en Piñor, donde durante muchos años impartió clases de pintura y restauración a numerosos vecinos
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